Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Estudio de la relación entre la “imagen de sí” de niños y adolescentes que acudieron a tratamiento a una unidad de salud mental infanto-juvenil y la “imagen de sí” de sus padres

PDF: gutierrez-lopez-estudio-relacion-imagen-de-si.pdf | Revista: 53 | Año: 2012

Study of the relationship between “self” of the childrem and adolescents who attende treatment at children and youth mental health unit and “self”of their parents

Mª Luisa Gutiérrez López
Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil de Área Hospitalaria de Valme.

Carmen Almeida González
Departamento de estadística del Hospital de Valme. Área Hospitalaria de Valme Dos Hermanas (Sevilla).

RESUMEN

El objetivo de esta investigación ha sido profundizar en el conocimiento de la relación entre la “imagen de sí” de los niños y adolescentes que acudieron a tratamiento a una Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil y la “imagen de sí” de sus padres, en los aspectos cognitivos, conductuales y emocionales. Estudio observacional que incluyó análisis descriptivo, tablas de contingencia y prueba de homogeneidad marginal, o prueba de McNemar. Se observó como hijos y padres presentan mejor imagen al respecto de sí, que al respecto de la imagen que creían dar a lo demás, además se sintieron poco valorados por padres, profesores y compañeros, y extraordinariamente bien valorados por sus abuelos. Ambos tenían una mala imagen en relación a cómo se comportan y los padres, se mostraron especialmente nerviosos al hablar de sí mismos. El ahondar en el conocimiento de esta relación permitió obtener una herramienta guía para la intervención psicoterapéutica.

PALABRAS CLAVES: Imagen de sí, self, autoestima, autoconcepto, autorrealización.

ABSTRACT

The research objective is made a careful study of knowledge the relationship between “self” of children and adolescents who attended treatment at Children and Youth Mental Health Unit, and “self” of their parents, in cognitive, behavioral and emotional issues. Observational study included descriptive analysis, contingency tables and marginal homogeneity test, or McNemar test. It could be observed that children and parents had better image about themselves, that the image they believed to give to the others. Furthermore, they felt under estimated by parents, teachers and peers, and extraordinary estimated by their grandparents. Both had a bad image about their behavior and father felt especially sad to talk about themselves. The focus on understanding of this relationship allowed obtaining a guiding tool for psychotherapeutic intervention.

KEY WORDS: self-image, self-esteem, self-concept, self-realization.

INTRODUCCIÓN

Intentar definir un fenómeno complejo como es la “imagen de sí” o “self” es tarea complicada. Se han realizado diversas descripciones del significado de este constructo multidimensional y de sus constituyentes a lo largo de la historia. La multidimensionalidad del self explica que cada teoría sobre él pueda aprenderlo en el aspecto congruente con la perspectiva paradigmática adoptada (Codina, 2005). Se diferencian así cuatro diferentes autorreferentes: la orientación cognitiva resalta los aspectos del autoconcepto, la psicoanalítica la autoestima, la del interaccionismo simbólico la autoimagen y la humanista, la autorrealización. Estos autorreferentes corresponden respectivamente a los fenómenos psicológicos de la cognición, emoción, rol-estatus y voluntad, haciendo alusión al conocer, sentir, representar y querer (Munné, 2000).

El primer autor que realiza una amplia descripción del self en su obra fue W. James en su libro The Principles of Psychology. A. Nosnik asegura que James asimila el Yo a la conciencia, al proceso de saber y sentir. Así postula James que es el Yo el que es consciente, el que conoce y piensa en el hombre. En este mismo acto de conocimiento del Yo, de introspección, el Yo distingue lo propio, lo mío, el sí-mismo (Nosnik, 1986).

Desde una perspectiva social de la psicología, G.H. Mead, representante de la escuela del interaccionismo simbólico habla de cómo la idea que tenemos sobre nosotros mismos es consecuencia de las evaluaciones que hacen las personas del entorno próximo. El individuo se convierte en objeto para sí, precisamente, porque se descubre adoptando las actitudes de los otros que están implicados en su conducta. En los primeros años, la información sobre sí mismo la recibe el niño de los padres y familiares próximos, a medida que crece aparecen otras personas significativas como los profesores y compañeros. Para él los “selves” sólo existen en relación a otros “selves” (Mead, 1925).

La escuela psicoanalítica contempla los aspectos emotivos del self. Destacan la importancia de la propia estima para una adecuada conducta social, afectiva e intelectual. La persona que no posee un concepto de sí adecuado no puede estar abierta a sus propias experiencias afectivas, especialmente a los aspectos desfavorables de su carácter. La falta de autoestima influye notablemente en el bienestar espiritual, en el propio nivel de satisfacción, y sobre todo en la propia salud y capacidad psíquica (Villa, 1992). A partir de S. Freud se configuran dos visiones diferentes del “sí mismo” en esta escuela. El propio S. Freud y posteriormente M. Klein y la escuela de las relaciones objetales, conciben el self como una estructura que se establece en relación con la percepción de uno mismo. Por otra parte, H. Kohut y autores posteriores como H.S. Sullivan, entienden el self en relación al desarrollo de la estructura de la personalidad.

