Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Intervenciones psicoterapéuticas en niños que han padecido trastornos perinatales

PDF: rodriguez-intervenciones-psicoterapeuticas-trastornos-perinatales.pdf | Revista: 13-14 | Año: 1992

Rodolfo Rodríguez
Rodolfo. Psiquiatra y Psicoanalista. Servicio Médico Pedagógico de Ginebra.

Anne-Lise von Siebenthal-Rodríguez
Psicóloga y Psicoanalista. Servicio Médico Pedagógico de Ginebra.

Ponencia presentada el día 3 de octubre de 1992 dentro del VI Congreso Nacional de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia de Niños y Adolescentes (SEPYPNA), celebrado los días 2, 3 y 4 de octubre de 1992 en Barcelona.

Con nuestra ponencia pretendemos mostrar ciertos avances técnicos de nuestro trabajo en la clínica con niños cuyo nacimiento ha sido vivenciado por los padres como una catástrofe. Catástrofe traumática a causa de las lesiones orgánicas que acarrea el niño al nacer y/o catástrofe a causa del peligro de muerte inminente al que esta expuesto el niño en los primeros tiempos de su vida.

Muchos son los aportes teóricos que han alimentado nuestra técnica estos últimos años. Al escuchar nuestra ponencia Vds. se darán cuenta de como sobre aportes teóricos reconocidos, está nuestra aportación particular. Si alguno de ustedes quiere beber directamente en las fuentes que calmaron provisionalmente nuestra sed que busque en torno del concepto de no-madre y de la capacidad metaforizante desangustiante de la imago materna de W. Bion. Que busque en torno del trabajo de negativación de A. Green. Y sobre todo que busque en torno de lo traumático de la no representación, y de la importancia de la dinámica de la identidad de percepción.

Entre los diferentes niños que hemos tratado con este tipo de patología, hemos seleccionado dos casos. Uno con secuelas orgánicas tratado a una edad temprana por Anne Lise, el otro tratado por mi mismo a la edad de la latencia y sin secuelas orgánicas. Pero antes de dar la palabra a Anne Lise quisiera subrayar la siguiente paradoja. El nacimiento, los primeros meses de vida de estos niños ha sido tan traumatizaste que la capacidad de metaforizar, de contener, de estos padres ha sido dañada. Sin embargo si estos niños están vivos, hoy día, es debido al empeño, a la abnegación, al cuidado que estos padres han prodigado a sus hijos. En la mayoría de los casos que hemos tratado, estos padres han tenido que luchar por la supervivencia de sus hijos contra el parecer de los médicos que preconizaban dejarlos morir.

Luis: Hefaistos hoy (1)

Permítanme introducir mi ponencia sirviéndome de un mito. Hefaistos es el dios del fuego. Es el hijo lisiado de Zeus y de Hera. Diversos relatos míticos explican el hándicap de Hefaistos. Todos los relatos se refieren a una caída. Una de las versiones cuenta que Hefaistos nació tan débil que su madre asqueada lo arrojó del lugar más alto del Olimpo…Sin embargo Hefaistos sobrevivió porque cayó en el mar…Otra versión del mito cuenta que una vez, cuando Hera se estaba querellando con Zeus y, que Hefaistos se puso del lado de su madre, Zeus furioso lo agarró por un pie y lo lanzó lejos del Olimpo. La caída de Hefaistos duró todo un día,..a la caída de la noche Hefaistos topó con la tierra, contra la cual se lisió.

Hace ya siete años, recibí una llamada telefónica de una madre angustiada que me pedía una psicoterapia analítica para su hijo. “Figúrese -me dice- que cuando Luisito nació los médicos me dijeron que no debería cuidarlo, que dejara obrar la naturaleza, que su destino era morir al nacer. Luisito tiene ahora tres años y medio, somáticamente sigue progresando, pero psíquicamente los miedos se lo están comiendo, ayúdenos”.

