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	<title>Sepypna</title>
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	<description>Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente</description>
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		<title>Abordaje terapéutico con familias adoptantes</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 09:27:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>

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		<description><![CDATA[Consuelo Alonso, Socióloga. Jefe del Servicio de Infancia de la Diputación Foral de Bizkaia.
Taller presentado en el XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el titulo “Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes” tuvo lugar en Bilbao del 22 al 24 de octubre de 2009. Reconocido como actividad de interés científico-sanitario por la Consejería de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco.
RESUMEN
La adopción como medida de protección a la infancia y el ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Consuelo Alonso,</strong> Socióloga. Jefe del Servicio de Infancia de la Diputación Foral de Bizkaia.</p>
<p class="nota">Taller presentado en el XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el titulo “<em>Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes</em>” tuvo lugar en Bilbao del 22 al 24 de octubre de 2009. Reconocido como actividad de interés científico-sanitario por la Consejería de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco.</p>
<h3>RESUMEN</h3>
<p>La <strong>adopción</strong> como medida de protección a la infancia y el marco legislativo vigente. Diferenciación de los procesos seguidos en <strong>adopción nacional e internacional</strong> atendiendo a:</p>
<ul>
<li>La situación de los niños y niñas adoptados y sus familias biológicas.</li>
<li>Fases seguidas por las familias adoptantes (Información, formación, valoración psicosocial, asignación, adopción y seguimientos post-adoptivos).</li>
<li>Intervención de la entidad de protección a la infancia en los procesos adoptivos.</li>
<li>Constitución de la adopción mediante auto judicial.</li>
</ul>
<p>La adopción en <strong>Bizkaia.</strong> Datos.</p>
<h3>ABSTRACT</h3>
<p>Adoption as a measure to protect children and its current legal framework. Existing differences between national adoption procedures and international ones according to the following:</p>
<ul>
<li>The particular situation faced by the adopted children and their biological families.</li>
<li>The different stages which potential adoptive families have to complete; that is, information, training, psychosocial assessment, matching and post-adoption monitoring.</li>
<li>The Child Welfare Department’s involvement in the process of adoption.</li>
<li>The adoption requires the sanction of the judge to become effective</li>
</ul>
<p>Adoption in <strong>Biscay.</strong> Facts and figures.</p>
<h3>INTRODUCCIÓN</h3>
<p>La adopción dentro de nuestro marco legislativo se presenta como una medida de protección a la infancia. Así el libro primero del código civil, titulo VII de las relaciones paternofiliales, en su capítulo V se titula de la adopción y otras formas de protección de menores, desarrollando específicamente la adopción en la sección segunda de dicho capítulo en los Art. 175 al 180.</p>
<p>En este contexto, definiríamos la adopción como una institución de derecho de familia mediante la cual una persona se integra plenamente en la vida de familia de otra persona/s, con los mismos efectos que produce la filiación biológica, extinguiéndose los vínculos jurídicos que el/la menor tenía con la familia anterior.</p>
<p>En esta definición no se tiene en cuenta la posibilidad de que tanto adoptantes como adoptandos puedan tener un elemento de extranjería derivado de su nacionalidad, lo que ocurre en todos los casos de la denominada “adopción internacional” por ello la <strong>Ley 54/2007, de 28 de diciembre, de Adopción internacional en el punto 2 del Art. 1 define:</strong></p>
<p>“Se entiende por <em>adopción internacional</em> el vínculo jurídico de filiación que presenta un elemento extranjero derivado de la nacionalidad o de la residencia habitual de adoptantes o adoptandos.”</p>
<p>De todo lo expuesto cabe deducir la realidad de dos procesos de adopción, de un lado, la adopción nacional o adopción de menores al amparo de las instituciones de protección a la infancia (en este Territorio Histórico esta institución es la Diputación Foral de Bizkaia) y de otro la adopción internacional, en la que mayoritariamente, son adoptados menores procedentes de otros países que se encuentran bajo la protección de las instituciones competentes en sus lugares de origen, siguiendo los procedimientos establecidos en sus legislaciones.</p>
<p>Los procedimientos seguidos por las instituciones de protección difieren en algún momento del itinerario seguido en ambos casos, ya que en la adopción nacional todos los elementos que en la misma intervienen se encuentran dentro de su ámbito de actuación (niños/as, familia de origen, familia adoptante, juzgado etc.). Mientras que en el proceso de la adopción internacional esta institución de protección desconoce a los niños, sus familias de origen, incluso al juzgado donde se realiza la propuesta de adopción, siendo la relación principal en el inicio del proceso la que se establece con la familia adoptante y posteriormente con el niño, una vez concluida la adopción, en la realización de los seguimientos post-adoptivos.</p>
<p>Podríamos establecer cinco sujetos que intervienen en los procesos de adopción, el niño o niña, su familia biológica, la institución de protección a la infancia, la familia adoptante y el juzgado al que corresponde su constitución, debiendo ser el principal y central el niño o niña para el que propone y adopta esta medida atendiendo a su interés superior.</p>
<h3>PROCESOS EN LA ADOPCIÓN</h3>
<h4>a) En relación al niño o niña y a su familia biológica</h4>
<p>El Servicio de Infancia, como institución competente en materia de protección a la infancia, establece las medidas de protección mas adecuadas para aquellos menores que se encuentran bajo su guarda o tutela. Algunos de estos niños son abandonados directamente por sus padres en el momento de su nacimiento, dando su asentimiento para la adopción de sus hijos. En estos supuestos la institución asume la tutela del bebé, y ejerce la guarda del menor mediante un acogimiento pre-adoptivo instando al juez la propuesta de adopción en un breve espacio de tiempo (poca más de un mes).</p>
<p>Sin embargo, hay otros menores que son separados de sus padres al encontrarse en situación de desamparo.</p>
<p>Se considera situación de desamparo la que se produce de hecho a causa del <strong>incumplimiento, imposible o inadecuado</strong> ejercicio de los deberes de protección establecidos para la guarda de los menores, cuando éstos queden privados de la necesaria asistencia moral o material.</p>
<p><strong>Imposible:</strong> Orfandad, prisión de ambos padres, enfermedad incapacitante, etc.</p>
<p><strong>Incumplimiento:</strong> No reconocimiento del hijo, abandono total en manos de otras personas, etc.</p>
<p><strong>Inadecuado:</strong></p>
<ul>
<li>Maltrato físico: Acción no accidental por parte de los padres que provoque daño físico o enfermedad en el niño o lo coloque en grave riesgo de padecerlo.</li>
<li>Abandono físico:
<ul>
<li>Alimentación inadecuada.</li>
<li>Vestido no acorde con el tiempo atmosférico.</li>
<li>Falta de higiene.</li>
<li>Ausencia o retraso en la atención médica.</li>
<li>Falta de supervisión y vigilancia del adulto.</li>
<li>Condiciones higiénicas y de seguridad en el hogar.</li>
<li>Absentismo escolar.</li>
</ul>
</li>
<li>Maltrato y abandono emocional: rechazo, insultos, amenazas de abandono, aislamiento, ignorar, falta de estímulos, presencia de violencia doméstica, incitación o permisión de conductas inadaptadas, sobreprotección grave, etc.</li>
<li>Abuso sexual, etc.</li>
</ul>
<p>En estas situaciones de grave riesgo o desamparo el primer objetivo del Servicio de Infancia es la preservación familiar, para lo que se implementan programas de intervención encaminados a ello. Cuando no es posible esta preservación, se establecen separaciones temporales junto a programas dirigidos a la reunificación familiar. Sin embargo, no siempre se consigue dándose circunstancias en las que la medida más adecuada para un niño o niña es la adopción.</p>
<p>El Manual de intervención en situaciones de desprotección infantil de la Diputación Foral de Bizkaia establece unos criterios para la adopción de esta medida:</p>
<ul>
<li>Imposibilidad de reinserción familiar (intentos fallidos, continúan las situaciones dañosas para el niño o la niña, situación familiar irreversible).</li>
<li>La familia extensa no quiere, no puede o no son aptos para el cuidado del menor.</li>
<li>Larga institucionalización sin contactos o escasos contactos con la familia de origen.</li>
<li>Manifiesta su deseo de ser adoptado.</li>
<li>Consentimiento paterno a la adopción.</li>
<li>Motivos de estar incursos en situación de privación de patria potestad.</li>
<li>Corta edad del niño que aconsejan su inmediata integración familiar.</li>
</ul>
<p>En estos supuestos, es necesario que estos menores se encuentren en situación de adoptabilidad, es decir, o que bien los padres estén de acuerdo con la adopción, o que estén privados de patria potestad o incursos en causa legal para tal privación. Sólo en estos casos es posible que la institución de protección inste ante el juzgado la adopción del menor por parte de la familia adoptante.</p>
<p>En relación a la patria potestad indicar que es un deber de los padres con respecto a sus hijos.</p>
<p>La patria potestad se ejerce siempre en beneficio de los hijos, de acuerdo con su personalidad, y con respeto a su integridad física y psicológica.</p>
<p>Esta potestad comprende los siguientes deberes y facultades:</p>
<ul>
<li>Velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos, educarlos y procurarles una formación integral.</li>
<li>Representarlos y administrar sus bienes.</li>
</ul>
<p>El padre o la madre podrán ser privados total o parcialmente de su potestad por sentencia fundada en el incumplimiento de los deberes inherentes a la misma o dictada en causa criminal o matrimonial. La patria potestad puede ser recuperada nuevamente si cesan las causas que motivaron la privación, pero nunca si el hijo o hija ha sido adoptado.</p>
<h4>b) En relación a la familia adoptante</h4>
<p>Para iniciar una adopción es necesaria la propuesta previa de la entidad pública a favor del adoptante(es) que dicha entidad haya declarado idóneos para el ejercicio de la patria potestad.</p>
<p>Todas las familias que se acercan al Servicio de Infancia a interesarse por la adopción, inicialmente asisten a una sesión informativa diferenciada (adopción nacional o internacional). Tras esta sesión y si deciden continuar con el proceso es obligatoria la asistencia a cursos de formación donde se trabaja entre otros los siguientes aspectos:</p>
<ul>
<li>Motivaciones para la adopción. Mitos comunes y creencias erróneas sobre la adopción. Características de los niños y niñas que esperan ser adoptados. Vivencias, satisfacciones y preocupaciones de quienes han adoptado.</li>
<li>Preparar la llegada y facilitar la adaptación.</li>
<li>La tarea de educar.</li>
<li>La comunicación sobre el hecho adoptivo. Comunicación de información especialmente dolorosa, búsqueda de orígenes.</li>
<li>Reconociendo y aceptando las diferencias.</li>
</ul>
<p>Estos cursos pretenden ser un espacio de reflexión, donde se proporcione una visión realista de la adopción, que sirva a las familias para realizar una auto evaluación y ayude a definir mejor el ofrecimiento.</p>
<p>La obligatoriedad de esta formación, en la Comunidad Autónoma del País Vasco ha quedado recogida en el DECRETO 114/2008, DE 17 DE JUNIO, por el que se regula el procedimiento de actuación que deberán seguir las diputaciones forales en materia de adopción de personas menores de edad, hasta ese momento no se realizaba esta formación, y en opinión no solo de los técnicos, sino también de las familias, al menos así lo señalan las encuestas de evaluación de los cursos, ha sido una de las grandes aportaciones realizadas en la mejora del proceso adoptivo.</p>
<p>Concluida la fase formativa, las familias que deciden continuar el proceso se ofrecen para la adopción, en los supuestos de adopción nacional o bien solicitan el certificado de idoneidad en el caso de la adopción internacional. En el proceso de adopción nacional las valoraciones de idoneidad se realizan en la medida que haya niños y niñas susceptibles de esta medida de protección.</p>
<p>En cualquier caso, la <strong>valoración psicosocial para la obtención del certificado de doneidad</strong> es una fase importante del proceso que genera incertidumbre y ansiedad en las familias solicitantes de adopción.</p>
<p>Generalmente para la realización de estas valoraciones se han venido usando, por los equipos profesionales de las distintas Comunidades Autónomas, instrumentos centrados en la valoración de los rasgos psicológicos y sociales de los solicitantes, existiendo una falta de conexión entre la valoración de idoneidad y la fase previa de formación, en muchos casos por inexistencia de la misma.</p>
<p>En este sentido, y por encargo del Ministerio de Educación, Política Social y Deporte, mediante convenio suscrito con la Universidad de Sevilla, el catedrático Don Jesús Palacios ha realizado un manual para intervenciones profesionales en adopción internacional, (valoración de idoneidad, asignación de menores a familias y seguimiento post-adoptivo) (año 2007) donde se presenta un modelo de intervención profesional en adopción internacional, totalmente aplicable a la adopción nacional, centrado en las necesidades de los niños y niñas adoptados, así como en las capacidades de los adoptantes para responder a ellas.</p>
<p>Se han identificado tres grandes grupos de necesidades infantiles, y cuatro grandes grupos de las capacidades adultas necesarias para responder adecuadamente a las necesidades infantiles en adopción. Se adjuntan cuadros de las mismas (Anexo I).</p>
<p>Este modelo se está implantando progresivamente en los distintos Servicios de Protección a la Infancia de las distintas Comunidades Autónomas, con la pretensión de dar una coherencia al conjunto de las intervenciones profesionales en todas las fases del proceso adoptivo (información, formación, valoración y seguimiento post-adoptivo).</p>
<p>Junto a los instrumentos técnicos indicados, el DECRETO 114/2008, de 17 de junio, por el que se regula el procedimiento de actuación que deberán seguir las Diputaciones Forales en materia de adopción de personas menores de edad, en su Art. 11 y 12 establece, respectivamente, los requisitos de idoneidad y los criterios de valoración aplicables en la Comunidad Autónoma del País Vasco. (ANEXO II).</p>
<p>La valoración finaliza con la emisión del correspondiente certificado de idoneidad, que tiene una vigencia de tres años, o de no idoneidad. Ambas resoluciones administrativas pueden ser recurridas en instancia judicial.</p>
<p>Una vez emitido el correspondiente certificado de idoneidad, en los procesos de adopción internacional, el expediente elaborado es enviado al país elegido por los solicitantes para su tramitación. Ésta puede realizarse bien por vía “pública”, envío a través de valija diplomática al país, o bien a través de las Entidades Colaboradoras de Adopción Internacional (ECAI), que son organismos acreditados en ambos países para la tramitación de expedientes de adopción internacional. La vía de tramitación dependerá del país, ya que los hay que únicamente admiten tramitación por ECAI, otros solamente vía pública, algunos las dos posibilidades, y de la elección de las familias, etc.</p>
<p><strong>Asignación de niños y niñas a familias adoptante</strong><br />
Es sin duda uno de los momentos clave en el proceso de adopción, pero muy diferente en adopción nacional o en internacional.</p>
<p>En la primera, los técnicos disponen de información suficiente sobre el niño o la niña ya que es un menor dependiente de la institución de protección, y si bien en muchas casos la información necesaria no está sistematizada, existe posibilidad de acceder a la misma. Además, la familia ha sido formada y valorada por la institución, lo que facilita el conocimiento de sus capacidades.</p>
<p>Sin embargo, no ocurre lo mismo en la adopción internacional, la información de que se dispone sobre el menor suele ser muy escasa, llegando a situaciones en las que lo único conocido es el sexo, edad y salud (no siempre fiables estos últimos), lo que dificulta enormemente la asignación.</p>
<p>En definitiva, la asignación tendrá un mayor acierto cuanta más rica sea la información de que se disponga tanto de las características y necesidades de los niños y niñas, como de las características y capacidades de las familias adoptivas.</p>
<p>En la adopción nacional, una vez producida la asignación, se inicia un periodo de acogimiento familiar que es valorado técnicamente, llevando la propuesta de adopción al juzgado siempre que esté siendo beneficioso para el menor. Es el juez quien mediante auto judicial constituye la adopción.</p>
<p>En el proceso de adopción internacional, la misma se produce, en la mayor parte de los casos, mediante auto judicial emitido por el juzgado del país de origen del menor, y los tiempos de conocimiento y convivencia con el menor son realmente escasos o inexistentes. Únicamente en los supuestos de adopciones simples, (Ej.: India, Guatemala) los menores vienen con su familia adoptante al país de estos últimos y la adopción plena se constituye en dicho país, con lo cual el tiempo de acoplamiento entre la familia y el menor es más amplio, si bien ¿qué ocurriría si este periodo no está siendo beneficioso para el menor, o se produce la ruptura de la adopción? Necesariamente la entidad pública de protección tendría que tutelar al menor y ofrecerle la medida de protección más adecuada a su nueva situación.</p>
<p>Por último, tal y como establecen los distintos países de origen de los niños y niñas adoptados, así como la legislación en la Comunidad Autónoma del País Vasco, se impone el seguimiento post-adoptivo de gran importancia para la detección de las dificultades, y para el asesoramiento a las familias en la búsqueda de soluciones.</p>
<p>Las investigaciones realizadas indican que en muchas de las adopciones que han acabado en ruptura, ya se habían detectado problemas en los seguimientos posteriores a la adopción. De ahí la importancia de la detección y de la derivación a los servicios post-adoptivos para intervenir desde el primer momento en estas dificultades.</p>
<p>No obstante, esta fase de seguimiento no es vivida por muchas familias adoptivas como una ayuda, principalmente en la adopción internacional, ya que lo perciben como una forma de control o como el mero cumplimiento de un requisito que exige el país de origen del niño o niña adoptado.</p>
<p>Para finalizar, hacer referencia a la necesidad de implantación de servicios postadoptivos, destinados al apoyo a las dificultades surgidas en la familias y en los menores adoptados. En este sentido, desde septiembre de 2009 el Departamento de Acción Social cuenta con un programa específico de apoyo a la adopción, contratado con una empresa externa, con tres áreas específicas de intervención:</p>
<ul>
<li>Área de información y formación, destinada a familias adoptiva, menores adoptados y profesionales.</li>
<li>Área de orientación e intervención individual y/o familiar, atendiendo las necesidades de orientación e intervención, por parte de los profesionales del programa de apoyo a la adopción, de los usuarios del servicio cuyos problemas o situaciones de crisis estén relacionadas con su condición adoptiva. Apoyo a los acogimientos cuyo fin es la adopción.</li>
<li>Área de intervención con familias adoptivas, personas adoptadas y mediación con la familia biológica en procesos de búsqueda de orígenes.</li>
</ul>
<h4>La adopción en Bizkaia. Datos</h4>
<p><strong>Adopción internacional</strong><br />
<img src="http://www.sepypna.com/documentos/adopcion-internacional1.png" alt="Adopcion internacional" title="Adopcion internacional" width="560" height="325" class="alignnone size-full wp-image-2613" /></p>
<p><strong>Solicitudes recibidas año 2008 por países. Total 164</strong><br />
<img src="http://www.sepypna.com/documentos/solicitudes-recibidas-ano-2008-paises.png" alt="Solicitudes recibidas año 2008 paises" title="Solicitudes recibidas año 2008 por países" width="567" height="251" class="alignnone size-full wp-image-2614" /></p>
<p><strong>Número total de niños adoptados año 2008: 116</strong><br />
<img src="http://www.sepypna.com/documentos/numero-total-ninos-adoptados-ano-2008.png" alt="Número total niños adoptados: año 2008" title="Número total de niños adoptados: año 2008" width="573" height="287" class="alignnone size-full wp-image-2615" /></p>
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		</item>
		<item>
		<title>La adolescencia hoy: ¿El fin del desarrollo?</title>
		<link>http://www.sepypna.com/articulos/adolescencia-hoy-fin-desarrollo/</link>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 08:47:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.sepypna.com/?p=2556</guid>
		<description><![CDATA[Alain Braconnier
 Psiquiatra. Psicoanalista. Miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Paris.
