Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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El padre como síntoma

PDF: mabres-padre-como-sintoma.pdf | Revista: 37-38 | Año: 2004

Mercè Mabres
Psicóloga clínica. Fundación Eulàlia Torras de Beà. Barcelona.

Sesión clínica presentada en el CSMIJ (Centro de Salud Mental Infanto Juvenil) de la Fundación Eulàlia Torras de Beà, el 13 de mayo del 2003. Barcelona.

Síntoma, en el sentido de señal, de que alguna cosa pasa cuando el padre sigue estando muy ausente en nuestras consultas a pesar de los cambios de la familia, ahora más igualitaria en los roles de padre y madre.

Tradicionalmente la madre es la que se ha encargado de los aspectos sanitarios y escolares de los hijos, que quedaban incluidos en lo que sería la atención a la familia y el padre era el encargado del sustento económico. En la actualidad, en que la mayoría de madres también trabajan fuera de casa y por tanto padecen una importante sobrecarga de esfuerzos, el padre sigue dedicándose con mucha exclusividad al trabajo y se incorpora con una gran lentitud a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos.

A través de esta presentación quisiera compartir con vosotros la reflexión sobre el papel frágil y cambiante del padre dentro de la sociedad actual, la trascendencia que este hecho tiene en nuestras consultas y cómo podemos hacer para recuperar este padre que, con su poca presencia, podría quedarse como síntoma asociado a la sintomatología del hijo, comprometiendo o enlenteciendo la evolución y los resultados del proceso terapéutico.

Para ilustrar la exposición presentaré dos casos en que el padre no acude inicialmente a la consulta y su papel se encuentra muy ligado a la problemática por la cual se consulta; mostraré cómo lo hice para incluirlo en el proceso que seguimos.

EL CONCEPTO DE PADRE A TRAVÉS DE LA HISTORIA

El concepto de padre a través de la historia ha ido evolucionando paralelamente al de familia:

