Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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El espacio de transición de Marilín

PDF: pineiro-espacio-transicion-marilin.pdf | Revista: 47 | Año: 2009

Piñeiro Jerico, Maite
Psiquiatra Infanto-Juvenil. Directora Médica del Centro Médico Psicopedagógico de Saint Jean de Luz/Hendaye. Presidenta de la Societe de Psiquiatrie du Pays Basque.

Comunicación Libre presentada en el XXI Congreso Nacional de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente (SEPYPNA) que bajo el título “Períodos de transición en el desarrollo e intervenciones psicoterapéuticas” tuvo lugar en Almagro del 17 al 18 de octubre de 2008.

Cuando supe que el tema de este congreso eran los periodos de transición en el desarrollo, y las intervenciones terapéuticas, pensé automáticamente en Marilín.

Cuando la conocí, Marilín era una joven adolescente de 16 años. Estaba en ese período de transición que es la adolescencia. Pero, si pensé en ella, es porque Marilín me llevó, a lo largo del año y medio que duró nuestra terapia, a rincones desconocidos para mí. Tuvimos que aprender juntas a utilizar los instrumentos que ella me proponía, verdadera área transicional de creación y expresión.

Bien, ¡hablemos pues de Marilin! Acudió a nuestro centro tras una breve hospitalización en el SAS (Servicio de Atención Especializada del Hospital General de Bayona, Francia), lugar de paso obligatorio para aquellos que realizan una tentativa de suicidio. Ella había realizado una intoxicación medicamentosa voluntaria que no podía explicar. Nada dejaba presagiar ese gesto, las cosas no iban tan mal; de hecho, acababa de empezar una relación amorosa. Aquella misma tarde había estado con su chico, habia pasado una buena tarde y a la noche…, en casa… No puede explicar, ni criticar su gesto. Al cabo de unos días en el SAS, le aconsejaron realizar una psicoterapia, por lo que vino a verme.

Marilín se viste de negro, sus signos exteriores quieren dar a ver a una chica dura, emparentada con las tendencias góticas, aficionada al oscurantismo, e iniciada por una amiga al culto de la belleza de los cementerios y de la muerte.

Cuando veo a Marilín por primera vez me encuentro con una joven que inspira ternura. Sus ojos grandes, redondos, oscuros, regalan una mirada limpia. Su boca, de labios amplios, permanece afectada de un gesto híbrido entre sonrisa cortés y súplica; pero esos labios, de aspecto generoso, serán, durante largas sesiones, los guardianes severos de unas emociones que no puede decir.

Marilín es hija única, sus padres se han separado hace algo más de un año. Su madre tiene una nueva relación, y su padre, sólo encontró consuelo en la botella. Ella, navega del mundo del uno al del otro gracias a un sistema de custodia compartida que ella misma decidió. Solicito a los padres para que vengan a verme, y poder explicitar el encuadre del trabajo terapéutico con Marilín. Fue complicado encontrar una hora a la que la madre aceptara venir. Cuando llegó, me encontré con una mujer joven, vestida de forma muy llamativa, con una minifalda que exhibía unas magníficas piernas, enfundadas en unos zapatos con altos tacones de aguja. Sus labios amplios estaban recién pintados en un rojo muy agresivo, la mirada fi ja, una figura delgada, perfecta, que caminaba hacia mí de manera precipitada, desafiante. Cuando estreché su mano encontré un vacío, no había tonicidad, era una mano blanda, como los relojes de Dalí, escurridiza. Comprendí que la relación con la madre era para Marilín complicada y que su apoyo a la terapia sería inexistente. En realidad, esta madre estaba asustada, asustada de la tentativa de suicidio de su hija, que vivía como un ataque personal, ella, que no había podido tener una relación constructiva con su propia madre, que le puso “de patitas en la calle” a los 18 años y con la que nunca se reconcilió. Ella pensaba haber sido una madre buena, y ahora, su hija se lo pagaba de esa manera. Su juicio era severo hacia Marilín y “nada” ni “nadie” podrían cambiarlo. Le vi en otra ocasión, intenté establecer una alianza terapéutica; pero su estructura paranoide estaba demasiado establecida como para poder afl ojarla con unas entrevistas, así que se marchó airada diciendo que me ocupara de su hija, que era quien lo necesitaba, aunque no me auguraba mucho éxito.

