Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Identidad de base y separación

PDF: manzano-identidad-base-separacion.pdf | Revista: 17-18 | Año: 1994

Juan Manzano
Profesor de Psiquiatría Infantil. Director del Servicio Médico-Pedagógico de Ginebra.

Ponencia presentada en el VIII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente (S.E.P.Y.P.N.A.) que bajo el título “La identidad y sus trastornos” tuvo lugar del 21 al 23 de octubre de 1994 en Toledo.

Quiero introducir aquí el concepto de “Identidad de base”, definiéndola utilizando el lenguaje de E. JACOBSON (3), como la posibilidad de diferenciar la representación de sí mismo de la representación del otro (objeto).

Prácticamente todos los autores psicoanalíticos están de acuerdo en que el niño al principio de su vida pasa por una fase en que no diferencia entre sí mismo y el objeto. Sea porque no es capaz (estado de narcisismo primario de FREUD, estado simbiótico de A. FREUD (1) y de M. MAHLER (5)) sea porque se defiende de la angustia que la percepción de la diferenciación presente creando fantasías y defensas para negarla. (Defensa maníaca de M. KLEIN (4) llevando a un estado de narcisismo secundario y simbiosis secundaria defensiva de ROSENFELD (7), pero también FREUD (2) con su concepto de “yo placer” primitivo).

¿Cómo llega el niño a salir de esa confusión (o a renunciar a ella)? Y ¿por qué razón lo hace?

La respuesta a esta pregunta está en dos grandes conceptos:

El primero es la noción de FREUD (2) del lento pasaje del funcionamiento según el principio del placer (creencia omnipotente en la realización automática e inmediata de los deseos) al principio de realidad (en que se tiene en cuenta los obstáculos de la realidad para obtener la satisfacción).

El segundo es la teoría del paso progresivo descrito por M. KLEIN (4) de la posición esquizoparanoide (mundo y sí mismo visto como dividido en bueno y malo) a la posición depresiva (aceptación de la realidad de la integración de lo bueno y lo malo en sí mismo y en los otros).

En mi opinión en esos dos conceptos está implícita la idea de que nacemos programados para percibir la realidad gracias a un dispositivo sensorial, y que este dispositivo se pone en marcha nos guste o no.

En el marco de esos conceptos de FREUD y M. KLEIN he aquí como yo considero que pasan las cosas en el desarrollo de la identidad de base.

Como los golondrinos que se resisten a abandonar el nido, sabemos por la observación que al niño le cuesta igualmente separarse de su madre. A la diferencia del golondrino (que nosotros sepamos) la criatura humana tiene a su disposición una arma para “evitar” la separación: se cuenta historias que se cree el mismo, son las fantasías. Se cuenta que lo puede todo (omnipotencia), que la realidad no existe y por consiguiente tampoco la separación, que su madre es él, que son la misma persona. Estas creencias imprimen carácter, es decir son estructurantes, dan origen a una organización psíquica. Es lo que FREUD (2) llamo funcionar con un “yo de placer”, que considera que todo lo bueno y satisfactorio es él y que todo lo malo, peligroso o insatisfactorio no es él y además no existe. Es esencialmente lo mismo que M. KLEIN denominará más tarde posición esquizo-paranoide. Esas creencias fantásticas se llaman identificación introyectiva y proyectiva, negación, defensas maníacas, etc.

Una consecuencia indirecta de vivir en ese mundo fantástico es que además de no tener una identidad tampoco el niño puede reconocer sus propios deseos sexuales y agresivos, reconocimiento que le diferenciaría.

Esta historia que el niño se ha contado va a chocar con la realidad de la separación o más exactamente con la información que ineluctablemente le proporciona su aparato perceptivo y cognitivo. Como existe una tendencia “sintética” a funcionar como un todo, el yo no puede evitar sentir la presión a tener en cuenta esta información que una parte de él reconoce. Esta presión cognitiva y sintetizadora empuja pues al niño al peligro que quiere evitar contándose historias, y a reconocer que él no es su madre, que está separado de ella, y a experimentar los sentimientos penosos de miedo (angustia de separación) y tristeza desvalorización (sentimiento de la posición depresiva que yo he llamado el “duelo del desarrollo”).