  • Antes del padre existe el cabeza o jefe, fundador de una sociedad. Después del control de las tribus o clanes, vendrá el hombre que pueda tener hijos con una mujer. Nace el concepto de padre y de aquí el de familia, así como los comportamientos de protección y de transmisión de una educación.
  • En Grecia y Roma no era suficiente la paternidad biológica, el padre debía reconocer al hijo o hija y podía hacerlo con uno que no fuera biológico.
  • El cristianismo hace que la paternidad sea más espiritual que biológica.
  • Durante el primer milenio después de Cristo, la mujer representa las tentaciones de la carne y está considerada como un ser inferior. A veces se le niega el derecho a pertenecer al grupo de los que piensan.
  • Hay que esperar hasta el siglo XI para que el matrimonio sea un sacramento y se condenen el repudio y el concubinato. Las mujeres pueden acceder tímidamente a tener un lugar en la familia.
  • En el discurso humanista la educación y la relación afectiva irán muy ligadas.
  • Rousseau introduce la idea de que el niño necesita su medio natural para desarrollarse. A través de la unión estrecha con la madre, el niño entrará en contacto con el padre.
  • En el siglo XVIII se pasa de una situación en la que el padre tiene todos los derechos y por tanto, también deberes.
  • La Revolución Francesa limita el poder del padre de familia que retorna a partir de Napoleón.
  • En el siglo XIX el Estado empieza a intervenir en los asuntos privados de la familia y puede deslegitimar a los padres que maltratan.
  • Durante el siglo XX, la familia va abandonando su composición tradicional en la que suelen coexistir la producción, el consumo y la reproducción, al tiempo que es la transmisora de los valores, linaje, religión y vigilante de la legitimidad. El progreso, las guerras y los estudios, les van dando a las mujeres, la posibilidad de ocupar un lugar más relevante en la sociedad.
  • Los 60 son la apoteosis de la familia nuclear fusional que se caracteriza por la dependencia entre hombre y mujer. El hombre es el que trabaja y sustenta económicamente a la familia. La mujer es la que se encarga de la crianza y de las tareas domésticas, quedándose en la esfera privada.
  • La familia post-patriarcal o actual se caracteriza por una igualdad en los roles que antes eran de género. Es necesario destacar que son las mujeres con un mayor nivel socioeconómico y cultural, las que llevan la iniciativa en la reforma feminista actual. De hecho la mujer asalariada o que vive en el campo, siempre ha trabajado y se ha encargado de la crianza y de las tareas domésticas, pero es ahora, cuando las mujeres tienen más fuerza en las reivindicaciones de igualdad, cuando acceden a lugares de decisión, y se equiparan en responsabilidades y económicamente, con los hombres.
  • Esta nueva situación precisa de una equiparación de los roles en la esfera privada y el hombre no lo está asimilando tan deprisa. Las relaciones ya no son de autoridad y dominio del hombre sobre la mujer, sino que requieren un uso del diálogo y de la cooperación. Son unas relaciones de progreso en tanto y cuanto reflejan el quehacer democrático de la sociedad, pero por las dificultades que conllevan, pueden aumentar el grado de conflictividad dentro de la pareja.
  • En los países industrializados el Estado asume tareas que eran de la familia: educación, sanidad, pensiones, legitimación…, con lo que los individuos de la familia dependen directamente del estado y del mercado. Se va creando una sociedad de individuos, más que de familias.
  • También ha contribuido a la pérdida del peso cuantitativo de la familia, el aumento de la esperanza de vida –que en el último siglo ha pasado de 36 a 80 años–, el control de la natalidad y el desarrollo de los movimientos feministas que ayudan a liberarse de la losa que suponen las identidades estereotipadas de género. Esto ha hecho que bajase la tasa de fecundidad, disminuyendo la presión sobre la familia como la encargada de asegurar la supervivencia.
  • Los padres de familia dejan de actuar como intermediarios del orden establecido y los hijos y las mujeres ya no se sienten sometidas. Aumenta el carácter psicológico tanto de las relaciones íntimas como de las familiares. Pasan a un primer plano el deseo y los sentimientos y se quiere que la unión de la pareja sea sentimental, afectiva y sexual.
  • El papel del padre en esta situación de cambio necesita ser redefinido y reafirmar su presencia en la familia. Desprovisto de su papel tradicional de conferir una identidad y un lugar en la estructura social, hace falta que encuentre ahora su papel en la nueva familia más democrática y diversa.

PRESENCIA DEL PADRE EN NUESTRA CONSULTA*

He cogido como referencia las primeras visitas y las de formulación diagnóstica con niños de edades comprendidas entre los 4 y los 12 años. En la consulta con adolescentes, éstos acuden a veces solos y aunque les acompañen uno o ambos padres, suele darse prioridad, en esta primera entrevista, al adolescente, quedando para más adelante la visita con los padres.

Si extraemos del total de primeras visitas del año 2002, las que han asistido el padre, la madre o ambos padres, nos encontramos con un total de 442 visitas. De ellas en un:

  • 45% asiste la madre sola.
  • 6% el padre solo y
  • 14% ambos padres.

Cuando el padre no asiste a la primera visita solemos decirle a la madre que es importante que venga a la de formulación diagnóstica, una vez realizada la exploración del niño y recopilados los datos de la anamnesis.

Del total de visitas de formulación diagnóstica realizadas en el 2002, hemos extraído un total de 330 que son las que asiste la madre sola, el padre solo o ambos padres, encontrándonos los siguientes porcentajes:

  • 38% asiste la madre sola.
  • 4% asiste el padre solo y
  • 19% ambos padres.

Vemos que la asistencia del padre a las primeras visitas y a las de formulación diagnóstica, no varía mucho de una a otra.

La poca presencia del padre en las visitas favorece el hecho de que, en ocasiones, se le haga depositario de aspectos que se ven relacionados con la problemática del hijo por el cual se consulta. Estos aspectos pueden ser reales o formar parte del imaginario de proyecciones e identificaciones que caracterizan las relaciones de aquella familia.

