Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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“Los escenarios narcisistas de la parentalidad” (desarrollos en la consulta terapéutica padres/niños y adolescentes)

PDF: manzano-escenarios-narcisistas-parentalidad.pdf | Revista: 26 | Año: 1998

J. Manzano
Profesor de Psiquiatría. Universidad de Ginebra. Director del Servicio Médico-Pedagógico

Texto de Presentación realizada en la VI Mesa Redonda “Cuándo y cómo ayudar a los padres” en el II Congreso Europeo de la Asociación Europea de Psicopatología del Niño y del Adolescente (A.E.P.E.A.) y XI Congreso Nacional de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente (S.E.P.Y.P.N.A.) que bajo el título “De la comprensión de la psicopatología al tratamiento” se desarrolló en Sevilla (España) del 15 al 17 de octubre de 1998.

Como es bien conocido entre 60 y 75% de las intervenciones terapéuticas en psiquiatría del niño y del adolescente tienen una duración no superior a diez sesiones; son por consiguiente breves, sea por decisión clínica, sea simplemente por interrupción no deseada. Por esta razón, con B. Cramer y F. Palacio hemos desarrollado en Ginebra desde hace muchos años una técnica de psicoterapia breve padres/niños/adolescentes. Esta técnica está basada en las nociones centrales de “focalización”; “interacción fantasmática”; “pretransfert” e “interpretación”, Manzano, Palacio (1).
Nuestra experiencia clínica acumulada de estas consultas terapéuticas nos ha llevado a profundizar los aspectos narcisistas en las relaciones padres/hijos y sus trastornos.

Por narcisistas entendemos lo esencial del concepto de Freud (2): amor hacia sí mismo y búsqueda de la satisfacción de esta pulsión por la admiración. Pero también relación narcisista, es decir una relación con el otro –o aspectos del otro– visto como propio como si mismo, con lo que hemos llamado un trastorno “cognitivo” de la identidad.

Freud no se ocupó prácticamente nunca de las relaciones de los padres con los niños (siempre de las relaciones de los niños con los padres), con solo una excepción. Para él existe en los padres una compulsión a atribuir a su hijo todas las perfecciones (“su majestad el bebé”) y a renovar en el hijo los privilegios que ellos mismos se imaginan haber tenido como niños y que tuvieron que abandonar “se ven ellos mismos en el niño como se imaginan haber sido perfectos y omnipotentes”. Más tarde escribirá que los padres proyectan en el niño su ideal del yo. El amor de los padres por sus niños sería pues narcisista –amor por ellos mismos–, “como ellos creen haber sido, como ellos quisieran ser”.

Por otro lado, Freud descubrió en la psicopatología adulta (personalidades narcisistas), una forma de relación amorosa adulta: el sujeto coloca (proyecta) en su objeto de amor (personas más jóvenes del mismo sexo) su propia persona infantil, mientras que el mismo actúa el rol de la madre ideal de su infancia que ha creído o deseado tener, madre ideal que satisfacería todos sus deseos. En esta escenificación, el sujeto se desdobla: se ama pues a sí mismo en su pareja, bajo la forma de esta madre ideal que encarna.

Sin experiencia clínica directa con padres y niños, Freud no relevó jamás los puntos comunes entre estas relaciones amorosas narcisistas adultas y las relaciones amorosas entre padres e hijos que descubrió.

Sin embargo, nuestra practica clínica de consulta terapéutica padres/niños nos ha permitido de constatar que escenificaciones narcisistas inconscientes semejantes a esas relaciones adultas están presentes en proporciones y formas variables en todas las relaciones padres/hijos.

Un ejemplo característico es la madre que proyecta en su hijo la imagen del padre muerto, para negar el duelo y se identifica y juega el papel de la niña que fue, en relación fusional con su padre siempre vivo; o del padre que ve en su hijo el niño ideal que habría querido ser, y se identifica con el padre igualmente ideal que habría querido tener.

Esta experiencia nos ha llevado a formular el concepto que hemos llamado. “Escenificaciones narcisistas de la parentalidad” y hemos podido diferenciar las principales formas y tipos. Este concepto nos parece un instrumento de lectura a través de las asociaciones de los padres en la consulta que permite una comprensión de la dinámica interactiva y una intervención interpretativa.

Las “escenificaciones narcisistas de la parentalidad” están constituidas por cuatro elementos esenciales:

  • Proyección padres sobre el niño
  • Identificación complementaria padres
  • Una finalidad específica
  • Una dinámica relacional actuada

La proyección de la padres sobre el niño constituye más exactamente una identificación proyectiva. Se trata en efecto de una representación de sí-mismo (self) del padre que es proyectada y que por consiguiente, es investida con libido narcisista; esta representación de sí-mismo es proyectada sea directamente como tal, como en el ejemplo citado del padre que proyecta la representación del niño ideal que había querido ser, sea a través de la imagen interna de un objeto, como en el otro ejemplo, la imagen del padre fallecido de la madre. En este ultimo caso, esta imagen, el objeto interno del padre o madre, es portadora de una representación de sí-mismo que había sido previamente proyectada sobre él (self-object); dicho de otra forma, se había efectuado una identificación con este objeto interno. Así, incluso si la proyección sobre el niño corresponde a una imagen objetal, comprende necesariamente una representación de sí-mismo y en consecuencia es de naturaleza narcisista. Podemos decir parafraseando Freud, que la sombra de los padres ha caído sobre el hijo, sea directamente, sea a través la sombra de sus objetos internos.