Centre Philippe Paumelle, 11 rue Albert Bavet, 75013 Paris.
Ponencia presentada en el XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el titulo “Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes” tuvo lugar en Bilbao del 22 al 24 de octubre de 2009. Reconocido como actividad de interés científico-sanitario por la Consejería de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco.
Traducida por Xabier Tapia Lizeaga. Psicólogo ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Alain Braconnier</strong><br />
 Psiquiatra. Psicoanalista. Miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Paris.<br />
Centre Philippe Paumelle, 11 rue Albert Bavet, 75013 Paris.</p>
<p class="nota">Ponencia presentada en el XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el titulo “<em>Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes</em>” tuvo lugar en Bilbao del 22 al 24 de octubre de 2009. Reconocido como actividad de interés científico-sanitario por la Consejería de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco.</p>
<p class="nota">Traducida por Xabier Tapia Lizeaga. Psicólogo Clínico. Asociación Altxa. Servicio de atención temprana. CSM Julián de Ajuriaguerra. Asociación Haurrentzat.</p>
<p>¿Se podría aceptar la idea de que los criterios que nos sirven para pensar que alguien ha superado suficientemente los avatares de la adolescencia son los mismos que los que nos permiten pensar, después de Freud, que los dos criterios principales de la existencia, amar y trabajar, permiten concluir que un tratamiento psicoanalítico se ha desarrollado de forma satisfactoria?</p>
<p>Plantear así el problema nos lleva a articular los criterios de realidad externa, la relación con el otro hecha de deseo y de miedo y el trabajo realizado de investimiento y de renuncia, con los de realidad interna, el tipo de relación objetal, la sublimación, la fuerza del Yo, etc., a los que nuestro trabajo psicoterapéutico nos permite acceder.</p>
<p>Esta articulación entre realidad externa y realidad interna afecta a cada terapeuta sean cuales sean las edades de la vida con las que trabaja pero particularmente cuando se trata de la adolescencia. Recordemos a este respecto el concepto de espacio psíquico ampliado que puso de relieve Philippe Jeammet:</p>
<p>“<em>precisemos que cuando hablamos de los objetos de la realidad externa, somos conscientes de que se trata del investimiento de las representaciones que el adolescente hace de estos objetos externos. En último término, se trata siempre, de hecho, del objeto interno, pero el paso por el objeto de la realidad externa, soporte de las proyecciones de las representaciones, introduce una nueva posibilidad dinámica, ya que la realidad de la respuesta del objeto a las proyecciones de las que es portador puede, en cierta medida, corregir estas proyecciones. De cualquier manera, la actitud del objeto no es nunca neutra ni indiferente, aunque no sea más que por el hecho de que aparentando aceptar las proyecciones, les confiere un plus de realidad</em>”.</p>
<p>Si partimos de este postulado articulador de la realidad externa e interna, las realidades sociológicas contemporáneas, las actitudes parentales, la manera de criar a los niños, nos interpelan en tanto que terapeutas.</p>
<p>Hoy quisiera centrarme en el peso que tienen actualmente las realidades externas en los objetivos del tratamiento con los adolescentes con problemas.</p>
<p>Amar y trabajar. Qué significan realmente estos objetivos cuando sabemos que a lo largo de estos cinco últimos decenios el paso de la adolescencia a la edad adulta se ha ido prolongando y que los criterios más significativos y claros de tal paso se han ido difuminando progresivamente. Nos encontramos lejos de los famosos ritos de paso que marcaban las ceremonias de iniciación que le permitían pasar al adolescente al estatus de adulto, más o menos rápidamente y en edades diferentes, dependiendo de las culturas, aunque siempre de forma identificable por el cuerpo social en su conjunto.</p>
<p>Hoy en día, precisar desde el punto de vista sociológico la edad del final de la adolescencia resulta muy aleatorio.</p>
<p>Nuestros “Tanguys” (<a href="#nota1">1</a>) contemporáneos, muy probablemente menos encuadrados socialmente que sus predecesores, más allá de sus aparentes reivindicaciones de libertad y de autonomía, no parecen tener excesiva prisa por terminar su adolescencia.</p>
<p>¿Acaso la adolescencia no acaba de terminar hoy en día? En una sociedad que exige una flexibilidad constante, el adolescente corre el riesgo de convertirse en un estado permanente. Un psicoanalista francés, Tony Anatrella, ha propuesto en 2000 un nuevo punto de referencia: “la adultescencia”.</p>
<p>Partamos de hechos concretos. ¿Acaso para los escolares y los alumnos de instituto, el final de la adolescencia se produce actualmente, como en el pasado, al entrar en la facultad? No parece muy evidente. Hay muchos trabajos que muestran una gran prevalencia de dificultades psicopatológicas durante el primer año de estudios superiores, paso para muchos de un marco familiar protector a una autonomía mayor reclamada o impuesta.</p>
<p>¿Acaso el final de la adolescencia se produciría hoy, como en el pasado, al entrar en la vida activa de jóvenes trabajadores? También en este caso, para muchos de los jóvenes de hoy, esta entrada en la vida activa de jóvenes trabajadores resulta muy inestable, debido a los contratos temporales.<br />
Parece haber un acuerdo general a la hora de reconocer que en nuestras sociedades contemporáneas, ni la entrada en la vida profesional ni el inicio de la vida en pareja, amar y trabajar, marcan un punto de referencia sociológico simple y claro.</p>
<p>Un estudio realizado sobre los 80 millones de jóvenes europeos entre 15 y 29 años de edad muestra que o tratan de retrasarlo o ven que se les impide el paso del período de formación a la vida activa; en 1987, el 50% de los jóvenes de 18 años trabajaba o buscaba un empleo. En 1995 no era más que el 41% el que se encontraba en esta situación. Otro ejemplo de este alargamiento lo encontramos en la edad media de los casamientos, que ha envejecido notablemente: en 1995 era de 32 años para los hombres y de 29,6 para las mujeres; quince años antes, 28,4 y 26,1 respectivamente. Actualmente el inicio de la vida de pareja es más bien representativo de la complejidad de las referencias e incluso de la difuminación de la entrada en la vida adulta, es decir, del final de la adolescencia. Según Michel Delage, actualmente hay múltiples maneras de implicarse en la vida de pareja: “&#8230;junto a celibatos prolongados o, a la inversa, parejas precozmente establecidas&#8230; observamos la existencia de un conjunto de formas intermedias de vida en pareja que hacen difícil incluso su propia definición&#8230; Tenemos el caso de adolescentes con un amiguito o amiguita que desde fuera parecen vivir una relación de pareja&#8230; o las parejas juveniles, instaladas en un modo de vida de tipo asociativo y por tanto reversible&#8230; las parejas que conviven en casa de los padres de uno de ellos en régimen de dependencia, al menos material, de la generación anterior”. Siguiendo al autor, se trata de parejas “semi-independientes” (3). ¿Pero acaso son estas fórmulas de convivencia en pareja, intermedias, no institucionalizadas, las que sirven actualmente de período de moratoria entre la niñez y la edad adulta, moratoria que se alarga mucho más que en generaciones anteriores? ¿Tiene esto algo que ver con el aumento de la inestabilidad de las parejas parentales?</p>
<p>¿Qué hay por tanto del final de la adolescencia? Estos cambios sociológicos afectan tanto al cerebro como a la vida emocional y a la relación consigo mismo y con los demás, tanto en los comportamientos más aparentes como en la personalidad profunda.</p>
<p>¿En qué afecta todo esto al profesional de la clínica, sobre todo en lo que se refiere al final de la adolescencia? Pienso que tener en cuenta estas realidades externas permite por un lado, dependiendo de los casos, relativizar dificultades cuya excesiva dramatización puede resultar perjudicial y por otro, a la inversa, evitar el menosprecio de síntomas a tomar absolutamente en serio.</p>
<h3>EL CEREBRO</h3>
<p>Clásicamente, el fin de la adolescencia marca el final del desarrollo cerebral, y de forma más general, de todo el cuerpo, fisiológico y físico. Una de las posibles explicaciones de los efectos diferentes de los antidepresivos en los adolescentes y en los adultos deprimidos, cabe encontrarla en el hecho de que los sistemas de los neuromediadores, particularmente el sistema serotoninérgico, no habrían alcanzado todavía la madurez. Pero en este tema se ha producido recientemente un giro brusco que ha venido a poner en duda este dogma: las neuronas y las sinapsis no están definitivamente instaladas al final de la adolescencia, de forma que la neuroplasticidad cerebral se prolongaría durante todo el resto de la vida. Incluso ni el propio cerebro acaba por terminar sus procesos de cambio.</p>
<h3>LA VIDA EMOCIONAL Y LA RELACIÓN CONSIGO MISMO Y CON LOS DEMÁS</h3>
<p>Los criterios de madurez de la vida emocional y de la relación consigo mismo y con los demás están sujetos evidentemente a discusión. William C. Menninger (5), nombre de la famosa clínica psiquiátrica de orientación psicoanalítica americana de Topeka, había propuesto siete criterios de madurez emocional, que correspondían según él al acceso al estatus de adulto en este ámbito:</p>
<ul>
<li>La capacidad de hacer frente a la realidad de forma constructiva.</li>
<li>La capacidad de hacer frente a los cambios.</li>
<li> Una capacidad de distanciamiento y un control suficiente de los síntomas producidos por tensiones momentáneas o por la ansiedad.</li>
<li> La capacidad de experimentar tanta o más satisfacción dando que recibiendo.</li>
<li>La capacidad de establecer relaciones estables y consistentes con los demás teniendo en cuenta la satisfacción y la necesidad de ayuda de cada uno.</li>
<li>La capacidad de sublimar, es decir, de dirigir la energía pulsional agresiva hacia actividades constructivas y creativas.</li>
<li>La capacidad de amar.</li>
</ul>
<p>Es evidente que pueden darse estos criterios sobre todo cuando están presentes en un adulto con “éxito”. ¿Pero que adulto actualmente, aun siendo padre, puede pensar que cumple todas estas condiciones? Es evidente que el logro de estos criterios representa uno de los mayores envites del proceso de la adolescencia, bien porque no están presentes, o bien porque están en proceso de construcción durante este período de la existencia.</p>
<p>Hay quienes comparan la adolescencia con una crisis de identidad haciendo coincidir el final de la adolescencia con la resolución de la misma. Esta crisis de identidad, bajo diferentes maneras, concluye con la formación de una identidad variable dependiendo de los individuos, pero con una característica general que E. Erikson define como capacidad de distancia, es decir, la capacidad para delimitar un territorio de intimidad propio, pero también de solidaridad con el otro. Durante esta crisis: “la identidad hay que buscarla. La identidad no la ofrece la sociedad ni aparece como un fenómeno madurativo como si del vello púbico se tratara. Hay que lograrla a costa de muchos esfuerzos individuales. Se trata de un tarea difícil, ya que, durante la adolescencia el pasado está a punto de desvanecerse con la pérdida de los anclajes familiares y tradicionales, el presente se caracteriza por los cambios sociales y el futuro se hace menos previsible”.</p>
<p>A estas dificultades contemporáneas ya señaladas por Erikson, hay que añadir la tesis de P. Blos (1). Para este autor, la construcción del Ideal del Yo es heredera del proceso de la adolescencia, al igual que el Superyó es heredero del complejo de Edipo. El Ideal del Yo encuentra sus raíces evidentemente en el narcisismo primario, pero Peter Blos distingue entre la idealización de sí mismo propia del niño y el Ideal del Yo. En consecuencia, el final (feliz) de la adolescencia estaría marcado por la adquisición de esta instancia intrapsíquica, el Ideal del Yo. También es verdad que nos encontramos cada vez más con “adolescentes retardados” o con “eternos adolescentes” para quienes la búsqueda constante de una idealización de sí mismos es más fuerte que la de un verdadero Ideal del Yo, confrontándose con la diferencia entre lo que son y lo que quisieran ser, verdadero motor de la vida del joven adulto.</p>
<h3>LOS TRASTORNOS PSICOPATOLÓGICOS Y PSIQUIÁTRICOS</h3>
<p>Las clasificaciones internacionales distinguen entre los trastornos de la infancia y la adolescencia y los del adulto. Introducen sin embargo unas zonas de paso o de continuidad mostrando así que en el ámbito de la patología, el final de la adolescencia no supone, tampoco en este ámbito, un punto de referencia claro y que una frontera excesivamente radical resultaría por lo menos artificial. Los estudios longitudinales son poco frecuentes dada su dificultad y no contribuyen mucho a aclarar la cuestión. Hablar, por ejemplo, de episodio depresivo mayor en la adolescencia, cuando no en la infancia, es algo que está ya admitido por todo el mundo. Por el contrario, reservar el trastorno de hiperactividad con déficit de atención a la infancia o a la adolescencia es un error. Actualmente, a pesar de una serie de características propias, este trastorno es perfectamente identificable en el adulto. Por el contrario, no poder hablar de trastorno de la personalidad en la adolescencia, aun limitándose a los criterios descriptivos de las clasificaciones internacionales, es un tema sujeto a discusión.</p>
<p>A este respecto, el tema del funcionamiento límite nos interpela de forma especial. Hay un acuerdo general a la hora de constatar el aumento actual de las patologías narcisistaslímites. El adolescente contemporáneo por su parte, dado su funcionamiento psíquico, nos recuerda en no pocos aspectos a las “organizaciones límites” (Figura 1) de la personalidad. Asimismo, podemos observar adolescentes con un estado límite parecido al de los adultos. No nos sentimos cómodos en la clínica ni en determinados momentos especiales de nuestros tratamientos analíticos de una amplia población adolescente de la que nos ocupamos, cuando nos encontramos con procesos de adolescencia paralizados o llenos de obstáculos o ante organizaciones límites bien estructuradas.</p>
<p><strong>Figura 1</strong>: ¿Características de la adolescencia o TP Borderline Narcisista?</p>
<p><img src="http://www.sepypna.com/documentos/caracteristicas-adolescencia-tp-borderline-narcisista.png" alt="Caracteristicas adolescencia tp borderline narcisista" width="500" height="433" class="alignnone size-full wp-image-2607" /></p>
<p>Admitiendo este hecho, hoy en día somos mucho más conscientes de la importancia que debemos prestar a estos jóvenes, sea cual sea el desarrollo de su tratamiento, apoyándonos en la experiencia con las personalidades límites, no solo atendiendo al proceso en curso sino al encuadre y a la manera de convertirlo en algo suficientemente flexible pero sin permitir demasiado que sea atacado cuando no destruido. La falta de referencias y de encuadre de la que parecen adolecer muchas de las familias actuales nos lleva a trabajar a menudo como terapeutas en torno a estos aspectos relacionados con las referencias y el encuadre.</p>
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<h4>Notas</h4>
<p><a id="nota1">(1)</a> N. del T.: <strong>Tanguy</strong>. En 2001 se estrenó una película titulada <em>Tanguy</em>. Trata de un joven de 28 años que vive con sus padres y no parece tener ganas de abandonar las comodidades del hogar. La película describe tan fielmente el fenómeno sociológico que, hoy en día, el idioma francés ha adoptado la palabra tanguy para describir a estos jóvenes.</p>
</div>
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		<title>Parentalidad y diversidad cultural</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 08:31:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.sepypna.com/?p=2549</guid>
		<description><![CDATA[Marie Rose Moro
Profesora de psiquiatría de la infancia y de la adolescencia, Universidad de Paris Descartes, Francia. Responsable del servicio de la Casa de los adolescentes de Cochin y del servicio de psicopatología del niño del hospital Avicenne, Bobigny, Francia (AP-HP). Directora de la revista transcultural L’autre.