Mientras la madre me hablaba al teléfono yo me sentía invadida por un sufrimiento inmenso, pero como al mismo tiempo que sentía angustia también sentía esperanza, opté por entrevistarme primero con los padres. El día de la entrevista, la madre, que había comenzado un psicoanálisis poco después del nacimiento de Luis, me relata la historia siguiente: Luis nació con una artrogriposis, enfermedad congénita, que se caracteriza principalmente por una atrofia muscular y una tendencia a anquilosar las articulaciones de los cuatro miembros. Una artrogriposis, pero también una dificultad enorme a deglutir.

Oponiéndose a los médicos que lo querían dejar morir, los padres sacan a Luisito del hospital para ocuparse personalmente de él. El relato de los tres años y medio de vida con Luis, es un infierno. Luis requería de los padres cuidados intensivos. Han habido varias intervenciones quirúrgicas, diversos tipos de fisioterapia, de ergoterapia, etc… Han tenido que tenerlo continuamente en los brazos, darle de comer primero con una sonda, luego con una cucharita. Hacía solo unos meses que Luis empezó a gatear, a levantarse y a dar sus primeros pasos. Todavía hay que darle de comer, se babea y como no le salió la primera dentición no puede masticar…pero el problema principal son las crisis de rabia y de llanto de Luis, lo que hace que los padres vivan una pesadilla continua. Diversos son los miedos que provocan las crisis de Luis, pero sobretodo Luis es hipersensible a los ruidos. No solo a los ruidos de la calle sino a los ruidos de la casa. Luis no soporta el ruido de la lavadora, de la fregadora, del aspirador…Luis entra en pánico si algún miembro de la familia ríe, tose o estornuda.

De todo lo que dicen los padres tres hechos me incitan a emprender el tratamiento psicoterapéutico de este niño. La capacidad de Luis a expresarse a través del lenguaje, mostrando sus posibilidades asociativas. El deseo de la madre a desatarse, despegarse de Luis. La convicción de los padres que a la larga, con los apoyos necesarios, Luis podrá abrirse camino en la vida.

Durante la primera entrevista, que tengo con Luis lo que más me llama la atención es el hecho de que venga solo, conmigo, a la sala de terapia, con todas sus dificultades motoras pero sin gesto de extrañeza.

Después de haberme explorado con sus ojos escrutadores, así como los objetos que se encuentran en la sala, dice: “Oh, eres tú” “sabes, yo vengo porque lloro cuando alguien ríe, lloro cuando un bebé llora. Tengo miedo de la tormenta, de la ambulancia,.. Que es lo que vas a hacer conmigo? “Yo comienzo a anunciarle la regla fundamental diciendo que vamos a hablar, jugar… Luis me interrumpe diciendo: “A mi me gustan las manzanas, pero cuando las como saben a pimienta, siempre tengo que quitarle la pimienta a las manzanas” y se queda mirándome tímidamente sin decir ninguna palabra más. Pone las manos sobre la mesa como si las abandonará, unas manos deformes por la atrofia muscular, sin ningún otro movimiento, retirándose al interior del mismo, esperando mi reacción. Desconcertada, yo pongo una de mis manos sobre la mesa, haciéndola caminar sobre dos dedos me dirijo hacia él. Cuando mi mano caminante llega muy cerca de una de las suyas, Luis moviendo sus manos con mucha torpeza, dice: “¡Hola!”.

Este fue en resumen nuestro primer encuentro. Pienso que por una parte la capacidad de este niño de tres años y medio de hablar de su mundo interno, de expresar su sufrimiento, de plantearse un enigma analítico: la pimienta que penetra la manzana (2). ¿Como sacar la pimienta de la manzana?. Y por otra parte el hecho de poner de entrada sobre el marco analítico las partes enfermizas de su cuerpo, permitiéndome que yo me acerque, me confirma en la idea de tomar este niño en un setting psicoanalítico.