El padre de Marilín era un hombre venido a menos por la pena. Se habían conocido muy jóvenes, la madre había sido una madre cariñosa durante la infancia de Marilín, él no sabía explicar lo que había pasado, después de 19 años juntos, el odio de su ex-mujer había aflorado como un huracán. Él había caído en desgracia, la depresión y el alcohol habían hecho el resto. Tuvo fuerzas para pedir ayuda, se había puesto en tratamiento y ahora estaba remontando. Comprendía la difi cultad de una adolescente a quien los padres no pueden ofrecer un entorno de seguridad en esos momentos de construcción y transición. Se mostró disponible y colaborador apoyando el espacio terapéutico que intentábamos construir.

Pues bien, Marilín venía regularmente a las sesiones, su mirada empática y su boca sonriente; pero silente. Escondía con discreción sus brazos bajo sus mangas largas y sus pulseras. Sus antebrazos eran los que sufrían los ataques de las palabras no dichas, la ira de la emoción no elaborada, de la decepción no expresada. Efectivamente Marilín se escarifi caba desde un año antes de su tentativa de suicidio. Como de costumbre en estos casos, a Marilín le costaba hablar de su gesto auto lesivo y enseñar sus heridas. Pero aceptaba simplemente decirme si durante la semana había tenido gran o poca necesidad de realizarse esas sangrías, liberadoras de tensiones.

Había una contradicción absoluta entre la empatía que yo percibía y su incapacidad a expresar sus emociones. Si nos hubiéramos limitado al contenido de nuestras sesiones hubiéramos podido hablar de una alexitimia severa. Pero mi contra transferencia me decía otra cosa, ella transmitía. Por el momento el lenguaje era encriptado. Había que armarse de paciencia, no sería la primera vez que nos cuesta entrar en materia. Propuse a Marilín acudir a las sesiones de terapia de grupo de adolescentes que animo con un co-terapeuta. Quizás la situación exclusivamente individual era en exceso persecutoria, me acordaba de la estructura paranoide de la madre y decidí ofrecerle otros espacios de apoyo, otras áreas transicionales con la esperanza de que esta nueva experiencia terapéutica facilitara la elaboración mental y la expresividad emocional.

En el grupo encontré una Marilín silenciosa; pero empática. Pronto fue para las demás una persona de referencia, y ella siempre fue generosa con sus compañeras. Pudo hablar en el grupo de sus escarificaciones, de su lucha contra ellas, advertir a las otras jóvenes que se iniciaban en la “actividad”, del carácter adictivo que podía adquirir, las ponía en guardia…

En nuestras sesiones individuales la tónica era la misma, me hablaba de los sucesos concretos de la semana, y siempre de manera escueta, sin dejar ver la resonancia afectiva que ellos tenían. Así me contó que su madre se había sentido traicionada y siguiendo su impulso le había echado de casa. Marilín comprendió que estaba repitiendo su historia familiar, “Su madre por lo menos esperó a que ella tuviera 18 años, a mí me ha echado mucho antes”. Se instaló en casa de su padre. La relación con su novio era tumultuosa, las emociones le invadían y cuando yo intentaba profundizar, ir más allá, la misma sonrisa enigmática al estilo de la Gioconda daba por terminada mi tentativa de elaboración. Yo me resignaba una vez más a acompañarla sin comprender mucho más, al fi n y al cabo ella venía asiduamente, seguía escarificándose pero al parecer menos, y al menos podía depositar en nuestro espacio sus difi cultades, ¡el que no se consuela es porque no quiere!, todos tenemos experiencia de esas terapias que llevan tiempo; pero también sabemos que con los adolescentes, a veces, el tiempo es oro.