En nuestra experiencia clínica hemos podido encontrar diversas situaciones familiares, de pareja o referidas a la propia situación personal del padre que guardan relación con la presencia del padre en nuestra consulta y que exponemos a continuación:

  • A veces el padre no acude por que no cree que la consulta sea necesaria o simplemente no cree que nuestra intervención pueda ser de alguna utilidad.
  • También puede ser que la madre lo excluya por que sienta que la consulta es tan solo competencia suya o como expresión de la relación tan estrecha que tiene con el hijo.
  • En casos de separación o divorcio, el diálogo entre los padres suele ser muy difícil y el padre suele quedar muy descolgado de la consulta. Quizás se ha desentendido desde hace tiempo.
  • Cuando el padre está en una situación muy difícil (alcoholismo, drogas, violencia o bien sufre un trastorno mental severo…), podemos encontrar inútil e incluso contraproducente su presencia.
  • También puede asistir como acompañante de la madre, delegando en ella la observación y preocupación por el funcionamiento del niño.
  • Otros pueden tener un inicio más escéptico e ir incorporándose progresivamente, a medida que van viendo de qué se trata y de que consideramos su aportación importante y necesaria.
  • En otras ocasiones su ausencia se ve contrarrestada por los comentarios de la madre, que de forma espontánea o a través de nuestras preguntas nos da la visión que el padre tiene del niño según lo que la pareja ha podido observar y conversar.
  • Evidentemente hay casos en que el padre acude y participa activamente en todo el proceso, siendo sus intervenciones valiosas y su punto de vista similar, diferenciado o complementario al de la madre.
  • También puede acudir por iniciativa propia o ser el que muestra la preocupación por ayudar y entender al hijo por el cual consulta, pero estamos hablando de una minoría, al menos dentro del ámbito de la asistencia pública.

A continuación presentaré dos casos:

SERGI. 8 AÑOS

Viene la madre sola. Le preocupa que el niño se cierra, tiene explosiones de genio y es muy tímido. No tolera no entender una cosa, equivocarse, se desespera. Las maestras del colegio intentan tranquilizarlo, pero es inútil. Con ella también le ocurre; cuando intenta ayudarle a hacer los deberes, el niño chilla, llora o se cierra en banda ante la menor frustración. La hermana, que tiene 9 años y medio, también es cerrada y tímida pero no agresiva. Los dos van mal en el colegio.

Al preguntarle por los datos de la anamnesis y comentarle que veo que el padre no ha podido venir, la madre me dice que es porque trabaja. Ella también, pero se ha organizado para poder asistir a la consulta. Añade que para el padre ésta no es necesaria ya que tan sólo es cuestión de “mano dura”. Ella ve al niño cada vez más bloqueado. Se le castiga y parece no inmutarse, no mostrando ningún tipo de afectación, como si quisiera castigarlos a ellos con esta indiferencia. Me intereso por la relación entre los hermanos y comento que se llevan poco tiempo. Al decirle esto se emociona. Dice que se pelean mucho y se pegan, entonces el padre, para que aprendan que esto no hay que hacerlo, les pega. La madre, sollozando, me dice que ella intenta pararlo pero no puede. Se crea mucha tensión, ella ya no puede más, estando en peligro la estabilidad de ellos dos como pareja. No existen otros datos significativos de alteraciones en la historia evolutiva del niño.

Fácilmente podemos pensar que la no-comprensión del sufrimiento emocional de los hijos y la forma como quieren extinguir las malas conductas, aumenta el bloqueo e inhibición de características fóbicas e incluso persecutorias, que presentan, afectando en las relaciones y también en el uso de sus capacidades. Destaca la forma como el padre trata la rivalidad de los hijos, como quiere que aprendan a no pelearse y pegarse, pegándoles él. No se cuestiona el método y rechaza venir a hablar del mismo, negando su fracaso.

Emplazo a la madre para que anime al padre a acudir a la consulta aunque él sienta que no es necesaria y no tenga ninguna duda sobre sus métodos que, evidentemente, no están dando resultado ya que el niño está empeorando. Después de una serie de visitas exploratorias que tuve con el niño y de seguimiento con la madre, en las que parecía que se desdecía de lo que me había dicho del padre, logramos que éste acuda.