En cuanto a mi marco referencia voy a utilizar con Luis el dacalage entre la escena jugada y la escena interpretativa. Haciendo referencia a las nociones psicoanalíticas desarrolladas por Winnicott tales que el “área de juego”, “el espacio transicional”, dejándome “utilizar” por el niño según sus fantasmas, pero conservando las cualidades de un objeto deseante. El niño, como decía ayer la Doctora Tous nos atribuye roles creando así el espacio de juego. Se trata luego de introducir otra escena desde la cual el analista va a ejercer su función interpretativa. Como dice Freud en “construcciones en psicoanálisis” otra escena donde el analista que no ha vivido las mismas cosas que el paciente va poder interpretar desde su contratransferencia.

Tres semanas más tarde, inauguramos la primera sesión del tratamiento analítico.

Luis, con su madre en la sala de espera comenta -dirigiéndose a mi: “Pero porqué has tardado tanto para venir a verme”? Y durante un buen rato empieza a despedirse de su madre sin despegarse de ella. La forma de agarrarse a su madre denota su angustia de separación. La madre muy molesta no sabe como afrontar la situación. Al final yo me decido de coger con firmeza una mano de Luis. Una mano ¿para saludarlo? ¿para sujetarlo? Lo cierto es que la madre aprovecha para zafarse de sus brazos y Luis viene sin más a ocupar el espacio donde va a desarrollarse su terapia. Mira los juguetes y torpemente coge dos cochecitos con una mano y un tercer cochecito con la otra mano. Sin apenas mover sus manos anuncia: “accidente de coches” aquí llega otro coche, la grúa”. Luego, soltando los coches y cogiendo el teléfono de juguete llama “alo, alo, hombre, hombrecillo” comentando luego de un tono desesperado “no hay nadie”. Como yo intento responder con otro teléfono Luis me grita “he dicho que no hay nadie”. Y Luis repite varias veces la misma escena como si estuviera alucinando, realizando un sueño. Con un tono fuera de juego, intentando situarme sobre otra escena yo intento interpretarle que cuando él tiene miedo y necesita una grúa para remolcarle yo, no estoy. Que aquí él se siente solo, papá no responde, mamá no responde y yo no soy nadie para él. Luis me deja hablar, pero a través de su mímica y sus gestos me indica que yo debo limitarme a quedarme sentada en mi sitio, sin hablar sin moverme hasta el final de la sesión.

Es importante de subrayar en esta sesión como Luis a través de sus producciones psíquicas, donde la representación se diferencia muy poco de la identidad de percepción y de la alucinación. (El alucinatorio dirían C.& S. Botella) intenta hacerme encajar, metabolizar, sus angustias operando al mismo tiempo un trabajo de negación sobre mi persona. Así Luis se asegura de mi presencia al mismo tiempo que niega mi existencia.

Algunas sesiones más tarde, Luis apenas pasa el umbral de la puerta, que se pone a correr, con torpeza, de un lado para otro y a gritar “Cuidado, cuidado…la lámpara, pan, pan (hace como si los objetos estallaran) Oscuro,! oscuro!… socorro!… pum, paf, schlaf… (hace como si algo explotara). Los muros, los muros,.. rotos. Las piedras calientes, ¡ay!, ¡ay!, quemando, socorro, ah pum, paf.. el volcán explota… ah! ay! ay! paf caen …caigo”. Y se tira al suelo como si fuera un saco vacío, una pelota rota. Después de hacer el muerto durante unos minutos se levanta con dificultad y repite más o menos la misma escena apocalíptica. El niño pone tanto énfasis, tanto drama en exponer, expulsar, sus vivencias de catástrofe que yo me siento impactada, fascinada. Como cuando le pasan a uno una película de horror y está una deseando que se acabe pronto esa película, para no gritar, para no patalear de miedo.

