Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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2016-02-08 Reflexión sobre el acoso escolar. Juan Larbán

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Hace ya bastante tiempo que pensamos en SEPYPNA que como profesionales de la salud mental tenemos que pronunciarnos públicamente ante sucesos mediáticos que llegan a alcanzar una gran difusión entre el público, afectando y distorsionando la forma de comprender y tratar los trastornos mentales y el sufrimiento de quienes los padecen.

También hemos hablado muchas veces de la necesidad de crear un espacio de reflexión entre nosotros ante dichos acontecimientos mediáticos, favoreciendo que se pueda desarrollar en el seno de nuestra asociación, un trabajo grupal capaz de generar corrientes de opinión, posicionamientos y manifestaciones públicas que ayuden a quien recibe esa información mediatizada por los medios de comunicación, a adquirir una visión crítica de lo que se le transmite. Si logramos alcanzar estos objetivos, nuestra imagen social como profesionales de la salud mental y la de nuestra asociación será mejor percibida y mejor valorada gracias a nuestra implicación y compromiso manifiesto con la sociedad en que vivimos.

ACOSO ESCOLAR: INTRODUCCIÓN

Por Juan Larbán Vera, psiquiatra y psicoterapeuta de niños, adolescentes y adultos. Ibiza.

Ante hechos y noticias recientemente publicados que tienen que ver con la salud mental de niños y adolescentes, hoy reflexiono sobre la noticia del reciente suicidio, como consecuencia de un presunto acoso escolar, lamentablemente uno más, de un escolar de 11 años, residente en Madrid, que terminó con su vida y sufrimiento provocándose la muerte.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/01/29/madrid/1454059924_737878.html

Ante el goteo constante de acontecimientos trágicos de acoso escolar que terminan con el suicidio de las víctimas, (España) o también, con las matanzas originadas en los centros escolares, (USA) provocadas por agresores que han sido y seguían siendo a su vez, víctimas de acoso, propongo como base para reflexionar sobre este tema, el emotivo y lúcido testimonio escrito por un chico de 14 años, que llamaré Luis, víctima del acoso escolar continuado de algunos compañeros de su clase, de la complicidad del resto, y de la ceguera de sus profesores. Tras este testimonio, está el de su psicoterapeuta, que fui yo, con las reflexiones y comentarios que me inspiró su relato. Añado las referencias de tres artículos que adjunto y que me parecen esclarecedores y significativos para comprender mejor estas situaciones de acoso escolar y sus consecuencias.

Paso a exponer a continuación, algunas reflexiones, interrogaciones y observaciones previas.

El acoso escolar y laboral, ¿podrían considerarse como una forma de maltrato (físico y/o psíquico) y abuso ejercido por unos humanos contra otros? Lo que puede provocar este tipo de situaciones por parte del agresor y la víctima, ¿tiene la misma raíz que en los casos de la violencia de género, la violencia ejercida por los padres contra los hijos, la ejercida por los hijos contra sus padres, el maltrato familiar, social e institucional ejercido contra las personas vulnerables como discapacitados, ancianos y niños?

En la sociedad en que vivimos, ¿no estaríamos todos sometidos a un proceso de deshumanización que puede dar lugar a actos tan inhumanos como estos? ¿No está en juego en todos estos casos por parte del agresor el goce sádico asociado la relación de poder, dominación y control total de la víctima así como la dificultad que tiene debido a ello, para empatizar con el agredido? ¿Qué es lo que el agresor quiere destruir en la víctima que no puede no quiere reconocer en él?

Respecto a la víctima, ¿qué es lo que le impide protegerse, alimentando así la situación de silencio, indefensión y desamparo, perpetuando y agravando las acciones del agresor? ¿Cómo es que esto es así, cuando el desamparo consciente con el que vive la víctima el maltrato ejercido contra ella refuerza el proceso de victimización y traumatización? Es sorprendente constatar el alto nivel de tolerancia al abuso y maltrato que muestran las víctimas; tanto del que se infligen a sí mismas como del que proviene del agresor. ¿A qué se debe esto?

En lo que respecta a la reacción social e institucional ante estas situaciones diferentes de maltrato, ¿hay un patrón de actitud y conducta parecido? Hasta no hace mucho tiempo se solía decir ante las situaciones de maltrato conyugal y familiar, “son cosas de familia, mejor no meterse” Y ahora, ante el acoso escolar, se suele decir, “son cosas de niños, mejor no meterse”

Lo que es sorprendente en el caso del acoso escolar, como en otros relacionados con violencia familiar o laboral, esa especie de pacto de silencio que acontece entre los compañeros de clase, que pueden conocer, de hecho conocen, la situación del acoso y quiénes son tanto los acosados como los acosadores. ¿A qué se debe este pacto de silencio que nos coloca en la posición inhumana de consentir e incluso incentivar la violencia ejercida contra un semejante en situación de vulnerabilidad, indefensión y desamparo? Este es, sin duda, uno de los campos por investigar en un futuro, ya que los estudios actuales se refieren al grado de aceptación que tienen los acosadores, muy superior al de los acosados, por parte de los pares; se ha visto que a medida que pasa el tiempo ese apoyo disminuye, pero no afecta al silencio en torno a este tipo de conductas.

