Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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La observación de bebés en una unidad funcional de atención a la salud mental de la primera infancia (UFAPI)

PDF: artigue-observacion-bebes.pdf | Revista: 37-38 | Año: 2004

También en la observación pudo ir quedando un poco más clara la situación familiar: a la pediatra simplemente le habían dicho algo así como que “no ve a su padre ni sabemos nada de su padre”. La pediatra, además, pareció tan impresionada por la situación que no se atrevió a preguntar más. También la observación confirmó las predicciones de pediatría: Pudimos observar retardos en adquisiciones básicas, tales como un retraso en las manifestaciones de la ansiedad ante el extraño y en el comienzo de la deambulación (comenzó a caminar a los 14 meses largos). Aunque la diada recibió una importante ayuda gracias a la aparición frecuente del abuelo en las primeras semanas y luego, gracias a que decidió quedarse con su hija. En realidad, parece que estaba separado de su esposa: la abuela vivía en una ciudad distante 600 kilómetros y, cuando se presentó en Barcelona, parecía una mujer más bien distante, confusa, con dificultades de relación, que sólo se quedaba unos días con Dolores y su nieta y se volvía a ir, a pesar de que, al parecer, no tenía otros nietos. En la observación también se aclaró la “paternidad”. La propia madre contó espontáneamente a la observadora que el padre era “un pakistaní mayor, con problemas familiares”. Por la forma de decirlo, entendimos que probablemente estaba casado y que no había querido reconocer ni a la madre ni la paternidad…

A pesar de todo, como decíamos, pudimos observar una importante mejoría de Soraya y de las capacidades maternas, incluso en una situación tan compleja: no hay triangulación clara, ni padre, ni abuela que apoye, y la persona más orientada con respecto a los cuidados de Soraya es… un abuelo bastante desorientado, aunque solidario.

En la observación 11, con Soraya de 7 meses y cuatro días, la niña ha podido jugar un tiempo con la madre en una manta en el suelo, pero cuando la madre se levanta, la niña se queda en la manta con muy pocos movimientos, como pasiva. En ese momento la madre pregunta: “¿Cuándo empiezan a pintar los niños?”. La observadora le contesta diciendo algo así como “cuando son algo más grandes, que aún es pequeña”. La madre, a continuación, le comenta también “¿Y cuándo podré llevarla al cine?: A mí me gustaría. Hacen películas muy chulas para niñas. ¿Cuándo tenga un año podré hacerlo?”.

(Con sus preguntas, nos da una pista de lo desorientada que está en sus funciones maternas y que sólo gracias a la presencia de un tercero contendor —abuelo, observadora— puede intentar ejercerlas. Quisiera que su hija creciera tan deprisa, fuera ya mayor porque teme no saber contener los conflictos de su desarrollo… Máxime en una observación en la que la niña le ha dado frecuentes muestras de su tendencia a aislarse en la pasividadhipotonía, evitación del contacto…)

En la observación 19, que no podemos incluir aquí completa por falta de espacio, Soraya tiene 9 meses y seis días. Todavía podemos observar claros momentos de relación bidimensional de la niña y del recurso a la autosensorialidad como consuelo y/o organizador. La niña está más activa y va buscando la relación y es la madre la que parece que la deja escapar, no contacta, no percibe, se le escapan las emociones y las llamadas de la niña o resulta “hipotónica” para mantener el tono y viveza de la relación.

En la primera parte de la sesión de observación la niña se dirige insistentemente a la madre y ésta la abraza y le da muchos besos. Intenta sentar a Soraya, pero la niña parece querer seguir de pie, agarrada a su pantalón. Se sienta un instante, pero se yergue enseguida y vuelve a decir “ma-má”. La madre se lo repite. Incluso sale de la habitación y la llama, pero la niña no se mueve, aunque la mira y la llama “mamá”: Se coge sus propias manos y después se acerca gateando hasta dónde está su madre. Se pone bajo sus pies y, agarrándose al pantalón de ella, se pone de pie sóla. Dolores la coge y Soraya se queda de pie encima de las piernas de su madre. Se agarra a su pelo, se lo chupa, chupa la cara de la madre, se fregotea con ella. Va diciendo “ma-ma, ma-ma”. A Dolores le hace mucha gracia.

(Es decir: si está cerca del objeto, si la madre le deja entrar dentro o, al menos, adherirse —¿identificación introyectiva?, ¿identificación adhesiva?— tiene más fuerza, está más activa, tiene más “tono”).