Durante varias sesiones va repetir las mismas representaciones traumáticas, mostrando una tal potencia sensitiva que mi capacidad de contención psíquica están al limite de la ruptura. Es evidente que esas dramatizaciones no tienen valor de juego, no son simbólicas, no hay relación causal, no hay organización temporo-espacial. Yo tengo la impresión de un nacimiento catastrófico que se repite sin cesar. Quizás porque en los momentos de respiro, cuando hace el muerto, desde mi escena interpretativa, intento hacer asociaciones con sus intervenciones quirúrgicas, con las tormentas que le causan pánico,…Quizás porque siente que estoy ahí, acompañándolo, sufriendo con él. Luis durante una de sus representaciones angustiantes me coge de la mano y me incita a seguirle gritándome: “calla, calla… corre,..las piedras calientes”. Haciendo de mi su otro yo, un doble narcisismo, un objeto narcisista. Lo que me permite interpretarle que jugando con él yo me siento ser otro Luis, que yo tengo tanto miedo como él, que a mi me duele mi cuerpo como el suyo, y que se esta preguntando como vamos a poder salir adelante con tantos accidentes, tantos desastres.

Y más tarde cuando Luis para de babear, y se pone a jugar con su saliva reteniéndola antes de que caiga al suelo, yo le digo que hay mucho dolor, mucha rabia, imágenes que le dan miedo, que quisiera sacarse de dentro, pero si echa todo fuera de él, va a terminar por vaciarse completamente, y no va poder pensar lo que esta pasando. Ahora que puede retener su saliva, también puede jugar con ella.

Mas tarde en la terapia, como he jugado durante un cierto tiempo de doble de Luis, me atrevo a oponerme a él, expresando otro deseo diferente del suyo. Cuando Luis dirá “obscuridad, obscuridad, que todo se pare, silencio “yo voy a jugar: “ no, yo quiero el silencio, yo no quiero la obscuridad, yo quiero ver. No, yo quiero moverme, yo quiero ser”.

Con este trabajo sobre la negación en el seno de nuestra relación conflictiva yo no pretendo ser investida como un objeto diferente, sino lograr que Luis pueda retener sus representaciones internas sin que inmediatamente las descargue por el polo perceptivo motor. Que ponga en marcha los mecanismos internos de represión y desplazamiento para poder tratar la angustia asociada a las representaciones a través de la alucinación y la renegación. Al mismo tiempo intento introducir vínculos antitraumáticos. Así cuando Luis esta desbordado, chillando y agitándose, yo exclamo “mamá, mamá, acabo de tener una pesadilla, enciende la luz, pero que sueño tan horrible!”, Luis, frente a este tipo de juego primero se queda desconcertado luego apropiándoselo va utilizarlo como anuncio señal de peligro. “Esta vez vamos a jugar a la horrible pesadilla”, dirá Luis al comienzo de la siguiente sesión.

Poco tiempo después, Luis pregunta: “Me han contado la historia del lobo, y ahora tengo miedo del lobo, pero los lobos no existen verdad? verdad que no?. “Poco convencido de la solidez de su negación propone jugar al lobo y en vez de ponerse al lado mío como de costumbre, se pone enfrente. Amparándose del papel del lobo hace primero ruidos guturales y luego abriendo la boca se abalanza hacia mi, tenso y lleno de miedo. Yo asumo el papel de una niñita que tiembla de miedo y que pide auxilio antes de que se la coma el lobo. Luis pide que juguemos la escena varias veces. A medida que la escena se repite, la angustia de Luis disminuye considerablemente y por primera vez en el análisis Luis expresará todo su agrado a comerme, a meterme dentro de su vientre, a retenerme, a expulsarme. Conjugando así el erotismo oral con el erotismo anal. Ejerciendo la esfinterización psíquica de sus orificios, lo que le permite representarse que estoy dentro de él. Luis va repetir hasta la saciedad este tipo de juego simbólico. Haciendo de mi su objeto esclavo, sobre quien ejercer un dominio absoluto, y cuando inesperadamente yo escapo a su control, Luis no podrá retener su llanto.