S. Freud en el contexto de la segunda tópica, describe el sí mismo como aquello que sin ser yo se inviste de líbido narcisista y aparece como modelo. Define la autoestima como expresión de la magnitud del yo (Freud, 1914). M. Klein resalta la importancia de la influencias de la primeras relaciones, las tempranas relaciones emocionales con los padres, y con “nosotros mismos”. Somos todo lo bueno y lo malo que hemos pasado desde los primeros días; todo lo que hemos recibido del mundo externo, y sentido en el mundo interno (Klein, 1937). D.W. Winnicott sitúa el surgimiento del “sí mismo” antes de los 5-6 meses. Asegura que para su consolidación es necesario que un ser humano (la madre) se tome el trabajo de traerle al niño el mundo de manera constante, compresible, limitada y adecuada a las necesidades del bebe. Haciendo aquí referencia a lo importante e imprescindible del otro (Winnicot, 1945). Según S.A. Michell para Winnicott la adquisición de un fuerte sentimiento del self es el principal logro del desarrollo temprano normal (Mitchell, 1993).

H. Kohut, fundador de la escuela del self, ampliando la visión freuidiana asegura que algunos pacientes no sufren por conflictos relacionados con pulsiones y defensas, sino por deficiencias en el sentido del self, que experimentan como algo frágil, carente de cohesión e integridad (Mitchell, 1993). Sullivan propone una teoría social de la mente, en la que el niño adquiere el concepto de sí por medio de un proceso de “imitación”, a través del que incorpora en sus propios esquemas la conducta y actitudes de las personas que son importantes para él. Sostiene la particular sensibilidad del infante a los estados afectivos de las personas que se encuentra en su entorno inmediato. A esta conexión la denominó “empatía” y permite al niño adecuarse a un espacio inmediato, permeado por los rasgos caracterológicos de personalidad y ansiedad de las personas significativas, que lo llevan a limitar sus potencialidades, generando un desarrollo que se limita al perfil psíquico construido en la relación con sus padres (Sullivan, 1974).

Desde otro punto de vista, la perspectiva humanista define al hombre como un producto de su ambiente, poniendo el acento en las vivencias conscientes, explicando el actuar desde metas e intenciones. A.H. Maslow desarrolla la teoría de la autorrealización; la motivación innata en todo ser humano es realizar su potencial, desarrollar sus aptitudes y capacidades para lograr así una sensación de plenitud. El hombre a medida que satisface sus necesidades básicas o primarias (fisiológicas, de seguridad, sociales y autoestima), adquiere otras más elevadas, las necesidades secundarias (autorrealización y trascendencia) ocupando estas el predominio de su comportamiento. La autorrealización implica que hay un sí mismo que se actualiza. Existe un sí mismo en el ser humano al que hay que dejar que emerja “escuchar las voces del impulso” y no aquellas voces introyectadas de mama, papa, los mayores, la autoridad o tradición (Maslow, 1971).

Un autor brillante y con aportación fundamental en la configuración del ser como persona es J. Bowlby. En su teoría del apego preconiza la necesidad universal que tienen los seres humanos de crear vínculos afectivos. En estos vínculos se identifica y crea su propio ser. Al hablar de la relación entre madre e hijo comenta como las características básicas del bebe pueden influir en el modo en que la madre le cuida, pero también subraya como las características de la madre pueden influir en las reacciones del bebe hacia ella. Lo que la madre aporta a la situación es mucho más complejo: no sólo tiene que ver con su equipo congénito, sino también, con una historia larga de relaciones interpersonales, en su familia de origen, así como la influencia en mucho tiempo de los valores y las prácticas de su cultura (Bowlby, 1969). P. Fonagy, uno de sus seguidores, hablando del desarrollo del sí mismo en relación a los sentimientos asegura que las tempranas experiencias de acceso flexible a los sentimientos propios son consideradas como formativas. El sentimiento autónomo del self emerge completamente a partir de relaciones seguras entre los padres y el infante. El niño con apego seguro percibe en la actitud reflexiva de su cuidador una imagen de sí mismo como deseante y con creencias. Ve que el cuidador lo representa a él como un ser intencional, y esta representación es internalizada para formar el self (Fonagy, 1999).