También es muy sorprendente la actitud de los padres de los acosadores. Con frecuencia se muestran reivindicativos hacia los derechos de sus hijos o bien tienden a pensar: “si él pega… por algo será”. Minimizan el comportamiento y agresividad de su hijo, amenazando agresivamente a la institución escolar y a los que les señalan la inaceptable conducta de su hijo. Esta actitud paraliza, aún más, a una institución escolar dubitativa e incrédula. Ante estos hechos cabe preguntarse ¿Qué es lo que pasa con estos padres y en estos padres de hijos acosadores? ¿Y en la institución escolar?

En muchos equipos psicopedagógicos el tema del acoso escolar no es suficientemente asumido. La actitud que suelen mostrar ante estas situaciones planteadas es de ambivalencia y de duda. Expresan frecuentemente la extrema dificultad que tienen para atender estos casos debido a los problemas que plantea el poder detectarlos y también, por la incredulidad que muestran ante estos hechos tanto la dirección del centro escolar como gran parte de los profesores. Los claustros de profesores tienen tendencia a banalizar el problema y la intervención institucional es muy limitada: ¿cambio de clase o… de centro? ¿De quién o quiénes? ¿Cómo hacerlo?

En estos casos de acoso escolar como en otros relacionados con la violencia familiar y el acoso laboral, la actitud de las instituciones se percibe, en ocasiones con mucha justeza, como más tolerantes con los agresores que con los sujetos víctimas del acoso. Se tiende a minimizar los hechos, a buscar explicaciones, a sancionar a la baja al acosador cuando no a culpar al acosado si se defiende, o también, a buscarle un diagnóstico psicopatológico a la víctima que puede acabar siendo tratada farmacológicamente por este proceso. Es decir la práctica real libera al acosador de su carga y abandona al acosado a su suerte. Desde el punto de vista social, nos tenemos que plantear que es lo que está pasando entre nosotros como para llegar a tal grado de indiferencia e incomprensión ante las víctimas y al mismo tiempo, tal grado de tolerancia hacia los agresores. Esta observación me lleva a preguntarme ¿qué tipo de identificación y hacia quien, están desarrollando los niños y adolescentes de ahora? ¿Qué modelos les estamos ofreciendo a nuestros hijos para que puedan identificarse con ellos?

Tras esta breve introducción al problema y estas reflexiones previas, paso a exponer el testimonio de Luis, un preadolescente al que acompaño y trato durante tres años en el marco de un proceso psicoterapéutico por acoso escolar y sus secuelas post-traumáticas y también, mi propio testimonio como su psicoterapeuta.

TESTIMONIO de ACOSO ESCOLAR.

LA HISTORIA DE LUIS (14 años).

Apreciado Javier:

Te he echado mucho de menos desde el día que te fuiste a estudiar a Madrid y a pesar de dudar mucho, quiero contarte lo que me pasa con dos compañeros de mi clase. Sobre todo con dos.

Creo que tengo un problema que tienen muchos otros chicos. Me siento marginado por esos dos compañeros.

Lo he pensado muchas veces y he intentado descubrir por qué lo hacen, porque creo que soy buena persona o intento serlo casi siempre, no me gusta hacer malas jugadas (tú me conoces bien), ni me río de los demás.

Desde hace bastante tiempo las cosas empezaron a cambiar, los dos compañeros comenzaron a fastidiarme, cada vez con más intensidad. Yo lógicamente me defendía, pero ellos seguían, y ¿Sabes lo que más me dolía y me duele de todo esto? Que los demás compañeros de la clase no hacían nada por evitar las putadas y encima les reían las gracias, sin darse cuenta de la rabia y sufrimiento que eso me producía.

Además, poco a poco dejaron de invitarme a los cumpleaños de mis compañeros.

Yo he llegado a preguntarme, ¿Tanta influencia pueden tener algunos para que los demás me quieran marginar también? Y sobre todo ¿Por qué?

Sabes, estoy convencido de que se tiene que ser muy desgraciado y muy poco feliz interiormente para necesitar hacer o querer hacer tanto daño sin más ni más. A veces siento pena por ellos.

Ojala supieran ellos el dolor que me causan con su actitud al rechazarme y dejarme a un lado. A veces pienso que la causa de todo esto es porque me ven diferente en cierta forma y porque suelo entenderme bien con los adultos. Pero eso no es motivo para dejar marginada a una persona que es humana y que tiene sus sentimientos.

Esta marginación no solo me afecta a mí, también repercute en mis padres contándoles lo que pasa con mis compañeros. Muchas veces no les cuento todo lo que me pasa para no hacerles sufrir más.

Seguro que a ninguno de mis compañeros les gustaría pasar el mal trago que me hacen pasar a mí. Si se pusieran una sola vez en mi lugar, cambiarían de actitud.