El gran drama se produce cuando una vez estando ya Luis sobre el umbral de la sala de juegos, a causa de un resfriado yo no pude retener la tos. Luis se paraliza, y rompe a llorar a lagrimas vivas, gritando “no! no!.. al mismo tiempo que mete un dedo en cada oreja. la madre llega corriendo, Luis se agarra a ella, y yo acabo introduciendo madre e hijo dentro del espacio terapéutico y les digo: “Esta vez soy yo quien provocó el accidente con mi tos, usted señora se ha comportado como una madre que sabe muy bien consolar a su hijo”. Luis para de llorar, la madre se despega de él y se regresa a la sala de espera. No hace falta que agregue como después de este drama, la transferencia de Luis se orientó hacia esa mala madre que yo vine a representar, que rompe los muros, que hace estallar las lamparas, que interviene quirúrgicamente su cuerpo… La madre que no ofrece una relación continente a su hijo.

Luis vivió mi tos como una irrupción inesperada, una explosión traumática, desorganizada. Pero, como dicen C. & S. Botella, mas que la irrupción, es la falta de representación, la falta de continente que es aquí lo traumatizaste.

El paso siguiente, como era de esperar consistió en poder jugar escenas edípicas o escenas en camino hacia lo edípico, utilizando una variedad sin fin de matrices continentes, lo cual ha permitido a Luis ensanchar su preconsciente con nuevas cadenas asociativas de representaciones. Apropiándose, con el tiempo, de mi capacidad metamorfizante, interpretativa, Luis podrá transformar su dolor físico en sufrimiento psíquico. Construyendo un dique de representaciones que le permiten de contener la hemorragia de sus afectos.

Pero no quisiera que al oír estas frases, dictadas por el imperativo del tiempo, ustedes piensen que el resto de la aventura analítica con Luis, fue, es, un paseo sin tropiezos.

No solo ha habido regresiones masivas de la parte del niño, sino también estancamientos repetitivos relevantes de la dinámica de la neurosis traumática, aunque en su conjunto no muy diferentes a el análisis de cualquier otro niño con patología límite.

En cuanto a mí, lo que me pareció mas difícil de vivenciar en este tratamiento ha sido:

Primero: poder ocupar el lugar de la no-madre, encajar las identificaciones proyectivas del niño, soportar el desagrado inanitario que esto implicaba sin precipitarme a enviarle interpretaciones justas, sin duda, pero prematuras y defensivas de mi parte.

Segundo: el no responder a las solicitaciones de “holding” que me pedía el niño.

A este respecto, mi trabajo en la transferencia ha consistido a ocupar contra viento y marea el lugar de la madre libidinal y/o el sitio del padre agente de la amenaza de castración, relegando el “holding”, los cuidados maternales, al entorno del encuadre.

Tercero: confrontarme a lo que había de no vivo, de comatoso, en el cuerpo de este niño, sin reprimir las angustias de muerte que esto suscitaba en mí.

Cuarto: colocar de entrada la escena interpretativa en contrapunto con la escena jugada. Escena interpretante desde donde participara la construcción del mundo interno y la historia de este niño.

Las Bacantes (3)

Yo hubiera querido como Anne-Lise, inaugurar mi ponencia con un mito, tal es nuestra costumbre, con este tipo de niños pero me contentaré con expresar el pensamiento de la lectura de “Los Bacabtes”. En esta tragedia de Eurípides no solo es cuestión de la abolición de las diferencias entre Dionisios y su rival Penteo, entre el sacrificador y el sacrificado, si no también en el momento culminante de la tragedia, de la abolición de la diferencia de restos y de generaciones. Al comienzo Dionisisos tomando los rasgos de un jovencito inofensivo, tierno y seductor es adorado, festejado por todas las mujeres y una parte de los hombres. Pero repentinamente la fiesta se transforma en infierno, las mujeres pierden el juicio atacando a todo el mundo niños y bestias, como poseídos por una violencia extrema e indiscriminada.