Desde la perspectiva cognitivo-conductual, S. Machargo, según refiere A. Villa, define el término “autoconcepto” como el conjunto de actitudes que la persona tiene hacia sí misma, y como tal no son innatas, no se nace con un concepto propio determinado. Por el contrario, “se construye y define a lo largo del desarrollo por la influencia de las personas significativas del medio familiar, escolar y social, y como consecuencia de las propias experiencias de éxito y fracaso”. Tal actitud está constituida por tres componentes: cognitivo (conjunto de rasgos con los que se describe y guía su modo de ser la persona), afectivo (afectos y emociones que acompañan a la descripción de uno mismo) y conductuales (su conducta se guía por las cualidades, valores y actitudes que posee hacia sí misma)” (Villa, 1992).

Como resumen podría decirse que durante toda la vida se va configurando la imagen de sí en un juego de interrelaciones entre, el “uno mismo”; lo heredado y físico de lo que se dispone, lo que se piensa o se cree de lo que se es, lo que se actúa y se siente al respecto de sí. Y en otra dimensión, no menos importante, la “imagen de sí” se conforma en lo generado en “la interacción con el otro”; lo que se cree y se siente al respecto de lo que el otro ve, y lo que el otro pone de sí, con la propia apreciación de sí, su conducta y su sentir. Aspectos cognitivos, conductuales y emocionales propios y ajenos que se imbrican en una compleja y enmarañada red, a veces, como aspecto fundamental de la enfermedad inmanejable.

Este estudio pretende investigar sobre lo generado en “la interacción con el otro”, considerando relevante observar como la imagen de sí del niño y adolescente se relaciona con la imagen de sí de sus padres. Se quiere explorar al respecto de los aspectos cognitivos, conductuales y emocionales del sí mismo en hijos y padres, con la intensión de adquirir un mayor conocimiento de esta relación y con ello una guía para la intervención psicoterapéutica.

HIPÓTESIS:

El objetivo del presente estudio es profundizar en el conocimiento de la relación entre la “imagen de sí” de los niños y adolescentes que acudieron a tratamiento a una Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil y la “imagen de sí” de sus padres. Se pretende demostrar como la imagen de sí de los padres en el momento actual y en la infancia se relacionan con la imagen de sí del niño, en los aspectos cognitivos, conductuales y emocionales.

MATERIAL Y MÉTODO SUJETOS

La población a estudio se reunió de pacientes entre 5 y 18 años que fueron derivados para evaluación y tratamiento a la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil del Hospital de Valme entre los meses de Junio a Septiembre del año 2009. Se incluyeron 15 niños y sus padres, muestra abierta, intencionada, seleccionados por orden de llegada. Fueron aceptados pacientes con cualquier diagnóstico CIE-10 y tratamiento.

PROCEDIMIENTO DE LA INTERVENCIÓN

En la primera entrevista se llevó a cabo la recogida de los datos socio-demográficos y se realizó una detallada historia clínica. En la segunda o tercera entrevista, con el objeto de estudiar la relación entre la imagen de sí de los niños y sus padres, se aplicó al niño y a uno de sus padres el cuestionario de evaluación diseñado específicamente para este estudio (Fig.1). Se eligió de ambos padres aquel que ellos mismos identificaban como más parecido a su hijo. Se solicitó a los padres el consentimiento verbal.

ANALISIS ESTADÍSTICO

El estudio estadístico incluyó un análisis descriptivo en el que la edad se resumió con media y desviación típica y las variables cualitativas con porcentajes. Para analizar si se produjeron cambios en las respuestas entre niños y padres en cada uno de los items del cuestionario, se realizaron tablas de contingencia y se aplicó la prueba de homogeneidad marginal, o la prueba de McNemar en el caso de items con sólo dos respuestas (Fig. 4-6). El análisis de los datos se realizó con el programa estadístico SPSS 17.0 para Windows.

cuestionario-evaluacion-si-mismo

Fue diseñado un cuestionario para la evaluación del “sí mismo” en el que se agrupaban las variables principales, codificando la respuesta de las variables cualitativas de forma numérica. Los ítems 1, 2 y 3 recogían la información de la variable “imagen de sí” al respecto de sí mismo y de sus iguales (hermanos y compañeros). Del 4 al 8 items se atiende a la imagen que se cree dar a los demás (padres, abuelos, profesores y compañeros), el ítems 9, recoge el aspecto conductual, el ítems 10, la necesidad de cambio y el número 11, la afectividad acompañante durante la entrevista; incluyendo los sentimientos de tristeza, ansiedad, irritabilidad e incapacidad. Se utilizó el mismo cuestionario para los niños y sus padres. Para los padres se recogió información de cómo ellos se valoraban a sí mismos en el momento actual y en la infancia.