Marilín debió intuir mi preocupación, en la última sesión de diciembre, llevaba tres semanas sin escarificarse y me dice apostar por la vida. En la primera tras las vacaciones de Navidad me dice que quiere enseñarme algo. Me lleva a Internet, y allí me muestra un blog, y otro. El segundo está lleno de fotos de sus encuentros nocturnos con sus amigos, fotos más o menos festivas según la hora avanzada o no de la noche y según el grado de consumo de alcohol y otros productos ilícitos. El otro blog es el de su mundo interno que se ofrece al mundo externo. Los contenidos tumultuosos, tan fi rmemente guardados por esos labios a la sonrisa de Mona Lisa, brotan aquí de manera burbujeante, es un río de emociones, de imágenes impactantes, de pulsiones evitadas gracias al ejercicio de la sublimación, de la elaboración. He ahí su mundo refl exivo, He ahí esa área transicional. Sola, delante de su ordenador, ella es capaz de decir, de sentir, y ahora me ha dado la llave para que yo acceda, que le acompañe. ¿No quería expresión, posibilidad de interpretación, elaboración?, pues ahí tengo el material. ¡Cielo santo! ¡Confieso que me llevé un gran susto! ¿Y ahora qué? Esto era inusual, nada ortodoxo, para mí, nuevo; ¿cómo integrar estos elementos en nuestro encuadre terapéutico? y ¡cómo no integrarlo si es lo que ella puede ofrecerme! ¡Si era el testimonio de sus esfuerzos por sentir, sus intentos de comprender! La presentación decía así:

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A menudo me han dicho “estás loca”…
Angelito 6001
Descripción:
Perdonadme por lo que escribo
Perdonadme por lo que pienso
Pero soy un pequeño ángel
Que ha perdido sus alas…
Perdonadme por odiarme
Si queréis comprenderme…
…buena lectura!

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Ya no sé
Esta mañana me he mirado
En el espejo, de un poco más de cerca
Me he tomado el tiempo de admirar
Mi rostro entero
He visto la sombra de una sonrisa
Pero detrás se esconden las ganas de morir
Porque no dejo ver
Que me duele y que a veces…
Por qué disimulo?
Me maquillo con un aire inocente
A medida que avanzo en mi exploración
Me viene una pregunta a la cabeza
En mi mirada, varias heridas
Una vida igual a una escena de tortura
Es morir mi última solución?
He aquí el final de mi exploración.

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Te detesto
Te detesto a ti que vives…
Te detesto a ti que sufres…
Te detesto a ti que lloras….
Te detesto a ti que quieres morir…
Te detesto a ti que te mutilas…
Te detesto a ti que haces las cosas de cualquier manera…
Te detesto a ti que necesitas “eso”…
Te detesto a ti…que soy yo…

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No, quiero parar!
Estoy harta, no quiero vivir más
Ya no quiero más, estoy harta, quiero que me ayudes
Pero tú ya no me quieres
Estoy en la mierda y que me da igual quiero
Estar en ¿??
Me da igual
Quiero morir, la vena!, me da igual
Tengo tantas ganas de eso
Se vuelve una sensación de bienestar y
No entiendo nada
Quiero reventar
Ya no quiero estar en este mundo
Ya no quiero más… llorar por ti… llorar por mí
No quiero sufrir más
No quiero vivir más
Solo quiero reventar
Aquí, así, ahora, lagrimas caen en el teclado, lloro
Lloro sangre, ya esta, he fumado
Un porro, ya esta me he abierto
Voy a morir?
No No he tocado la vena así que me siento
Distendida
He llorado y no sé por qué
Y mi infierno esta aun ahí ante mis ojos…
Yo

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Mi vida
Al principio era sólo por divertirse
Algunas cicatrices que desaparecerían
No viendo el drama llegar
Continuaba a evacuar mi pena
Una lama, una cuchilla
Me bastaban para hacerme sangrar
Al principio era muy ligero
Me hacía un bien enorme
Después se agravó
Para evacuar toda mi pena
Debía ir más fuerte
Tocar de más cerca la muerte
Estaba sola en mi bañera
He cogido una cuchilla
Con mucho coraje me he lanzado
Empujada por la pena lo he hecho
La sangre fluía a borbotones
Mi vena debía haber sido tocada
Mi pena se había marchado eso
[me hacía un bien enorme
Empiezo a ver borroso
Ya está lo voy a conseguir
Al final he llegado al fin
Unas lágrimas caen
Sobre un charco de sangre
Heme aquí tumbada
Mi sangre continuaba a fluir
Me duermo para nunca más
[despertarme
Sólo una palabra que decir
ADIÓS

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Puede que en el fondo
Sé quien soy
Sé quizás por que no me quieres
Me ves como soy
Ves mi reflejo
Y mi reflejo no es más que esta imagen
Quiero morir a tu lado
Quiero evaporarme sin llorar una lágrima
Porque a tu lado la vida es bella
Pero como ya no estoy a tu lado
Déjame solo morir a tu lado para poder aprovechar
Del último segundo de felicidad
Y déjame al fin.
REVENTAR!!

