Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Pola I. de Tomás: miembro de honor de Sepypna: semblanza biográfica

PDF: fernandez-pola-de-tomas.pdf | Revista: 15-16 | Año: 1993

Marian Fernández Galindo
Psiquiatra. Vicepresidente de S.E.P.Y.P.N.A.

Como todos Vds. saben la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente y, en su representación, su Junta Directiva, ha decidido nombrar Socio Honorario a Pola Ivancich de Tomás, habiéndose elegido este VII Congreso para hacer efectivo dicho nombramiento.

Si es lo habitual que esta clase de honores sirva como reconocimiento a una vida dedicada a un trabajo, a una carrera culminada, no es éste el caso de Pola de Tomás ya que, siendo maestra de terapeutas, es además una joven y combativa miembro de esta profesión. Todos los asiduos a nuestros Congresos sin duda reconocen en ella a una apasionada participante en coloquios y discusiones, que caracteriza con su presencia sin falta todas nuestras actividades.

Pola Ivancich Montserrat, nacida en Rosario, provincia de Santafé República Argentina descendiente –como denuncian sus apellidos– de croatas y mallorquines, inicia su análisis personal con el Dr. Enrique Racker, al mismo tiempo que entra en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires.

Pronto descubre en su análisis su vocación por el mundo infantil, de tal modo que al comenzar su formación en el seno de la Asociación Psicoanalítica Argentina, inmediatamente toma contacto con Arminda Aberastury, entusiasta introductora del Psicoanálisis Infantil y de las teorías de Melanie Klein en el seno de la Asociación, y con Betty Goode de Garma, la primera psicoanalista de niños formada por Aberastury, y comienza con ellas su formación teórica y clínica. De modo que Pola Tomás, así es reconocido, pertenece a la Tercera Generación de psicoanalistas que han creado el movimiento psicoanalítico de niños argentino.

En esa época, el reglamento de la APA exigía que los candidatos no médicos asistieran diariamente y durante un período de un año al Servicio de Psiquiatría, sección hombres, del Dr. Enrique Pichon Riviere, en el Hospital Psiquiátrico Dr. Borda, más conocido por Hospicio de las Mercedes, con objeto de conocer el trabajo clínico con pacientes psicóticos. Pichon Riviere, psiquiatra y psicoanalista, uno de los fundadores de la Asociación Psicoanalítica Argentina, hombre de extensa cultura y gran conocedor y amante de la pintura, pone de relieve la importancia de aquella para los psicóticos tanto como expresión de su mundo de fantasía, como por su valor terapéutico. Compra de su propio bolsillo lápices, óleos, témperas, lienzos y caballetes y estimula a los pacientes a dibujar y pintar. De esta manera, consigue reunir una importante colección de pintura de pacientes psicóticos y esquizofrénicos y comparte con sus alumnos un intento de interpretación de ese mundo fantasmático expresado en un papel o en un lienzo.

El entusiasmo que todo esto despierta en Pola Tomás la lleva a prolongar dos años más su asistencia al psiquiátrico. De su contacto con Pichon nace su interés por el dibujo y la pintura, que hará extensivo al estudio de los pacientes infantiles. En ese terreno, se ve también apoyada por Arminda Aberastury quien siempre valoró en grado sumo el dibujo del niño tanto como instrumento diagnóstico como en el curso de tratamiento.

El primer paciente infantil tratado por Pola Tomás, un caso muy poco apropiado para una principiante, fue un niño de 6 años afectado de un autismo severo, en un momento en el cual en Buenos Aires se conocía muy poco sobre este tipo de patología.

Por esa época, llega a Buenos Aires, procedente de Londres Emilio Rodrigué, psicoanalista argentino que venía de ampliar su formación en el seno del grupo kleiniano de la Sociedad Británica y en la Tavistock Clinic, trayendo la experiencia adquirida allí en autismo. Pola inicia una supervisión con Rodrigué, quien es el primero que le habla directamente de la Dra. Paula Heimann, a quien ya conocía por sus escritos. En aquel momento no podía imaginar que, años más tarde y cuando ya residía en Madrid, supervisaría con ella durante 7 años viajando periódicamente a Londres. Paula Heimann, siendo básicamente psicoanalista de adultos, se destacó siempre por su particular interés por la patología y el sufrimiento infantiles.

De ese primer caso, la experiencia más importante que extrae Pola es la constatación de que el abordaje de la patología severa en los niños es casi imposible si no se tienen en cuenta al mismo tiempo las necesidades de apoyo y tratamiento a sus madres.

Terminada su formación psicoanalítica y bajo el auspicio y supervisión de Arminda Aberastury, forma un pequeño equipo con sus compañeros Dres. Susana Lustig y Diego García Reinoso para introducir el psicoanálisis y la psicoterapia psicoanalítica en el Servicio de Pediatría del Hospital Británico de Buenos Aires. Esta fue la primera vez que el psicoanálisis entraba en un hospital privado. Si al principio hubo ciertas reticencias pronto se convirtió en un centro importante donde se trabajaba con pacientes ambulatorios e ingresados.

