Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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La analidad: frontera evolutiva

PDF: puertas-tejedor-analidad-frontera-evolutiva.pdf | Revista: 53 | Año: 2012

Anality: evolutionary border

Seminario impartido dentro de los cursos de Especialización en Psicopatología y Psicoterapia de Niños y Adolescentes realizados en Bilbao 2010 (ALTXA) y Madrid 2011 (SEPYPNA)

Pilar Puertas Tejedor
Psicólogo clínico Psicoanalista. Miembro Asociado de la APM.

RESUMEN

El título del tema que tratamos condensa el contenido del mismo; se enfoca la Analidad como eje fronterizo desde los planos objetal narcisista y simbólico. Eje desde un “uso” del objeto con servidumbre narcisista hacia la aprehensión del mismo con menos carga subjetiva; eje desde un narcisismo aún tambaleante hacia el empuje que posibilita el desarrollo del narcisismo secundario en la fase fálica y eje fronterizo de un YO precario aún en su función simbólica, a un YO gestionando lo pulsional con una asistencia objetal interna que propulsa los llamados procesos terciarios.

PALABRAS CLAVE: Anal, objeto, narcisismo, simbólico, yo.

ABSTRACT

The title clearly shows the subject under discussion. Anality is approached as a borderline from the narcissistic and symbolic objectal planes. One is the area in which the object is used for narcissistic purposes and takes on a less subjective meaning; this still fragile narcissism moves towards the push that makes development of secondary narcissism possible in the phallic stage. The borderline lies between an “EGO” whose symbolic function is still precarious and an “EGO” capable of managing drives with internal objectal assistance which powers the so-called tertiary proceses.

KEY WORDS: Anal, object, narcissism, symbolic, ego.

INTRODUCCIÓN

Elegí LA ANALIDAD, como tema de reflexión para el Seminario, porque considero que la comprensión en profundidad, de esta encrucijada evolutiva, constituye una herramienta importantísima para nuestro equipamiento metapsicológico en la atención clínica a nuestros pacientes.

En efecto, la Analidad va a ser el último bastión de una economía psíquica apremiada por una precariedad narcisista, que solicita al objeto como soporte.

Va a ser un territorio bisagra entre lo Narcisista y lo Objetal, entre la necesidad y el deseo hacia el objeto, entre el “uso y la utilización del Objeto” (Winnicott), entre una pulsionalidad invasiva, que anega la capacidad yoica de gestión, y una incipiente capacidad de este Yo de manejarse dentro-fuera siendo y teniendo.

El territorio evolutivo que nos ocupa, cuenta con dos momentos que los autores han convenido en llamar 1o y 2o Estadío Anal. Es entre el 1o y 2o dónde se marcaría la línea divisoria, entre los trastornos identitarios narcisistas y los funcionamientos neuróticos. Atravesando con éxito el primer momento, el sujeto se va a encaminar hacia un funcionamiento más neurótico, sentando las bases psíquicas para acceder a la configuración edípica. Empuje, éste, definitivo para la aprehensión de la realidad, con la complejidad que imprime el 3o, obligando al sujeto a abrirse a la 3a dimensión, externa e internamente. En efecto, aquí se abre la conquista a lo incognoscible, el descubrimiento de la bondad de aquello que no se controla… la metáfora de la cámara nupcial de Meltzer.

Volviendo a la Analidad, su fenomenología nos obliga a escindir el conjunto de elementos que se mezclan para estudiarlos separadamente. Queda implícito que cada uno de los planos de reflexión que vamos a abordar se presenta en íntima conexión con los otros.

Nuestro propio procesamiento psíquico necesita aislar los elementos para que luego puedan ser integrados sin que se confundan unos con otros. Esta metodología de estudio está creada en los procesos de escisión evolutivos de la psique. Separar para unir en una comunión dónde los elementos que la integran se puedan enriquecer mutuamente.

Vayamos, pues, a los planos de abordaje de la fenomenología anal.

El primero va a hacer alusión a la relación de objeto: aquí trataremos de entender quién es el sujeto anal, quién es el objeto para este sujeto, cómo es la investidura anal, cómo se organizan los intercambios entre el sujeto y el objeto, para terminar hablando brevemente de la Neurosis Obsesiva como estructura psíquica testimonial de una fijación anal.

El segundo plano que nos ocupa es el del narcisismo, narcisismo tambaleante en el primer subestadío anal; más apuntalado en el 2o, dónde se conseguirá el empuje del narcisismo secundario, con la adquisición fálica soldada al 2o subestadío anal.