<a href="http://www.clinique-transculturelle.org">www.clinique-transculturelle.org</a>, <a href="http://www.marierosemoro.fr">www.marierosemoro.fr</a>
Taller presentado en el XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el titulo “Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes” tuvo lugar ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Marie Rose Moro</strong><br />
Profesora de psiquiatría de la infancia y de la adolescencia, Universidad de Paris Descartes, Francia. Responsable del servicio de la Casa de los adolescentes de Cochin y del servicio de psicopatología del niño del hospital Avicenne, Bobigny, Francia (AP-HP). Directora de la revista transcultural <em>L’autre</em>.<br />
<a href="http://www.clinique-transculturelle.org">www.clinique-transculturelle.org</a>, <a href="http://www.marierosemoro.fr">www.marierosemoro.fr</a></p>
<p class="nota">Taller presentado en el XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el titulo “<em>Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes</em>” tuvo lugar en Bilbao del 22 al 24 de octubre de 2009. Reconocido como actividad de interés científico-sanitario por la Consejería de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco.</p>
<h3>Resumen</h3>
<p>La manera en la que piensan los niños, sus necesidades, su desarrollo, influye en la manera en la que se les enseña tanto las cosas de la vida como las de la escuela. Examinamos aquí diferentes aspectos del conocimiento y sus consecuencias para la inscripción de los niños en la escuela. Tener en cuenta esta diversidad cultural es el desafío de la medicina y la escuela de hoy y de mañana.</p>
<p>Palabras clave: escuela, hijos de migrantes, diversidad cultural, medicina, clínica transcultural.</p>
<p>El niño nace con una cuna psíquica y cultural, que influye en las interacciones comportamentales, emocionales y fantasmales con su madre, con su padre, con sus hermanos y hermanas y progresivamente con el mundo. Crecer es un movimiento complejo que presupone que se haga simultáneamente la inscripción en su propia filiación y en sus afiliaciones aquí, plurales y mestizas. Por esto, partamos de la importancia de nuestra manera de pensar sobre niños y de la pluralidad de estos pensamientos.</p>
<h3>CÓMO SE FABRICA UN NIÑO</h3>
<p>La manera en la que se piensa la naturaleza del niño, sus necesidades, sus esperas, sus enfermedades, las modalidades de educación y de cuidados, está determinada por la sociedad a la que se pertenece. Deveux (1968) ha contribuido ampliamente a demostrar este hecho. Su trabajo se alimenta de los estudios de antropólogos y médicos que han trabajado en las sociedades llamadas “tradicionales” y que están hoy en día en una situación de cambio acelerado. Además, Devereux durante mucho tiempo ha estado influido por el culturalismo americano en el que Mead (1930) es uno de sus representantes. Él es el primero en haber propuesto una formalización argumentada para articular de manera clara y precisa, por un lado, las representaciones de la naturaleza del niño, y por otro lado, su manera de crecer, de educarles y enseñarles, de enfermar y ser cuidados&#8230; Y, que la enfermedad sea somática o psíquica, ya que en las sociedades tradicionales, el cuerpo y la psique están íntimamente vinculadas al igual que el individuo está íntimamente vinculado a su grupo de pertenencia.</p>
<h3>PENSAR AL NIÑO E INVESTIRLO ANTES QUE PERCIBIRLO</h3>
<p>En 1968, Devereux realizó una conferencia donde demostraba el impacto de nuestro pensamiento cultural sobre el niño en nuestras maneras de ser y de hacer con él. El objetivo de este texto fue identificar la influencia sobre el pensamiento psicológico de la concepción cultural y psicológica que dos sociedades tradicionales hacen del niño: los Sedang del Sur de Vietnam y los Mojave de Estados Unidos). Más concretamente, demostraba, a través de estos dos ejemplos, que la forma en la que los adultos ven al niño, es decir: “(&#8230;) las ideas que ellos tienen de la naturaleza y del psiquismo del niño, determinan sus comportamientos frente al niño e, influyen en su desarrollo.” (Ibid, p.110).</p>
<p>Así, Devereux demuestra que la imagen que la sociedad tiene del niño y la experiencia vivida, determina influyendo sobre el pensamiento psicológico general de los miembros de la sociedad, así mismo, juega sobre las modalidades de desarrollo y cuidado del niño. Esto se aplica también a las sociedades no occidentales y en consecuencia a nuestra propia sociedad donde las representaciones colectivas influyen ampliamente sobre la educación, la puericultura, la enseñanza, la asunción médica y social del niño e incluso el discurso de los medios de comunicación!</p>
<p>El sistema de representación del niño, se inscribe en el conjunto de representaciones que garantizan la coherencia del grupo. ¿Qué pasa entonces en la migración?</p>
<h3>ALGUNOS DATOS DE INVESTIGACIÓN</h3>
<h4>De la casa a la escuela</h4>
<p>Para los niños de edad escolar, no ha sido más que desde una época reciente que se han realizado grandes estudios epidemiológicos sobre los hijos de migrantes. Los datos encontrados son a menudo difíciles de comparar ya que de un autor al otro, las categorías utilizadas difieren (etnia, nacionalidad de los padres o los hijos, incluso en el nombres de los DOM-TOM(<a href="#nota1">1</a>)&#8230;). En Francia, los principales estudios (<a href="#nota2">2</a>) hallan datos convergentes: una tasa de hospitalización significativamente más elevada que la de los niños autóctonos independientemente del motivo; más dificultades escolares para los niños de inmigrantes que para los otros: dificultades a nivel de aprendizajes preescolares y pobreza de lenguaje – el retraso del lenguaje varia entre tres meses y un año en comparación con los niños franceses a la entrada en maternales y sobretodo, este retraso se acentúa con la edad. Se estima que aproximadamente el 50% de jóvenes migrantes de “segunda generación” salen de la escuela a los dieciséis años sin haber adquirido la lectura y la escritura.</p>
<p>¿Pero cuál es el papel del nivel social desfavorecido de estas familias de inmigrantes en las génesis de las perturbaciones? Muchos trabajos han establecido vínculos entre el nivel intelectual medio, medido por los test, los fracasos escolares y el bajo nivel social de la familia. Se propone por tanto la hipótesis de un vínculo entre estos dos factores pertenecientes al medio: nivel social desfavorable y situación transcultural. En el estado actual de nuestros conocimientos, estas dos variables se potencian sin que la una sea reducible a la otra.</p>
<p>Para precisar las dificultades de los hijos de migrantes cualesquiera que sean los determinantes, hemos llevado a cabo una serie de investigaciones (Moro, 1998, 2007). Éstas han mostrado los riesgos de la estructuración cognitivo-intelectual y afectiva de los niños en situación transcultural. El estudio realizado con una muestra de cuarenta y cinco niños pertenecientes a dos grupos, un grupo de niños autóctonos, un grupo de niños de migrantes, no había diferencias significativas en el nivel socio-económico de los dos grupos. Con ocho años, se encontró: un nivel intelectual global de los hijos de inmigrantes más bajo que el de los autóctonos; menos éxito en algunas pruebas de lenguaje; menos éxito en la prueba de estructuración intelectual no verbal con las dificultades lógicas para percibir y diferenciar los continentes de los contenidos, percibir las formas, integrar la simetría, integrar las diferencias y las similitudes de las formas. Este estudio mostraba que la evolución de los dos grupos de la cohorte era diferente: a la edad de ocho años, los hijos de inmigrantes tenían más problemas psicopatológicos, más dificultades intelectuales y cognitivas, y por último, más dificultades escolares que los autóctonos. En el interior mismo del grupo de niños indemnes de toda patología, las diferencias subsistían en lo que concierne a la evaluación intelectual, lingüística y escolar. Así, para nuestra población, la estructuración tanto afectiva como intelectual era comprometida en situación transcultural.</p>
<p>Estos estudios han establecido vínculos entre “la vulnerabilidad psicológica” y el hecho de ser “hijos de migrantes”. Pero la naturaleza de las asociaciones y los mecanismos de una eventual causalidad quedaban por establecer –quien dice asociación no dice necesariamente causalidad–. A partir de estos estudios y de la práctica, pueden proponerse varios mecanismos para dar cuenta de estos hechos.</p>
<h3>VULNERABILIDAD DEL PROCESO DE DESARROLLO</h3>
<p>Los hijos de inmigrantes son vulnerables, pertenecen a un grupo de riesgo. Los trabajos citados han concluido que el primer momento de vulnerabilidad de estos niños es aquel de la fase post-natal donde el bebé y su madre deben adaptarse el uno al otro. El segundo periodo crítico se sitúa en el momento de los grandes aprendizajes escolares que son el cálculo, la lectura y la escritura, momento de inscripción del niño en la sociedad de acogida. El tercer periodo vulnerable es innegablemente la adolescencia donde descansa la cuestión de la filiación y de las pertenencias.</p>
<p>La vulnerabilidad psicológica es un concepto desarrollado por el paidopsiquiatra americano Anthony desde 1978. Pero los precursores son muchos: M. Mahler, A. Freud&#8230; “No se puede explicar la vulnerabilidad por las características individuales del niño, pero hay que comprenderla en términos más generales e impersonales. Yo ahora considero que el progreso del niño a lo largo del desarrollo hacia la madurez depende de la interacción de numerosas influencias exteriores favorables con los datos innatos favorables y una evolución favorable de las estructuras internas” (Freud, 1978). La vulnerabilidad es por lo tanto una noción dinámica; afecta a un proceso en desarrollo. El funcionamiento psíquico del niño vulnerable es tal que una variación minúscula, interna o externa, implica una disfunción importante, un sufrimiento a menudo trágico, una parada, una inhibición o un desarrollo mínimo de su potencial. En otros términos, el niño vulnerable es aquel que tiene “una menor resistencia a las molestias y a las agresiones” (Tomkiewicz et Manciaux, 1987). En genética, la expresión de un gen o de un conjunto de genes puede ser total, parcial o nula, lo mismo ocurre con la expresión de este punto de fragilidad. En el futuro de estos niños, hay que tener en cuenta sus resistencias, el juego de posibilidades.</p>
<h3>PRESENTAR EL MUNDO</h3>
<p>Para comprender la génesis de esta vulnerabilidad, tomemos el curso a partir de las interacciones precoces madre-hijo. La madre se encuentra sola en un mundo extranjero con todo lo que ello supone de riesgos y de incertidumbre. Ella tendrá que ajustarse a su bebé y aprender a ser madre sin la ayuda de sus comadres contrariamente a la costumbre en las sociedades tradicionales donde el grupo acompaña en todos los momentos iniciales como lo son el embarazo y el nacimiento del niño. En estos primeros cambios, el bebé va a estar impregnado de las maneras de hacer que la madre ha llevado con ella: una lengua, las maneras de ser y de hacer, una información sobre el mundo, técnicas de cuidado&#8230; En el curso de este periodo, la madre está confrontada a tareas contradictorias: proteger al hijo, quererlo a su forma pero también prepararle para el reencuentro con el mundo de fuera donde ella no conoce necesariamente las lógicas. Tomemos las nociones clásicas de Winnicott que distingue tres series de actos en los cuidados que la madre o el sustituto maternal prodiga al niño (Moro, Nathan, 1989): el holding: la madre sostiene al niño, le asegura un contenido corporal gracias a su propio cuerpo, ella pone el cuerpo del niño en el espacio; ella le mantiene. El handling: la madre cuida al niño, le manipula, le procura sensaciones táctiles, corporales, auditivas, visuales. El object-presentering o modo de presentación del objeto: el niño tiene acceso a los objetos simples, después a objetos cada vez más complejos y al final al mundo en todas sus dimensiones a través de su madre: “Pienso que no crecemos así como si cada uno de entre nosotros haya tenido, al principio, una madre capaz de hacerle descubrir el mundo a pequeñas dosis (&#8230;) La madre comparte con su pequeño niño un pedazo a parte del mundo, guardándolo suficientemente pequeño como para que el niño no esté en la confusión, aumentándolo muy progresivamente con el fin de satisfacer la capacidad creciente del niño que debe gozar del mundo (Winnicott, 1979, p.75).</p>
<p>Analicemos aún más la función que hemos denominado “Presentación del mundo”. La madre aprende el mundo de acuerdo a las categorías definidas por su cultura. Su experiencia de la realidad es “dividida” y “limitada” de sus herramientas culturales. Lo que ella ve del mundo a través de esta matriz de lectura, no son objetos en sí mismos, sino la interacción de este sistema de lectura estructurada por la cultura con los objetos externos. Esta codificación cultural se transmite de generación en generación. Es a este nivel, y primero por el lado externo, que la migración introduce una ruptura brutal: los referentes no son los mismos, las categorías utilizadas tampoco, todos los puntos de referencia vacilan.. Las consecuencias para la madre son dobles: pierde el seguro que ha adquirido en la estabilidad del marco externo, el mundo exterior ya no es y, un cierto grado de confusión se instala en su propia manera percibir el mundo. Así ella va a transmitir potencialmente al niño esta percepción caleidoscópica del mundo que pueden generar ansiedad e inseguridad. La realidad del niño se construye a partir del envoltorio exterior fabricado por la madre a través de las primeras relaciones madre-hijo. Este envoltorio está constituido de una serie de actos operatorios (técnicas de cuidado), los actos corporales y sensoriales (interacciones madre-hijo), los actos de habla (la madre dijo al niño: “Yo te percibo como”&#8230;), de actos mentales (representaciones maternales de los niños, la representación reflexiva de la madre cuando ella misma era una niña&#8230;) (Moro y Nathan, 1989).</p>
<p>Estos elementos dan cuenta de la vulnerabilidad del bebé. ¿Qué pasa cuando el niño crece?</p>
<h3>PENSAR EL MUNDO</h3>
<p>De este modo, los niños van creciendo relativamente protegidos en este mundo maternal. Más tarde viene el mundo exterior y la escuela. Los padres inmigrantes tienen el fallo, a veces, de enseñar a sus hijos «el mundo a pequeñas dosis». En consecuencia, sus hijos encuentran cotidianamente este mundo exterior de manera traumática. Es en este contexto que el niño crece y es llevado a separarse del medio familiar (mundo interior) para inscribirse en el medio escolar (mundo exterior y del extranjero). Esto ocurre a veces de una manera brutal cuando el niño está demasiado protegido dentro y no demasiado preparado para ir fuera. Esto es constatado también por los hijos de familias que viven grandes dificultades sociales y que, por consecuencia, están excluidos en gran parte de los sistemas de división de sentido colectivo y privadas de las posibilidades de anticipación de un mundo más adaptado. Estos niños se confrontan al mundo exterior sin anticipación previa. La entrada al colegio o, más a menudo, el principio de grandes aprendizajes, que constituyen el verdadero comienzo, son potencialmente traumáticos. Por razones un poco diferentes pero trágicas y sabiendo que los niños de inmigrantes acumulan a menudo dificultades sociales y culturales, el exterior se vive sobre un método excluyente. Encontrar mi lugar en el exterior, guardar aquella que me viene del interior, los dos no pueden coexistir en mi representación, en aquella de mis padres. La escuela es el segundo aspecto de la necesaria prevención, antes de que se instale el fracaso escolar precoz y masivo, irreversible, trágico y desagradable. A partir de la escritura y la lectura, se van a inscribir en las lógicas del mundo francés. Algunos viven este momento como una elección necesaria pero imposible entre los dos mundos. Entonces, suspenden su palabra, su pensamiento, su ser mismo. Ocultan su potencial creativo bajo la máscara de la inhibición, de los trastornos del comportamiento, del desinterés&#8230; ¡Qué lío! Este momento es sin duda crucial, porque determina de forma cuasi-irreversibles el lugar del niño en el exterior. Ahora sabemos, por ejemplo, cuántos hijos de inmigrantes están excluidos del sistema es colar lo que hipoteca su futuro. Como si estos niños fueran autosuficientes. Este proceso es siempre defensivo, por lo que es importante no dejarse atrapar por la ilusión de su independencia.</p>
<p>Cualesquiera que sean las dificultades de afrontar este mundo exterior, los niños, a veces muy pronto, van a saber antes sobre él que sus propios padres lo que les sitúa en una posición paradójica que no respeta el orden de generaciones o que le trastorna a veces con una verdadera inversión de las generaciones como la hemos descritos (Moro, Nathan, 1989). Como si estos niños se bastaran a sí mismo. Este proceso es siempre defensivo, por lo que es importante no dejarse llevar por la ilusión de su independencia. Estos niños, como los otros, tienen necesidad de sus vínculos parentales y afectivos. Pero, esta inversión es también fuente de fortaleza para el niño siempre y cuando la tome por lo que es, una ficción que acompaña al niño en esta situación de mestizaje. El hijo de migrantes es a menudo considerado como un niño expuesto, como Moïse, Edipo o Perseo en la mitología, un niño sometido a un riesgo excepcional (Moro, 1989).</p>
<p>La estructuración cultural y la estructuración psíquica de los niños mestizos están por tanto construidas sobre una discrepancia y sobre un conflicto en un contexto de inestabilidad y de multiplicidad. Estos mecanismos de discrepancia y de conflicto deben, por tanto, ser considerado como los determinantes de la vulnerabilidad de los hijos de inmigrantes.</p>
<h3>COMPETENCIA, RESILENCIA Y CREATIVIDAD</h3>
<p>La situación transcultural permite también éxitos a menudo inesperados y a veces espectaculares. Este punto, aunque raramente estudiado, sin embargo ha sido el objetivo de una socióloga D. Schnapper en un trabajo sobre “la integración de los inmigrantes” en Francia (1991). Habiendo estudiado el destino de los niños inmigrantes, concluye en relación a la “sobreselección” a la que están sometidos: “los que la superan extraen un beneficio suplementario sobre de la afirmación se sí mismo y de la búsqueda de la distinción, pero el riesgo de fracaso es estadísticamente elevado para los que no tienen los mismos fuertes individuales y sociales” (p. 198).</p>
<p>En la población de los hijos de inmigrantes que superan bien o bastante bien la escuela, y he podido poner en evidencia tres casos hipotéticos (Moro, 1998): el niño beneficiado de un medio suficientemente seguro y rico en estimulaciones de todas clases; el niño encuentra en el entorno de los adultos que le sirven de iniciadores (de guías en el nuevo mundo); el niño está dotado de capacidades personales singulares y de una autoestima importante.</p>
<p>En los dos primeros casos hipotéticos, la situación de desequilibrio inicial asociada a la migración encuentra elementos contextuales para restablecer un nuevo orden y favorece así el desarrollo de potencialidades creativas. En el tercer caso, la fuente se encuentra en el mismo interior del niño, se puede por tanto hablar de una cuasi-invulnerabilidad del niño, al menos aparente. Así, intervienen numerosos factores en la génesis de esta vulnerabilidad, la personalidad de cada niño, su posición entre los hermanos, la protección parental, etc.</p>
<p>Cara a esta situación de mestizage, como ante todo acontecimiento que interviene en el proceso de desarrollo del niño, hay que considerar cuatro factores. El primero es la vulnerabilidad (o la invulnerabilidad) que ya se ha definido y que representa las capacidades de defensas pasivas del niño o del adolescente la vulnerabilidad es secundaria en los eventos de vida y en los factores de riesgo–. Pero no hay que olvidar los otros tres aspectos que son la competencia que representa las capacidades de adaptación activa del lactante, del niño, a su ambiente, la resilencia que describe los factores internos o ambientales de protección (Cyrulnik, 1999) y la creatividad que da cuenta de la potencialidad que tienen ciertos niños para inventar nuevas formas de vida a partir de la alteridad o del trauma.</p>
<p>Pensar la alteridad y elaborarla en un dispositivo pertinente es a la vez una posición interior derivándose de una epistemiología de la diferencia y una posición clínica. La observación de los mundos y de sus leyes no es solamente un planteamiento poético, es una verdadera estrategia étnica, pragmática y científica.</p>
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<h4>NOTAS</h4>
<p><a id="nota1">(1)</a> Nota de la traductora: Departamentos de ultramar integrados en Francia: Guadalupe, Martinica, Guayana Francesa y Reunión.</p>
<p><a id="nota2">(2)</a> Para una revisión de la literatura sobre este tema, véase Moro (2000, 2007). El lector encontrará aquí todas las referencias bibliográficas de los datos que contiene este capítulo.</p>
<h4>BIBLIOGRAFÍA</h4>
<p>Anthony, EJ, Chiland, C, Koupernik, C, (œuvre originale 1978), <em>L’Enfant dans sa famille, l’enfant vulnérable,</em> Paris, PUF, 1982.<br />
Charlot, B, (2000), Le rapport au savoir en milieu populaire apprendre à l’école et apprendre dans la vie in: Bentolila, A; <em>L’école face à la différence,</em> « Les entretiens Nathan », Actes X; Paris, Nathan, p. 23–29.<br />
Cyrulnik, B, (1999), <em>Un merveilleux malheur,</em> Paris, Odile Jacob.<br />
Devereux, G, (1968), L’image de l’enfant dans deux tribus: Mohave et Sedang; <em>Revue de neuropsychiatrie infantile et d’hygiène mentale de l’enfant,</em> n°4, p. 25-35.<br />
Freud, A, (1978), avant-propos de Anthony, EJ, Chiland, C, Koupernik, C, (œuvre originale 1978), <em>L’Enfant dans sa famille, l’enfant vulnérable</em> (trad.fr.), Paris, PUF, 1982, p. 13-14.<br />
Mead, M., (œuvre originale 1930), <em>Une éducation en Nouvelle Guinée</em> (trad. fr.), Paris, Payot, 1973.<br />
Moro, MR, (1989), D’où viennent ces enfants si étranges ? Logiques de l’exposition dans la psychopathologie des enfants de migrants; <em>Nouvelle Revue d’ethnopsychiatrie</em>, n°12, p. 69-84.<br />
Moro, MR, (1998), <em>Psychothérapie transculturelle des enfants et des adolescents,</em> Paris, Dunod, 2e édition 2000.<br />
Moro, MR, (2007), <em>Aimer ses enfants ici et ailleurs,</em> Paris, Odile Jacob.<br />
Moro, MR, Nathan, T, (1989), Le bébé migrateur. Spécificités et psychologie des interactions précoces en situation migratoire in: Lebovici, S, Weil-Halpern, F; <em>Psychopathologie du bébé;</em> Paris, PUF, p. 683-722.<br />
Moro, MR, Nathan, T, (1995), Psychiatrie transculturelle de l’enfant in: Lebovici, S, Diatkine, R, Soulé, M; <em>Nouveau Traité de psychiatrie de l’enfant et de l’adolescent</em> (4 vol.); Paris, PUF, 1995, t.1, p. 423-446, deuxième édition en 1999, coll. « Quadrige ».<br />
Nathan, T, (1986), La Folie des autres. Traité d’ethnopsychiatrie clinique, Paris, Bordas.<br />
Nathan, T, (1988), Migration et rupture de la filiation in: Yahyaoui, A;<em> Troubles du langage et de la filiation chez le Maghrébin de la deuxième génération;</em> Grenoble, La Pensée sauvage.<br />
Nathan, T, Moro, MR, (1989), Enfants de djinné. Evaluation ethnopsychanalytique des interactions précoces in: Lebovici, S, Mazet, Ph, Visier, JP; <em>Evaluation des interactions précoces;</em> Paris, Eshel, p. 307-340.<br />
Revue L’autre, « Cliniques, Cultures et Sociétés », Pensée sauvage Editions, Grenoble. www.revuelautre.com<br />
Schnapper, D, (1991), <em>La France de l’intégration.</em> Sociologie de la nation en 1990, Paris, PUF.<br />
Tomkiewicz, S, Manciaux, M, (1987), La vulnérabilité in: Manciaux, M, Lebovici, S, Jeanneret, O, Sand, EA, Tomkiewicz, S; L’Enfant et sa santé. Aspects épidémiologiques, biologiques, psychologiques et sociaux; Paris, Doin, p. 737-742.<br />
Winnicott, DW, (1957),<em> « Le monde à petites doses », l’Enfant et sa famille</em> (trad.fr.), Paris, Payot, 1979.