Cara a este conflicto del desarrollo cada niño se desenvuelve como puede, negando y disociando más o menos, trampeando más o menos, y el resultado es la constitución de una estructura de la personalidad especifica que va a reflejar: cómo se ha defendido contra la angustia de separación y pérdida, qué fantasías se ha creído y sigue creyendo y en consecuencia qué precio ha pagado y paga en su sentimiento de identidad de base (diferencia de la representación de sí mismo de la representación de objeto). Además en la medida en que esta diferenciación ha sido realizada, toma en consideración sus deseos sexuales y agresivos y los conflictos y nuevos miedos que aparecen y ello le lleva a contarse nuevas historias para defenderse.

Así pues cada niño o cada adolescente que nos llega para una psicoterapia nos va a mostrar su propia estructura resultado de cómo se ha desenvuelto en la relación con el objeto primitivo (madre, padre) y nos lo va a mostrar en la relación con nosotros, en la transferencia. En esta transferencia vamos a poder distinguir:

  1. “El eje narcisista”, comprendido como la tendencia a vivir en la nueva relación terapéutica el estado de diferenciación al que ha llegado, o lo que es lo mismo al estado de negociación de la separación en que se encuentra.
  2. “El eje conflictivo”. En la medida que se ha diferenciado, el niño va a repetir una relación con el terapeuta, al que se dirigen los deseos sexuales y agresivos y los conflictos que presentan (el conflicto edípico).

Estos dos ejes están, en mi opinión, presentes en una proporción variable en toda transferencia, aunque en algunos casos extremos (por ejemplo personalidad narcisista) el eje conflictivo este prácticamente ausente, y en otros (personalidad neuróticas) la inversa (MANZANO) (6).

Así pues en la relación transferencial los fenómenos ligados a la angustia de separación hacen parte integrante de todo proceso psicoterapéutico en el niño. El niño reacciona a las interrupciones de sesiones, los fines de semana, al fin de la análisis, etc.

En nuestra experiencia este punto de vista permite tomar en consideración la evolución del eje narcisista del niño y su capacidad para superar lo que hemos llamado: “el duelo del desarrollo” con defensas menos primitivas que la defensa maníaca y la identificación proyectiva. Podemos así describir la evolución de esas defensas en la relación transferencial y la disminución de sus consecuencias, a saber las dificultades de diferenciación “sujeto – objeto”, con la aparición de una verdadera identidad.

UN EJEMPLO CLINICO

José consulta a la edad de 11 años por deseo personal. Sus padres están en este momento en análisis. Es un niño que ha sido siempre solitario y aislado, con muy pocas relaciones y que pasa la mayor parte del tiempo dedicado a “pensar y reflexionar”. Es serio y preocupado y presenta importantes angustias de separación de sus padres, sobre todo cuando estos salen por la noche. Estas angustias las tiene desde hace tiempo, pero solo recientemente ha hablado de ellas con su madre. Por lo demás José es un chico inteligente que no tiene problemas escolares.

Su padre es francés y su madre española. Su familia presenta problemas psicológicos importantes: su padre tiene una personalidad depresiva con síntomas obsesivos; su hermano mayor está en tratamiento por una esquizofrenia infantil; su madre es distante y poca expresiva emocionalmente.

El antecedente más significativo es el hecho que José ha estado durante muchos años muy apegado a su madre y ya tuvo muchas dificultades de separación en el momento de empezar la escuela a los 5 años.

Aislamiento narcisista. ¿Qué Identidad?

Durante las sesiones, José tiene una actitud cerrada y hermética; cuando se refiere a mi, habla siempre en 3.ª persona (“el psicólogo”), pero muestra sin embargo algunos signos de ansiedad y duda en hablarme en francés o en español.

Rápidamente, me comunicará que tiene un “país imaginario”. Me cuenta con todo detalle, después de unos momentos de silencio, las características de ese “país imaginario” al que “le gusta mucho pensar”. Se trata de un país situado entre Francia y España y que se llama Yoyo, su capital: Neuyon “grande como Suiza”; tiene exactamente 198.000 habitantes (los Yoanos). Existen otras ciudades y me describe la situación geográfica, el número de habitantes y las particularidades turísticas, comerciales e industriales de cada ciudad. Hará lo mismo con las líneas aéreas, la red de carreteras y el trazado de los trenes –con los colores y dimensiones de cada tren– las estaciones de esquí y de montaña, etc. Me dará siempre las diferentes medidas con precisión y detalle. Se trata de un país neutro; todo los coches son antiguos y, añade mirando mi pipa sobre la mesa del despacho, esta prohibido fumar en todo el país.