El tercer plano va a ser el de la simbolización. Hablaremos del equipamiento yoico, en su función de representancia para establecer la figuración de lo interno y externo, y el tránsito hacia los procesos terciarios (Green) propios del funcionamiento neurótico. Terminaremos con una reflexión sobre las patologías en dónde la fijación en la analidad se presenta con más evidencia como es la Neurosis Obsesiva,

Finalmente, al hilo de la exposición teórica, voy a ir intercalando alguna viñeta clínica que nos permita ir ilustrando los contenidos teóricos que van apareciendo.

PRIMER PLANO: RELACIÓN OBJETAL

a.-¿QUIÉN ES EL SUJETO ANAL?

Nuestro sujeto ha conseguido establecer una cierta delimitación territorial, con un marco psíquico, sostenido por la percepción de un cuerpo envuelto en una frontera- piel dónde existen orificios-pasos fronterizos, zonas de intercambio objetal. Los orificios oral, anal, uretral se invisten como zonas de paso y sobre ellos se simboliza el dentro-fuera que irá a ser figurado como una membrana osmótica que facilita la comunicación con una selección adecuada de lo que se deja pasar y lo retenido dentro.

En el primer Subestadío Anal esa membrana no tiene, aún, la consistencia simbólica suficientemente desarrollada como para garantizar la contención de las emergencias pulsionales, el temor al descontrol y a ser invadido por el afuera, también a ser invadido por lo interno ya que existe todavía una confusión entre el sentimiento y el acto por la fragilidad de la simbolización de los afectos. El temor a la invasión externa origina la necesidad de mantener a su objeto a una cierta distancia: poseído y controlado; temido y anhelado… en un requerimiento atormentado por necesitarlo para su propia sostenibilidad narcisista y afectiva.

Nuestro sujeto se descubre activo en el manejo de su pulsionalidad, dicha actividad le rescata de la indefensión de la pasividad oral. La actividad y la agresividad se ponen al servicio del reaseguro narcisista.

Existe, pues, en nuestro sujeto, aún, una autofiguración y una delimitación identitaria con una frontera territorial tambaleante que le obliga a esclavizar al objeto y a la vez, ser esclavo de él.

b.-EL OBJETO ANAL

En efecto, nuestro objeto anal es un objeto que carece de libertad propia, desde la percepción del sujeto, va a ser solicitado desde la servidumbre narcisista, por lo que va a estar sujeto al apremio cargado de agresión, para ser consumido y desechado. Una vez haya cumplido su requisito, seguirá el destino de la comida en el tracto digestivo: engullido, asimilado y expulsado como excremento.

Nuestro objeto tendrá una gran carga proyectiva, va a carecer de un perfil propio, carismático, no se le ama, se le necesita, es perfectamente sustituible ya que su función de servidumbre puede cumplirla otro y a la vez es imprescindible. Prescindible en su ser, imprescindible en su función.

La autopercepción va a girar en torno a superar-oponerse al objeto que sigue siendo el eje del cual se sigue dependiendo para reconocerse y sostenerse.

La autopercepción va a mantener una simetría con su objeto. El ser se va definiendo en función del objeto. Ser más o menos… Aún no se ha alcanzado la autopercepción individual que daría lugar a ser diferente con la aprehensión de las cualidades diferenciales que hacen de cada individuo humano, un ser único.

La fragilidad de la frontera, también genera la tendencia a recurrir a mecanismos dónde ésta, se desdibuja aún más, como son las proyecciones e introyecciones, por lo tanto el objeto va a ser percibido con interferencias en cuánto a las atribuciones que se le han depositado.

Winnicott define esta situación objetal como “el uso del objeto”, esto va a dar lugar a una aprehensión del entorno, con una importante carga de lo interno, en dónde la percepción de lo real queda desdibujada aún.

La carga proyectiva va a tener las características de lo absoluto, la omnipotencia infantil liderado por el Yo Ideal, esto hace que el objeto sea requerido de forma perentoria e imprescindible, es aquel-aquello que da sentido a la propia vida y si no está se convierte en el paradigma de la maldad.

La idealización y la desconfianza están servidas. Las relaciones carecen aún de una posibilidad de intercambio enriquecedor y mutuo. La comunión en la diferencia va a tener que esperar hasta el 2o Subestadío Anal, y la organización edípica para poder ser disfrutada. Esta nueva organización permitirá la apertura a los vínculos, dónde el 3o impone la presencia de lo real… dando lugar a una tercera dimensión. Aquello de fuera incognoscible, ausente, pero no por ello inexistente., ni malvado.

c.-LA INVESTIDURA ANAL

Vamos a detenernos para tratar de perfilar el tipo de investidura que caracteriza las relaciones objetales, aunque ha quedado más o menos implícita en los apartados anteriores.