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		<title>Nuevos modos de crianza y la contratransferencia en la psicoterapia de adolescentes</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 08:17:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Adela Abella
Psiquiatra Psicoanalista. Miembro de SEPYPNA. Servicio Médico-Pedagógico. Ginebra.
Ponencia presentada en el XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el título “Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes” tuvo lugar en Bilbao del 22 al 24 de octubre de 2009. Reconocido como actividad de interés científico-sanitario por la Consejería de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco.
La relación entre las nuevas formas de crianza y la psicoterapia del adolescente, podría ser abordada ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Adela Abella</strong><br />
Psiquiatra Psicoanalista. Miembro de SEPYPNA. Servicio Médico-Pedagógico. Ginebra.</p>
<p class="nota">Ponencia presentada en el XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el título “<em>Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes</em>” tuvo lugar en Bilbao del 22 al 24 de octubre de 2009. Reconocido como actividad de interés científico-sanitario por la Consejería de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco.</p>
<p>La relación entre las nuevas formas de crianza y la psicoterapia del adolescente, podría ser abordada desde varios puntos de vista. Una posibilidad sería, por ejemplo, la de considerar las consecuencias psicológicas de la transformación de los hábitos de crianza y preguntarnos si la psicoterapia de adolescentes puede contribuir, y en qué manera, a encontrar respuestas a esta cuestión.</p>
<p>Es un terreno resbaladizo. ¿Cómo diferenciar lo que resulta de los métodos de crianza de lo que proviene de la pulsionalidad propia del adolescente o de la interacción con unos padres dotados de una conflictualidad particular o, incluso, lo que deriva de otros fenómenos sociales como, por ejemplo, el progreso del individualismo, el debilitamiento de la familia nuclear y de la familia ampliada, la erosión de la autoridad o la influencia de los nuevos métodos de comunicación y de acceso a la información?</p>
<p>El problema es complejo. Sin embargo, la dificultad de fondo no reside fundamentalmente en la complejidad del problema. El verdadero origen de esta dificultad es más profundo y se sitúa a nivel de la naturaleza misma de la psicoterapia. Me refiero aquí al hecho de que la psicoterapia es un método de tratamiento de carácter específicamente individual. Su objetivo no es otro que la comprensión, y posible transformación, de la manera altamente personal en que un individuo en particular experimenta, organiza y maneja la interacción, en su mundo interno, entre todos estos elementos: su pulsionalidad, sus relaciones con las personas significativas de su entorno y las circunstancias sociales que le toca vivir. En consecuencia, no está claro que podamos esperar una compatibilidad entre el tipo de escucha que exige la psicoterapia y el que obedece a la intención de responder a preguntas de orden más general y que son ajenas a la naturaleza propia de la psicoterapia.</p>
<p>Pienso que el psicoanálisis puede y debe contribuir a la comprensión y la investigación de los efectos de los fenómenos sociales, aportando, por ejemplo, lo que se sabe sobre las mejores condiciones para el desarrollo de un niño, señalando riesgos, inquietudes e incertidumbres. Sin embargo, y ésta es la idea que voy a desarrollar, en el curso de une psicoterapia la escucha terapéutica necesita independizarse lo más posible de toda preocupación ajena a su objetivo así como de toda preconcepción, entre otras, aquellas que se refieren a los posibles efectos de las mutaciones sociales en curso.</p>
<p>En el fondo, es una cuestión de ética. Frente a un paciente adolescente, el objetivo central del terapeuta debe ser el de darse los medios para comprenderle lo mejor posible. Toda otra finalidad, por ejemplo la de interrogar las consecuencias de nuevas modalidades sociales, debe quedar al margen. La razón es la misma que nos impulsa a poner en suspenso otras motivaciones posibles, incluso aquellas muy legítimas de carácter terapéutico, como por ejemplo que un adolescente descarriado retome sus estudios, deje de drogarse o tenga un comportamiento aceptable para los padres. Podemos esperar que algunos de estos objetivos sean consecuencia de la psicoterapia, pero el tratamiento debe evitar ser parasitado por prioridades distintas de las que constituyen el trabajo específico de psicoterapia. En esta línea, también podemos esperar que la psicoterapia nos aporte pistas sobre diversas cuestiones teóricas y clínicas, pero a condición de que no hipotequen nuestra escucha.</p>
<p>¿Es esto posible? ¿Puede el terapeuta hacer abstracción de sus representaciones y sus reacciones emocionales ante fenómenos sociales en los que él mismo está inmerso? En efecto, los nuevos métodos de crianza no afectan solo al niño o al adolescente. Afectan también a los padres y a los terapeutas. En lo que respecta a los primeros, se han señalado las consecuencias de las modificaciones sociales sobre la construcción de la función parental y de la identidad parental. Los padres y las madres de hoy día se enfrentan a realidades, expectativas y exigencias que difieren, a veces de manera espectacular, de aquellas vigentes en su infancia. No es raro que de aquí deriven conflictos identificatorios de diversa intensidad. En el mejor de los casos estos conflictos pueden favorecer el desarrollo de una parentalidad asumida de manera más personal y responsable. Pero también pueden contribuir a desorientar y debilitar la capacidad de escucha y de respuesta de un padre o de una madre frente a su hijo adolescente.<br />
Algo parecido ocurre con el terapeuta. Parece inevitable que, al contacto con su paciente adolescente, el terapeuta reviva los conflictos identificatorios que le son propios y que tienen relación, al menos en parte, con las circunstancias sociales que conciernen a ambos. De ahí la posibilidad de movimientos defensivos inconscientes que pueden poner en peligro la terapia. En consecuencia, el terapeuta necesita estar atento a la manera en que sus representaciones, sus inquietudes y sus prejuicios alteran, deforman o agudizan su capacidad de comprensión.</p>
<p>Este es un segundo nivel en que puede considerarse la relación entre métodos de crianza y psicoterapia: el de la influencia sobre la contratransferencia de las representaciones que los terapeutas tienen sobre las consecuencias de dichos métodos. Es éste el aspecto en el que me voy a centrar, y que intentaré ilustrar a través de algunos problemas planteados por la psicoterapia de un adolescente.</p>
<h3>UN CASO CLÍNICO</h3>
<p>Luis vino a consultarme a los 18 años por iniciativa propia. Unos dos años antes había abandonado sus estudios y se había marchado de casa. Desde entonces vivía de pequeños trabajos: el último de ellos en un quiosco de periódicos, lo que le obligaba a levantarse cada día a las 5 h. de la mañana.<br />
Atribuía sus dificultades a sus padres, una pareja de profesores que, según Luis, tenían dos prioridades en la vida. La primera, su carrera. La segunda, la reparación de una antigua granja, acometida con tal pasión que acaparaba el poco tiempo libre de ambos padres.</p>
<p>Luis nació dos meses antes del término previsto al embarazo y pasó seis semanas en incubadora. Entre su hermano, 4 años mayor, y el nacimiento de Luis la madre había perdido dos niños en período avanzado del embarazo. Luis pensaba que, por todas estas razones, a sus padres les había sido difícil investirle. Las filles-au-pair se sucedían al ritmo de una por año y asumían en gran parte el cuidado de los niños, Luis describía a sus padres como distantes, rígidos y controladores.</p>
<p>Mi paciente recordaba haber sufrido de unos celos terribles de su hermano mayor. Incapaz de aceptar la superioridad de este último, se refugiaba en fantasmas omnipotentes y destructores: se veía como un pirata que arrasaba la ciudad y de quien padres y hermano esperaban piedad. En otros momentos imaginaba ser un genio descubierto tras largos años de indiferencia familiar y saboreaba variadas y sutiles venganzas.</p>
<p>A pesar de ser un niño inteligente, su comportamiento en el colegio había sido de desobediencia y provocación sistemática. Hubo que cambiarle varias veces de colegio, pasó largas temporadas en internados especializados y fue atendido por 4 ó 5 psicólogos y psiquiatras. Según Luis, algunos de ellos habían sido simpáticos, sin más.</p>
<p>Hacia el momento en que abandonó los estudios y se marchó de casa, Luis conoció a un chico unos 10 años mayor que él, con el que desarrolló una estrecha amistad. Compartían el amor por el boxeo, la militancia en una organización de extrema derecha e interminables discusiones sobre el sentido de la vida. No estaba muy clara la razón del fin de esta amistad pero, en cualquier caso, a partir de la ruptura Luis empezó a sufrir accesos de una angustia tan intolerable que sólo un dolor físico agudo o la vista de su sangre lograba calmar. Sus brazos estaban llenos de cortes y quemaduras de cigarrillos. Las ideas de suicidio habían sido y seguían siendo frecuentes, pero su tonalidad me parecía más histérica que melancólica.</p>
<p>Al mismo tiempo, Luis tenía una novia y antiguos amigos que seguían sus estudios. Además, hacía prueba por momentos de una gran sensibilidad: en contraste con sus aires de matón, su gran pasión era la poesía que leía y escribía.</p>
<p>Al final de la primera entrevista Luis confesó dos cosas: la primera, que se daba cuenta de que estaba en un “agujero”; la segunda, que estaba decidido a salir de él. Y al principio de la segunda entrevista añadió una tercera: que, de todos los psiquiatras que había conocido, yo era aquella con la que mejor se había entendido, la única que le había comprendido realmente y que estaba seguro de que conmigo la psicoterapia iba a funcionar.</p>
<p>En resumen, se podría decir que Luis llegó a la terapia con un proyecto en gran parte inconsciente pero muy construido. Este proyecto constaba de tres elementos: el primero, la necesidad urgente de cambiar y la decisión firme de conseguirlo; el segundo, una teoría sobre el origen de sus males: sus padres; y el tercero, una intuición sobre la vía a seguir: la relación con una terapeuta idealizada, una especie de madre o padre perfecto a quien Luis había otorgado de entrada un poder salvador.</p>
<p>Estos tres elementos tenían dos particularidades: por un lado, el ser armas de doble filo, por otro, el solicitar fuertemente la contra-transferencia del terapeuta. Digo armas de doble filo porque, si bien alimentaban la motivación de Luis para acometer un trabajo sobre sí mismo y darse la posibilidad de cambiar, al mismo tiempo contenían en potencia importantes riesgos de idealización y de clivaje: “los malos son mis padres, la buena mi terapeuta”. Idealización y clivaje que, a nivel interno, podían llevarle a idealizar ciertos aspectos de sí mismo y a desconocer y rechazar otros. En otras palabras, lo grave no era que Luis idealizara al terapeuta, lo grave era que pudiera idealizar ciertos aspectos de sí mismo, aquellos identificados y depositados transitoriamente en el terapeuta, y rechazar otros aspectos de sí mismo, aquellos evacuados en sus padres y de los que tenía tanta necesidad, aunque no se diera cuenta, como de los primeros. Lo que podría ser resumido a través de la siguiente fórmula: “dado que los malos son mis padres y la buena mi terapeuta, en la medida en que yo me alíe a mi terapeuta, yo seré también totalmente bueno”. Por otra parte, los riesgos para la terapia eran tanto más importantes cuanto que el terapeuta podía sentirse tentado por las propuestas narcisistas y reparadoras implícitas en tal proyecto terapéutico. Veamos todo esto un poco más en detalle.</p>
<h3>MODELOS DE FUNCIONAMIENTO PSÍQUICO</h3>
<p>La manera como concebimos el proceso de una psicoterapia depende de nuestro modelo, explícito o implícito, sobre el desarrollo mental. Hay una interdependencia entre la forma en que pensamos que un individuo enferma y la forma en que pensamos que puede curar.</p>
<p>Aquí voy a necesitar hacer un pequeño rodeo teórico. Para poder comprender el modelo de desarrollo y de cambio psíquico propuesto por Freud es necesario insertarlo en el contexto cultural y científico de su época (1,2). El clima intelectual que presidió el nacimiento del psicoanálisis obedecía a los ideales positivistas de la época, es decir a la aspiración a construir todo conocimiento sobre bases objetivas y científicas, a semejanza de las ciencias naturales. En consecuencia, Freud adoptó el paradigma hidráulico preponderante en tal momento, paradigma que intenta describir el comportamiento de un fluido al interior de un sistema cerrado en términos de fuerzas y de contra-fuerzas en oposición, y cuya finalidad última es la de mantener el equilibrio del sistema.</p>
<p>Así, Freud construyó la hipótesis de una fuerza pulsional, la líbido, que busca la satisfacción y ejerce, en consecuencia, una presión sobre el psiquismo. Esta presión se ve frenada por fuerzas de signo contrario que se le oponen. Dichas fuerzas contrapuestas tienen un doble origen: por un lado, están las frustraciones y límites impuestos por la realidad externa; por otro lado, las prohibiciones resultantes de la conciencia moral, de lo que más tarde Freud llamaría el Superyo. Así, en este primer modelo freudiano, se distinguen dos casos de figura. En el primero, de inspiración más fisiológica, hay un estancamiento de la libido que se transforma directamente en angustia: esto da origen, pensaba Freud, a las neurosis actuales. En el segundo caso, ya claramente de naturaleza psicológica, se crea un conflicto interno, cuyo resultado es la aparición de defensas y de síntomas. Es lo que ocurre con lo que Freud llamó las psiconeurosis: en este segundo caso, los síntomas son considerados como formaciones de compromiso entre la pulsión y las prohibiciones superyoicas.</p>
<p>Este primer modelo, elaborado inicialmente por Freud a propósito de la histeria, gozaba de la simplicidad, la elegancia y la manejabilidad necesarias para permitir la exploración de numerosos fenómenos de la vida mental. Así, pudo ser aplicado a las otras neurosis, a los sueños, a los actos fallidos y los lapsus, a la religión y los mitos, a la actividad cultural y artística, etc. De una manera resumida, puede decirse que todas estas producciones del espíritu humano podían ser investigadas según el mismo prisma que los síntomas histéricos, en tanto que compromisos entre fuerzas opuestas.</p>
<p>El resultado fue un inmenso desarrollo teórico que originó una complicación creciente del modelo. La teoría traumática inicial fue remplazada por la idea de la importancia central del fantasma –idea que es considerada como el acto fundador del psicoanálisis–. Freud se aplicó a elaborar una topografía del aparato mental: en un primer momento, concibió una doble localización, consciente e inconsciente, ambos dotados de modalidades de funcionamiento específicas. Más tarde, Freud propuso una triple diferenciación: el Yo, especie de agente encargado de regular las relaciones entre los diferentes aspectos del mundo interno y entre éste y el exterior; el Ello, entendido como una reserva pulsional y el Superyo en tanto que representante de los valores sociales y morales. El problema de las pulsiones se reveló particularmente complicado. Freud propuso inicialmente la distinción entre pulsiones sexuales y pulsiones de autoconservación, y más tarde, entre pulsión de vida y pulsión de muerte. Se describieron varios tipos de angustia: de castración, de separación, así como la noción importante de angustia señal – especie de advertencia al psiquismo de la existencia de un peligro potencial. La represión dejó pronto de ser el único mecanismo de defensa responsable del equilibrio del sistema y se identificaron otros mecanismos importantes: algunos dotados de una capacidad de enriquecimiento personal y de inserción social como la sublimación; otros asociados a la formación del carácter como la formación reactiva; otros, finalmente, ligados a funcionamientos psíquicos más patológicos, como el clivaje. La introducción del concepto de narcisismo añadió un grado superior de complejidad al sistema, al señalar la importancia de la construcción y el mantenimiento de la imagen de sí mismo y de la auto-estima.</p>
<p>Sin embargo, y esto es importante, todos estos desarrollos teóricos tenían por marco el modelo hidráulico de un sistema cerrado que puede ser comprendido en sí mismo, de tal forma que la referencia al exterior adquiere un valor secundario. Lo que estoy diciendo no es que Freud ignorara la intervención del exterior. Lo que intento señalar es la manera como Freud comprendía la intervención del entorno. En este primer modelo de inspiración hidráulica, el exterior interviene fundamentalmente en tanto que fuente de suministro de gratificaciones o de frustraciones ante las cuales el aparato mental funciona prácticamente en circuito cerrado. En consecuencia, las características propias del objeto que satisface o que frustra no tienen ninguna pertinencia son. Los fantasmas, las pulsiones, las modalidades relacionales propuestas por el objeto no son consideradas como un elemento constituyente del mundo interno del sujeto. Es lo que se ha llamado una “psicología de una persona”.</p>
<p>Dicho de otra manera, según el primer modelo freudiano, si un bebé tiene hambre, lo importante es saber si va a ser alimentado; si tiene miedo, lo crucial será saber si podrá ser calmado. Este modelo no interroga los fantasmas o los sentimientos que animan a la madre cuando se ocupa de su bebé, cuando lo alimenta o lo calma, o cuando no lo alimenta y no lo calma.. Y sin embargo, sus fantasmas y sentimientos coloran necesariamente las respuestas maternas de una manera particular. Más aún, hoy en día se considera que la naturaleza de las propuestas relacionales maternas tiene una importancia fundamental. El bebé no es sensible únicamente a la satisfacción de sus necesidades. Por el contrario, pensamos que el bebé percibe finamente y reacciona a la calidad de las modalidades relacionales en las que se ve inmerso y que él mismo contribuye activamente a crear. Es decir que los bucles relacionales creados entre lo que el bebé emite, la respuesta que la madre le devuelve y la manera en que esta respuesta es recibida, transformada y renviada, estos bucles actúan a la vez como reveladores y como organizadores del mundo interno de cada uno de los participantes en la relación. Esto se aplica evidentemente también al niño, al adolescente y al adulto, la diferencia residiendo en una sensibilidad relativa diferente según los individuos y los periodos.</p>
<p>Este cambio de paradigma –de un sistema cerrado a un sistema abierto e interactivo ha sido de hecho el resultado de la acumulación de desarrollos parciales que han intervenido progresivamente. Dos líneas de pensamiento han tenido una importancia decisiva. La primera concierne la cuestión de la relación del sujeto con su medio. La segunda es de orden cronológico y se refiere a los periodos estimados como determinantes para el desarrollo del individuo.</p>
<p>Muy brevemente resumido, la primera de estas líneas de pensamiento concierne la relación del individuo con su medio. Un aspecto fundamental del primer modelo freudiano residía en la hipótesis de una primera fase en el desarrollo, de carácter muy particular, llamada “narcisismo primario”. En esta fase, se suponía que el bebé estaba enteramente centrado en sí mismo, su objetivo fundamental siendo la satisfacción de sus necesidades. Se concebía esta hipotética fase de narcisismo primario como un estado ideal e ilusorio de completa satisfacción y autarquía que reposaba sobre una actitud, del bebé, caracterizada por la indiferencia hacia el exterior y por el rechazo de todo aquello susceptible de perturbar su equilibrio interno. En resumen, el exterior contaba para el bebé únicamente en tanto que suministro de satisfacciones, el resto no le interesaba en absoluto.</p>
<p>En lo que concierne a la segunda de estas dos líneas de pensamiento, la cuestión cronológica, Freud exploró en particular el periodo, relativamente tardío, en el que se elabora el complejo de Edipo. Es ésta una noción de importancia fundamental que conserva actualmente el carácter central que le atribuyó Freud en su día. Seguimos considerando que, a través del Edipo, el niño aprende a gestionar los sentimientos de rivalidad y de exclusión, construye un sistema de identificaciones y se apropia los valores sociales que le permiten entrar a formar parte de la sociedad de los humanos.</p>
<p>Sin embargo, ya en vida de Freud se inició una complicación creciente del modelo. Autores como Ferenczi o Melanie Klein o, más tarde, Winnicott o Bion contribuyeron à la elaboración de una nueva visión del desarrollo del individuo que se alejaba de Freud en las dos direcciones de las que vengo de hablar. Por una parte, el nuevo paradigma insiste en la imposibilidad de comprender el desarrollo del individuo independientemente de sus relaciones de objeto. Utilizo aquí la palabra “objeto” en un sentido amplio: objeto es todo aquello que es considerado exterior al sujeto, diferente y otro que él mismo y que puede movilizar su interés, en un sentido positivo o negativo. Por otra parte, desde el punto de vista cronológico, en esta concepción, el acento recae en la precocidad de los periodos sensibles del desarrollo. Es como si el modelo diera un doble salto hacia atrás, hacia el “antes”. En primer lugar, en términos temporales: la relación con los objetos primarios, con la madre o sus sustitutos, adquiere una importancia central. En segundo lugar, en términos formales: lo importante no son solamente los acontecimientos relativamente tardíos de los que cabe guardar un recuerdo verbal. Es preciso interesarse por lo más primitivo y arcaico, por lo pre-verbal.</p>
<p>De una manera más precisa, según esta segunda concepción, el bebé, lejos de vivir encerrado en sí mismo, se orienta hacia los objetos desde el principio de su existencia. En consecuencia, el bebé no puede ser comprendido fuera de la trama compleja de relaciones de objeto que le rodean y que él contribuye a crear y desarrollar de una manera extraordinariamente activa. Ya no estamos en una “psicología de una persona” sino en una “psicología de dos personas”, interactiva y relacional. El paradigma hidráulico se muestra insuficiente; los psicoanalistas de hoy día se ven forzados a recurrir a las “nuevas metáforas” proporcionadas por la ciencia contemporánea, en particular la teoría de las catástrofes, el concepto de autoorganización y la teoría del caos (3).</p>
<p>Hay que señalar que esta concepción psicoanalítica del desarrollo comprendido en términos de una implicación extraordinariamente temprana del bebé en una trama compleja de relaciones de objeto, ha anticipado de hecho ciertos descubrimientos de la psicología experimental contemporánea. En efecto, hoy en día se admite que el bebé llega al mundo dotado de una serie de competencias innatas complejas que le permiten, desde el inicio de la vida, entrar en contacto con su medio, comunicar con él e influenciarlo activamente. Lejos de vivir encerrado en un cascarón autárquico, el niño busca y disfruta de aprender y de descubrir que es un agente activo en las interacciones. En consecuencia, la noción de narcisismo primario, íntimamente ligada a las concepciones neurofisiológicas de la época de Freud, pierde gran parte de su valor explicativo y heurístico (4).</p>
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		<title>Debate con los ponentes: Adela Abella y Alain Braconnier</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 08:12:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Transcripción del debate con Alain Braconnier y Adela Abella, participantes de la tercera mesa del XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el titulo “Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes” tuvo lugar en Bilbao del 22 al 24 de octubre de 2009. Reconocido como actividad de interés científico-sanitario por la Consejería de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco.
