Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Teoría del apego y psicoanálisis. Hacia una convergencia clínica

PDF: fernandez-teoria-apego-psicoanalisis.pdf | Revista: 33-34 | Año: 2002

Marian Fernández Galindo
Psiquiatra y psicoanalista.

Ponencia presentada en el XIV Congreso nacional de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente, que bajo el título “Las relaciones tempranas y sus trastornos”, se celebró en Oviedo los días 5 y 6 de octubre de 2001.

“A nivel teórico empecé aprendiendo que Edipo era un parricida incestuoso, y en cambio en la actualidad suelo centrarme sobretodo en que Edipo fue un niño abandonado por sus padres; al principio veía a Narciso como alguien enamorado de sí mismo, ahora pienso que es alguien que vive pendiente de su imagen para conjurar la amenaza de rechazo y de ser destruido…”
Ramón Riera y Alibés (2001)

Esta es la historia de una “desviación” de la teoría freudiana que, a diferencia de algunas anteriores, que nunca más volvieron (Adler, Jung) está regresando a la “corriente principal” del pensamiento psicoanalítico apadrinada por los tozudos hechos clínicos.

Efectivamente, la teoría del apego nace del pensamiento de un psicoanalista, no es reconocida como hija legítima por el psicoanálisis “oficial” y como tal es expulsada de la ortodoxia. Acogida por la Psicología del Desarrollo, crece y madura de tal manera que, en los últimos diez años hay una serie creciente de miembros de la familia que no tienen prejuicios en relacionarse con ella, si bien le muestran una consideración diferente según los casos: unos la invitan a comer pero no la dejan pasar de la cocina (ej.: los que usan sus instrumentos en forma ecléctica sin pararse a consideraciones teóricas y/o epistemológicas) y otros la reconocen como hija de Freud lo mismo que ellos y la incorporan a sus planteamientos teórico-clínicos (ej.: los investigadores de la infancia que aplican –¿o extrapolan?– dicha investigación sobre la infancia a la clínica adulta). También la consideran “de los suyos” las corrientes actuales que “resuelven” la controversia Pulsión-Objeto dando por vencida a la primera (ej.: el intersubjetivismo).

Mi propósito es dividir mi exposición en tres apartados:

  1. Historia del apego. Relataré lo más someramente posible cual ha sido la historia del apego desde su naci
    miento –en realidad, desde su génesis–, y las vicisitudes que ha sufrido hasta hoy, proponiendo a su consideración
  2. las diferentes críticas que se le han hecho –en diferentes momentos evolutivos a lo largo de los últimos cuarenta años– para llegar a
  3. la situación actual de reencuentro

I. HISTORIA DE LA TEORÍA DEL APEGO

Orígenes de la teoría del apego: John Bowlby

John Bowlby nace en 1907, en el seno de una familia patricia inglesa (1). Sus estudios secundarios le llevan al campo de la biología (fue hasta su muerte un notable dibujante de pájaros). Antes de iniciar su entrenamiento como médico, vive la experiencia de trabajar con adolescentes que proceden de familias conflictivas, lo que será determinante en su convicción en la influencia que tiene el ambiente, es decir, los padres “reales” en el desarrollo de la personalidad.

Su formación psicoanalítica en el seno de la Sociedad Británica de Psicoanálisis en los años 30 (análisis con Joan Riviere; supervisiones con Melanie Klein) no consiguió someter aquella creencia completamente heterodoxa. El relato de sus –dos– supervisiones con Klein pone de manifiesto un pulso constante entre los intentos de ella para reducir todo el interés de Bowlby y su trabajo terapéutico al primado único de la fantasía inconsciente y los de él para convencer a Klein de la relación causal inequívoca entre el malestar de los pequeños pacientes y la patología de sus progenitores.

Influido por James Robertson (2), estudia con él los efectos de la separación precoz de los niños y sus madres. Ambos describen en sus trabajos anteriores al 60 los patrones de conducta que observan sistemáticamente en los niños que sufren un alejamiento súbito y mantenido de sus hogares y que se ven instalados en ambientes extraños (instituciones, hospitales, etc.).

Bowlby utiliza para sus proposiciones un lenguaje naturalista que, a mi modo de ver, es uno de los elementos de convicción para quien se acerca a sus textos. Un ejemplo:

“Siempre que un niño pequeño que ha tenido oportunidad de desarrollar un vínculo de afecto hacia una figura materna se ve separado de ella contra su voluntad, da muestras de zozobra; y si, por añadidura, se lo coloca en un ambiente extraño y se lo pone al cuidado de una serie de figuras extrañas, esa sensación de zozobra suele tornarse intensa. El modo en que el chiquillo se comporta sigue una secuencia característica. Al principio protesta vigorosamente y trata de recuperar a la madre por todos los medios posibles. Luego parece desesperar de la posibilidad de recuperarla pero, no obstante, sigue preocupado y vigila su posible retorno. Posteriormente parece perder el interés por la madre y nace en él un desapego emocional. Sin embargo, siempre que el período de separación no sea demasiado prolongado, ese desapego no se prolonga indefinidamente. Más tarde o más temprano el reencuentro con la madre causa el resurgimiento del apego” (J. Bowlby, La separación afectiva, pág. 45).

La universalidad del fenómeno que tiene lugar como un proceso en tres fases le permite postular su carácter innato y, por tanto, ligado a la filogénesis.

En 1958, lee ante la Sociedad Británica el primero de los trabajos –de una serie de tres– dedicados al tema: “La naturaleza del vínculo entre el niño y su madre”. Los dos siguientes serán “Angustia de separación”, leído también en la Soc. Británica, y “Tristeza y duelo en la infancia”, publicado en 1960 en Psychanalytical study of the child. Las circunstancias en que se publica éste último expresan claramente la tormenta crítica que se levantó frente a las ideas de Bowlby: el artículo es precedido por una nota del editor en la que se indica que, ante las profundas controversias suscitadas por las ideas del Dr. Bowlby, se publica su trabajo seguido de los comentarios críticos de Anna Freud, Max Schur y René Spitz.

Estos tres trabajos constituyen el esquema que más tarde desarrollará, en su trabajo principal, la famosa trilogía Attachment and Loss (Apego y pérdida), publicada entre 1969 y 1980.

En estos tres trabajos iniciales propone una teoría que, en síntesis, es la siguiente:

  • El ser humano desarrolla desde sus comienzos una intensa vinculación hacia una única persona (en general, la madre) vinculación que, una vez establecida, se mantiene constante.
  • La separación de dicha persona (figura de apego) pone en marcha una reacción afectiva observable a través de una serie de manifestaciones de conducta que siguen un patrón constante.
  • Este patrón presenta tres fases características que se desarrollan a medida que la separación es más larga. El niño pequeño separado de su madre manifiesta, en el primer momento, protesta; si la separación continúa, desesperación o desesperanza; y, finalmente, si la separación es lo suficientemente larga, desapego.
  • Esta conducta manifiesta la necesidad de apego, necesidad que es primaria y que por tanto no se “apoya” en otras necesidades básicas (alimentación) negando de este modo un concepto fundamental de la metapsicología freudiana: la teoría del apuntalamiento.
  • Las conductas de apego se mantienen a lo largo de toda la vida, activándose en determinadas circunstancias: amenazas de pérdida o pérdida real.
  • Las conductas de apego, que se desarrollan con la finalidad de mantener la proximidad a la figura de apego y tienen como función la supervivencia (protección de los individuos jóvenes frente a los predadores), se desarrollaron y mantuvieron de acuerdo al concepto darwiniano de la “selección natural”.

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