Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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El juego: pensamiento sin palabras

PDF: mora-juego-pensamiento-sin-palabras.pdf | Revista: 21-22 | Año: 1996

Virginia Mora Febres
Psiquiatra.

Ponencia presentada en X Congreso Nacional de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente (S.E.P.Y.P.N.A.) que bajo el título “Intervenciones psicoterapéuticas en la práctica clínica” tuvo lugar del 4 al 6 de octubre de 1996 en Santander.

“Me podría indicar, hacía donde tengo que ir desde aquí?
“Eso depende de a donde quieras llegar”, contestó el Gato
“A mi no me importa demasiado a donde”… empezó a explicar Alicia.
“En ese caso, da igual hacia donde vayas”, interrumpió el Gato …
“siempre que llegue a alguna parte” terminó Alicia a modo de explicación.
“Oh, siempre llegarás a alguna parte” dijo el Gato, “ si caminas bastante”…

“Alicia en el País de las Maravillas” de Lewis Carrol

En este trabajo me propongo hacer algunas reflexiones sobre la importancia del juego como Técnica psicoanalítica y como nexo entre fantasía y realidad.

El primer problema con el que se toparon los psicoanalistas de niños, era el de que para captar la vivencia infantil había que tratar de imaginarse fuera del sistema de símbolos verbales en el que los adultos viven y verse dentro de un sistema de vivencias no verbales, sensoriales y cenestésicas.

Fue Freud quien dio los primeros pasos para el psicoanálisis infantil cuando publica en 1909 el caso de Juanito; un niño que sufría de una agorafobia, quien fue analizado por su padre alentado por Freud y se descubre su complejo de Edipo, lo que confirmó la hipótesis de la neurosis infantil, y se demostró que los niños podían ser psicoanalizados.

También fue el primero en describir el mecanismo psicológico del jugar cuando interpretó el juego de un niño de 18 meses, que hacía aparecer y desaparecer un carrete, como una forma de dominar su angustia, frente a la aparición y desaparición de la madre simbolizada por el carretel, y al mismo tiempo echarla sin peligro de perderla ya que el carretel volvía cuando él lo deseaba. Este pasaje del fort-da nos explica como nace el símbolo, como una manera de dar significado, de representar una ausencia.

El bebé está singularizado por una dependencia de la madre, desprenderse de la relación única con la madre y orientarse hacia el padre, implica separarse del objeto y establecer una nueva unión con él y en este proceso el juego, la fantasía y el símbolo le van a permitir al bebé desplazar afuera sus miedos y angustias, dominándolos a través de la acción, y así repetirá en el juego aquellas situaciones que sean excesivas para su yo débil, permitiéndole hacer activo lo que sufrió pasivamente, cambiar un final que le fue penoso, y repetir a voluntad situaciones placenteras.

En mi trabajo con una paciente de tres años, que la habían traído unos padres cansadísimos, por el insomnio de la niña, que aparecía justo cuando ellos iban a dormir recuerdo que durante muchas sesiones al inicio de su tratamiento jugaba a que yo me dormía y se suponía que ella también, pero ella me despertaba con gritos en los oídos; y disfrutaba con el “sobresalto” que me causaba, mostrando así todo el ataque a la pareja y el enfado hacia sus padres (estos la habían dejado a los 6 meses con una abuela por un período de varios meses).

Para Winnicott debe haber un “estar disponible de la madre” para ese juego rudimentario del bebé y esto es lo que hará posible la creación de un espacio donde el objeto pueda ser “repudiado, reaceptado y percibido” de forma objetiva, que le va a permitir diferenciar la fantasía de la realidad, el mundo interno del externo.

Al no crearse un contorno suficiente entre la madre y el niño, este puede quedar asido a lo real, pegado a un goce corporal con la madre que remite a algo siniestro, extraño (Aduriz, 1995).

Klein creó la técnica del Psicoanálisis de niños y aunque en sus inicios comenzó un tratamiento en la propia casa del paciente y con sus propios juguetes, siguió el principio básico del Psicoanálisis: el de la Asociación libre, interpretando no solo las palabras del niño sino lo que hacía cuando jugaba, dándole al juego un valor único, pues tuvo la genialidad de observar que el niño se expresa naturalmente a través del mismo, que ese es su medio de comunicación, y en las palabras de H. Segal, es un trabajo, que no sólo conlleva una forma de explorar y controlar el mundo externo, sino un medio por el cual controlar y expresar sus angustias a través de la manifestación y elaboración de las fantasías.

Es así como la habitación, los juguetes y el analista proporcionan el marco para desarrollar la técnica de juego, tal como lo refleja Tustin (1987): “Su orden sensible, por el cual cada niño tiene su propio cajón o caja de juguete –para mencionar un aspecto– parece una hamaca segura en que niño y analista se balancean. Esta contención es importante para todos los niños”.

Para Melanie Klein el simbolismo no sólo constituye el fundamento de toda fantasía y sublimación, sino que sobre él se va a cimentar la relación del sujeto con el mundo exterior y con la realidad; y continuando en la línea de Freud piensa que el niño al jugar vence realidades dolorosas y domina miedos instintivos proyectándolos en él afuera, en los juguetes.