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Droga de la vida
Habría que dejar de pensar que a uno mismo, ver más allá
Parar esas drogas de diferentes formas
Luchar para sobrevivir
No hay que sobrevivir sino vivir
Así que sed orgullosos, sed vosotros
Luchad por los que tienen problemas más graves que los vuestros
Veréis que lo que tenéis no es tan miserable
Luchad una vez más
Todos somos asesinos
De drogas de cualquier vida
A veces hay días o periodos muy duros que vivimos nos gustaría estar como en la foto
Y sin embargo hay que ver más allá, ser fuerte
No detenerse en ese mundo de chiflados
Así que continuad lo que más os llena de mierda

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Vosotros que creéis
Vosotros que creéis
Vosotros que pensáis
Que mi objetivo sigue siendo morir
Os equivocáis
Es por lo que ya no vengo a veros, porque todo va mejor
Y os lo debéis imaginar
Un sentimiento de bienestar
Cual es vuestro objetivo?
Estoy bien no insistáis
Ahora que he comprendido que morir nos llegara un día
Ya no me doy prisa

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OH! Hace tiempo que no había pensado
Es raro como esta foto me choca
He hecho muchas cosas malas pero esto, no sé
No entiendo por qué hago eso
Por qué este blog existe,
Por qué yo existo
Por que hablamos del suicidio como un espíritu de cobardía
Tenía ganas de evaporarme de reventar de olvidar
Y sin embargo asumo, me quedo ¿por qué?
No sé
La sensación de esta lama en mi brazo
Mi brazo está tan limpio desde hace 7 meses
Que no me gustaría estropearlo de nuevo
Pues no, resisto porque sé que es una droga
Me ha costado demasiado tiempo sobreponerme
Me he hecho demasiado mal, me he pillado demasiado la cabeza
Por un chico
Por mi madre
Por amigos
Ahora ya no intento comprender
Vivo sin saber por qué
Algunas veces cierro los ojos para no hacerme daño
Me olvido de quién era
Esa chica que se hacía daño
Esa chica que hacía daño
No quiero verla más
Quiero que se borre
Quiero que ella, que ella reviente
La auto mutilación no es un suicidio es una llamada de socorro
Pero el mundo tendría que comprender que la gente abriera los ojos
No perdáis esperanza

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Me canso de la vida como me canso de un espejo
Estoy segura que en el fondo me sigue gustando tanto escribir
Y sin embargo nada que venga a mi espíritu
Mi única gana es de fumar un buen porro
No entiendo por qué
Me pillo tanto la cabeza
No entiendo por qué mi vida es tan complicada
Me gustaría que me explicaran por qué mi vida es tan complicada
La vuestra también lo es me vais a decir
Pues entonces, por qué es tan complicado
Por qué nos hacen a todos cagar
No hemos pedido nada nosotros
No quiero que lo que siento se sepa
Pues el problema es que ningún sentimiento sale
Que ninguna pena me toca
Que nada me da placer
Pero ya no quiero morir
Aunque lo piense
Ya no quiero
Pero por qué estoy sin sentimientos
………por qué………

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El amor
Sentimiento de bienestar sin creer demasiado
Sentimiento de alegría cuando nos vemos
Sentimiento de pena cuando dices no saber en dónde estás
Sentimiento, que sea bueno o malo es un sentimiento
Y un sentimiento es bello
No olvidar que los sentimientos forman parte de nosotros…
No estoy enamorada estoy simplemente feliz
Oooo, la vida es una alfombra, se deshilacha de más en más
Como consumes tu vida
No pierdas el hilo por favor sé lo que tú eres, transfórmate en quien quieres
El amor pasa y repasa dejando su huella…