Hace justo cuatro años, los padres de Jaime, un niño de 9 años forzando mi disponibilidad, piden de entrevistarse conmigo. Acuden Jaime y sus padres. La madre, alguien que conozco de vista, me dice de entrada que el Profesor de psiquiatría infantil de Ginebra a quien fueron a consultar, ha aconsejado un psicoanálisis para su hijo, pero que ni el ni sus colaboradores tenían tiempo para hacerlo. Jaime con cara de contrariado se agita (de forma muy angustiada) mientras su madre habla. Como yo les pido que me hablen de Jaime y del motivo de su demanda. Los padres, a la defensiva, me dicen que aparte que Jaime es un niño muy inquieto como yo lo puedo observar lo único que les molesta es que Jaime no puede dormir solo en su cama. Y que todas las noches se viene para la cama de los padres durmiéndose al momento que se siente flanqueado de un padre de cada lado. Si cambian de casa, como durante las vacaciones, Jaime además se orina en la cama.

Jaime no tiene ningún problema en la escuela ni fuera de la escuela. Solo que tiene necesidad de estar ocupado todo el tiempo hace solfeo, flauta, órgano eléctrico, fútbol, judo y bicicleta. Y si no en la casa se ocupa con la computadora o algún otro juego educativo. Los padres dicen con mucha decepción que Jaime no tiene nada de imaginación. No ha jugado nunca solo, no lee, no mira la televisión, no hace trabajos manuales… nada que le acerque a mi dice él padre con amargura. Y la madre aún con más amargura agrega que siempre ha sido totalmente indiferente con su hermanito que ahora tiene 3 años.

La atmósfera se pone muy tensa y yo siento que estos padres están muy resentidos contra Jaime maquillando apenas un odio violento no sólo contra Jaime sino contra toda persona que buscara a justificar el comportamiento de este. Pensando en Eurípides y Dionisios, siento que en esta familia hace tiempo que la fiesta se volvió vinagre y que la violencia desatada anda buscando una nueva víctima, un sacrificador que será sacrificado.

Cuando me entrevisto solo con Jaime, este no solo no responde a mis avances parando todas mis preguntas con un “no sé” si no que me dice que no sabe dibujar, que no conoce ninguna historia, no quiere jugar, y no para de moverse durante toda la entrevista.

Dos cosas me intrigan que no me siento molesto con la aptitud de este niño narcisista y que me sienta atraído por los ojos de Jaime, ojos que siento muy vivos muy abiertos hacia el mundo que le rodea.

Pero visto la edad, la latencia, la falta de juego yo propongo a los padres de ocuparme de su hijo, con una cooterapia, en un grupo de psicodrama.

Los padres al oír esta proposición se ponen rojos de rabia. ¿Pero como es posible que el profesor insista sobre cuatro veces por semana y Vd. solo proponga un grupo irrisorio?. “¿Pero como puede ser que nuestra amiga nos haya dicho que Vd. se ocupa muy bien individualmente de su hija y que no quiera Vd. ocuparse de nuestro hijo?”.

Jaime sintiendo, seguramente, que las cosas se están poniendo muy feas, dice que por su parte el rechaza toda idea de grupo en cuanto a venir a verme como no sea los sábados, después de la escuela, que no cuente con él puesto que tiene sus jornadas repletas y me sorprendo a mi mismo diciendo que si que nos vamos a ver los sábados y que mas tarde ya veremos. En la primera sesión, después de haberla dicho que aquí viene para expresar lo que se le ocurra, no importa cual sea la idea que le llega a su mente. Jaime mirándome con ojos irónicos se acomoda confortablemente sobre su silla, amparándose en una hoja y un lápiz me dice. Le voy hacer a Vd. un dibujo, y hace una serie de garabatos, sin formas alguna letra o palabra desconectada, cifras que no vienen a cuento… al mismo tiempo que se balancea a su gusto, tamborilea con el lápiz, silba una canción conocida, etc. De vez en cuando me solicita diciendo: pregunte lo que guste, a mi no me molesta. Frente a mí silencio me muestra su anti-dibujo preguntándome ¿Qué le parece, que piensa? Pero yo le respondo sinceramente que yo no pienso nada. Cuando Jaime se va me digo a mi mismo que las producciones de Jaime deben ser las famosas elementos beta. de Bion, desvinculados y desvinculantes. Las descargas motoras y musicales de Jaime deben ser las actividades autocalmantes de las que hablan los psicosomáticos de París.