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			<content:encoded><![CDATA[<p class="nota">Transcripción del debate con Alain Braconnier y Adela Abella, participantes de la tercera mesa del XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el titulo “<em>Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes</em>” tuvo lugar en Bilbao del 22 al 24 de octubre de 2009. Reconocido como actividad de interés científico-sanitario por la Consejería de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco.</p>
<p><strong>Maite Urízar:</strong> Muchas gracias por estas dos exposiciones que yo creo que nos han hecho pensar a todos y que desde distintas perspectivas me atrevo a decir que son complementarias en el sentido de la importancia de los cambios, pero también de lo que permanece a través de los cambios. Sin más cedo la palabra a todos vosotros que creo que estaréis deseosos de debatir.</p>
<p><strong>Público:</strong> Brevemente a los dos muchísimas gracias. La verdad es que hay que pensar muchas cosas, pero se me ocurrió con la primera exposición sobre el final de la adolescencia los aportes de algún modo de muchos psicoanalistas acerca de cuándo el proyecto de la pareja adolescente decide sobre el proyecto de hijo y el final de la adolescencia. Era una pregunta para la primera exposición. Para la segunda exposición brevemente también, gracias por recordarlo todo en una trayectoria. Digamos que me hizo evocar fundamentalmente sobre esta frase de Winnicott en cuanto a la importancia del encuadre en la psicoterapia y desde ahí lo que se marcaba sobre la contratransferencia y en donde están dos pero se crea un significado o una creación de algo nuevo.</p>
<p><strong>Público:</strong> Estoy pensando que al final la doctora Abella me ha convencido. Yo creo que estamos en un espacio infantojuvenil y que esto marca centrarnos en el sufrimiento que lo cambios producen en los niños, pero quizás nos falte un poco más para ver como todo esto se ha integrado en los adultos. Y quizá, yo pensaba en el discurso tanto de esta mañana como en el de ahora, cuando tenemos pacientes adultos ¿cuestionamos a alguien el deseo de separarse?, ¿encontramos que es insano que se separe y se cuestione el sacramento del matrimonio? ¿Qué pasa? ¿Nos cuestionamos en nuestras pacientes su capacidad de maternaje porque trabajan? ¿Nos cuestionamos o cuestionamos a la mujer que quiere ser madre soltera o que quiere adoptar hijos o está necesitando de inseminación artificial? Creo que esto es importante por no quedarnos en lo que es el sufrimiento de los niños y los adolescentes por los cambios, porque si no, creo que tenemos el riesgo de negar los avances individuales y colectivos que nacen de las nuevas identidades y de las nuevas identificaciones. A mí no se me ocurriría ya a ninguna madre decirle que no lleve al niño a la guardería. En cambio hay estadísticas que dicen que los niños no vayan. No sé si me he explicado pero yo creo que estancarnos en ver a los niños sólo como víctimas de unas contradicciones, es dificultarles justamente nuevas identidades y nuevas identificaciones que serán en definitiva los valores que ellos asumirán personalmente y en su contexto social.</p>
<p><strong>Alain Braconnier:</strong> A propósito de las dos preguntas planteadas tengo que decir que tenemos un punto en común: el proyecto de niño. Se suele decir que el proyecto de niño es ya un signo del final de la adolescencia, el signo de que los adolescentes ya se representan a sí mismos como padre o madre. Pero las cosas no están tan claras: cuando nos encontramos con los embarazos de la adolescencia nos preguntamos si se trata de un proyecto de niño o, me atrevería incluso a preguntar, si se trata de una auto-terapia de la adolescencia. Claro que hay un deseo de niño, pero es tan reparador, a veces tan narcisista, a veces tan cargado de provocación o de dificultad para pensar el verdadero significado del deseo de niño que decir que el proyecto de niño significa el final de la adolescencia no vale para todas las situaciones; estos embarazos de las adolescentes lo demuestran.</p>
<p>En cambio, la capacidad para poder representarse como padre o madre sí podría considerarse como un signo del final de la adolescencia, ya que, en el fondo, se sale de una posición intermedia en la que uno se representa a sí mismo identificado con los padres.</p>
<p>Es por esto que yo lo relacionaba con el otro tema, en el sentido de que actualmente, el proyecto de niño es mucho más tardío y no afecta al mismo número de niños que antes. Pero, ¿significa esto que nos encontramos ante una problemática diferente de identidad-identificación menos buena, o por el contrario, ante una problemática de identificación mejor? No sabría responder, pero lo que sí puedo decir es que hay a pesar de todo, una continuidad en la historia humana: este paso de la infancia a la edad adulta es un paso transitorio pero no sencillo. Decía antes que esa cita según la cual para todo problema complejo hay una solución simple, es falsa, lo que me lleva a preferir otra, según la cual hay que hacer las cosas complejas lo más simples posibles pero no más simples de lo que se puede. Hay que tratar de comprender la complejidad pero no descalificarla por la dificultad que conlleva a la hora de resolverla.</p>
<p>Este tema de la identidad-identificación se encuentra en el fondo de todo este debate ya que corresponde al problema central de la adolescencia. Tiendo a pensar que actualmente nos vemos confrontados a él más que en épocas anteriores, pero ¿es debido a los cambios sociales? Tal vez. ¿Es debido a mi propia evolución en la manera de entender los problemas de la adolescencia?</p>
<p>Creo que estamos en una sociedad en la que en el fondo de este tema de la identidad-identificación se encuentra la problemática narcisista, es decir, la relación consigo mismo y que este deseo de niño, cuando llega, aun siendo sin lugar a dudas un deseo de paso de la infancia a la edad adulta y aunque es verdad que siempre ha estado infiltrado por el narcisismo y la proyección de uno mismo en el futuro, actualmente, este famoso niño-rey es un niño-rey que soporta muy a menudo una fuerte carga narcisista parental. Juan Manzano, que ha trabajado sobre los escenarios narcisistas de la parentalidad, no estaría en desacuerdo con este punto de vista.</p>
<p><strong>Adela Abella:</strong> La última pregunta que se ha hecho ahora me hacia recordar el debate que se ha seguido esta mañana y me parece que estamos confrontados a una doble necesidad simultanea. Por un lado, la necesidad de acoger los cambios sociales que están ocurriendo de entrada (porque están ocurriendo ya y no tenemos más remedio). El que nosotros estemos preocupados o en contra de ellos no significa que no van a ocurrir. Es necesario acoger los cambios sociales y al mismo tiempo estar atentos a lo que esos cambios pueden ocasionar tanto en el sentido positivo como en el negativo. Es decir que, en la colaboración entre una visión sociológica o antropológica y una visión psicoanalítica, quizás es importante como siempre que se trata de colaboración entre dos disciplinas diferentes, intentar enriquecerse mutuamente sin evitar las contradicciones y la lucha interna que puede haber entre diferentes aspectos. Quiero decir con eso que, en tanto que psicoanalistas, al mismo tiempo que nos podemos enriquecer con los aportes de disciplinas muy variadas quizá lo fundamental que podemos hacer es estar atentos al carácter profundamente individual y particular de la experiencia de cada individuo. Eso es lo que nos concierne fundamentalmente, intentar entender como cada individuo vive una situación determinada. Hablando esta mañana con Mari Rose le daba un pequeño ejemplo de cuando llegue yo a Suiza. Al de poco de llegar, vi una madre consultar por un niño ya mayorcito. Esta madre española que venía del campo, estaba profundamente dolorida por el recuerdo que ella tenía de cómo se había ocupado de su niño. Ella contaba que la pediatra le había explicado que lo mejor para el niño era que no durmiera con los padres y que durmiera desde el principio solo en su habitación. Y esta mujer queriendo hacer el bien puso al niño a dormir solo en su habitación. El niño se desarrollaba bien, no había problemas mayores pero esta mujer quedó con un sentimiento profundo de haber abandonado al niño y de que el niño había sufrido de soledad. Uno siempre puede pensar que ahí hay una elaboración posterior de la madre, y que la madre selecciona y deforma el recuerdo&#8230; pero de cualquiera de las maneras, para una mujer, una madre suiza que ha visto a su madre poner al niño solo en su habitación, que ella misma ha estado colocada solita en su habitación desde el principio, que lo ve y lo tiene integrado, seguramente esa madre puede gestionar las angustias del niño y sus propias angustias con toda tranquilidad. Pero una madre española que está acostumbrada al contrario e identificada con modelos contrarios, probablemente no pueda gestionar ni sus angustias ni las del niño en una situación que vive como profundamente extraña y alienada.</p>
<p><strong>María Verdejo:</strong> Buenas tardes, quería comentar algo en relación a lo que ha dicho el Doctor Braconnier, sobre este momento de época en el que la adolescencia se ve prolongada, prolongada y prolongada, donde la construcción del ideal del yo no termina y hay una regresión hacia el yo ideal. Esto es lo que creo que usted ha comentado. Me ha interesado muchísimo y me ha hecho pensar también en este momento de época, en este momento actual, donde sí tenemos un ideal, o creo no sé, igual usted no está de acuerdo y lo podemos conversar. Si hay unos ideales sociales, yo creo que tenemos que escuchar bien estos ideales de época porque son unos ideales pragmáticos, unos ideales de consumo, donde realmente lo que se transmite a la nueva generación y por parte creo de nuestra generación, los adultos, es precisamente eso: consume rápidamente, relaciones cortas, en cuanto que algo sucede cambia, trabaja también a corto plazo, cambiando&#8230;yo lo que me pregunto en este sentido es dónde hacer la continuidad o cómo hacer la continuidad y por otro lado quería comentar en este sentido también la importancia del trabajo multidisciplinar para poder realmente comprender la época y poder hacer una práctica que se adecue a nuestra época sin olvidar para nada lo que significa la construcción del psiquismo. Muchas gracias.</p>
<p><strong>Alain Braconnier:</strong> Ha entendido Vd. muy bien mi argumento sobre las dificultades actuales para lograr ideales del yo, es decir proyectos de futuro. Si estos proyectos de futuro no van acompañados del sentimiento de que pueden ser suficientemente imaginados, fantaseados y logrados, sin hablar de la dimensión inconsciente, el sujeto puede hacer una regresión hacia una idealización de sí mismo. Los ideales sociales, y vuelvo a recordar que no soy sociólogo, así como los cambios actuales son pragmáticos, rápidos&#8230; hay una dimensión “zapping” de la vida, pero entonces, ¿cómo representarnos desde nuestra posición como profesionales la posibilidad de imaginarnos una continuidad tan importante para el ser humano?</p>
<p>Esta excelente pregunta me lleva a decir que en el fondo, y lo recordaba en la conclusión, el ser humano tiene mayor capacidad de resistencia vital que lo que nos imaginamos. No tenemos que desesperarnos. Aun cuando vemos los cambios actuales desde una perspectiva más bien negativa, pienso que pueden convertirse en fuente de resistencia cada vez mayor para cada uno de nosotros. Con una salvedad: los más frágiles tienen menor capacidad de resistencia. Esa capacidad de resistencia a la que llamamos fuerza del yo o de otra manera, exige, sin embargo, no verse atrapada en avatares personales que impidan precisamente dicha capacidad.</p>
<p>Podemos preguntarnos si nuestra sociedad no ataca precisamente a los más débiles. Puede resultar demagógico pero les voy a poner un ejemplo muy concreto y estoy seguro que en Europa compartimos experiencias similares; había una clase de gran empresa que podía permitirse la contratación de trabajadores ligeramente frágiles. Actualmente las empresas contemporáneas, desde el criterio de rentabilidad y beneficio, no permiten contratar empleados frágiles. Esto lo saben bien todos los médicos laborales. Este ejemplo puede aplicarse a la sociedad en general. ¿Cómo podemos tolerarnos, soportarnos, si los contextos parentales y sociales no pueden soportar a los sujetos frágiles?</p>
<p>Esta cuestión de la continuidad se plantea con toda crudeza precisamente para estas personas. Pero pienso que afortunadamente, el sujeto humano, si no tiene que hacer frente a demasiadas dificultades, es más capaz de resistir que lo que imaginamos. Creo también en otra manera de pensar, en otro aspecto: hay, a pesar de todo, grandes estructuras estables en el psiquismo humano y, sea cual sea el tipo de sociedad, estas grandes estructuras estables siguen estando presentes, a condición de que el sujeto las haya podido construir: les hablaba de la capacidad de amar y amarse, he aquí una gran estructura estable, la relación con otro, con su dimensión de complementariedad, también, aunque esta relación de complementariedad pueda estar amenazada.</p>
<p>Dicho de manera simple, tal vez demasiado simple, por lo que no debe de ser verdad, nos encontramos con adolescentes que se enamoran por primera vez, y para el chico, una chica es un misterio, y para la chica, un chico es un misterio. Vds. me dirán que es así durante toda la vida, pero pienso que todo esto permanece muy estable. ¿Cómo mantener una relación de complementariedad con otro, es decir confrontarse con la propia castración? Se trata de estructuras estables.</p>
<p>El único punto que me resulta problemático actualmente es precisamente cómo construir esta imagen de continuidad en el amor de sí mismo, en la representación de sí mismo, frente a todos estos cambios. Esta es para mí la única problemática que ataca directamente en lo más profundo al ser humano, a pesar de las capacidades de resistencia que ya he mencionado.</p>
<p><strong>Fernando Cavaleiro:</strong> Me han interesado enormemente las dos exposiciones que tienen un punto de coincidencia, (tienen muchos puntos de coincidencia) que me ha interesado, y es el de poner el acento en la realidad, lo que decía Alain Braconnier que era una cuestión que podía ser mal vista a nivel de algunos ambientes psicoanalíticos o algunas teorías psicoanalíticas y la importancia de la realidad compleja que significa la contratransferencia como exponía Adela. Una realidad compleja, no un realidad simple y sencilla, sino una realidad que también hemos visto esta mañana en la transculturalidad y en un montón de cosas. Indudablemente, cuando estamos hablando de contratransferencia estamos hablando de algo muy complejo.</p>
<p>Cuando nos encontramos con una sociedad compleja y nos encontramos también con una realidad que retrasa la adolescencia en mucho aspectos y que va más en un sentido de generar el yo ideal y no el ideal del yo, os pregunto: ¿Qué se les podría decir a los sociólogos, a los políticos, a los educadores, confrontados con la crianza de la adolescencia? ¿Es que hay alguna manera o alguna conclusión concreta que desde detrás del diván escuchando a adolescentes, o desde la realidad social vista como una visión un poco dinámica, se le podría aportar a quienes se preocupan de la sociedad y de los fenómenos adolescentes sociales? Creo que habéis respondido en cierta medida, pero quería apretar más y ver si hay más cosas que ahora o en el coloquio posterior puedan ir saliendo.</p>
<p><strong>Maite Muñoz:</strong> Una pregunta muy cortita para Adela, igual es una tontería porque es una cuestión semántica sin más pero si me interesaba preguntarte una cosa, ¿espejo o pantalla? Lo digo porque en tu exposición has utilizado varias veces la expresión del terapeuta como espejo. Igual espejo-pantalla es equivalente, pero a mí me parece que podría tener un pequeño matiz y que hay detrás un concepto que podría variar mucho la cosa, porque en la pantalla se proyecta, pero el espejo devuelve la propia imagen. Mi opinión seria que más bien el analista es mas pantalla que espejo pero me interesaba mucho lo que piensas tu puesto que empleas mas la otra palabra.</p>
<p><strong>Carmen Villanueva:</strong> Me han encantado las dos ponencias pero especialmente la tuya Adela porque eres mi amiga y la pregunta es para ti. Me ha encantado el concepto de utilizar la contratransferencia en beneficio del paciente y no actuarla sino pensarla, elaborarla y utilizarla en beneficio del paciente. En ese sentido te quería preguntar el tema de la idealización, ¿como la pudiste utilizar con relación a este chico? y por otro lado decirte que me ha dado una envidia tremenda porque yo jamás he tenido un adolescente que venga por su propia iniciativa y que además se pague el tratamiento.</p>
<p><strong>Adela Abella:</strong> Muchas gracias, Carmen. Empezando quizá por tu pregunta, la cuestión de la idealización era importante porque como decía, por un lado me daba la impresión de que el chico necesitaba idealizarme para poder entrar en un trabajo terapéutico, pero al mismo tiempo había varios niveles diferentes. Esta idealización por un lado, me hacía pensar que él tenía que estar habitado por objetos internos, por imágenes internas de los padres, que él había idealizado mucho.</p>
<p>A mí me venía con este chico a la memoria una expresión que usaba mi madre de que había cosas que estaban como una perita en dulce, una perita que está tan madura que pones la mano y cae, no hay que hacer ningún esfuerzo. Este chico parecía una perita así pero no era una perita así en absoluto. De poner la mano lo que iba a caer ahí en el mejor de los casos iba a ser la repetición de la experiencia que había tenido ya de ruptura con el chico anterior o bien una reparación provisional. Es decir, a mí me daba la impresión, y me sigue dando la impresión de que con frecuencia, cuando vamos a buscar una terapia ya no es porque uno quiere cambiar. Pienso que (usando una imagen de una casa que está destruida), lo que queremos es poner una viga para que se mantenga un muro, si hay una mancha de humedad poner un poco de pintura para que no se vea&#8230; pero claro, si hay una mancha de humedad y se pone pintura con eso no se consigue nada, se refuerza el problema y cuando se va a tener que atacar va a ser mucho más fuerte. La gran dificultad quizás fue esa. Lo que dices de que vengan por su cuenta y por iniciativa propia, yo también pienso que aunque él hablaba de una manera bastante despectiva de los terapeutas anteriores, probablemente había hecho más trabajo del que parece y del que reconocía. Con respecto a las lecturas de los tratamientos que no se han continuado, ha habido investigaciones que han mostrado que con mucha frecuencia la percepción que tiene el paciente que ha roto la terapia y la percepción del terapeuta son completamente diferentes. Ahí donde el terapeuta es negativo, con frecuencia el paciente tiene un buen recuerdo y piensa que la terapia le ayudó y que le fue útil. Ahí está la dificultad de cómo entender esa situación, y desde luego pienso que probablemente las expectativas narcisistas, las necesidades reparadoras del terapeuta no coinciden necesariamente con las necesidades de los chicos. Ahí puede haber un factor de distorsión.</p>
<p>Con respecto a la pantalla y el espejo, me parece que lo que dices es muy interesante. Yo no sabría que palabra habría que usar. La idea de fondo que me interesa es pensar que hay cosas que se van a reflejar directamente y que el terapeuta va a poder ver directamente, pero que también donde hay huecos, espacios vacíos y deformaciones nos informa del contenido del fantasma inconsciente. No es solamente en efecto una función de reflejo a no ser que se incluya en el reflejo, el reflejo de lo negativo, de lo que falta o de lo que está deformado.</p>
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		<title>Entre familia y parentalidad: algunas consecuencias de las discontinuidades relacionales</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 08:09:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>

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		<description><![CDATA[Paul Denis
Psiquiatra. Psicoanalista. Miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Paris.