Francamente, creo que no he sabido hacerme un hueco entre mis compañeros de clase, a mí no me gustan sus bromas hirientes y ellos no aceptan que yo sea diferente, descargando sus problemas sobre mí.

Sinceramente te digo Javier, que lo estoy pasando muy mal en clase. He llegado a pensar que yo no valía nada, tal era el desprecio con el que me han llegado a tratar.

Afortunadamente yo sé muy bien lo que valgo y trato de superar esto que estoy viviendo gracias a amigos como tú y el resto de nuestro grupo que sabéis realmente como soy, porque curiosamente esta marginación que estoy padeciendo solo ocurre con mis compañeros de clase.

¡Quiero solucionarlo cuanto antes! Porque si no, un día de estos ya no podré aguantar más y descargaré toda mi rabia sobre alguno de ellos y no respondo de mí.

Lo más gracioso, por decirlo de alguna manera, es que los compañeros que se meten conmigo y los que se ríen con sus “gracias” son en general chicos con complejos y problemas que descargan sobre mí.

En fin, Javier, perdona por el rollo que te he metido, pero como tú mismo me has dicho muchas veces, los amigos estamos para ayudarnos.

Espero con impaciencia tu vuelta a Ibiza para poder divertirnos de nuevo todo el grupo.

Recibe un abrazo de tu amigo,

Luis

TESTIMONIO DEL PSICOTERAPEUTA DE LUIS

Han leído el testimonio de un chico de 14 años, que muestra de forma lúcida y conmovedora, la situación de sufrimiento, de marginación y maltrato psicológico que padece por ser algo diferente del resto de sus compañeros de clase. Situación que lamentablemente es más frecuente de lo que debería ser hoy día en las aulas, los patios de recreo, las redes sociales y más tarde de adultos, en el trabajo, (estudios longitudinales relacionan la asociación entre haber padecido bullying en la etapa escolar y la posibilidad de estar incluidos en fenómenos de mobbing, la mayoría de las veces como acosado laboral).

En las clases suele ocurrir que los líderes de grupo no suelen ser los buenos alumnos y las mejores personas sino más bien todo lo contrario, arrastrando con su actitud al resto o mayoría de alumnos hacia una especie de “coro” que jalea de forma cómplice las “gracias” de los maltratadores en lugar de salir en defensa de sus víctimas.

La ley del silencio y la actitud de no querer ver la gravedad de situaciones como ésta que llevaron a Luís a caer en una grave depresión, es más frecuente de lo que parece tanto en nuestras aulas como en el trabajo y en la sociedad en que vivimos. El silencio cómplice de los compañeros. El miedo a las represalias de las víctimas. La situación de impunidad del o de los maltratadores. La mirada que no ve de los profesores y de los padres implicados. La impotencia y falta de recursos para hacer frente a estas situaciones y evitar que se cronifiquen y agraven.

Todo esto está generando situaciones de maltrato psicológico e incluso físico de graves consecuencias para las víctimas inocentes que lo padecen, chicos y chicas generalmente buenas personas y buenos alumnos a los que les cuesta identificarse con las “maldades” de los “malos” de la clase hacia otros compañeros y que acaban por ser el cabeza de turco o chivo expiatorio del grupo de la clase, durante varios cursos.

En el caso de Luís, tras un período de tiempo de tratamiento psicoterapéutico que lo alejó de las aulas durante dos años a causa de la depresión ansiosa post-traumática que sufrió debido a la marginación y malos tratos psicológicos padecidos en el colegio, afortunadamente ha podido recuperarse y continuar sus estudios.

No ocurre así con otros chicos y chicas que no superan situaciones traumáticas como ésta y que les dejan una marca y una vulnerabilidad de por vida. También puede ocurrir, como lo deja entrever Luis cuando dice que si no cambia su situación de acoso y de sufrimiento, “un día de estos ya no podré aguantar más y descargaré toda mi rabia sobre alguno de ellos y no respondo de mí” que estas situaciones lamentablemente terminen en un acto suicida o en un acto violento de la víctima, de terribles y trágicas consecuencias, tal y como ha ocurrido y está sucediendo en USA con las matanzas en colegios e institutos, protagonizadas por alumnos que han sido víctimas de acoso que terminan suicidándose antes de ser detenidos.

Referencias bibliográficas

ver que adjunto “Los estragos del acoso escolar” de Luis Rojas Marcos, publicado en “El País”, artículo de opinión, (2-04-2005).

Ver artículo, “Niños contra niños: el bullying como trastorno emergente” publicado en la revista “Anales de pediatría” Vol. 64. Núm. 2. Febrero 2006.

Ver sobre el Cyber-acoso, ver artículo que adjunto, “Acoso escolar: abierto por vacaciones” publicado en el periódico “El Mundo de Ibiza y Formentera” (26-08-2007).

 

Juan Larbán Vera, psiquiatra y psicoterapeuta de niños, adolescentes y adultos. Ibiza.

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