Y como este tipo de sesión se repite varias veces yo me pongo a dudar de mis capacidades terapéuticas al mismo tiempo, Jaime un poco compungido sentencia “Mis padres decían que era Vd. tan inteligente o más que el Profesor, creo que están equivocados”. Sin embargo siento que al mismo tiempo que no hay circularidad entre nosotros por falta de comunicación. A otro nivel existe una relación bipolar, cuanto más grande me parece la sobrecarga afectiva, sobre todo por no poder pensarla, más livianas es la carga afectiva de Jaime.

Durante el resto de la semana algo empieza a inquietarme y es que en los momentos más inesperados los ojos de Jaime me vienen a la mente de una forma alucinatoria. Hasta que un día al levantarme por la mañana mirando al espejo mientras me afeitaba, mirando los ojos de Jaime y mirando los míos me parece evidente que esos dos pares de ojos pertenecen a la misma familia. Recuerdo entonces que acabo de soñar con mi hermano el que murió a la edad de Jaime a los nueve años y que las cejas, las pestañas el color de los ojos de mi hermano son iguales a los de Jaime. Recuerdo también una escena terrible, una escena la víspera de su muerte, mi hermano, deficiente, alucinado a causa de la fiebre, con los ojos desorbitados de terror me pide que quite esos bichos negros que andan por la cama, yo solo tengo seis años, yo no pienso, no comprendo nada. En el sueño que acabo de tener la noche anterior soy yo quien se encuentra en peligro de muerte, sobre el borde de una presa que contiene un río crecido rió que arrastra diversos materiales, troncos, piedras, tierra, animales muertos,… y yo no logro abrir las compuertas para que la represa no reviente.

Ante todo esto, mi hermano me contempla tranquilamente desde la orilla.

Inútil de decir que voy a servirme de la metáfora de la represa a punto de desbordar para interpretar a Jaime lo que experimento como vínculo en nuestra relación transferencial. Aprovechando esas representaciones obtenidas a través de una regresión formal del funcionamiento de mi aparato psíquico, voy a reintroducirles sobre la escena psicoterapéutica, no como la interpretación de mi contenido latente, sino como un contenido manifiesto que le permita a Jaime de imantar sus afectos conflictivos y avanzar en el ensanchamiento de su preconsciente. En efecto Jaime que después de esta interpretación pide aumentar a dos sesiones la frecuencia del tratamiento, va sirviéndose de mi capacidad metaforizante para empezar a cambiar sus modalidades relacionales al interior y al exterior de las sesiones. Los padres extrañados que su hijo no venga más a su cama por las noches si no que cierra las puertas y ventanas de su cuarto metiéndose debajo de las mantas como si tuviera miedo de que alguien lo atacara, lo penetrara, vienen a verme para que yo les cuente lo que pasa en las sesiones de Jaime.

Pero yo los atajo, diciéndole que son ellos quienes tienen que contarme la historia de Jaime desde un comienzo, desde su nacimiento. La barrera agresiva detrás de la cual se protegían estos padres cae como un telón dejando aparecer un sufrimiento intenso. Los tres primeros años de Jaime fueron horribles, continuamente entre la vida y la muerte, nunca pudo dormir tumbado en una cama”, por las noches nos turnábamos para endormecerlo en los brazos, si lo soltábamos, despertaba y se ponía a gritar. “Hubo que hospitalizarlo varias veces lo vomitaba todo”. Lo peor dice la madre”, “lo peor es que durante sus primeras semanas de vida fui yo misma quien lo estaba intoxicando con mi propia leche y que no supe nada hasta que los médicos no dieron con el diagnostico: lactosemia. Luego con la dieta tardó mucho en recuperarse. Y al padre de agrego al final, nunca hemos hablado de todo esto con Jaime.”