Se trata de un señor delgado y nervioso que elude hablar de sus “métodos” y dice que él lo tiene todo controlado y que todo lo que yo voy diciendo sobre cómo tratar los aspectos fóbicos de la personalidad del niño, ya lo están haciendo. Su tono es duro y exaspera un poco.

Su actitud resulta bastante rígida, por lo que les comento que deben estar muy preocupados y se deben sentir muy impotentes ante la situación que se crea cuando le quieren ayudar en las tareas escolares o ante la rivalidad que presentan los hermanos y que se ve favorecida por la poca diferencia de edad que existe entre ellos. Durante varias visitas el padre mantiene su posición hasta el punto de que les digo que realmente ellos sienten que no les estoy ayudando, la situación es inamovible, ellos ya hacen todo y no hay nada más que se pueda hacer; el chico les exaspera y sienten que por más que hagan, no cambiará. Entonces el padre explica que el niño le recuerda a un hermano suyo que de pequeño era como Sergi y que ahora es una persona muy problemática dentro y fuera de la familia.

A través de este comentario, el padre muestra el malestar y el profundo temor que le produce la actitud del niño ya que le hace revivir el rechazo que ha sentido siempre hacia este hermano. Asimismo siente que lo que está ocurriendo ahora es el preludio de la problemática que padecerá su hijo, de forma irremediable, en el futuro.

Poco a poco, con la ayuda de la escuela y de las entrevistas de seguimiento alternadas con el niño y con los padres –que al poco consultan por la hermana–, el niño se va desbloqueando, relajando, inicia actividades como el baloncesto y va haciendo pequeñas, pero progresivas mejoras escolares, a pesar de sus justas capacidades. Se le ve más distendido y expresivo. Interviene el hecho de que en lugar de que sea la madre la que le ayuda en los deberes, el niño acude a un centro de técnicas de estudio, con lo que la tensión que se producía entre ambos, disminuye considerablemente.

Es probable, que a medida que los padres han podido aproximarse al sufrimiento emocional del hijo, y de forma más concreta el padre –reconociendo interiormente los temores que le despierta la sintomatología del niño-, el desbordamiento y los métodos represivos, hayan ido cediendo. A pesar de que sentía que no le aportaba nada con mis intervenciones, alguna cosa cambiaba dentro de él, quizás sin darse cuenta.

CUANDO LOS PADRES ESTAN SEPARADOS

La custodia de los hijos suele darse en un 80% a las madres, aunque se va yendo cada vez más hacia la compartida y hacia la flexibilidad. Se trata de que el centro sea el hijo. No obstante, en la práctica, el papel del padre en la educación de los hijos depende de la buena voluntad de la madre. En algunos casos en que los padres no atienden sus obligaciones económicas, las madres no ven otra manera de presionar para obtener las mismas, que no sea la de prohibir que vean a los hijos.

Resulta muy doloroso para muchos padres verse limitados en su papel y cada vez hay más padres que pierden el contacto con los hijos ya que muchas veces se reduce tan solo al pago de la pensión o a quedarse como referente biológico y legal, disminuyéndose el contacto con el padre afectivo. En EEUU se va dando el fenómeno de padres divorciados que al formar una nueva familia, van desentendiéndose progresivamente de los hijos del matrimonio anterior.

La desaparición del padre va siendo no tan solo simbólica sino también física, pasando a ocupar la madre un lugar, en ocasiones, exclusivo.

Si el padre no participaba habitualmente en la cotidianeidad de los hijos, cuando se separa y no vive con ellos, le cuesta más mantener su identidad de padre y dependerá de su capacidad para afrontar la nueva situación y de sus recursos afectivos. Por el contrario puede ocurrir que al estar solo con sus hijos vaya desarrollando aspectos de la crianza en los que antes no participaba.

El duelo por el padre idealizado que se efectúa en la adolescencia será muy difícil si coincide con la separación de los padres y, por alguna circunstancia, el padre queda alejado de los hijos. En esta situación si la madre tiene una nueva pareja, ésta puede encontrarse con toda la oposición que iría dirigida hacia el propio padre.