También por primera vez en ese campo y siempre con el estímulo de Aberastury, Pola Tomás toma contacto con M.ª Inés Egozcue, Catedrática de Odontopediatría en la Facultad de Odontología de la Universidad de Buenos Aires para organizar la preparación psicológica del niño para la intervención odontológica con el fin de evitar su efecto traumático.

Durante un período de tres años, participa con un grupo de colegas en los cursos de divulgación del psicoanálisis infantil para estudiantes de medicina en la Facultad Medicina de la Universidad de Buenos Aires y, más tarde las Conferencias sobre Psicoanálisis que organiza la Asociación Psicoanalítica Argentina en el Colegio de Médicos de Buenos Aires.

Fruto también de su colaboración de tantos años con Aberastury fue, junto con Susana Lustig, la participación en su primer libro “Teoría y Técnica del Psicoanálisis de Niños” que hoy un clásico entre las publicaciones en castellano sobre análisis infantil.

Y ya como profesora de seminarios en el Instituto de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica Argentina aborda preferentemente el tema del análisis de niños, materia por entonces obligatoria en la formación de analistas.

Encuentra en su compañera de seminarios, la Dra. Aurora Pérez psiquiatra y psicoanalista, jefe del Servicio de Psiquiatría de Niños y Adolescentes del Hospital Lanús, una inestimable colaboradora. Comparten ambas una misma idea: ofrecer a los alumnos una formación no restringida a un único esquema referencial, el kleiniano, sino un estudio de las principales corrientes del pensamiento psicoanalítico infantil en ese momento, de tal manera que cada cual pudiese configurar su propio esquema referencial.

Cuando el Dr. Alberto Campo, prestigioso psiquiatra infantil psicoanalista didáctico de la APA, asume la jefatura de Servicio de Psiquiatría del Hospital de Niños Dr. Rufino Elizalde, de Buenos Aires, Pola Tomás acepta su invitación para colaborar, supervisando el trabajo que psicólogos y psiquiatras de orientación psicoanalítica realizaban. En ese momento, el Servicio, bajo la entusiasta dirección del Dr. Campo, se amplía. Ya no sólo se trabaja en consultas externas e interconsulta sino que se organiza un trabajo de preparación para las intervenciones quirúrgicas, desde una simple amigdalectomía hasta intervenciones de alta cirugía atendiendo no sólo al paciente, a sus padres y familiares sino también al equipo tratante de médicos y enfermeras, tarea que Pola Tomás sigue supervisando hasta que tanto el Dr. Campo como ella misma poco después, se trasladan a España.

En Enero de 1973, aproximadamente seis meses después de llegar a Madrid, Pola Tomás da una conferencia sobre Psicoanálisis Infantil en el Servicio de Psiquiatría del Dr. Rallo, de la Clínica de la Concepción, en la que trata sobre la hora de juego diagnóstica y las vicisitudes del tratamiento de un niño latente con una patología pre-psicótica. A la salida, se presentan dos residentes de psiquiatría del Hospital Psiquiátrico de Leganés, Luis Guzmán y José Jaime Melendo, que le manifiestan sus inquietudes en relación con la situación de cambio que están viviendo en su hospital. Como saben Leganés era un viejo manicomio situado en uno de los pueblos de la periferia industrial de Madrid que, merced a una serie de vicisitudes administrativas y políticas, está abatiendo su muros y abriéndose a la población. Ha iniciado (en aquel momento, hace 20 años) un proceso de sectorización dedicando sus equipos (que cuentan con un personal excesivo para la atención exclusiva de los pacientes crónicos, cuyo número por fortuna está disminuyendo) a crear centros de Salud Mental ambulatorios. El municipio de Leganés y sus vecinos, Móstoles y Alcorcón que es el sector que atiende el hospital – ha pasado en una década de menos de 8.000 habitantes, cada uno, a 180.000 para Leganés y cifras parecidas para los otros dos. Por tanto, es imposible pensar en atender a esa población si tener un cuenta que está compuesta básicamente por niños.

Sensibles a esa realidad, un grupo de jóvenes psiquiatras y psicólogos está asumiendo la tarea de responder a una demanda rápidamente creciente de atender niños y adolescentes, pero sin ninguna posibilidad de apoyo por parte del staff del hospital, psiquiatras de adultos todos ellos.