Este “país imaginario” constituye una estructura narcisista, un “objeto manufacturado” (COHEN) construido por él mismo y que durante mucho tiempo va a ser central en el contenido de sus asociaciones en la terapia. Lo va a dibujar frecuentemente a diferentes escalas constituyendo planos minuciosos que va a desarrollar desde puntos de vista diferentes con ampliaciones variadas.

Ciertas características de ésta construcción imaginaria me fueron inmediatamente evidentes. El nombre del país –Yoyo– 2 veces “Yo” en español, pero no en francés, lo situaba inmediatamente como una representación de su identidad y de su mundo interno, sobre todo si tenemos en cuanta su localización entre España y Francia, (ya he señalado que su padre es francés y su madre es española). Esto va a ser retomado en la transferencia conmigo “español” hablando francés. El nombre de la capital –Neuyon– puede ser comprendido como “Nuevo Yo” (Neu = nuevo en alemán).

La defensa maníaca contra la separación

A pesar de su riqueza y de sus complejidad no era por consiguiente muy difícil de descubrir el significado de la mayoría de los elementos de ese “mundo imaginario” y de su función defensiva. Yo la comprendí como una construcción maníaca: gracias a la acción de una fantasía omnipotente podía controlar y manipular sus objetos para negar la realidad autónoma de éstos, evitando así la angustia de separación y el sentimiento depresivo de pérdida. Gracias a la identificación y al investimiento narcisista de ese “mundo imaginario” estaba protegido contra la pérdida de esos objetos externos. Como resultado de esta manipulación omnipotente fijaba igualmente la pareja de los padres sexuados y controlaba la escena primitiva; los padres paralizados en sus representaciones geográficas estaban colocados en “animación suspendida”, utilizando la expresión de WINNICOTT (1935). El conflicto edípico era así encapsulado y evitado. La consecuencia de todo esto era el alejamiento de la realidad externa y el aislamiento de su mundo narcisista con su correspondiente trastorno de identidad.

Los cambios (gracias al setting y a la interpretación)

En el transcurso de la terapia los cambios que aparecen en esa fantasía del “país imaginario” son indicadores de la disminución de la intensidad de la defensa maníaca. Pudo progresivamente disminuir su negación y estar más en contacto con sus sentimientos de angustia y pérdida.

Pero la pérdida de la fantasía de control omnipotente le hizo vivir progresivamente las personas (objetos externos) como imprevisibles y autónomas.

Los objetos sexuados y agresivos, el conflicto. La identidad sexual

Durante largos períodos una ansiedad importante ha marcado esta evolución. Paralelamente las figuras humanas aparecieron en sus dibujos cosa que antes era totalmente inexistente; su “país imaginario” era antes completamente “desvitalizado”. Ahora su “mundo imaginario” se pone en movimiento. Sus asociaciones evolucionan ahora en un mundo lleno de combates, asesinatos y de crueldad. Durante muchas sesiones va a contarme su versión de la historia de Francia, España y de Europa. Versión desgraciadamente correspondiente, la mayoría del tiempo, a la estricta realidad. Es una sucesión de batallas, asesinatos de reyes, de nacimientos dramáticos; entre otros Cesar asesinado por su propio hijo o un terrible jefe “Normando” (región natal de su padre) que obligó a los invasores musulmanes a comerse los unos a los otros; el general Franco; Atila; Marco Antonio y su “hermana” Cleopatra (como dirá en un lapsus), etc. El carácter maníaco todavía aún presente se manifestaba en su excitación, su discurso acelerado y el hecho de que me hablaba “magistralmente” como si yo no supiera nada de estos acontecimientos históricos.

Paralelamente aparecen miedos persecutorios y temores homosexuales directamente transferenciales. Por ejemplo, en una sesión antes de unas vacaciones, llega muy inquieto y me cuenta un episodio que acaba de sucederle. Un hombre que había encontrado en la estación le ha hecho visitar las instalaciones ferroviarias cosa que a él le interesa mucho; pero después ha querido llevarle a los aseos que los vio como “siniestros y sucios”. Se rehusó y se escapó corriendo. En sus asociaciones, muy excitado y ansioso me dice que tiene mucha sed y me pide si hay algo de beber. Esto me permite interpretarle que quiere que lo lleve a los aseos (sabe que en mi consulta los lavabos se encuentran en la misma pieza que el servicio). Con la ayuda de otras asociaciones puedo restituirle la posesión de sus deseos hacia mí, entre ellos, que yo le lleve conmigo en mis vacaciones.