Ponencia presentada en el XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el titulo “Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes” tuvo lugar en Bilbao del 22 al 24 de octubre de 2009. Reconocido como actividad de interés científico-sanitario por la Consejería de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco.
Traducida por Xabier Tapia Lizeaga. Psicólogo Clínico. Asociación Altxa. Servicio de Atención Temprana. CSM Julián ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Paul Denis</strong><br />
Psiquiatra. Psicoanalista. Miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Paris.</p>
<p class="nota">Ponencia presentada en el XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el titulo “<em>Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes</em>” tuvo lugar en Bilbao del 22 al 24 de octubre de 2009. Reconocido como actividad de interés científico-sanitario por la Consejería de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco.</p>
<p class="nota">Traducida por Xabier Tapia Lizeaga. Psicólogo Clínico. Asociación Altxa. Servicio de Atención Temprana. CSM Julián de Ajuriaguerra. Asociación Haurrentzat.</p>
<p>Los psiquiatras infantiles conocen bien los efectos de la discontinuidad relacional debidos, por ejemplo, a la sucesión de acogimientos. Hace unos años, en una población de niños de 3 a 10 años, en un hospital de día, la media de los diferentes tipos de acogimientos era de 7,5. Pero no es este tipo de discontinuidad relacional el más frecuente; los cambios actuales en la manera de ocuparse de los niños así como las profundas modificaciones que se están produciendo en la familia están generando una serie de consecuencias psicopatológicas menos evidentes pero de un alcance difícil de valorar hoy por hoy.</p>
<p>Los primatólogos han constatado que el hombre es el único, entre los primates, que dispone de forma simultánea de una organización familiar y de una organización social. La oposición pertinente entre familia y sociedad sería específica del hombre. El ser humano, hasta el presente, parece haber evolucionado siempre entre estos dos espacios y dentro de sus relaciones recíprocas. Durante su evolución, el niño se desarrollaba inicialmente dentro del espacio familiar, único al comienzo y poco a poco se le iba introduciendo en el espacio social con la ayuda eventual de ritos de iniciación.</p>
<p>Con las nuevas maneras de criar a los niños, sorprende observar cómo se va consolidando una tendencia a la socialización precoz; se tiende a sumergirlos, casi de golpe, en un espacio social colectivo. Se da por hecho que la guardería tiene la obligación de “socializar”; se defiende seriamente la escuela a los dos años. A su vez y de forma paralela, la familia ha cambiado considerablemente, tanto desde el punto de vista de su papel en el conjunto social como de su funcionamiento interno, cuando existe. Observamos asimismo en los textos legales que la noción de parentalidad va ocupando el lugar de la noción de familia.</p>
<p>La guardería, concebida inicialmente como una ayuda a la función materna, tiende a sustituirla. La brevedad de las bajas de maternidad nos muestra el desprecio absoluto y la más absoluta ignorancia sobre el carácter traumático que supone para una joven madre el tener que separarse de su recién nacido en plena pasión maternal. ¿Y qué hay de la ignorancia sobre los efectos en el bebé del traumatismo infligido a su madre y sobre las reacciones psíquicas de ésta ante la ruptura impuesta? ¿Y cuáles van a ser los efectos de esta ruptura de la continuidad de los cuidados para el propio bebé?</p>
<p>¿En nombre de qué se impone este desgarro mutuo? ¿Por qué hay que delegar tanto los cuidados maternos en organismos colectivos? ¿De qué clase de desconfianza –o de odio– hacia la función materna y la familia se está alimentado este tipo de delegación? A aquello de André Gide “familias, os odio” podríamos añadir, “madres, os deshonro”, o algo más práctico: “madres, os prohíbo la pasión, madres os prohíbo el deseo de ocuparos de un bebé, vuestro interés no es más que un interés lamentable que conviene delegar en alguien lo antes posible”.</p>
<p>La equiparación justa de las condiciones sociales entre hombres y mujeres, victoria del feminismo, va de hecho pareja con un tipo de feminismo parcial que desvaloriza la función materna, como si ésta fuese la causa histórica –no necesariamente falso– de la infravaloración de la condición femenina. Se desprecia la condición de “ama de casa” considerándola como un contra ideal. De hecho, esta condición, a menudo padecida más que elegida por una mujer que sacrifica sus estudios o una carrera por su papel en el hogar, ha sido presentada como ejemplo canónico de desigualdad social entre los sexos. Es por ello que un determinado tipo de feminismo ha llegado incluso a atacar a la propia función materna, confundiéndola con la condición social de ama de casa, hasta el punto de no respetar ni siquiera el derecho de toda mujer a querer tener niños y, eventualmente, a criarlos ella misma. Pero sea cual sea el debate, lo importante es que la igualación de las condiciones sociales entre hombres y mujeres cambia ipso facto algo fundamental en la organización de la familia y sobre todo en la organización de las relaciones entre los niños de cualquier edad y los adultos: la continuidad relacional con un número reducido de personas deja de ser algo habitual. La situación más frecuente es la de un entorno con muchos rostros, la de una educación con rostros cambiantes, en nombre de una supuesta “socialización” impuesta muy precozmente al niño.</p>
<p>Sean cuales sean las razones profundas, el hecho es que el resultado de esta voluntad de socialización precoz es una discontinuidad en las relaciones del bebé con las personas que le rodean así como un debilitamiento del papel de la familia que va a traer consecuencias notables en la educación de los niños.<br />
Aunque la familia, en cuanto grupo formado por dos padres y niños, no haya desaparecido todavía, es su uso el que viene debilitándose, su papel como crisol para la elaboración de relaciones posteriormente generalizables al espacio social.</p>
<p>La continuidad de las relaciones del niño con unas mismas personas del grupo familiar favorece el establecimiento de vínculos diferenciados y asegura la elaboración psíquica de estos vínculos en los fantasmas y los juegos. La pasión de los padres por sus hijos y especialmente la pasión materna –la ilusión anticipatoria materna– se manifiesta a través de las conductas cotidianas que se repiten día tras día y adquieren, poco a poco, para el niño una coherencia significativa. El niño no solo aprende la lengua materna sino –y es lo más importanteel idioma afectivo, la interpretación de las señales emocionales de la madre. El amor que un niño profesa a su madre intensifica las preformas del complejo de Edipo y refuerza las identificaciones con ambos padres. De esta manera, la organización del complejo de Edipo, es decir, en el fondo la constitución de las instancias estructurantes para el psiquismo se apoya en esta continuidad relacional; el Yo y el Superyó se van desarrollando en un juego recíproco y en la relación con los padres reales, de tal manera que estas instancias van a poder generalizarse más tarde a los representantes sociales de la autoridad y de la educación.</p>
<p>El Superyó paterno que prohíbe y protege, integrado en el psiquismo del niño, le permite aceptar la autoridad del profesor, quien a su vez va a contribuir a completar este Superyó y a apoyar el desarrollo del Yo; la autoridad de los maestros, la del poder político es aceptada por la simple razón de su analogía con los roles del padre y de la madre de familia.</p>
<p>Pero planteemos por un instante las cosas desde el punto de vista del desarrollo pulsional. Hemos propuesto un modelo –evidentemente teórico– de la organización de la pulsión que se organiza y más tarde se manifiesta a partir de dos componentes, un componente de dominio1 y un componente erógeno. El componente de dominio trata de establecer el contacto con el objeto, con la persona que detiene el poder de satisfacer la pulsión. Este componente de dominio es motor y sensorial, y va a la búsqueda del objeto tratando de poseerlo. El componente erógeno, basado en el investimiento de las zonas erógenas, trata de obtener una experiencia de satisfacción cuyo modelo es el orgasmo y en el bebé el placer de la acción de mamar. Cada vez que se experimenta plenamente una experiencia de satisfacción las imágenes motrices y sensoriales del objeto se cargan con la huella, con el recuerdo de esta experiencia, formando el conjunto una “representación”. En el caso de un funcionamiento pulsional satisfactorio el sujeto es capaz, en un primer momento, de sobrevivir gracias a la evocación de experiencias anteriores de satisfacción a través del juego de representaciones que va almacenando; la fantasmatización le permite experimentar a mínima algo que sigue siendo del tipo de una satisfacción, de manera que el sujeto es capaz de soportar la frustración durante algún tiempo. Más tarde llega la necesidad de experimentar una satisfacción real. El deseo, hacia una persona, le va a llevar en ese momento a poner en marcha una serie de conductas de dominio; irá en su busca, irá a verla para lograr después con ella una experiencia nueva de satisfacción; el adulto corre a encontrarse y a tocar la puerta de una amiga o a llamarla por teléfono, o se inscribe en facebook, utiliza los medios que el progreso técnico pone a su disposición, la webcam, la moto&#8230;; los esfuerzos de dominio no van a parar hasta obtener una satisfacción suficiente, directa o indirecta, inmediata o diferida por parte de esta amiga. En cuanto al bebé, va a llamar, ir hasta la puerta, tocar, correr hacia la cama de los padres&#8230; A falta de una satisfacción, se redoblan los esfuerzos de dominio; en el peor de los casos puede llegar incluso a una locura de dominio con un desbordamiento motor imparable que puede llegar hasta la cólera, los golpes, la violación.</p>
<p>La discontinuidad relacional precoz lleva a los niños a vivir una experiencia permanente de separación, imponiéndoles un trabajo psíquico del que no son capaces todavía. El trabajo psíquico de la separación es muy específico y muy particular ya que exige a la vez perder al objeto –a corto plazo– sobrevivir psíquicamente y conservarlo, un objeto al que se odia porque desaparece, para poder reencontrarlo más tarde. El “juego del carrete” descrito por Freud es el ejemplo típico de un buen trabajo de separación; el niño juega a ejercer su poder sobre un representante simbólico del objeto, una cosa dócil que se somete a su dominio. Controla así al objeto: al lanzar el carrete reencuentra su propia actividad –es él quien hace desaparecer al objeto, no la madre la que lo abandona– expresa también su rabia, haciéndola desaparecer –in effigie– y más tarde expresa su amor por ella haciéndola reaparecer gracias a la cuerda, instrumento del dominio conquistador. Si no es capaz de realizar el trabajo psíquico de separación el niño puede elegir entre un estado de duelo permanente, una vivencia depresiva continua o una repetición incesante de conductas de dominio: es decir, el tormento de la hiperactividad.</p>
<p>Estos fenómenos se ven favorecidos en muchos niños –cada vez más– por el hecho de verse sometidos, a lo largo de la misma jornada, a una sucesión de interlocutores neutros, que, aunque sientan cierta simpatía hacia ellos, no sienten la pasión por satisfacer sus necesidades ni por educarlos, y a menudo no tienen más responsabilidad que la de dejar correr el tiempo lo más tranquilamente posible mientras están con ellos y que les dejen en paz.</p>
<p>Cada vez es más reducido el tiempo de contacto directo con la madre, con los padres. Más aún, el niño se ve confrontado –a lo largo de una misma jornada– a diferentes idiomas emocionales, sucesión que hace difícil el paso de una relación a otra y que puede favorecer la aparición de diferentes tipos de dificultades para investir profundamente a las personas como objetos afectivos gratificantes. Los padres, pero especialmente las madres, se ven privados a su vez de los beneficios relacionales de una comunicación compleja y continua con su hijo, y se ven conducidos, para no sufrir, a un desinvestimiento relativo que no deja de traer consecuencias sobre la manera de percibir el niño a sus padres. Por otra parte este tipo de relación discontinua tiende a favorecer la no diferenciación de la relación materna y paterna.</p>
<p>Si tomamos el ejemplo de una mujer en el hogar –que pasa la mayor parte de su tiempo cuidando de sus hijos, situación teórica ya no muy frecuente actualmente– vemos que va a tener que gestionar con su o sus hijos una relación continua; se va a ver obligada a prohibir muchas conductas, va a tener que ocuparlos y enseñarles un sinfín de cosas de la casa. Pero sobre todo, no podrá evitar ni su propia agresividad contra sus alborotadores hijos ni la de éstos contra ella ni sus necesidades libidinales. La manera de gestionar su propia agresividad y sus movimientos libidinales hacia sus hijos va a servir de modelo para éstos. Pero si los niños se ven atendidos por una serie de personas a lo largo de una misma jornada, cada una de ellas va a poder ahorrarse sus conflictos manteniéndolos en suspenso hasta que otra persona la releve.</p>
<p>Por lo que respecta a los niños, las dificultades inducidas son considerables: ¿cómo vincularse con personas que cambian constantemente?, ¿con personajes tan numerosos y con un rol tan efímero?, ¿cómo va a soportar un niño de dos años y medio verse inmerso en una clase de preescolar francés, con otros treinta niños cuidados por dos adultos de los cuales uno pasa su tiempo llevando a hacer pipi uno por uno a los treinta? Si los niños se pelean o se muerden en la guardería es por la excitación que padecen sin posibilidad alguna de resolverla con la ternura. ¿Cómo entender el considerable aumento de niños llamados “inestables” anteriormente y descritos actualmente como “hiperactivos”? La explicación genética no sirve: ¿o acaso los genes de la hiperactividad son epidémicos? ¿No cabe pensar tal vez que todo niño tiene un potencial de agitación y que es el entorno el que permite su expresión? Mi hipótesis es que la experiencia excesivamente precoz de la guardería, la experiencia excesivamente precoz de las clases de preescolar demasiado numerosas, no permite un desarrollo suficiente ni del juego pulsional ni de las instancias psíquicas, condición indispensable para unos intercambios sociales suficientemente placenteros y pacíficos: la supuesta socialización precoz de la guardería juega en definitiva contra la propia socialización.</p>
<p>Este efecto de la inmersión precoz en el espacio social va a ser mayor cuanto menor capacidad tenga la familia de corregir sus efectos y más acusada sea la discontinuidad relacional en la vida del grupo familiar.</p>
<p>En una familia centrada en un personaje materno central, digamos “permanente”, la discontinuidad relacional suele afectar sobre todo al padre, presente sin embargo tanto en la mente de la madre como en sus palabras cuando se dirige a sus hijos: papá se va a sentir orgulloso de ti, papá se va a enfadar. Hoy en día la discontinuidad relacional afecta a ambos padres a la vez. Sus respectivos roles de padre y madre aparecen cada vez menos claramente diferenciados lo que lleva a defender una cierta intercambiabilidad entre los padres. Así, la igualdad –deseable– de las condiciones sociales del hombre y de la mujer tiende a generalizarse a sus respectivos roles con respecto a los niños favoreciendo una cierta confusión de los roles materno y paterno. Los modelos de identificación se perfilan con menos claridad. Por otra parte, los padres, que ven poco tiempo a sus hijos, se sienten impelidos a evitar los conflictos y a satisfacer demandas que sí rechazarían en caso de encontrar una vía alternativa aceptable. La frustración relacional de los niños con respecto a sus padres les lleva a una intolerancia a la frustración pura y simple, y a los padres, a una especie de culpabilidad y de incapacidad para frustrar los deseos inadaptados de sus hijos. Todo esto se suele acentuar en caso de separación de la pareja de padres.</p>
<p>La familia corre el riesgo de descomposición de diferentes maneras: desde el interior, por la desvalorización, cuando no la prohibición, del ejercicio de una función materna que coincide con el cambio radical de esta función inducida por el recurso precoz a las instituciones sociales, y desde el exterior, por la precariedad de las parejas de padres: el divorcio está a punto de convertirse desde hace unos años en la norma.</p>
<p>Sorprende igualmente observar cómo se va acentuando la intervención de las instancias sociales en el seno de la propia familia. El ejemplo de la administración de la “píldora del día después” a menores, en el ámbito escolar, con desconocimiento de los padres, y sea cual sea el peso de las razones que impulsan a adoptar tal medida, ilustra bien este intervencionismo social, impensable hace poco tiempo. Hace ya muchos años que Emmanuel Diet había llamado la atención sobre este fenómeno, describiendo lo que él denominaba “la instancia parental de Estado”. Al final, iban a ser los profesionales de la intervención social los encargados de proteger a los niños contra sus propios padres, sospechosos a priori de ser malos; estos profesionales se sienten investidos de una especie de deber de injerencia. Los miembros de la familia están cada vez más directamente confrontados, a título individual, con la autoridad social, y por ende, más desesponsabilizados. Viven un sentimiento de cierta des-posesión que se manifiesta en un cierto grado de desinvestimiento de sus funciones como padres.</p>
<p>Así pues, parece claro que hoy en día corren nuevos tiempos para la evolución de la familia; la cuestión es saber si, al final va a quedar algo de ella. De forma paralela a estos nuevos tiempos asistimos igualmente al cambio radical en la educación de los niños derivado de este debilitamiento de la familia como institución.<br />
Así como la igualación de las condiciones sociales ha llevado a la democracia y a la desaparición de la familia patriarcal-patrimonial, la igualación de las condiciones sociales entre las mujeres y los hombres está llevando a una transformación profunda de la familia –y posiblemente a su desaparición– en tanto que unidad de vida compuesta alrededor del papel organizador de la madre de familia. En sesenta años, y aunque persistan desigualdades profundas, la igualación de las condiciones de vida de las mujeres con la de los hombres ha sido considerable; ha bastado esta igualación para que se produzca una especie de revolución social profunda.</p>
<p>Podríamos parafrasear a Tocqueville: “Desde que los trabajos de la inteligencia se convirtieron en fuente de fuerza y riqueza, hubo que considerar cada desarrollo de la ciencia, cada conocimiento nuevo, cada idea nueva, como un germen de poder a disposición de las mujeres”. Esta igualdad social entre hombres y mujeres ha adquirido asimismo un carácter de “hecho providencial, dispone al menos de sus características principales: es universal, es duradero, escapa todos los días al poder humano; todos los acontecimientos así como todos los hombres sirven a su desarrollo”.</p>
<p>El individualismo contemporáneo, producto de la evolución democrática –“la aristocracia había creado una larga cadena que iba desde el campesino hasta al rey, la democracia rompe la cadena y cada uno coloca su eslabón a parte”2– es la consecuencia última de esta evolución igualitarista entre los hermanos en la que la búsqueda del bienestar individual prima sobre el mantenimiento de la fuerza social del grupo familiar como entidad. La igualación de las condiciones sociales entre los sexos es el complemento que radicaliza este individualismo.</p>