Cuando en la sesión siguiente empiezo por decir a Jaime que he visto a sus padres, éste me obliga a callar. El ya sabe que estuvo muy mal y que a poco se muere pero eso ya pasó, y no es cuestión de perder tiempo pues trae mucho trabajo para mi. Saca un cronómetro, me pone una multiplicación de un número con trece cifras por otro de 9 cifras. A ver si eres capaz tienes 3 minutos para realizar la operación. Como no lo logro me pone una suma muy complicada. “A ver sumar es mas fácil, tienes un minuto”. Frente a la imposibilidad de la tarea y como protesto diciendo que no soy una máquina. Jaime dice: “pero si ya lo se solo quería ver tu reacción”. Aprovechando este momento de transferencia positiva por mi mente le tiendo una hoja y le digo que me dibuje el monstruo que le infunde tanto miedo. Jaime dice que delante mío no lo hará, pero que lo hará en casa y se lleva la hoja, y a la sesión siguiente Jaime arrojando la hoja sobre la mesa “Ahí lo tienes tu monstruo, pero te advierto que ya no me da miedo con una llave de judo en dos segundos lo dejo frito”.

Seguro que ya han adivinado quien representaba este dibujo. Un cincuentón calvo, con bigote y anteojos… solo que me vistió con un kimono y me puso un sable en las manos. No voy a desarrollar aquí mi trabajo desde mi escena interpretativa sino subrayar que a partir de esta construcción simbólica
Jaime pudo jugar con toda una red de representaciones de cosas vinculadas con las representaciones de palabras que le permitieron elaborar sus angustias de muerte y de instalar un sistema de defensas fóbicas contra los miedos que ahora si podía nombrar.

Para terminar este relato de la instalación de la relación psicoterapéutica con Jaime solo diré, que poco tiempo después de nuestra primera separación por causa de vacaciones. Este niño tuvo su primera pesadilla que la madre anotó para que la trajera al espacio terapéutico a mi regreso. Jaime se veía en el sueño, solo, jugando con una pelota, en una calle. La pelota rodó pendiente abajo hasta una cuneta cuando fue a recogerla, una nomo salió de una alcantarilla y agarrándole lo tiro y lo hizo desaparecer en los profundidad del centro de la tierra.

¿Cuál fue el valor económico de esta pesadilla? Al distanciarme de la escena terapéutica Jaime fue perdiendo el afecto y la representación continente del terapeuta, amenazado durante la noche oscura de pérdida de sus construcciones metafóricas continentes Jaime atraviesa la regresión formal del sueño, figuró la pérdida de la representación misma para servirse como señal de alarma que le permita combatir la angustia que la no-representación implica. Sirviéndose luego de su madre y de la escritura para consignar sus representaciones en espera de poderlas analizar en la transferencia de la relación terapéutica. Evitando así que estas representaciones fueran desvinculadas, trituradas en el seno de sus mecanismos de descarga motora autocalmante si pero, vaciadores del afecto.

Yo quisiera agregar un punto más a los señalados por Anne Lise anteriormente que yo resumiría así: Más allá del desafío a lo desconocido y de un trabajo asociativo sobre mi escena infantil lo, que me permitió de tolerar este tipo de situación tan violenta y desorganizante, es la posibilidad de poder transformar mi masoquismo exógeno en masoquismo femenino a través de la desorganización de la relación al otro.

Nuestra intención final es de seguir abriendo el número de interrogantes que Vds. podrían estar planteándose con nuestra ponencia.

El libro chino Tchonany-tse, escrito cuatro siglos antes de nuestra era relata las preguntas que se hacen tres taoístas.

¿Quién puede sentirse vinculado al otro sin estar vinculado al otro?.

¿Quién puede actuar con los otros sin actuar en los otros?.

¿Quién puede subir al cielo, juguetear con los brumas de la obscuridad, bailar con el infinito, perder la consciencia de la vida, sin cansarse?.

Los tres taoístas se sonrieron al mirarse. Ninguno de ellos sintió sentimientos contrarios en su corazón y los tres se liaron de amistad.

(1) Anne-Lise Von Siebenthal-Rodríguez
(2) ¿Qué enigma, el de la dualidad pulsional, la escena primaria o una teoría sexual infantil?
(3) Rodolfo Rodríguez.

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