La identificación complementaria de los padres, que hemos llamado contraidentificación, se efectúa con otra representación interna. En los dos ejemplos, la imagen de la niña que tenía todavía un padre vivo, o el padre ideal que hubiera querido tener. De esta manera la escenificación es siempre una relación entre sí-mismo y sí-mismo.

La finalidad, el objetivo de la escenificación comprende en todos los casos la realización de una satisfacción de naturaleza narcisista. Sin embargo, otras finalidades pueden igualmente añadirse a esta, por ejemplo, defensivas como una negación de la pérdida, o permitir satisfacciones libidinales objetales como de la pulsión edípica reprimida.

La dinámica actuada (interacción), entre los “actores” es el resultado de esas proyecciones e identificaciones. El hecho que la escenificación se actúa verdaderamente en la realidad es de una importancia fundamental puesto que va permitir de darle una existencia que sobrepasa la pura imaginación, y convertirla en un síntoma con satisfacciones sustitutivas inconscientes.

Todos estos fenómenos de la escenificación narcisista hacen parte de la evolución normal de la parentalidad cuando no son excesivos con características especiales y los niños se desarrollan sin problemas. En los casos “patológicos”, el niño va a reaccionar a esas escenificaciones adaptándose en función de sus pulsiones y necesidades, sea asumiendo mientras puede el rol que le es asignado, con posibles trastornos más tarde, sea rebelándose porque se siente abandonado dado que la relación con él realmente no existe o existe poco y dando eventuales síntomas en consecuencia.

UNA ILUSTRACIÓN CLÍNICA: “LA SOMBRA DEL ABUELO”

Se trata de una madre de un niño de 4 años que consulta por retraso del lenguaje y porque es “infantil” y “pegado a ella”.

En el marco de la relación establecida con el terapeuta, la madre va a asociar: Tiene mucho miedo que le pase algo al niño, por ejemplo: dejarlo con el terapeuta solo en la consulta “nunca se sabe”, o también miedo que se lo roben traficantes en la calle. Habla de un período en el que se encontraba muy sola, triste, con frecuentes lloros en relación con la separación debida a la emigración; cuando se quedó embarazada estaba aún más triste. Todo cambia con el nacimiento del niño. Se encontraba muy bien “era todo para mí”.

Más tarde en la entrevista, cuando habla de su infancia y adolescencia, cuenta que fue criada por sus abuelos y siempre tuvo una relación muy estrecha con su abuelo. “Era el más importante para mí”. La muerte del abuelo fue muy difícil y dolorosa (duelo en realidad negado), “siempre pensaba, todo el tiempo, hasta que tuve el niño”. “El niño cambió mi vida. Desde entonces nunca más estuve triste”. A mi comentario de que ahora tiene miedo que lo roben y está muy inquieta, responderá “¿Cómo quiere usted que no lo esté?, ¡es una parte de mí!”.

Yo pude comprender que era una situación bastante típica. Una pérdida de un objeto central en su vida (el abuelo) que concentraba todos sus investimientos y también una identificación narcisista (poca diferenciación entre ella misma y la imagen de este abuelo querido). El sentimiento de pérdida del abuelo fue agravado por la emigración y la separación de su familia y amigos.

El niño vino a representar y remplazar este objeto. En consecuencia el niño real recibió una proyección identificativa de la madre, era su abuelo, y de esta forma una parte de sí misma. De esta manera la madre negaba el duelo y combatía sus sentimientos de pérdida y separación y continuaba a vivir una relación con el abuelo en la persona de su hijo, como si aquél no hubiera muerto. Pero resultaba una relación particular con el niño, que sufría una “presión proyectiva” de no crecer y quedarse siempre con su madre, no separarse de ella. Cuando el niño creció y tuvo que ir a la escuela se desequilibró esta escenificación interactiva dando lugar a síntomas: retraso del lenguaje, inmadurez y miedo de la madre a “perder a su hijo”.

Mi intervención consistió esencialmente en hacerle ver en el buen momento de la entrevista esta proyección y sus causas (como el niño remplazaba el abuelo y así ella no se sentía triste). Esta interpretación pudo ser aceptada porque se había establecido un pretransfert positivo con el terapeuta

CONCLUSIÓN

Estimamos que con esta “plantilla de lectura” que constituye el concepto de “escenificaciones narcisistas de la parentalidad” y los elementos esenciales que la constituyen, puede facilitar la comprensión de las situaciones de consulta padre y niños y permitir una intervención interpretativa en los casos de indicación de terapia breve.

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