<p>El resultado es claramente esta “des-institucionalización de la familia” evocada por Marcel Gaucher: ya no se entiende la familia como la unidad de base de la sociedad, sino como una forma de organización privada entre personas privadas. Es este movimiento el que Gaucher describe como “la privatización” de la familia. La familia se nos muestra como des-insertada en la organización social en su conjunto. “Se trata de una revolución antropológica, la palabra no es demasiado fuerte. La familia deja de ser lo que siempre fue, por lo que sabemos, un engranaje del orden social. Deja de ser una unidad significativa desde el punto de vista del mantenimiento y del establecimiento del orden social”3 nos dice Marcel Gaucher. Según el autor asistimos a “una captación del vínculo social por parte del estado”.</p>
<p>El debilitamiento del rol social institucionalmente reconocido a la familia le priva de su autonomía, en el sentido fuerte de la palabra, la de un espacio en el que se aplican las reglas a la medida, una especie de jurisdicción con un valor protector y organizador de la vida privada de las personas que la integran. El término “cabeza de familia” ha perdido todo significado. La ley pública, al no reconocer ya a la familia como lugar moral en el que se puede ejercer una “ley” familiar sobre sus miembros, favorece o instala, si no una anomia, sí al menos una “hiponomia” familiar que expone directamente a los individuos a la ley pública sin el relevo de una coherencia privada duradera. Hipernomia pública e hiponomia familiar, ambas desequilibran la oposición dialéctica entre espacio social y espacio familiar. Cuando la familia se descompone el resultado suele dar lugar habitualmente a una anomia “familiar”.</p>
<p>En consecuencia, el matrimonio deja de ser un acto fundador de una nueva célula operativa de la sociedad para convertirse en un acto de asociación entre personas privadas. Se independiza de la noción de procreación; su carácter precario y revocable acentúa este carácter asociativo. La familia patriarcal o materno-céntrica estaba basada en la perennidad de forma natural. La revocabilidad, es decir la inestabilidad como parte integrante del matrimonio hoy en día y de todo lo que supuestamente de él se deriva, acentúa el debilitamiento institucional de la noción de familia. ¿Cómo basar un funcionamiento social sobre una organización precaria por naturaleza? El matrimonio se ha convertido sencillamente en una organización temporal de una pareja que no tiene ya el poder de asegurar la continuidad relacional para los niños nacidos de esta unión. La noción de familia se difumina cada vez más en beneficio de la noción de parentalidad. Actualmente es la parentalidad la que el legislador trata de organizar y no ya la familia. Es cierto que el término de familia subsiste todavía pero habitualmente acompañado de un adjetivo: monoparental, recompuesto&#8230; Los eufemismos disimulan mal el hecho de que una familia parental solo es una familia desde el punto de vista legal y que las familias llamadas recompuestas no son más que reajustes de familias descompuestas, por muy satisfactorios que sean. Se suele sugerir hablar de multiparentalidad más que de familias recompuestas, y de hecho resulta más objetivo y va más en el sentido de esta sustitución de la noción de familia por la de parentalidad.</p>
<p>Hemos visto que este cambio de la familia, afectada por esta revolución antropológica, así como la tendencia a la socialización precoz o hiperprecoz de los niños y a la colectivización de sus condiciones de vida desde las primeras edades iban al unísono. Este conjunto de cambios profundos en la vida de los niños y en la forma de educarlos ya ha traído consecuencias medibles así como otras que se le pueden imputar, por ejemplo en la adolescencia, con el aumento de la frecuencia de las toxicomanías, alcoholismo, delincuencia&#8230;</p>
<p>¿Vamos hacia una sociedad sin familia? Es muy posible. Escuchemos una vez más a Tocqueville: “cuando una cierta forma de pensar o de sentir es el producto de un estado particular de la humanidad, al cambiar este estado nada queda de lo anterior (&#8230;) No había nada más estrecho en el mundo feudal que el nudo que unía al vasallo y al señor. Ahora, estos dos hombres ya ni se conocen. El temor, el reconocimiento y el amor que les unían anteriormente han desaparecido. No queda huella ninguna. Pero no ocurre así con los sentimientos naturales de la especie humana.”</p>
<p>Todo radica en este “pero”&#8230; O la familia es el resultado de los “sentimientos naturales de la especia humana” y en ese caso, perdurará de una u otra forma, o es “el producto de un estado particular de la humanidad” en cuyo caso sus días están contados.</p>
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		<title>Debate final con todos los ponentes</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 08:05:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Adriana</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Transcripcion del debate con todos los ponentes participantes en el XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el titulo “Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes” tuvo lugar en Bilbao del 22 al 24 de octubre de 2009. Reconocido como actividad de interés científico-sanitario por la Consejeria de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco.
Pablo García: Gracias a todo el mundo y recordar, aunque lo habéis dicho varios pero me apetece también ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="nota">Transcripcion del debate con todos los ponentes participantes en el XXII Congreso Nacional de SEPYPNA que bajo el titulo “<em>Nuevas formas de crianza: Su influencia en la psicopatología y la psicoterapia de niños y adolescentes</em>” tuvo lugar en Bilbao del 22 al 24 de octubre de 2009. Reconocido como actividad de interés científico-sanitario por la Consejeria de Sanidad y Consumo del Gobierno Vasco.</p>
<p><strong>Pablo García:</strong> Gracias a todo el mundo y recordar, aunque lo habéis dicho varios pero me apetece también decirlo, que aquí aunque uno vaya a viejo cada día aprende más.</p>
<p>Tengo una reflexión sobre el congreso en general que me gustaría compartir con vosotros y si podéis decidme algo. Mi reflexión es la siguiente. Los adultos movidos por nuestras necesidades, por nuestros deseos, por las presiones sociales, hacemos una serie de cosas, a veces deseadas, a veces inevitables, que tienen una repercusión en unos terceros que se llaman los niños y los adolescentes. Entonces ante eso, hay varias posibilidades: o la de negar directamente y decir “no pasa nada”, “todo da igual”, “todo va bien”, o incluso racionalizar todavía más, dar un paso más de rosca y decir: “no es que va bien, es que va mucho mejor”. Yo creo que los adultos tenemos derecho a usar nuestros deseos, a responder a nuestras necesidades e incluso a ceder a las presiones, pero lo que no podemos hacer es obviar las consecuencias que en otros tienen las cosas que nosotros hacemos. A mí por otra parte, escuchando a Marie Rose que no está aquí ahora pero bueno, me parece que efectivamente tenemos que ajustar un poco nuestros clichés, no sólo en la clínica sino en la vida social, para que quepan dentro de ellos cosas que en otro momento no estaban y no patologicemos necesariamente desde otra perspectiva cosas que no hay porqué patologizar. Pero, pienso que lo que no podemos hacer es negar la evidencia, y la evidencia es que estamos viendo aquí problemas importantísimos en la construcción del psiquismo humano (problemas de la identidad, de la identificación, problemas de vínculo, problemas de establecimiento en general del psiquismo humano) que queremos pasar por alto sencillamente diciendo que tenemos derecho a hacer tal cosa, tenemos derecho como adultos a hacer tal otra. Yo creo que no debemos renunciar a nuestros derechos pero que tenemos que plantearnos qué repercusiones tiene en otros que no somos nosotros.</p>
<p>Dentro de todo este proceso, no me gustaría dejar a los niños abandonados al puro darwinismo, porque claro que sabemos que los niños se van a adaptar, a cualquier hecatombe a lo largo de la historia de la humanidad se ha adaptado la gente, lo que pasa es que en cualquier hecatombe muere muchísima gente y sucumbe muchísima gente. Por eso creo que frente a estos cambios debemos acomodarnos, acomodar nuestros clichés, acomodar nuestra clínica, acomodar nuestra manera de vivir, creo que debemos de recibirlo en principio como cambios normales dentro de la sociedad.</p>
<p>Me gustaría pedir a la mesa si hay alguna pista (alguna mas) para que todos estos cambios no queden solamente a expensas de la capacidad de acomodación de los niños, sino que podamos ayudarles de alguna manera, tanto con medidas sociales, políticas (los que podamos tener alguna influencia en este terreno o los que puedan tenerla) como en la clínica y en la educación.</p>
<p><strong>Juan Manzano:</strong> Yo pienso que aquí en esta mesa estaríamos todos de acuerdo, no sé si os interpreto, estaríamos todos de acuerdo con lo que acabas de decir.</p>
<p><strong>Paul Denis:</strong> Estoy totalmente de acuerdo con lo que acaba de decir. Se me ocurría que en el fondo los adultos deberían de convertirse en abogados defensores de ofrecer un poco de respiro a los niños. Y es que hay una enorme presión sobre ellos; tienen que ser capaces de ir a una clase de dos años y medio&#8230; se les presiona para que sean limpios&#8230; hay una presión en el aprendizaje de la limpieza de forma excesivamente  precoz&#8230; en el aprendizaje precoz de la lectura&#8230; Es decir hay una presión sorprendente en el sentido de la precocidad. Si los adultos fuesen capaces de admitir que hay una temporalidad que hay que respetar absolutamente, sería un paso muy importante.</p>
<p><strong>Agustín Béjar:</strong> Muchas gracias a todos. Mi cuestión iba en la línea que ha planteado Pablo, tiene que ver con una experiencia en la que desde hace dos años he podido participar, un internamiento terapéutico para menores con medidas judiciales y con psicopatología que es a juzgar lo importante.</p>
<p>El dato es que, es una experiencia muy corta, pero en los dos años que llevamos de los 18 que han pasado sólo 3 provenían de un núcleo familiar tradicional no sé si con comillas o sin comillas. Y ayer también, profesionales de Galicia que trabajan en lo mismo, con una experiencia mucho más larga planteaban estadísticas similares. Yo sé que eso está muy sesgado por el tipo de población que llega a estos sitios (cuadros muy graves), pero sobretodo la intervención de Marie Rose Moro (es una pena que ella no esté) me hizo pensar cuando ella hablaba de que en las estructuras familiares había dos componentes para la crianza, que eran la estructura familiar y la capacidad de favorecer las identificaciones en cada estructura familiar. Y la pregunta que haría sería si no tendríamos que pasar (porque me parece que muchas veces con esto de formas de crianza mezclamos muchas cosas) a una clasificación no tanto en términos de estructura, sino (y creo que en este sentido iba la respuesta que daba Paul Denis ahora) en términos de la cantidad de discontinuidad que determinadas estructuras generan y que son capaces de absorber o de simbolizar, o no sé si la cantidad de extrañeza a veces demasiado inquietantes que generan, y que tiene que ver también con considerar los periodos de la vida, es decir, me parece que no es la misma familia una familia reconstituida a los 3 años del niño que una familia reconstituida a los 12 o a los 20.</p>
<p>En este sentido, muy brevemente también una pregunta para Fernando en concreto porque si no recuerdo mal hablabas de que habíais visto en vuestra investigación que en los estilos de apego de las madres de prematuros no había variación en relación con las de termino, pero sí veíais una variación en el tipo de apego de los niños. En concreto la cuestión era si eso tenía que ver con un determinado momento del desarrollo del niño en donde todo eso que habéis visto en vuestra investigación se pone más de manifiesto la dificultad que generaba esa variación del apego hacia el apego inseguro de los niños.</p>
<p><strong>Fernando González:</strong> Muy brevemente a la parte que me concierne, ayer es verdad que comenté hallazgos de investigación que unos pertenecen a la limitada investigación que nosotros hemos hecho, y otros a la revisión más amplia que hemos tenido obligadamente que hacer. La primera, en el hallazgo de nuestra investigación era que el modelo de apego internalizado de las madres, es decir, en otros términos, las representaciones de apego de estas madres de prematuros, no era diferente a la población que eran otros noventa y tantos nacidos a término sanos. Esto, cuando lo hemos discutido y pensado tiene una lógica desde nuestra comprensión del psiquismo y su organización en el sentido de que un hecho traumático no cambia por sí mismo la estructura psíquica de una madre, es decir, (y ésta es la hipótesis que nosotros mantenemos y otros muchos autores), pasan un período crítico de intentos de adaptación y elaboración del traumatismo, de la situación del nacimiento y los meses posteriores, pero eso no cambia su modelo interno de apego.</p>
<p>Aunque nuestra hipótesis inicial en la investigación era ver si podía cambiar el modelo de apego. Otra cosa es qué pasa con el niño. Sabemos que el apego materno es un predictor del apego de los niños, lo que pasa es que este modelo también tiene sus limitaciones. Parece que es mucho más claro en los modelos de apego seguro, es decir, se transmite la predicción del apego en el niño. Es mucho más probable que un niño (tanto prematuro como no prematuro) con una madre de apego seguro desarrolle un apego seguro.</p>
<p>Las investigaciones muy recientes de un grupo suizo que algunos de los aquí presentes conoceréis, han trabajado mucho en el seguimiento de grandes prematuros (estamos hablando ya de poblaciones con prematuridades que llamamos extremas). Esta gente ha evaluado el apego de los niños prematuros y a los 4 años, en un estudio que presentaron hace quince días en Barcelona. Hablaban de que había una tendencia en el niño a pasar de modelos de apego más o menos seguro a los dos, tres años, a modelos más inseguros cuando les evaluaban a los 4 años. Evidentemente las explicaciones son complejas pero es que había algunos factores que seguían afectando el desarrollo del apego. Aquí hay que ver que estamos hablando de estudios epidemiológicos, no de casos concretos, hay que ver esa dimensión, en estas poblaciones se ve que hay un riesgo de evolución hacia modelos de apego inseguro, con lo que supone no tanto de patología como de vulnerabilidad.</p>
<p><strong>Alain Braconnier:</strong> Con respecto a las dos preguntas: en primer lugar me doy cuenta que durante estas dos jornadas hemos compartido inquietudes muy similares, y cuando hablo de compartir me refiero a un marco mucho más amplio que el del congreso. El problema de la articulación al que me refería ayer entre la realidad externa e interna afecta a la mayor parte de nuestras intervenciones profesionales.</p>
<p>Con respecto al segundo punto referido a las dos preguntas: ¿es que no podemos deprimirnos un poco? creo que sí, que podemos deprimirnos un poco después de todo lo que se dice sobre nuestras dificultades para vivir en esta sociedad contemporánea, y que es bueno deprimirse un poco. Hace falta deprimirse un poco. Pero también hay que saber salir de la depresión. Decía ayer sobre los adolescentes y sobre cómo salir del estado de la adolescencia que hay que saber amar para ser feliz y que hay que saber resistir para existir. Pero tenemos que saber contra qué debemos resistir y cómo.</p>
<p>Contra qué: la gran neurosis de finales del XIX era la histeria, es decir, se disponía de tiempo, había prohibiciones que provocaban tensiones internas que se guardaban para uno mismo pero que se expresaban a través del cuerpo y del acto. Este tema se plantea hoy en día de muy diferente manera. La histeria de finales del XIX, comienzos del XX, la neurosis, en definitiva, tenía que ver con el tiempo de la represión. Actualmente, ¿no será que, a partir de todo lo que se ha dicho ayer, nos encontramos frente a la necesidad de tener que resistir de forma diferente a la de finales del XIX, no tanto contra el tiempo de la represión sino contra la precipitación, contra la tendencia a desfogarse? Como si tuviéramos que tomarnos nuestro tiempo. Alberto decía en una de las diapositivas que hace falta un tiempo prolongado. Pues bien si algo nos falta es tiempo, por la imposición de esta sociedad, por su presión, P. Denis acaba de decirlo, y nos cuesta mucho transmitir por identificación esta idea a nuestro niños y adolescentes. ¿Realmente somos capaces de resistir suficientemente contra toda esta presión de la precipitación, de la tendencia a desfogarse, para poder transmitirles la idea que tomarse su tiempo, tolerar en el fondo la espera, ser capaz de pensar que el tiempo ayuda a pensar, es decir, lo que algunos llaman capacidad reflexiva, es muy importante? ¿Cómo conseguir la capacidad reflexiva sin tomarse su tiempo?</p>
<p>Toda esta problemática, y aquí me refiero a las dos preguntas planteadas, es muy actual ya que no podemos resistirnos a la evolución de las sociedades, resultaría ridículo incluso, pero al mismo tiempo tenemos que hacer frente a todo lo que hay de patógeno en ellas para la construcción del sujeto. Y sabemos que la construcción del sujeto lleva tiempo, tiempo para el encuentro, para la reflexión, para que la acción no se convierta en una acción cualquiera. En este sentido observamos que la patología actual dominante es la patología de los estados límite. Y cuando uno se ocupa de los adolescentes, se vuelve muy sensible a estos fenómenos, ya que se suelen establecer analogías entre el funcionamiento adolescente y el funcionamiento límite. Hay que mantener la esperanza, podemos deprimirnos pero debemos salir de ella pensando que las patologías actuales son patologías límites o más exactamente, funcionamientos límites, que gracias a nuestra experiencia y conocimientos profesionales podemos entender y tratar mejor.</p>
<p>Debemos de resistir y transmitir la resistencia frente a los mecanismos límites, la precipitación, la tendencia a desfogarse, la incapacidad para tener puntos de referencia, la inestabilidad&#8230; más importantes tal vez que en épocas pasadas. Aunque no debemos de olvidar que también en el pasado sufrían otro tipo de dificultades y presiones, tal vez no las mismas pero en el fondo, el hombre siempre se mueve en profundidades similares habitadas por fantasmas similares, fantasmas de omnipotencia&#8230; hay que resistir ante estos fantasmas de omnipotencia, vengan de donde vengan. Tenemos la omnipotencia de la industria farmacéutica, a veces la omnipotencia de los psicoanalistas, reconozcámosla también, la omnipotencia del niño, del dinero. Tenemos que resistir ante estos fantasmas de omnipotencia y hacerles frente. En el pasado es posible que tuviéramos que hacer frente a fantasmas de otro registro, la omnipotencia del autoritarismo&#8230; Yo estoy a favor de la autoridad pero no del autoritarismo. Pero hay que saber que a finales del XIX y comienzos del XX había niños y adolescentes que funcionaban muy bien, incluso en el seno de una sociedad muy criticable y que hay niños y adolescentes que hoy en día funcionan también muy bien, aunque siempre hablamos de los que funcionan mal: tratemos de entenderles, tratemos de entender contra qué se resisten y cómo se resisten y tratemos asimismo de ayudarles. Hay muchos hilos de los que tirar y pensar, pero tal vez haya uno muy importante, el hilo de la tendencia a la precipitación.</p>
<p><strong>Jaume Baró:</strong> Buena parte de lo que yo iba a plantear lo acaba de evocar Alain Braconnier. Yo tenía un interés particular en que Denis me ayudara a aclarar una cosa.</p>