RESULTADOS

prueba-homogeneidad-marginal1

La distribución muestral en cuanto a las variables demográficas; cuantitativa “edad” y la cualitativa “sexo” quedan recogidas en la Fig.2. La media de edad en infantes fue de 8,69 años, con un mínimo de 5 años y máximo de 13 años. Respecto al sexo, el 87 % fueron niños y el 13% niñas. De los padres el 60% hombres y el 40 % mujeres.

Los pacientes que compusieron la muestra cumplieron criterios diagnósticos CIE-10 para los trastornos mentales representados en la Fig.3. El diagnóstico más frecuente fue el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) (60%), en segundo lugar el trastornos adaptativo y el trastorno de ansiedad generalizada (13,3%) y por último, el trastorno obsesivo-compulsivo (6,6%).

En relación a los resultados de la aplicación del cuestionario se observó, la existencia de relación entre la imagen de sí de los niños o adolescentes y sus padres. Al realizar un análisis pormenorizado se advirtió:

Item 1: ¿Te gusta tal como eres? Los niños se gustan tal como son en un 66,7%. Los padres tienen peor imagen de sí mismo en la infancia que sus hijos. La diferencia se acercó a la significación con p=0,059. Se evidencia como el 60% de los padres en la infancia se valoran regular o poco, frente al 33% de los niños que se valoran regular o poco. Los padres tienen peor imagen de sí mismo en la infancia que en la vida adulta de manera significativa (p=0,035), al comparar porcentajes, el 60% se valoran regular o poco en la infancia frente al 40 % en la vida adulta.

Items 2: ¿Cómo te ves en comparación con tus hermanos? El 66,7% de los niños se veían mejor o igual que sus hermanos. Al comparar con los padres en la infancia estos se veían peor que sus hermanos en un 33,3% frente a los niños que sólo lo hacían en un 13,3%. Tenían porcentajes semejantes al comparar los padres en la infancia y adultez.

Item 3: ¿Cómo te ves en comparación con tus compañeros? Un 40% de los niños se veían peor que sus compañeros. El 20% se veían mejor que los compañeros. Solo el 6,7% de los padres en la infancia se veía mejor que sus compañeros. Los padres en la vida adulta mejoran la imagen frente a sus compañeros de manera significativa (p<0,05).

Item 4: ¿Crees que le gustas a los demás? El 60% de los niños se ve valorado por los demás regular o mal. Los padres en la infancia se ven peor valorados que los niños al respecto de los demás 73,3%. Los padres en la edad adulta se ven valorados regular o mal en un 86,7%.

Item 5: ¿Cómo crees que te ven tus padres? Un 53 % de los niños se ven valorados regular o mal por sus padres. Los niños y los padres en su infancia se ven bien valorados por sus padres en igual porcentaje 46,7%. Es llamativo que los padres en la edad adulta se ven valorados regular o mal por sus padres en un 71,4%.

Items 6: ¿Cómo crees que te ven tus abuelos? Los niños se ven bien valorados por sus abuelos en un 73,3%. Los padres se sintieron bien valorados por sus abuelos tanto en la infancia como en la edad adulta en un 60%.

Item 7: ¿Y tus profesores? o ¿Y tus jefes? Los niños se ven poco valorados por sus profesores en un 60% de los casos. Los padres en la infancia se sienten regular o poco valorados por los profesores en un 46,7%. Los padres en la edad adulta se sienten bien valorados por sus jefes en un 86,7% en un porcentaje estadísticamente significativo (p = 0,021) al compararlo con sus hijos, que lo hacen frente a sus profesores en un porcentaje mucho menor, 40%.

Item 8: ¿y tus compañeros y amigos? Los niños se sienten valorados regular o poco por sus amigos en un 53,3%, en la misma medida que sus padres. Los padres en la infancia se sentía mejor valorados por sus amigos que los niños, el 66,7% frente al 46,7% de los niños. Los padres en la edad adulta se sienten mejor valorados por sus amigos que sus hijos, un 73,3%, frente al 46 % de los niños.

prueba-homogeneidad-marginal2

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Item 9: ¿Te gusta cómo te comportas? Los niños refieren comportarse regular o mal en un 73,3%. Los padres en la infancia refieren comportarse regular o mal en un 80%. Los padres en la vida adulta regular o mal en un 60%.

Item 10: ¿Cambiarías algo de ti mismo? Los niños cambiarían poco de sí mismos en un 40%. Los padres en la infancia cambiarían mucho o regular en un 73,3%. En la vida adulta lo harían en un 80%, siendo esta diferencia estadísticamente significativa (p<0,05) al compararlo con sus hijos.

Item 11:
mo? Los niños reconocieron sentirse tristes (66,7%) e incapaces (53,3%). Los padres tristes (86,7%) y nerviosos (86,7%). Se aprecia significación (p<0,05) en relación a sentirse “nervioso”. Los niños se sienten tranquilos en un 60%, frente a sus padres que se muestran tranquilos en sólo un 20%.

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