Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Guía para la prevención y detección precoz del funcionamiento autista en el niño/a, en su primer año de vida

PDF: larban-guia-prevencion-deteccion-precoz-autista.pdf | Revista: 45-46 | Año: 2008

Larbán Vera, Juan
Psiquiatra y Psicoterapeuta.

Este texto es una condensación y resumen de la Guía en la que estoy trabajando desde hace varios años y que estoy ultimando para su publicación y posterior validación estadística. Ha sido especialmente preparado para su publicación en la revista “Cuadernos de Psiquiatría y Psicoterapia del niño y del adolescente”.

Para los profesionales del entorno cuidador del bebé

INTRODUCCIÓN A LA GUÍA

Mi propósito con la Guía que presento, es que sirva como instrumento vivo y dinámico de evaluación de situaciones de riesgo evolutivo hacia un funcionamiento autista en el niño/a. El objetivo es conseguir que con las revisiones y actualizaciones que nos dicte la experiencia y práctica de su utilización, la detección, diagnóstico y tratamiento, se hagan en la medida de lo posible desde los 3 a los 12 meses de vida del niño/a, y como muy tarde, antes de los 3 años, que es cuando el funcionamiento autista del niño se consolida e interioriza pasando a formar parte de su personalidad. En el caso contrario, los tratamientos son más largos y menos satisfactorios.

El grupo de Estudios de los Trastornos del Espectro Autista, (TEA), del Instituto de Investigación de Enfermedades Raras, Instituto de Ciencias de la Salud Carlos III, en su informe sobre Demora Diagnóstica en los TEA, (2004), expone, entre otros, los siguientes y alarmantes datos que lamentablemente pienso que siguen vigentes hoy día:

  1. Las familias son las primeras en detectar signos de alarma en el desarrollo de su hijo/a. Entre un 30%-50% de padres detectan anomalías en el desarrollo de sus hijos en el primer año de vida.
  2. Desde que las familias tienen las primeras sospechas de que su hijo/a presenta un trastorno en su desarrollo hasta que obtienen un diagnóstico final pasan 2 años y dos meses de promedio.
  3. La edad media en la que el niño recibe un diagnóstico de TEA es de 5 años.
  4. El diagnóstico de los TEAS es fruto, hasta el momento, más de los Servicios Especializados en Diagnóstico de TEAS (a los que acuden las familias de forma privada), que de los Servicios Sanitarios de Atención Primaria.
  5. Hasta tres o cuatro años pueden pasar antes de que un niño que muestra los primeros síntomas de autismo sea diagnosticado y reciba el tratamiento adecuado.
  6. Aunque las familias acuden a consultar a Servicios Públicos de Salud, la mayoría de los diagnósticos más específicos se realizan en Servicios Privados (incluyéndose en esta categoría las propias asociaciones de familias de personas con autismo).

Este retraso en el diagnóstico y su correspondiente tratamiento se produce a pesar de que en el primer año de vida y como muy tarde entre los 18 y 24 meses, hay muchas señales que hacen sospechar que el desarrollo de sus hijos no es normal y esto les lleva a los padres a pedir ayuda. En muchos casos los padres han acudido a los profesionales que no han sabido reconocer los síntomas. A causa de ello, los niños pueden estar sin tratar o recibiendo tratamientos psicológicos más inespecífi cos. El diagnóstico se realiza antes cuando hay défi cit cognitivo grave asociado a malformaciones.

Todo esto ocurre sabiendo que los tratamientos que dan mejores resultados, (que cumplen entonces una función preventiva primaria y evitan en muchos casos el desarrollo del funcionamiento autista), son los que se realizan durante el primer semestre y si no es posible, dentro del primer año de vida del niño. Un tratamiento psicoterapéutico adecuado basado en la interacción precoz padres-hijo, interrumpe el proceso evolutivo autista patológico (proceso de graves consecuencias) y permite al niño un desarrollo sano y normalizado en gran número de casos.

Hasta ahora, las guías y escalas de evaluación del riesgo de evolución hacia un funcionamiento autista en el niño sólo sirven para la etapa evolutiva de los 18 meses en adelante. Están basadas en los signos de riesgo en el bebé y no tienen en cuenta los signos de riesgo presentes en el entorno cuidador del bebé ni en el desarrollo de la interacción entre ambos (elemento fundamental en esta etapa precoz del desarrollo del psiquismo temprano del ser humano), interacción que mas allá de lo constitucional del bebé, puede ser generadora tanto de una evolución sana como patológica.

A PROPÓSITO DEL HIJO/A EN EL DESEO DE LOS PADRES

El ser humano está inserto en las mallas de la fi liación, lo que hace que el hijo se inscriba en una cadena de deseos, fantasmas y mitos. Los padres transmiten no solamente un capital genético sino también una herencia cultural.

