Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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La interrupción de tratamiento en los adolescentes seropositivos: ¿Una respuesta a la no-observancia terapéutica? ¿Qué está en juego para los adolescentes enfermos crónicos?

PDF: vidal-interrupcion-tratamiento-adolescentes-seropositivos.pdf | Revista: 45-46 | Año: 2008

EL ADOLESCENTE ENFERMO CRÓNICO

La enfermedad es un obstáculo suplementario al proceso de maduración. Es una traba en diferentes niveles: de su porvenir (duración, limitaciones físicas, capacidad para fundar una familia); de su cuerpo (agredido, frustrado, modificado por los tratamientos o la enfermedad, desnudo y expuesto a las dudas de los médicos. Hay que renunciar a un cuerpo idealizado para apropiarse un cuerpo enfermo); del respeto de sí mismo (cuando la minusvalía no se ve, la competición con los demás esta desigual (9)); con sus familiares (movilización de la familia alrededor de él, culpabilización de los padres, vigilancia incrementada ocasionando conducta de sumisión, de regresión o de conductas de riesgo o autodestructoras. El adolescente se siente culpable de querer dejar a una familia abnegada y a fortiori a un padre único); con sus iguales (según sus capacidades para integrarse, podrá tomar una distancia saludable con sus padres) (10-11-12).

El no-seguimiento del tratamiento por parte del adolescente enfermo crónico:
Volverse púber es perder el sentimiento de omnipotencia de la infancia: es hacer la experiencia de la pérdida. Ahora bien, en el caso de la enfermedad crónica, el riesgo para el adolescente es confundir los límites del cuerpo sexual con los del cuerpo enfermo. Si el primero va a poder buscar el otro que falta, la alteridad; el segundo arriesga de fijarse a las faltas en un narcisismo herido. Es como una traición de su cuerpo que no realiza sus promesas. Entonces el no-seguimiento terapéutico es como:

  • Un intento imaginario de dominar su cuerpo, de volver a apropiárselo aunque está sometido a cuidados invasivos y repetidos.
  • Un modo de vengarse de aquella decepción, de atacarle poniéndole en peligro (13).

El seguimiento del tratamiento por parte de los adolescentes en cualquier patología oscila entre un 33 y un 77 %, con una media entre el 60 y el 75 % según los autores (14). Mientras esta estimación es apenas de un 30 al 50 % (15) en casos adultos. ¡Esta comparación ayuda a relativizar las cifras de los adolescentes!

EL ADOLESCENTE SEROPOSITIVO

El adolescente seropositivo tiene perturbaciones en su futuro (transmisión de la vida); poco en su cuerpo (10 % de lipodistrofi a (16)); en su vida afectiva (el sentido de culpabilidad de la madre va a interferir mucho el proceso: como salir de una madre que sufre (17)); en su vida sexual (las primeras relaciones sexuales están retrasadas por el temor de la contaminación (18)), moral («¿por qué yo?»), jurídica (el adolescente de más de 15 años es penalmente responsable de la transmisión de la enfermedad), y social (tiene amigos pero no les puede hablar de la enfermedad, lo cual es más problemático para las chicas).

El no-seguimiento del tratamiento por parte del adolescente seropositivo:
«Cuando no va bien, la toma con los medicamentos, pudiendo estar decepcionado cuando el médico no se da cuenta de ello…» (19)

Por su no-observancia el adolescente revela:

  • su sufrimiento,********
  • su fascinación por la muerte,
  • su deseo de escapar de un tratamiento bi-cotidiano,
  • su deseo de tomar la responsabilidad de sus actos en lugar del médico y de sus padres.

Puede ser la primera, y la única, manifestación de su malestar. Por su posición de apoyo maternal, su adolescencia llega más tarde.

Pero autores señalan que, al contrario, un seguimiento demasiado estricto puede esconder una adolescencia “blanca” –que no se dice– y que no debe tranquilizar el médico (20-21).

Aquí también es preciso recordar, para relativizar, que la observancia media de los adultos seropositivos es alrededor del 33 % (22)…

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