<p>Los que somos viejos psiquiatras y ya llevamos 40 años en la profesión vivimos perfectamente lo que él ha evocado de los electroshocks para el mal de amores. El problema del electroshock no era tanto el uso sino el abuso. Seguramente lo mismo que nos encontramos ahora con las nuevas terapéuticas que nos quieren vender como alfombras o como humo. Entonces yo lo ampliaría a todos vosotros. Mi impresión seria que siempre nos vamos a encontrar con las mismas situaciones o ¿hasta qué punto os parece que ahora es una diferencia totalmente estructural? Las mismas ansiedades aparecían en los manuales de urbanidad que eran manuales de psicoterapia de la época, en los textos de Elvives aparecía que el niño maleducado o travieso hoy en día se le llama hiperactivo, que el niño orgulloso se le llama narcisista. Ahí lo tenemos todos, tú mismo Alberto en una conferencia memorable decías, ya Dioscoro de Alejandría se quejaba hace no sé cuantos años antes de Cristo de que lo jóvenes adolescentes no respetaban la autoridad de los viejos. Hasta qué punto es una situación completamente diferente o una vez más y en esto me gustaría mucho escuchar a Paul Denis que me parece un hombre cabal.</p>
<p>Viejos psiquiatras, yo recuerdo en mis primeros años de psiquiatría haber tenido que hacer 300 ó 400 electroshocks por estar trabajando en una institución donde no nos podíamos permitir la supervivencia del delirio porque eso implicaba ineluctablemente la cronicidad del paciente. El electroshock lo vuelven a investigar porque obvia el pensamiento, la cura de Saker que era extraordinariamente reconstructiva y que implicaba tiempo y recuperación ya no se investiga más. La psicocirugía tampoco ha desaparecido pero ahora celebraban los no sé cuantos años de uno que iba por los EE. UU con el leucotomo cortando lóbulos frontales. Todos estos han desaparecido, ¿no creéis que también desaparecerá no el Prozac, no el Concerta, pero que se relativizará todo porque de alguna forma la misma sociedad pondrá en marcha sus mecanismos para que las cosas en un movimiento pendular se vuelvan a colocar?</p>
<p>Braconnier hablaba de la soberbia de los psicoanalistas. Los que vemos los toros desde la barrera de nuestros primos franceses, en nuestros tiempos todos los jefes de servicio eran de referencia psicoanalítica, ahora casi ninguno queda, todos han pasado a ser del otro bando.</p>
<p><strong>Alberto Lasa:</strong> Yo terminaría con una nota optimista. Creo que todo lo que estamos diciendo va en un sentido muy claro y que no sólo podemos hacer una psiquiatría basada en la relación sino que además es lo que se nos pide. Yo creo que de alguna manera, todo lo que nos está diciendo la genética y lo que nos está diciendo la neurobiología actual va en el sentido de revalorizar la transcendencia de la relación en los orígenes del psiquismo, en las posibilidades diagnósticas y en las posibilidades terapéuticas. Yo con ese mensaje me quedo.</p>
<p><strong>Juan Manzano:</strong> Los participantes podéis dar vuestra opinión. La mía es que yo pienso que hemos cumplido con los objetivos que nos habíamos planteado en este congreso. Me siento satisfecho porque el debate ha existido, clara y netamente se han dicho las diferentes posiciones.</p>
<p>El problema si yo debiera resumirme porque vuelvo a la cuestión de Pablo, es que no podemos dejar a los niños solos y al hecho de que sabemos que tienen la posibilidad que ahora se llama de resiliencia, que siempre se ha llamado la capacidad de ajustarse y adaptarse. Acuérdense de que ya existen en la mitología los niños que han sido criados por una loba y resulta que es verdad, que gracias a Dios tienen esta posibilidad, resultado de la selección natural. Pero nosotros también hacemos parte del resultado de la selección natural y tenemos una responsabilidad que yo llamaría desde el punto de vista cultural de, primero: como nos enseñaron en medicina no hacer mal, (que es lo que nos han planteado entre otras muchas cosas los ponentes de hoy), lo segundo: ver si comprendemos cómo podemos hacer bien cuando el mal ya está hecho, y tercero: (en mi opinión lo más importante que yo creo que hemos tratado) es cómo poder prevenirlo.</p>
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		<title>2010 Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jul 2010 19:03:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manolo</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Noticias e informaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Guía práctica de diagnóstico y manejo clínico del TDA-H en niños y adolescentes para profesionales, realizada por Sonia Villero Luqye, Carmen Abellán Maeso, María Cruz Parra Martin y Ana María Jiménez Pascual de la Unidad de Salud Mental Infanto Juvenil Complejo Hospitalarío La Mancha Centro.
<a href="http://www.sepypna.com/documentos/guia-tdah-version-protegida.pdf">Descar en PDF (4 MB)</a>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Guía práctica de diagnóstico y manejo clínico del TDA-H en niños y adolescentes para profesionales, realizada por Sonia Villero Luqye, Carmen Abellán Maeso, María Cruz Parra Martin y Ana María Jiménez Pascual de la Unidad de Salud Mental Infanto Juvenil Complejo Hospitalarío La Mancha Centro.</p>
<p><a href="http://www.sepypna.com/documentos/guia-tdah-version-protegida.pdf">Descar en PDF (4 MB)</a></p>
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		<title>Ya está el número 49 de nuestra revista a vuestra disposición en la red</title>
		<link>http://www.sepypna.com/noticias/inicio-noticias-e-informaciones-ya-esta-el-numero-48-de-nuestra-revista-a-vuestra-disposicion-en-la-red-ya-esta-el-numero-49-de-nuestra-revista-a-vuestra-disposicion-en-la-red/</link>
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		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 22:23:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manolo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Puedes ya consultar y descargar el último númeraro de nuestra revista  Puedes hacerlo desde <a href="http://www.sepypna.com/documentos/psiquiatria49.pdf">aqui,</a> . En breve, podrás tambien descargar unicamente el artículo que te interesa.
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Puedes ya consultar y descargar el último númeraro de nuestra revista  Puedes hacerlo desde <a href="http://www.sepypna.com/documentos/psiquiatria49.pdf">aqui,</a> . En breve, podrás tambien descargar unicamente el artículo que te interesa.</p>
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		<title>2010 &#8211; julio Documento AEPEA Manifiesto a favor de un abordaje psicopatológico del funcionamiento mental</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Jul 2010 22:07:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Manolo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Descargar documento&#160; <a href="http://www.sepypna.com/documentos/2010-07-14-aepea-manifiesto-psicopatologia.pdf" mce_href="http://www.sepypna.com/documentos/2010-07-14-aepea-manifiesto-psicopatologia.pdf">original y traduccion en pdf</a>
AEPEA, Asociación Europea de Psicopatología del Niño y del Adolescente. <a href="http://www.aepea.org/" mce_href="http://www.aepea.org/" target="_blank">www.aepea.org</a> 
 
Manifiesto a favor de un abordaje psicopatológico del funcionamiento mental
TRADUCCIÓN (Dr. Juan Larbán Vera)
- La Asociación  Europea de Psiquiatría Infantil y del Adolescente (AEPEA) nació de un deseo de promover un modelo para comprender la psicopatología, tanto en nuestra práctica clínica y terapéutica con niños, como en nuestra investigación teórica. Este modelo es para nosotros portador ...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Descargar documento&nbsp; <a href="http://www.sepypna.com/documentos/2010-07-14-aepea-manifiesto-psicopatologia.pdf" mce_href="http://www.sepypna.com/documentos/2010-07-14-aepea-manifiesto-psicopatologia.pdf">original y traduccion en pdf</a></p>
<p style="text-align: center;"><b>AEPEA, Asociación Europea de Psicopatología del Niño y del Adolescente.</b> <a href="http://www.aepea.org/" mce_href="http://www.aepea.org/" target="_blank">www.aepea.org</a><b> </b></p>
<p align="center"><b> </b></p>
<p><b>Manifiesto a favor de un abordaje psicopatológico del funcionamiento mental</b></p>
<p>TRADUCCIÓN (Dr. Juan Larbán Vera)</p>
<p>- La Asociación  Europea de Psiquiatría Infantil y del Adolescente (AEPEA) nació de un deseo de promover un modelo para comprender la psicopatología, tanto en nuestra práctica clínica y terapéutica con niños, como en nuestra investigación teórica. Este modelo es para nosotros portador de un espíritu de apertura, incluso si afirma enérgicamente ciertos principios que proponemos recordar aquí.</p>
<p>- La psicopatología toma ante todo como objeto de estudio el sistema de representaciones internas del niño, su funcionamiento, su lógica, sus secuencias y sus significados. Postula que todo niño, independientemente de la gravedad de su estado, es portador de una vida psíquica propia y que su enfermedad se encuentra dentro de un sistema que posee su propia coherencia interna, organizando las modalidades de relación el niño.</p>
<p>- La psicopatología afirma la existencia de una doble continuidad de la vida mental:</p>
<p>Continuidad de la vida psíquica del sujeto, entre lo normal y&nbsp; lo patológico. Se corresponde con lo que Freud había visto y explicado en &#8220;Psicopatología&nbsp;de la vida cotidiana&#8221; en 1901.</p>
<p>Continuidad temporal que pone de relieve el vínculo entre, por una parte, determinadas&nbsp;formas arcaicas de relación o de funcionamiento mental, o algunas&nbsp;vivencias precoces, y por otra parte, la actual organización mental del niño.</p>
<p>- De esta forma, la psicopatología se centra en el peso de la historia individual, en las limitaciones del pasado y de la herencia trans-generacional, en la génesis de los trastornos psíquicos.</p>
<p>- La psicopatología también está estudiando el vínculo inter-psíquico establecido entre el niño y sus padres: la naturaleza de las proyecciones, de las investiduras, de los escenarios de fantasía compartida entre ellos. Si la psicopatología no es causalista, no por ello concede un papel menor en el curso evolutivo de la afección a lo que acontece entre padres e hijos a través de este vínculo.</p>
<p>- La psicopatología sitúa al niño en su contexto socio-educativo. Tiene en cuenta las múltiples deficiencias del entorno social o el peso de los acontecimientos que marcan la vida del niño. No obstante, le da menos importancia al suceso traumático que al impacto que representa la significación del evento en la psiquis del niño, así cómo la forma en que se reorganiza en el transcurso de esta experiencia.</p>
<p>- La psicopatología es principalmente sensible a los análisis del funcionamiento psíquico y su inclusión en las estrategias terapéuticas. El uso de psicofármacos en niños y adolescentes debe ser parte de esta visión de conjunto. Es en esta perspectiva que la psicopatología ayudará a comprender mejor el impacto de los medicamentos psicotrópicos en los procesos psíquicos.</p>
<p>- La psicopatología no es unificable, ni en cuanto al método, ni en cuanto al nivel epistemológico. No propone un modelo de referencia inequívoca, aunque el modelo psicoanalítico sea una referencia esencial. En su diversidad, la psicopatología debe permanecer inmune a los riesgos del dogmatismo y el confinamiento en teorías estáticas que pudieran invalidar su acción.</p>
<p>- El enfoque psicopatológico no descuida otros aspectos de los conocimientos psiquiátricos. No subestima el valor de los modelos de los descubrimientos de la neurociencia, de la neuropsicología cognitiva y de la genética. Tampoco desconoce el interés del enfoque nosográfico, incluso si se sitúa más bien una perspectiva trans-nosográfica que la lleva a delimitar su propio campo de investigación y objetos de conocimiento.</p>
<p>- La psicopatología es una práctica. Los modelos teóricos que ofrece se basan en esta práctica, al mismo tiempo que la alimentan.</p>
<p>- La psicopatología permite que cada uno tenga una representación personal, no reduccionista, de las preocupaciones del niño, de sus inquietudes, de sus expectativas, y de su capacidad para acoger las aportaciones terapéuticas.</p>
<p>- La psicopatología es una herramienta teórica y práctica, viva, dinámica y abierta a las contribuciones externas que permitan la comprensión del funcionamiento mental en su complejidad y diversidad.</p>
<p>Traducción: Juan Larbán Vera</p>
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<p class="MsoNormal"><b><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: rgb(0, 0, 106);" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: #00006a;">Manifiesto a favor de un abordaje psicopatológico del funcionamiento mental</span></b></p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal">TRADUCCIÓN (Dr. Juan Larbán Vera)</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: center;" mce_style="text-align: center;" align="center"><span style="font-size: 13.5pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 13.5pt; font-family: Arial; color: black;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"><br />
- La Asociación  Europea de Psiquiatría Infantil y del Adolescente (AEPEA) nació de un deseo de promover un modelo para comprender la psicopatología, tanto en nuestra práctica clínica y terapéutica con niños, como en nuestra investigación teórica. Este modelo es para nosotros portador de un espíritu de apertura, incluso si afirma enérgicamente ciertos principios que proponemos recordar aquí.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span class="apple-converted-space"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"> </span></span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"><br />
- La psicopatología toma ante todo como objeto de estudio el sistema de representaciones internas del niño, su funcionamiento, su lógica, sus secuencias y sus significados. Postula que todo niño, independientemente de la gravedad de su estado, es portador de una vida psíquica propia y que su enfermedad se encuentra dentro de un sistema que posee su propia coherencia interna, organizando las modalidades de relación el niño.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"><br />
- La psicopatología afirma la existencia de una doble continuidad de la vida mental:<span class="apple-converted-space"> </span></span></p>
<p>Continuidad de la vida psíquica del sujeto, entre lo normal y<span class="apple-converted-space"> lo </span>patológico. Se corresponde con lo que Freud había visto y explicado en &#8220;Psicopatología<span class="apple-converted-space"> </span>de la vida cotidiana&#8221; en 1901.
</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;">Continuidad temporal que pone de relieve el vínculo entre, por una parte, determinadas<span class="apple-converted-space"> </span>formas arcaicas de relación o de funcionamiento mental, o algunas<span class="apple-converted-space"> </span>vivencias precoces, y por otra parte, la actual organización mental del niño.<span class="apple-converted-space"> </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span class="apple-converted-space"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"> </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span class="apple-converted-space"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"><span> </span></span></span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;">- De esta forma, la psicopatología se centra en el peso de la historia individual, en las limitaciones del pasado y de la herencia trans-generacional, en la génesis de los trastornos psíquicos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span class="apple-converted-space"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"> </span></span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"><br />
- La psicopatología también está estudiando el vínculo inter-psíquico establecido entre el niño y sus padres: la naturaleza de las proyecciones, de las investiduras, de los escenarios de fantasía compartida entre ellos. Si la psicopatología no es causalista, no por ello concede un papel menor en el curso evolutivo de la afección a lo que acontece entre padres e hijos a través de este vínculo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span class="apple-converted-space"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"> </span></span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"><br />
- La psicopatología sitúa al niño en su contexto socio-educativo. Tiene en cuenta las múltiples deficiencias del entorno social o el peso de los acontecimientos que marcan la vida del niño. No obstante, le da menos importancia al suceso traumático que al impacto que representa la significación del evento en la psiquis del niño, así cómo la forma en que se reorganiza en el transcurso de esta experiencia.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span class="apple-converted-space"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"> </span></span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"><br />
- La psicopatología es principalmente sensible a los análisis del funcionamiento psíquico y su inclusión en las estrategias terapéuticas. El uso de psicofármacos en niños y adolescentes debe ser parte de esta visión de conjunto. Es en esta perspectiva que la psicopatología ayudará a comprender mejor el impacto de los medicamentos psicotrópicos en los procesos psíquicos.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span class="apple-converted-space"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"> </span></span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"><br />
- La psicopatología no es unificable, ni en cuanto al método, ni en cuanto al nivel epistemológico. No propone un modelo de referencia inequívoca, aunque el modelo psicoanalítico sea una referencia esencial. En su diversidad, la psicopatología debe permanecer inmune a los riesgos del dogmatismo y el confinamiento en teorías estáticas que pudieran invalidar su acción.<span class="apple-converted-space"> </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"><br />
- El enfoque psicopatológico no descuida otros aspectos de los conocimientos psiquiátricos. No subestima el valor de los modelos de los descubrimientos de la neurociencia, de la neuropsicología cognitiva y de la genética. Tampoco desconoce el interés del enfoque nosográfico, incluso si se sitúa más bien una perspectiva trans-nosográfica que la lleva a delimitar su propio campo de investigación y objetos de conocimiento.<span class="apple-converted-space"> </span></span></p>
<p>- La psicopatología es una práctica. Los modelos teóricos que ofrece se basan en esta práctica, al mismo tiempo que la alimentan.</p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span class="apple-converted-space"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"> </span></span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"><br />
- La psicopatología permite que cada uno tenga una representación personal, no reduccionista, de las preocupaciones del niño, de sus inquietudes, de sus expectativas, y de su capacidad para acoger las aportaciones terapéuticas.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;" mce_style="text-align: justify;"><span class="apple-converted-space"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"> </span></span><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial; color: black;"><br />
- La psicopatología es una herramienta teórica y práctica, viva, dinámica y abierta a las contribuciones externas que permitan la comprensión del funcionamiento mental en su complejidad y diversidad.</span><span style="font-size: 13.5pt; font-family: Arial; color: black;" mce_style="font-size: 13.5pt; font-family: Arial; color: black;"></span>
</p>
<p class="MsoNormal"><span> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" lang="FR">Traducción: Juan Larbán Vera</span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" lang="FR"> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" lang="FR"> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" mce_style="font-size: 11pt; font-family: Arial;" lang="FR"> </span></p>
</p>
<p></mce></div>
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