El deseo de tener un hijo, nacido de exigencias personales inconscientes y de exigencias sociales a la vez conscientes y relacionales, es ambivalente. Forma parte de la realización de la familia y de la micro-estructura emocional que la constituye. Puede también enmascarar otros deseos; por ejemplo, el de comprobar su fecundidad y para ello quedarse embarazada o provocar un embarazo “no deseado”. Puede ser también la expresión del deseo de encontrarse con su propia infancia. El deseo de tener un hijo está ligado a la pulsión de vida, al deseo de inmortalidad y a la transmisión transgeneracional o intergeneracional.

En cuanto a la transmisión de los contenidos psíquicos inconscientes a través de las generaciones, ésta se realiza mediante los mecanismos de identificación. Dichos mecanismos son los que aseguran la transmisión inconsciente de generación en generación y se apoyan sobre las capacidades de identifi cación del niño, las cuales no son asimilables a la mera imitación consciente.

Según la naturaleza de la identifi cación en cuestión, conviene distinguir la Transmisión Intergeneracional y la Transmisión Transgeneracional.

Hablamos de Transmisión Intergeneracional cuando la transmisión de contenidos psíquicos inconscientes de una generación a otra constituye el soporte de un narcisismo sano, base afectiva de la personalidad, necesario para la construcción de una identidad estable y de un funcionamiento mental desarrollado y armónico. Se trata de identificaciones interiorizadas que tienen como base la identificación empática. Incorporación e interiorización, basada en la comunicación empática, de contenidos psíquicos inconscientes.

Por otra parte, hablamos de Transmisión Transgeneracional cuando la transmisión entre generaciones de contenidos psíquicos inconscientes está en el origen de brechas narcisistas, de cuerpos extraños intra-psíquicos, de objetos internos perseguidores y de círculos viciosos psicopatológicos (identifi cación al agresor e identificación proyectiva = Proyectar en el otro aspectos de sí mismo rechazados y negados).
En el primer caso se efectúa una transmisión intergeneracional de elementos psíquicos asimilables y elaborables, útiles e incluso indispensables para el desarrollo psíquico. En el segundo caso, se efectúa una transmisión transgeneracional de elementos y contenidos psíquicos inconscientes no elaborables (no dichos, fantasías inconscientes encriptadas y encapsuladas que actúan como cuerpo extraño, etc.) y que constituyen enclaves intra-psíquicos susceptibles de convertirse en fuente de sufrimiento, de perturbaciones, de bloqueos evolutivos y de repeticiones, mientras no sean objeto de una elaboración-integración tras la correspondiente toma de conciencia.

La alianza parental facilita la función parental, que a su vez se ve facilitada por el intercambio interactivo entre los padres a propósito del bebé, incluso antes de su nacimiento. La interacción padres-bebé es evolutiva cuando las identifi caciones empáticas predominan sobre las identifi caciones con el agresor y sobre las identifi caciones proyectivas.

INTRODUCCIÓN AL DESARROLLO PRENATAL DEL BEBÉ

Vida intrauterina
Estudios recientes efectuados mediante la ecografía, han hecho posible la observación del feto en su ambiente uterino sin ser molestado. Han permitido también realizar una investigación longitudinal de la evolución intrauterina y postnatal de un número determinado de niños (Piontelli, 2002).

La información recogida, basada en las experiencias sensoriales y motrices del feto y su comprensión, tanto desde la perspectiva interactiva como psicoanalítica, permiten pensar que es posible la existencia en el feto de una rudimentaria vida mental antes de su nacimiento y desde el primer trimestre de vida intrauterina.

Parece entonces posible que ciertas formaciones patológicas y defensas puedan comenzar a desarrollarse en el feto. Esta posibilidad sería válida también en el caso del funcionamiento autista del niño/a.

Estos estudios sobre la conducta del feto sugieren también cierta continuidad entre aspectos de la vida prenatal y postnatal, en la evolución del desarrollo del niño/a.

Todo ello nos hace pensar que la interacción entre “herencia” y “ambiente” comienza mucho antes de lo que pensábamos y que ciertas experiencias prenatales pueden ejercer un efecto emocional profundo en el niño/a, especialmente si estos acontecimientos prenatales se ven reforzados por experiencias postnatales. Esto no signifi ca que todo comportamiento extrauterino de los niños objeto de observación intrauterina ha de atribuirse a experiencias prenatales; la interacción postnatal con los progenitores juega también un importante papel.

Diversas investigaciones en este campo han demostrado que todos los sentidos humanos comienzan a ser operativos durante el segundo trimestre del embarazo y que el feto va respondiendo a los estímulos auditivos, táctiles, de presión, térmicos, vestibulares, gustativos y dolorosos.

Dentro de los factores que pueden afectar la atmósfera intrauterina están las emociones de la madre, pudiendo afectar al feto las que son de gran intensidad y de larga duración.

De ahí la necesidad de que la madre durante la gestación esté bien cuidada y que ella se sienta bien cuidada por su entorno más próximo.

Los signos de alarma como factores de riesgo de posible funcionamiento autista en la vida fetal se corresponden con fetos pasivos, que presentan movimientos auto-sensoriales repetitivos y duraderos, así como una tendencia a no explorar su entorno uterino.

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