Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Adiós pegatina

PDF: martin-adios-pegatina.pdf | Revista: 33-34 | Año: 2002

Maite Martín Laguna
Psicólogo.

D. Mendez–Leite
Psicólogo.

Comunicación libre presentada en el XV Congreso nacional de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente, que bajo el título “Psicopatología de la violencia en el niño y en el adolescente”, se celebró en Granada los días 8 y 9 de noviembre de 2002 Granada.

PRESENTACIÓN

Vamos a presentar el trabajo de una psicoterapia de grupo con niños/as de cuatro años residentes en una casa refugio de mujeres maltratadas de la C.A.M., llevada a cabo por dos co–terapeutas de ambos sexos.

Es la primera vez que se realiza una experiencia de este tipo en esta casa, teniendo en cuenta que todas las profesionales de la casa son mujeres, será también innovadora la inclusión de un terapeuta masculino.

El grupo se plantea a partir de una problemática observada en los niños/as residentes de la casa.
Todos ellos comparten la separación radical y traumática del hogar familiar debido a la situación de maltrato físico y psíquico por parte del padre a la madre y en algunos casos también a los niños/as, con todas las perdidas y duelos pendientes de elaboración que esto conlleva.

Además de esta situación general, a partir del trabajo terapéutico realizado con los niños/as y sus madres se pone de manifiesto una patología relacional entre ambos, que pasamos a describir.

Características que observamos en las madres:

  • Falta de la interiorización de la función materno-paterna.
  • Modelo relacional simbiótico en el que no tiene cabida un tercero, quedando el niño/a cautivo de los deseos de la madre.
  • Confusión de roles que termina provocando una negación de las diferencias generacionales, otorgando un papel omnipotente al niño, a imagen y semejanza de las anteriores figuras masculinas de la madre reproduciendo de este modo una vez mas el modelo del maltrato del hogar. Situándose en ocasiones como víctima de los malos tratos de un niño/a omnipotente, por ejemplo: incapacidad de poner límite o como cuando cuentan que ven en la cara de sus hijos los ojos del marido maltratador (identificación proyectiva), y en otras ocasiones ocupando el lugar de maltradora.

Características que observamos en la relación entre el niño y el padre:

Aunque el padre esta ausente en la institución por motivos obvios, la presencia interna tanto en los niños como en las madres es muy intensa y se caracteriza por:

  • Se le idealiza en positivo y en negativo.
  • Se le hace depositario de toda la conflictiva.
  • Se le convierte en actor activo de una situación traumática para el niño/a y para la madre.

Nosotros pensamos que todo lo mencionado anteriormente tiene las siguientes consecuencias sobre el niño/a.

Características del niño/a:

  • Dificultad de separación-individuación.
  • ausencia de la necesaria triangularización para su estructuración psíquica
  • Tendencia a satisfacer los deseos de la madre, adoptando un papel de adulto por la amenaza de abandono y exclusión.
  • Tendencia a actuar debido a una falta de simbolización, pues tienen dificultades de poner palabras y de elaborar conflictos.

INTERVENCIÓN

Ante esto, planteamos un grupo de terapia con niños/as de cuatro años, edad en la que deberían iniciar su entrada en el Edipo, con un terapeuta masculino para favorecer la entrada de ese tercero necesario en el proceso de separación–individuación, facilitando la introyección con una figura masculina positiva y de este modo ofrecer un marco relacional adulto, diferente, no violento, en donde los conflictos que vayan surgiendo durante el proceso terapéutico se puedan hablar, interpretar, elaborar y simbolizar a través de la técnica psicoanalítica, integrando de esta manera las agresiones y actuaciones a las que están habituados.

Al tiempo, pensamos que para que el grupo pudiera llevarse a cabo sería necesario organizar reuniones grupales con las madres.

Reuniones grupales con las madres

  1. La demanda era trabajar las dificultades que tienen a la hora de poner limites por la confusión de roles entre ellas y los niños/as.
  2. Por otro lado nuestro motivo era que no se sintieran excluidas de este proceso llevado a cabo con sus hijos/as y que de esta forma se comprometiesen e implicasen con dicho tratamiento.
  3. También incluirlas frente a la entrada de un tercero masculino.
  4. Proporcionarles un espacio grupal donde poder manifestar las dificultades de relación con sus hijos/as.

Características y encuadre

El grupo está formado por cinco niños/as de cuatro años, dos niños y tres niñas. Todos ellos viven en la casa refugio y tienen psicoterapia individual con la co–terapeuta, que es la psicóloga infantil del centro.
El grupo se realiza en una sala vacía con un armario empotrado, una caja de juegos y una caja más pequeñita en la que guardan los objetos que traen de fuera.

Las sesiones fueron ocho, una por semana y de una hora de duración. Presentamos el grupo como cerrado en cuanto a sus participantes y con una delimitación temporal establecida desde su inicio.
De forma paralela se realizaron dos reuniones grupales de seguimiento con las madres.

El único criterio de selección para formar el grupo fue la edad de los niños/as ya que según la literatura estudiada sobre la formación de grupos infantiles, muchos de ellos no hubieran podido formar parte debido a ser niños/as violentos, con posibles abusos sexuales y malos tratos.