El amor a las materias fecales es la primer manifestación de amor de un objeto percibido como independiente del propio cuerpo. Frecuentemente la retención, y el control de las heces son los prototipos de la conservación y del control de estos objetos cuya posesión es tan necesaria para el equilibrio narcisista del sujeto. Esta relación con las heces hace de puente o bisagra entre el narcisismo y la relación de objeto (Abraham).

Mediante sus actividades anales, el obsesivo y el niño, expresan sus diferentes sentimientos con respecto al objeto. Las heces pueden tomar el significado de un buen objeto que se da por amor, o de un instrumento de destrucción por proyección sobre ellas, de los afectos del sujeto; siguiendo la predominancia de uno de los dos pares antitéticos amor-odio. Dicha alternancia sólo va a poder llegar a una integración en el 2o Subestadío Anal, dónde la intrincación de la libido y agresión permite que la investidura afectiva llegue a la llamada ambivalencia, y salga de la divalencia.

La fragilidad en la internalización de un objeto total, dónde la integración ambivalente se haya logrado, lleva a nuestro sujeto a vivir los horrores de mantener como anclajes objetales, introyecciones parciales cargadas de investidura agresiva de gran intensidad. Esto puede acarrear estados de pánico, como veremos más adelante en la viñeta clínica que voy a exponer. Veremos que el sujeto se siente habitado por una sustancia mala que pone en peligro su existencia e individualidad.

El gran problema en este 1o Subestadío Anal es el manejo de la agresividad, una agresividad que también se vive en clave omnipotente (“si me enfado mato”) y que provoca la utilización de mecanismos radicales como la disociación entre afecto y representación, la negación, etc… El dominio y la sumisión expresan modalidades de investidura generadas por estas dificultades. Tenemos el ejemplo del niño encoprésico que retiene sus heces por la carga omnipotentemente buena o mala que les atribuye y no las suelta para no herir o no vaciarse de contenidos absolutamente necesarios.

d.-2º SUBESTADIO ANAL Y SUS ADQUISICIONES

El fondo de angustia, llamémosle pregenital, dónde el narcisismo –como decíamos-no cuenta aún con un apuntalamiento interno consistente que caracterizaba al 1o Subestadío Anal, va a irse atemperando en el 2o Subestadío Anal, éste prepara a nuestro sujeto hacia la elaboración edípica, con la complejidad que esto conlleva.

En este 2o Subestadío Anal, se va a conseguir una doble interiorización: la del objeto, que ha adquirido un estatus narcisista benéfico y la de una función yoica qe implica el control interno de los dinamismos pulsionales violentos en su vertiente destructiva. Esta última capacidad facilita la gestión y contención de las llamadas emergencias pulsionales y la capacidad de dosificar el intercambio de lo que sale de dentro y lo que se preserva. Aquí se irá estableciendo la diferencia entre sentir y hacer, no es lo mismo sentirse odiando que actuar el odio.

Winnicott, en su artículo sobre “el uso y la utilización del objeto” instrumentaliza la agresividad al servicio de la elaboración de la alteridad y el descubrimiento de la realidad en su aprehensión objetiva. Dicho descubrimiento se hace posible por la percepción de un objeto sobreviviendo al sentimiento de odio asesino consecuente con la frustración. Este movimiento posibilitado por una agresividad que se descubre “inocente” y no asesina, es la que abre la distinción entre lo perceptivo y lo representado.

El sujeto del 2o Subestadío Anal va a poder navegar por sus emociones con la garantía de que ésta va a ser una navegación íntima, contenida en su interior, sin peligro de derivar en actuaciones que pongan en riesgo sus relaciones objetales. Dichas relaciones empiezan a ser vividas desde otro ángulo, la de percibir “un Otro ajeno a mí que puedo seleccionar, rechazar, curiosear, etc… en función de poder percibirle con una definición propia que despierta mi curiosidad e interés”. Esto es lo que llama Winnicott la utilización del objeto que en clínica permitirá el uso de la transferencia, como instrumento psicoterapéutico. Esto implica que en la aprehensión de los objetos del entorno, lo subjetivo y lo objetivo, conviven enriqueciéndose mutuamente. El objeto puede ser percibido objetivamente, no exento de la carga subjetiva de la que es depositario; aquí se abren los llamados Procesos Terciarios que Green ha definido como la convivencia exitosa, el Dentro-Fuera, y la capacidad de establecer el juego psíquico entre proceso primario y proceso secundario.

Con todo lo expuesto se entiende mejor que los autores hayan ubicado entre el 1o y el 2o Subestadío Anal, el eje evolutivo que separa la organizaciones no neuróticas de las neuróticas.

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