Y Pola Tomás se pone a trabajar, generosa y desinteresadamente, dirigiendo y asesorando aquel grupo, (Pola insistió en que los nombre a todos: además de los ya mencionados, Dres. Guzmán y Melendo, estábamos Lucía Alvarez Buylla, Ignacio Avellanosa, Inmaculada Azcorra y yo misma), un grupo entusiasta y voluntarista al máximo pero desprovisto de bagaje teórico y clínico, también al máximo. Ella diseñó el programa de atención que podíamos usar, teniendo en cuenta realistamente nuestras circunstancias, se ocupó de aconsejarnos en lo teórico y supervisó nuestro trabajo durante varios años. Trabajábamos con grupos de niños y grupos simultáneos de sus respectivas madres, siempre con una pareja (pareja de diferente sexo) de terapeutas y con sesiones semanales. Y semanalmente también Pola nos ofrecía una supervisión colectiva, que tenía lugar en su consulta privada.

De aquel trabajo de Pola Tomás puedo hablar ya en calidad de testigo y protagonista y he de decir que no hay uno sólo de los miembros de aquel grupo pionero que no haya visto su vida profesional marcada por aquella experiencia. Al comenzar, solamente uno de nosotros, Luis Guzmán, había iniciado su análisis personal con la intención de ser psicoanalista y, después del tercer año de trabajar con Pola ya éramos cinco. Y también la mayoría de aquel grupo ha continuado trabajando con niños o adolescentes, algunos exclusivamente. Personalmente tengo que decir que siempre he tenido la íntima convicción de que yo soy psicoanalista porque conocí a Pola Tomás y trabajé con ella. Y tengo que decir también que en absoluto ha sido por efecto de una seducción o de un adoctrinamiento. Generosamente, Pola Tomás, miembro didáctico de una Sociedad Psicoanalítica, ofreció su tiempo y su saber a un grupo de terapeutas novatos y, algunos aun, llenos de reticencia –y de resistencias– hacia el análisis. Pero la sabiduría con que Pola escarba e interpreta sobre el dibujo de un niño o la naturalidad y la empatía con que ilumina la historia familiar, es imposible que no dejen huella.

Después de aquel grupo, hubo otros muchos interesados por el trabajo infantil, que llevaron a Pola Tomás a dedicar, gratuita –y desinteresadamente, una mañana completa por semana para supervisar su trabajo en las mismas dependencias del hospital, en el ambulatorio de la Casa de la Cultura de Leganés y en el Centro Psicosocial de Móstoles, en cuya creación trabajó de lleno el Dr. Salvador Mascarell.

Testimonio de la tarea realizada son las ponencias que el equipo de niños presenta en varias ocasiones, con intervenciones clínicas, proyección de dibujos, etc. que muestran la calidad del trabajo cuando, a pesar de una deficiente infraestructura, hay un buen equipo. De todos aquellos que Pola sensibilizó e inició en el trabajo con niños y un buen número de ellos son hoy miembros de S.E.P.Y.P.N.A.

A lo largo de todos estos años y en su consulta privada, Pola Tomás ha seguido realizando entrevistas diagnósticas con niños, entrevistas y ayuda a padres y supervisiones tanto de psicoanálisis individual infantil como de trabajo en la red publica con niños.

Respecto a su relación con S.E.P.Y.P.N.A., pienso que es conocida por todos Vds. Desde su fundación, S.E.P.Y.P.N.A. ha tenido en ella una valedora incondicional y el miembro más activo. Ha asistido a todos nuestros Congresos y Reuniones científicas, habiendo pronunciado la Lección Inaugural en dos ocasiones, en 1985 y en 1990 y, respecto a su participación en todo debate que haya promovido su interés, todos los que la conocen seguro que la recuerdan y aquellos de entre Vds. que asistan hoy por primera vez a nuestras actividades, les aseguro que, cuando el Congreso termine, la habrán escuchado también.

Creo que Pola ama a S.E.P.Y.P.N.A., y S.E.P.Y.P.N.A. ama a Pola, porque desde el comienzo se han identificado mutuamente en sus intereses y en sus objetivos. Porque la trayectoria profesional de Pola Tomás como psicoanalista de niños, merecida a lo largo de muchos años, muestra básicamente tres cosas:

  • Un profundo y auténtico interés por la psicopatología infantil y por el mundo del niño.
  • Su deseo de llevar el psicoanálisis más allá de los límites de una consulta privada y de una Asociación Psicoanalítica, a otros espacios, como son las instituciones hospitalarias, Asistenciales y Universitarias, y a muchos otros pacientes.
  • Su intención de realizar estas tareas de forma seria y rigurosa, modificando la técnica pero, en ningún caso, la teoría y sin convertir a la psicoterapia psicoanalítica en una forma “menor” sino en algo diferente y para lo cual ha sido preciso crear otros parámetros.

Y termino, agradeciendo a S.E.P.Y.P.N.A. que me haya permitido, al realizar esta presentación, darle a Pola Tomás públicamente las gracias por ayudarme con su generosidad y su magisterio a aprender un poco de la teoría y de la técnica y, lo que al final es más importante, de la ética del psicoanálisis.

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