El grupo se presenta con unos límites bien definidos y necesarios a nuestro entender para el posible funcionamiento del mismo.

A continuación pasamos a leer el encuadre que se les explica al comienzo del grupo.

  • Es un espacio para jugar y hablar de todo aquello que nos preocupa, interese o nos apetezca.
  • No se puede agredir a los demás. Así mismo los co–terapeutas no podrán agredir a los niños/as.
  • La sesión se realiza dentro de la sala pudiendo salir para utilizar el baño.
  • No puede entrar nadie de fuera que no sea integrante del grupo durante las sesiones.
  • Los co–terapeutas nos comprometemos a mantener en privado todo lo que suceda en las sesiones.
  • Pedimos a las madres puntualidad, tanto para llevarlos como para recogerlos.
  • Los materiales que ofrecemos son los siguientes: una casa montable, muñecos que representan una familia, papel continuo, acuarelas, pinturas, tijeras, cuerda y celo.

A las trabajadoras de la casa refugio se les pidió que impidieran cualquier interrupción durante las sesiones, cosa que resultó bastante difícil al principio debido a las expectativas que generaba el grupo en todo el contexto institucional.

Habría que señalar que para los co–terapeutas fue su primera experiencia con grupo.

Todo este proceso estuvo supervisado por una psicoanalista experta en grupos, Milagros Viñas. A la que queremos agradecer desde aquí la ilusión y compromiso que adquirió con nosotros para que este grupo saliera adelante.

Desarrollo del grupo

Nos gustaría resaltar que este grupo ha sido muy deseado contratransferencialmente desde su inicio por parte de ambos co–terapeutas, Este deseo fue captado por los niños/as desde un primer momento mostrando un gran interés por participar en el grupo de terapia y que se convirtió en un compromiso tanto en la asistencia como en la puntualidad de llegada a las sesiones a lo largo de todo el proceso. Por ejemplo, todos los días los niños/as llegaban puntuales a la sesión aunque no fueran traídos por sus madres. Además siempre estaban recordando la hora y lugar del grupo, bajaban a visitar la sala promoviendo de este modo la identidad grupal. Desde el inicio del grupo quisimos hacer hincapié en el cierre de las sesiones, debido a la dificultad de separación observada en las terapias a nivel individual. Por ello integramos en el encuadre un cierre que se repetiría en todas las sesiones siempre de la misma manera:. Formaríamos un círculo, cogidos de la mano y pronunciaríamos la palabra mágica: ADIÓS PEGATINA, que condensa los elementos esenciales de sus dificultades: el estar pegados a sus madres y la agresión física.

A partir de este momento y con esta transferencia positiva, en las primeras sesiones del grupo los niños/as nos muestran sus preocupaciones a través de la identificación con un PINOCHO, que representa un niño deshumanizado que vive en la mentira, manipulado y que no tiene madre. Además nos muestran sus heridas reales, para hacernos conscientes de sus heridas internas. Nos hablan de su demanda a través de un objeto traído de fuera por una de las niñas, un CHUPETE DE CARAMELO. Esta es: quieren ser niños, dejar su falsa identidad adultomorfa y nos piden que recorramos con ellos ese camino de vuelta para así reelaborar un maternaje-paternaje fallido que no les permite separarse e individualizarse.

Por otro lado, con sus actitudes retadoras y desafiantes, ponen a prueba nuestra capacidad para hacernos cargo de su demanda mediante un continuo boicot a los límites impuestos desde el comienzo en el grupo, límites que por otro lado demandaban constantemente recordándonoslo verbalmente tanto a nosotros como entre ellos.

En la medida que fueron sintiendo que conteníamos sus golpes y desafíos, así como tolerábamos, comprendíamos y devolvíamos con palabras sus frustraciones, miedos y angustias. pudieron ir rebajando sus defensas favorecido por lo regresivo del encuadre grupal.

Desde un primer momento nos apoyamos en el trabajo que realiza la co–terapeuta a nivel individual cumpliendo la función materna más básica que afianza la relación dual, intentando prestar la seguridad necesaria para la inclusión de un tercero que posibilite la separación sin convertirse en una amenaza persecutoria de exclusión.

Este proceso de diferenciación de funciones se trabaja simbólicamente a través del dibujo de nuestros cuerpos, con sus diferencias anatómicas y ofreciendo dos modelos diferentes de contención: mediante palabras y mediante el poner el cuerpo.

Trabajamos también los límites haciendo exploraciones de lo que está adentro y lo que está afuera. Uno de los límites que encontraron en el despacho fue el ARMARIO que se constituiría en un espacio transiccional, dentro del cual podrían ir elaborando sus conflictos y decidir si sacarlos al exterior.

Un lugar donde calmarse o un lugar donde desestructurarse confiando en nuestra capacidad de contención y sostén.

Un lugar de ellos donde nosotros no estábamos incluidos en principio, por su necesidad de preservar un espacio propio.