MARTA. 13 AÑOS

Acude a la consulta acompañada de su madre. Les deriva un centro de mediación familiar ya que desde hace unos meses se ha negado a ver a su padre. Los padres se separaron cuando ella tenía 4 años. Las entrevistas de mediación no han dado el resultado que se esperaba. Han visto una actitud muy cerrada por parte de la chica y el padre ha dejado de asistir a las mismas, viéndosele muy limitado en sus recursos ante la situación.

La chica se queja de que el padre no le hace caso, la deja con los abuelos en los períodos de vacaciones alegando que tiene trabajo, o bien emprende un viaje. Los abuelos aceptan tenerla, según la chica, porque no les queda más remedio; la vida con ellos es aburrida, no salen ni hacen nada. Siente que cuando le comunica alguna cosa suya a su padre, éste no se interesa ni se alegra, tal como ocurre con las buenas notas del colegio; tan solo le dice que es su obligación. No le ve contento de lo que ella logra o hace.

El padre tiene una nueva pareja; se trata de una mujer asiática que conoció por Internet y con la que vive desde hace un tiempo. No le gusta ir a casa del padre porque la casa está sucia y su habitación es la de los “trastos viejos”. Se emociona al decir esto. Afirma muy decididamente que quiere romper las relaciones con él. Éste la amenaza con enviar a la guardia urbana —policía local— para que vaya, aunque sea por la fuerza, y se cumplan las medidas judiciales acordadas.

Esto hace que la chica se encolerice aún más y se refuerce su postura. La madre trata de ayudarla a que se calme, haciéndola pensar en la situación, tratando de no influir ni en un sentido, ni en otro pero sufriendo por si se llega a una situación de fuerza. La describe como a una buena hija, aplicada y estudiosa, siendo muy buena la relación que tiene con su marido y con la hija de ambos, que tiene 5 años.

La chica tiene un aspecto acorde con la edad pero presenta cierta obesidad que le da un aire poco diferenciado. Preguntando por las relaciones con las amigas, dice que no le gustan las que se pintan y quieren aparentar ser mayores. Ella pasa mucho tiempo chateando por Internet con amigos y amigas. Los chicos le dan vergüenza en directo pero parece muy lanzada si se comunica con ellos a través de Internet. Se siente muy bien quedándose en casa o saliendo con la madre, hermana y abuela. Niega tener ninguna preocupación por su sobrepeso.

Al confrontarla con la posibilidad de que viva los cambios de la edad sintiendo el deseo de crecer pero también la añoranza de las cosas de pequeña, no encontrando su lugar con las amigas, padre, etc., me dice que no le pasa nada de todo esto.

Al mismo tiempo, no quiere hablar del padre, pero no puede evitarlo y siente mucha emoción al hacerlo. Es como si deseara que el padre la buscase y la reclamase pero de una manera determinada, y, al no hacerlo, se sintiera muy enfadada y con la necesidad de apartarlo de su mente, aunque la tarea le resultase del todo infructuosa.

Cito al padre enviándole una nota por correo. Éste acude puntual a la consulta. Su aspecto es demacrado y de hombre débil. Se muestra muy afectado por la intransigencia de su hija, no sabiendo cómo abordar la situación. Siente haber agotado las posibilidades de hablar con la chica. Está tan desanimado que le pasa por la cabeza abandonar y olvidarse de que tiene una hija sintiendo que tan solo le queda el recurso de la fuerza, aunque no está decidido a utilizarla.

Ve a la chica como a una niña pequeña de la que tan sólo espera el beso, la buena respuesta, el respeto y todo lo que supone obediencia y buena educación. Le muestro que son necesarias otras maneras de acercarse a ella, más en consonancia con la edad y que es imprescindible que no se quede atrapado en las manifestaciones airadas y poco respetuosas, tan frecuentes en estas edades, tratando de pensar en lo que sería lo esencial de la relación entre ellos dos.