A continuación, la mamá la deja en el suelo e intenta ponerla sentada. Soraya no se deja. Al fi nal, la madre lo consigue. La deja junto a un muñeco de tela, un mono que al tocarlo suena y habla. Soraya no hace mucho caso. Su madre se va a hacer su habitación. Soraya se cae el suelo.

Se acerca a un tren que está en el suelo y con el que ha jugado al principio de la observación. Se pone de rodillas y se balancea. Mira hacia atrás, como si me buscara. Toca un poco el tren, pero enseguida se cansa, succiona su pulgar y protesta (La introyección es “hipotónica. El objeta se va cayendo de su mente). Dolores se asoma y la mira. Soraya no la ve, pero en ese momento descubre el sonajero y juega con él: lo muerde y va manipulando con ambas manos. Está sentada. Lo tira y lo desplaza lejos, justo bajo mis pies. Viene a buscarlo y lo coge de nuevo. Se sienta. Sigue mordiendo el sonajero, lo sacude y lo tira. Se fi ja mucho en el movimiento de sus propias manos. Se las mira una y otra vez. Vuelva a tirar el sonajero y se acerca a buscarlo… Enseguida empieza a protestar. Tiene cerca un cojín rojo y lo toca suavemente. Se recuesta sobre él y comienza a chuparse el pulgar.

(La exploración de sus capacidades motrices se interrumpe, la construcción de su self corporal se detiene. Regresa a la autosensorialidad.)

Parece como si tuviera sueño, pero protesta. Sale su madre… y Soraya se sienta. Dolores se sienta también y la llama. Ahora ya Soraya no se mueve. Sólo la mira, mientras Dolores le pregunta qué pasa. Al rato, volverá al mirarse las manos, tocárselas y mirárselas una y otra vez. Después, otra vez a chuparse el pulgar. La madre le dice que no lo haga. Soraya se deja caer al suelo y protesta. Vuelve a chuparse el pulgar y se levanta. Su madre le enseña el mono pero Soraya no lo mira. Se sienta sobre sus pies y se mete el dedo en la boca. Dolores comenta que “hoy está gandula, pero que cuando se pone a gatear se va a todos los sitios. Que a veces el abuelo se la encuentra en la cocina”.

(¿O nos está mostrando cómo necesita el contacto para “reorganizarse”, estar más “tónica” y cómo si el contacto no es con la madre, con el Otro, tiene que ser con ella misma, autosensorial, “narcisista”?)

Más adelante, la madre comenta que parece que Soraya tiene sueño. Soraya parece inquieta y, en realidad, protesta, pero sin moverse. La madre la coge en brazos, se sientan juntas y Soraya vuelve a la secuencia de cogerle el pelo y mirarla. La madre la mira y comienza cantarle canciones. Mientras lo hace, la tiene cogida por ambas manos, como para retenerla para que se duerma. Se miran las dos. Soraya, lejos de dormirse, sonríe y vuelve, como al principio, a chuparle la cara a su madre. Además, la llama, se restriega con ella…

(Necesita a la madre cerca, dentro de su mente, al alcance de su cuerpo, para sentirse segura, entera, tónica… Tal vez incluso muestra una oralidad y una adhesividad oral aumentadas, como defensa contra la hipotonía en otras modalidades de la relación: postural, locomotriz, de interacción continuada con una madre que “se hace hipotónica y se duerme a menudo”…)

La observación muestra en este caso las consecuencias somáticas y mentales inesperadas del uso de una medicación y de una situación con múltiples factores de riesgo psicosociales para esa diada y para esa niña. De todas formas, tal vez las dosis o los usos de la medicación sean inadecuados, pero otras muchas madres toman esas medicaciones, sobre todo como ansiolíticos. En otros casos, como antiepilépticas. Empero, no se suele hablar más allá del “síndrome de abstinencia del recién nacido”. y lo que aquí vemos es algo más. Gracias a la observación de bebés, utilizada dentro de un sistema de prevención en la primera infancia, se ha podido establecer un diagnóstico hasta entonces desconocido y, desde luego, inesperado para los equipos de atención primaria. Se puede entonces intentar modifi car esas pautas medicamentosas, lo que repercutiría en mejoras para la madre y, tal vez, para la niña. Pero incluso en este caso, en el cual esas vías han sido imposibles, por la necesidad de dependencia de este núcleo familiar, incluso en este caso, Dolores, la madre, puede orientarse mejor para conocer a su hija, resulta contenida por la observación y, gracias a ello, puede recuperar o desarrollar, al menos parcialmente, sus “funciones maternas”.

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