Aquí se da otro momento importante en la evolución del grupo. Emerge sin ninguna contención toda su sexualidad infantil, brutal, sin represión, capaz de hacernos sentir incómodos, agredidos e indefensos, tal vez como ellos han podido sentirse en sus vivencias familiares. Esto nos parece muy importante porque les permite revivir los traumas y vivencias dolorosas en un espacio en el que se les da la posibilidad de poner palabras, elaborar y simbolizar.

Con nuestras intervenciones, interpretaciones, límites y contenciones posibilitamos la organización de la represión secundaria. al no tolerar esa agresión desestructurada con una contención psíquica y física, es decir cerrando la puerta del armario para impedir que salieran afuera los insultos, los golpes, los penes, el pis y los simulacros de violaciones.

A partir de este día, se inicia el proceso elaborativo y se da el juego simbólico. Se nos incluye a los terapeutas en sus juegos, se nos permite entrar en el armario como miembros de una hipotética familia donde estamos todos a una y trabajamos juntos.

Realizamos juegos de colaboración y coordinación y ellos mismos se censuran y censuran a los otros, cuando se saltan los límites.

Este proceso se empieza a dar en las sesiones de cierre, en las que también aparecen las dificultades de separación tanto en los niños como en los terapeutas, manifestándose con rabia y tristeza; sentimientos que ahora se pueden verbalizar pudiéndolos tolerar sin que aparezca la agresión y la violencia desestructurada.

Por ejemplo; las tres niñas toleraron ver como la sala de sesión del grupo se llenaba de muebles y se convertía en un despacho para realizar otro tipo de actividades y no ya la terapia grupal.

En estos momentos nos gustaría recalcar concretamente algunos de los movimientos posicionales que observamos por parte de los niños en relación al grupo.

El niño con más problemas, se posicionó desde el principio en la ausencia, haciéndose cargo de algo que no se podía decir, (seguramente de la agresión sexual) faltando sistemáticamente a las sesiones pero siendo riguroso a la hora de recalcar que él no venía al grupo o que no quería entrar con nosotros, o cuando participaba en las sesiones provocando el desorden que en ocasiones llegaba al desbordamiento.

Otra de las niñas que desde un principio mantenían una actitud pasiva receptora de todas las agresiones físicas por parte del grupo, fue cambiando en el transcurso del tratamiento terapéutico su papel por el de una niña activa, que no quería que la agredieran, con deseos de defenderse, incluso agrediendo a los demás si hiciera falta. Además pasó de adivinar y satisfacer los deseos de los terapeutas a tener ella misma sus propios deseos más infantiles y querer realizarlos.

Otra de las niñas que desde un primer momento se sentía más extraña y distante en el grupo, fue adquiriendo un papel cada vez mas central y participativo.

El niño que en un principio era más agresivo, actuador y con el que nadie quería mezclarse por el miedo que despertaba, fue el que desencadenó los diferentes juegos simbólicos relacionados con el armario, construyendo una historia muy significativa para el grupo a la que todos nos sumamos.

La niña de menor edad, que introdujo la demanda grupal a través del CHUPETE y que se comunicaba con nosotros a través de objetos que traía de fuera, pudo ir haciéndose visible como individuo introduciendo paso a paso sus demandas y necesidades.

CONCLUSIONES FINALES

Finalizado el grupo hemos podido sentir que éste ha servido bastante para estos niños. En primer lugar porque han agradecido mucho esta experiencia, pudiéndolo expresar verbalmente.

Han sentido ese espacio y ese momento como suyo, hecho para ellos y se han sentido protagonistas de una historia hecha a medida de sus necesidades y demandas como individuos diferenciados.

Era sorprendente constatar la similitud casi perfecta entre las reuniones paralelas con las madres: mismo orden de llegada a la sala, mismo orden de sentarse en las sillas y mismas demandas, haciéndose patente la falta de discriminación entre las madres y los niños.

Gracias a los movimientos posicionales que se pudieron realizar en los niños a lo largo del proceso terapéutico, se pudieron separar de ese funcionamiento casi simbiótico en el que estaba imbuidos.
Observamos que todo lo que se trabajó en el grupo benefició enormemente el trabajo terapéutico individual.

En cambio por otro lado hemos visto lo incompleto del proceso por su corta duración, por la patología de los niños y por la inexperiencia de ambos.

Como indicaciones para la creación de un nuevo grupo creemos necesarios.

  • La supervisión de todo el proceso de tratamiento.
  • La realización del grupo paralelo de madres
  • Dejar espacio al juego libre de los niños dejando de lado las actividades estructuradas, al igual que no utilizar tantos juguetes. Hemos comprobado como con papel y acuarelas se puede llevar a adelante las sesiones.
  • Poner los límites claros desde el principio y demostrarlo tanto con las palabras como con la actitud.

Fue sorprendente como la inclusión de un tercero en un grupo de terapia infantil para cinco niños tuvo repercusiones en toda la institución, desde las madres, los adolescentes, los demás niños/as y las trabajadoras. señalando así la inquietante reproducción de la problemática de las mujeres maltratadas, por parte de la institución en su manera de funcionar, es decir la dificultad en la inclusión del tercero.

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