Hablaré a continuación sobre el caso de un niño que llamaré Iván, único hijo de padres separados, quien vino a consulta a los 6 años por presentar inquietud excesiva, incapacidad para tolerar cualquier frustración, necesidad constante de afecto y reconocimiento, imposibilidad para hacer amigos, y dificultad para incorporar nuevos alimentos. La separación de los padres se había realizado de forma abrupta y violenta, y con su corta edad Iván llevaba a sus espaldas dos mudanzas de ciudad, cuatro mudanzas de casa, dos estancias en guarderías y cuando le conocí iba ya por su tercer colegio.

Su tratamiento se ha realizado durante cuatro años a razón de tres sesiones semanales.

Durante un primer período en su tratamiento, casi no podía jugar, anunciaba su llegada con agudos y prolongados gritos, y al llegar casi no hablaba, simplemente destruía, intentaba cortar una planta que tengo en el despacho y fue llenando su caja de bombas y explosivos” “peligrosísimos”; situaciones estas que mostraban todos sus aspectos persecutorios; pasó una temporada en la que no podía abrir su caja, ni recoger lo que tiraba, yo le mostraba como él necesitaba que yo me encargara de lo sucio, de sus bombas, así como su culpa por haberse quedado solo con su madre. (Esta etapa recuerda la noción de pecho inodoro de Meltzer).

Un tiempo después Iván podía jugar convirtiéndose en personajes poderosos y autoritarios como Rambo, o super-héroes; época en la cual las normas del juego eran a su favor y yo debía ser una “esclava” más de su tiranía y defensa maníaca, y sólo hablaba para imponerme órdenes como: “Vamos dibuja una casa ¡pega estos papeles, trabaja, trabaja! sin embargo cada vez más pudo mostrar su violencia en los juegos, que empezaron a hacerse más variados: jugaba a ser cocinero en un restaurante donde yo iba de comensal, pero las comidas las preparaba a golpes y los platos los servia con una brusquedad y gritos desmedidos; intentando mostrarle cuando él lo permitía su temor a ser un chico que realmente quería y necesitaba mucho afecto, y que ese Rambo o ese cocinero podían tapar a un niño pequeñito y necesitado que quería querer y que le quisieran.

Durante esta época, intentaba pasar de la acción a la simbolización; pero no sabía que hacer con su agresión.

A los dos años y medio de su tratamiento, en una sesión Iván entró, fue directo a su caja, tomó dos coches y dándome uno me indicó: “Vamos a volar”, miró el diván (que es de color negro) y dijo: “Vamos a ir al Continente negro”, sobrevoló el diván, aterrizó y me invitó a hacer acrobacias, relatando unas aventuras arriesgadas de un padrastro que tenía por esa época. Seguimos volando y dijo: “Vamos a la Isla Verde” y se dirigió a mi escritorio (que tiene una tapa verde), y tomando dos pisapapeles que tengo encima comentó: “Vamos a ver si está todo bien: las luces, el radar, los frenos”, le mostré como el permitía que yo me hiciera cargo de sus frenos, y su cabeza, luego hizo un rodeo por la planta y comentó que podía ser apropiada para un picnic, luego dijo: “Vamos a mi casa y se dirigió al lugar donde se encuentra su mesa y su caja, se detuvo a verla por fuera y por dentro con los restos de bombas y me comentó: “Cuantos recuerdos hay aquí”, me resultó conmovedor que en un niño se representara su continuidad interna de esta forma tan visible; y que aparte de las defensas y contenidos inconscientes aparecidos en esta sesión, lo apreciable es como todo ese gran continente conformado por el terapeuta, el setting, sus juguetes, pudo ser apreciado y conectado con los aspectos mas fructíferos de su fantasía para jugar y crear (espacio potencial de Winnicott). Durante esa época reparó su caja, que estaba rota y la planta que antes cortaba, ahora era reconocida como algo que también había crecido igual que él.

Durante sus años de tratamiento Iván realizó muchos progresos, su capacidad para jugar, hablar y soñar se desarrolló normalmente y en una de sus últimas sesiones comentó que le había preguntado a su madre lo que era el Inconsciente y ésta le había explicado que era una caja negra que se abría de noche y contenía los sueños, y rápidamente me explicó:

“Yo creo que también tengo Inconsciente de día, pues también sueño muchas cosas y tengo ilusiones”.

Creo que Iván igual que Alicia en el país de las Maravillas, tenía ideas de por donde podíamos caminar juntos, pero cada intento de juego o cada juego elaborado mostraba ese querer llegar a alguna parte.

En conclusión, Melanie Klein introdujo la técnica del psicoanálisis infantil por medio del juego, lo cual significa ubicar al terapeuta en un contexto lúdico. La capacidad de jugar en el niño es un signo de salud y la incapacidad de jugar, el signo de la incapacidad para simbolizar y comunicar.

Soñar es una manera de pensar, o sea de simbolizar con los ojos cerrados, pero la capacidad de “reverie” (Bion) es muy importante para transmitir sentimientos y fantasías preverbales o no verbales.

Cada vez que el niño juega intenta pensar sin palabras y cada juego remonta ese juego inicial, en el cual se sustituye el objeto originario, cuya pérdida se teme y se lamenta, por otros objetos numerosos y que pueden reemplazarse, así este juego primigenio va a sentar las bases de la actividad lúdica y en un futuro la capacidad de amar.

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