En otra ocasión –y también la víspera de un largo fin de semana– me declara, con signos de gran desconfianza y hostilidad retenida su convicción de que lo estoy filmando con una cámara vídeo oculta y hábilmente disimulada. Está tan convencido, que consigue inquietarme. Frente a esta idea “delirante”, no puedo evitar pensar en su hermano esquizofrénico. En un momento de pánico pienso que una ruptura con la realidad es posible. Era la realidad de la separación inminente conmigo que me pareció finalmente el elemento determinante.

Con la ayuda de un relato sobre un vídeo que su padre había hecho durante las vacaciones en España cuando el era pequeño, le pude señalar de nuevo su deseo de que yo le guarde conmigo gracias a la grabación en video; así, él estaría como en el interior de mi durante las vacaciones y no se sentiría solo. Pude igualmente abordar otros aspectos de la separación en particular su reacción cuando se siente abandonado.

Predominancia de la identificación proyectiva sobre la identificación introyectiva

Así pude interpretar las identificaciones proyectivas que reemplazaban cada vez más las identificaciones introyectivas de la defensa maníaca y de su aislamiento narcisista. Pude progresivamente indicarle los aspectos de él mismo que metía en mi, por ejemplo la agresión o la seducción controlada. Poco a poco su “mundo imaginario” se ensanchaba y entraba cada vez más en contacto con la realidad externa.

Aparecieron sublimaciones, el “país imaginario” fue progresivamente perdiendo su interés para él, y fue reemplazado en las sesiones por proyectos de ser ingeniero y construir puentes, aviones y otros medios de transporte. Imágenes que le permitían separarse y volver a encontrarse, y contrarrestar así los sentimientos de soledad, sin negar la realidad de la separación.

En estos ejemplos se puede igualmente apreciar de una manera evidente los aspectos de la “transferencia conflictiva”, edipo negativo y positivo, de los cuales no puedo hablar aquí, y que coexiste con el “eje transferencial narcisista”. La aparición más directa de la angustia de castración pudo igualmente ser interpretada.

El final de la terapia

La terapia de José ha durado 4 años y se terminó con resultados que pude considerar satisfactorios. El niño, ahora adolescente, se muestra más seguro de sí mismo, más vivo y más sensible a sus emociones, en contacto con sus sentimientos depresivos y sus preocupaciones reales, tal como la situación de su hermano gravemente enfermo y de su familia. En mi opinión podía hacer más la diferencia entre su mundo interno y el mundo externo y por consiguiente tener una identidad propia y extender sus relaciones sociales incluyendo las chicas.

Cinco años más tarde, a la edad de 20 años, José vino espontáneamente a visitarme y pude confirmar mi impresión positiva sobre su evolución.

CONCLUSION

A partir esencialmente de nociones de FREUD y Mélanie KLEIN he tratado de exponer el concepto que he llamado “Duelo del desarrollo”. La manera como el niño utiliza sus fantasías defensivas narcisistas (las historias que se cuenta y que se cree) para negar la angustia de separación y pérdida, y el precio que paga, la pérdida de su identidad, no diferenciando la representación de sí mismo y de la persona externa.

La manera particular con que cada niño ha vivido este duelo y estas separaciones condiciona la estructura de su personalidad. Esta se manifiesta en la psicoterapia en lo que he llamado “el eje narcisista” de la relación transferencial. De la evolución en la terapia de esta relación narcisista va a depender el sentimiento de identidad del niño.

BIBLIOGRAFIA

(1) FREUD A.(1968): “Le normal et la pathologique chez l’enfant”. NRF Paris.

(2) FREUD S. (1911): “Los dos principios del funcionamiento mental”; (1914) “Pulsión y destino de la pulsión”; Obras completas – B. Nueva Madrid. (1938):”Spliting of the Ego in the Process of Defence” Standard Edition 23, London: Hogarth Press, 1964.

(3) JACOBSON (1964): ”The self and the object world” I. U. P. New York.

(4) KLEIN M.(1932): “El psicoanálisis de niños”. Trad. española -Obras completas – Paidos.

(5) MAHLER M. (1973) “Symbiose humaine et individualisation”, Payot, Paris.

(6) MANZANO J. (1991): “Transfert narcissique, transfert névrotique et structuration psychique. Revue française de psychanalyse 1, 137-141.

(7) ROSENFELD H. (1965): “On the Psychopathology of Narcissism”. In: Rosenfeld Psychotic States, London Hogarth Press

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