Marilín había comenzado la escritura de este blog el 1 de octubre de 2005. Tres días antes de nuestra primera entrevista y tres semanas después de su tentativa de suicidio. El blog mostraba un ejercicio de reflexión, un intento de análisis de sí misma y de sus emociones. A partir de entonces, me digo que será un material que podremos explorar juntas, pero ella me invita a que lo lea cuando quiera. Yo no sé cómo utilizarlo. Le digo que no puede confiar en que lo que ella escribe sea inmediatamente leído por mí. Le explico mi temor de que piense que el blog puede mantenernos en contacto continuo y que espere que yo actúe en consecuencia, es una gran responsabilidad que no puedo asumir, que no se confunda. Me hace un gesto tranquilizador, se encoge de hombros quitándole importancia, no espera nada, solo compartir conmigo. Heme aquí de nuevo sin saber cómo hacer con esta situación embarazosa. Si iba a leer el blog me sentía en una po sición totalmente “voyeurista”, “intrusiva” y si ni lo leía, tenía la sensación de haberme dormido en la sesión y no haberle escuchado. ¿Cómo hacer? Puesto que la situación era nueva para mí, decidí poner nuevas reglas. ¡De acuerdo!, me autorizaría a leer el blog de vez en cuando, cuando pensara en ella, jamás el fin de semana, por lo general al empezar la semana, que era cuando solíamos vernos y lo comentaríamos en nuestras sesiones. A veces, tenía la sensación de que me ponía a prueba. Habíamos aceptado el poder hablar de sus ideas de muerte en nuestras sesiones, pero habíamos pasado el contrato de que, si la idea se tornaba proyecto, ella me llamaría para evitar el “acting suicidario”. En una ocasión tuve la impresión de que en su blog me mandaba un mensaje de adiós, esa vez me salté el encuadre y la llamé. Me dijo que respetaría su contrato, pero reconoció haber estado muy cerca de no hacerlo la noche anterior. Ella supo que yo estaba disponible y nunca más usó su blog para verificar la fi abilidad de nuestro espacio. En una ocasión, cuando su madre la echó de casa, me confesó no saber si controlaría la pulsión de muerte y le hospitalizamos durante unos días, la evolución fue buena.

Yo me acostumbré a visitar el blog de vez en cuando sin sentirme prisionera, el blog se colocó a la buena distancia entre nosotras, nos facilitaba la comunicación, era un área transicional. Marilín tuvo que irse de la ciudad para sus estudios pero volvía cada tres semanas, lo que le permitía venir a la terapia de grupo y a mi consulta. En este período, el blog fue también un espacio que nos permitió acortar la distancia que la separación física nos imponía.

En enero de 2007 cambiaron sus horarios, en el grupo nos advirtió que ya no podría volver. La encontré mucho mejor, quedamos disponibles en caso de que tuviera la ocasión o la necesidad de venir. Cuando dejamos de vernos dejé de consultar su blog. En junio de 2007 el padre vino a verme. Marilín no podía venir a causa de su formación; pero ambos querían decirme, que se encontraba muy bien y agradecerme mi acompañamiento durante los periodos difíciles. La relación con la madre seguía siendo inexistente y ése sería, sin duda, un tema que Marilín tendría que retomar en el futuro. Por el momento, poníamos fi n oficialmente a nuestro trabajo terapéutico en junio de 2007.

Cuando pensé en escribir esta comunicación, me pregunté cuál habría sido el destino de este blog, no sabía si Marilín lo habría seguido escribiendo. Yo tenía la intuición de que el blog había sido ese espacio de transición necesario para que la elaboración fuese posible, que estaba originado, creado, retroalimentado por nuestras sesiones, pero podía equivocarme, podía ser simple ilusión o vanidad mía.

Entonces, en mayo de este año, me autoricé a verificar que el blog seguía colgado en la red, y ahí estaba. La primera imagen el 1 de octubre de 2005, la última en febrero de 2007, pocos días después de nuestra última sesión. En total 67 páginas, cada una con entre 3 y 5 imágenes y textos. Estaba en lo cierto. El blog se creó y se cerró al tiempo que nuestra relación terapéutica.

Llamé a Marilín, le pedí que viniera a verme para solicitar su autorización para utilizar sus contenidos e imágenes para esta comunicación. Se sintió halagada, tenía la misma mirada pero una sonrisa aún más franca, abierta. Las cosas le iban bien. Había encontrado su vocación en el cuidado de los niños discapacitados, iba a emprender una formación de educadora especializada.

Avatares del destino, Marilín acababa de cumplir 20 años y en su fiesta en una discoteca fronteriza, una chica gitana había interpretado mal su mirada y sin darse cuenta se encontró con la cara ensangrentada, un corte limpio, pero profundo, recorría su cara desde la frente a su barbilla por el lateral de su rostro. Llevaba toda la cara llena de tiritas de sutura, vio mi preocupación en mi mirada. Todo ese pasado de escarificaciones escondidas era como si asomase de repente a la superficie, una superficie visible e ineludible. Marilín me tranquilizó: “El cirujano plástico me ha dicho que no quedará cicatriz”.

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