A la chica trato de ponerla en contacto con la necesidad que en realidad tiene de su padre, dándole la razón en la cuestión de que realmente se hace necesario introducir cambios en la relación con su padre, más en consonancia con el momento actual y que ella tiene muchas cosas que decir de cómo le gustaría compartir el tiempo con su padre. Poco a poco va aceptando estos aspectos y surgen iniciativas como la de ir a casa del padre, “sólo para hacer un trabajo”, consistente en entrevistar a una persona extranjera y ver las vicisitudes por las que ha tenido que pasar para adaptarse a un país muy diferente al de su origen.

El padre, poco tiempo después, le compra el último modelo de ordenador y lo instala en la habitación de la chica para que pueda ir a su casa a hacer los trabajos de la escuela siempre que quiera.
En este caso puede verse que la mediación era del todo necesaria y que aparte de ayudar a la chica a reconvertir sus demandas, más adaptadas a la edad, era necesario ayudar al padre para que lo fuera de una adolescente que reclama su atención, pero que pide ser tenida en cuenta a la hora de dialogar sobre el tiempo de ellos dos así como el tipo de intercambio, tal como suele ocurrir en estas edades.
Mientras Marta fue pequeña, el padre delegó en sus padres el cuidado de la niña; él permanecía ocupado en sí mismo, en su trabajo, viajes y búsqueda de pareja. Quizás nunca se había ocupado muy directamente de ella. Cuando Marta tuvo cierta autonomía se rebeló ante la situación, desencadenándose mucha tensión cuando el padre inició la convivencia con una nueva pareja sin que la chica hubiera podido tener un conocimiento previo de la misma.

Esto la hizo sentirse desplazada y arrinconada no encontrando su lugar en la relación con su padre. Se debatía entre la necesidad frente a su padre y una profunda queja por la poca competencia de éste.

La rebeldía de la chica dio lugar a una nueva posibilidad de acercamiento entre ellos dos que permitía paliar las dificultades y carencias que habían existido anteriormente.

CONCLUSIONES

Los hombres han de encontrar un nuevo lugar en la familia y con relación a los hijos, una vez desaparecido el sobreprecio simbólico que suponía la legitimación paterna, asumida ahora por el Estado, teniendo que establecer su autoridad a través de sus propios recursos.

La negociación y el diálogo constituyen los instrumentos esenciales para la educación de los hijos y para la construcción de los valores que presiden las relaciones dentro de la nueva familia democrática e igualitaria.

No todos los padres y madres poseen energías y recursos suficientes para la dedicación que supone la construcción del universo familiar, aún más, cuando los esfuerzos frente al trabajo y la complejidad de la vida son cada vez mayores.

Los hijos necesitan orientaciones seguras, pautas de comportamiento estables y límites que incluyan la comprensión empática de las dificultades. A menudo nos encontramos con la tendencia de algunos padres a colocarse como “colegas” de los hijos o a dimitir de sus funciones, porque para establecer los límites, se precisa tiempo de relación y diálogo, que en ocasiones no resulta fácil y produce mucho desgaste de energías.

El equilibrio entre la vida familiar y la profesional por un lado, la mayor implicación de los hombres en las tareas domésticas y del cuidado de los hijos, así como el apoyo psicológico para el equilibrio emocional de los miembros de la familia, son aspectos imprescindibles en la dinámica de la familia actual.

Pienso que los esfuerzos que siempre hemos hecho para incluir al padre en las consultas, tienen ahora aún más sentido, ya que si bien disminuye su papel de cara a lo social y se iguala al de la madre dentro de la familia, todos sabemos la función simbólica que tiene en la mente del niño, ya que aporta la relación a tres permitiendo la separación emocional respecto a la madre.

Pero, además, iríamos contracorriente si no hiciésemos lo posible para requerir en la mayoría de los casos su presencia y así equipararla a la de la madre en su papel, que en algunos casos será más distante pero que permite una óptica enriquecedora, dinamizando el proceso y haciendo que sea más rentable nuestra intervención.

* Consulta en el Centro de Salut Mental Infato-Juvenil de la Fundación Eulàlia Torras de Beà. Hospital Dos de Maig. Barcelona.

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