Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Acercamiento psicoanalítico a la epilepsia infantil

PDF: colas-acercamiento-psicoanalitico-epilepsia.pdf | Revista: 31-32 | Año: 2001

Así mismo Kreisler, considera como criterios positivos de evolución en el tratamiento la aparición de clínica fóbica (18), expresión de un funcionamiento mental propio de este 2.º organizador del yo por el uso de la proyección como adquisición de un naciente mecanismo defensivo, y de un proceso mental nuevo que se está iniciando para intentar manejar y poder ligar las pulsiones, así como todos los afectos y fantasías movilizadas.

Sami-Alí en su obra “La proyección” (19) comenta que la proyección previamente a ser un mecanismo defensivo, está al servicio de la creación de un espacio que ayuda a diferenciar el adentro del afuera del individuo, como un espacio interior. Este es un espacio imaginario que en su otro libro “El espacio imaginario” (20), describe como se va organizando a través de la experiencia sensorial de la visión binocular, que permite poner a distancia el objeto materno como forma de separación, introduciéndose la dimensión tridimensional que permite la creación de este espacio interno. Esta dimensión tridimensional contiene la relación arcaica bidimensional materna que depende más de lo táctil y cenestésico. La progresiva diferenciación respecto al cuerpo materno fusional va parejo con la aparición del lenguaje de lo imaginario que corresponde al proceso primario con su propia capacidad de representación imaginaria y fantasmática. Siendo el fracaso en el funcionamiento proyectivo descrito, así como la pérdida de la correspondiente actividad mental de representación imaginaria la que da pie a la aparición de enfermedades psicosomáticas, como “una relación inversa entre la proyección y somatización” (21).

Es en la llamada fase del espejo cuando se van integrando las diversas experiencias sensoriales, para llegar a unificarlas en una imagen única de su propio cuerpo, cuerpo diferenciado del cuerpo de la madre. Winnicott en “Realidad y juego” (22), influido por Lacan, se acerca de una manera, a mi juicio, más cercana a la realidad de la relación entre la madre y el bebé, insistiendo en su reconocimiento como persona a través de la mirada y el rostro de la madre, el bebé se ve a sí mismo a través del otro. Esta fase permite culminar un proceso de reconocimiento narcisista de la madre de las diferentes zonas erógenas del bebé, donde ella, a través de las palabras y de poner un significado y un sentido en lo que percibe en el bebé, va introduciendo un espacio psíquico que abre el camino para poder el niño pasar de la relación fusional a una relación mental (23). Esto permite al niño reconocer la separación del otro a la par, como digo, que puede irse reconociendo a sí mismo. Al tiempo que puede ir tolerando y aceptando el espacio propio de la madre y su relación con otros. Estas ideas han sido magistralmente descritas por F. Dolto en su obra “la imagen inconsciente del cuerpo” (24) que insiste en la importancia del aspecto relacional y simbólico junto al escópico.

Cuando ha existido un déficit en esta relación narcisista, sostén para el reconocimiento del niño como sujeto, es cuando se va cerrando la posibilidad de expresión psíquica y simbólica de una fantasmática que solo encuentra como salida de expresión el cuerpo y el órgano correspondiente. Mi hipótesis es acercarme al cerebro como un órgano soporte de sus funciones mentales, que necesita ser investido y sostenido narcisísticamente por el otro, la madre; y cuyo fracaso en ese reconocimiento puede dar lugar a crisis epilépticas, muy cercanas a crisis psicóticas, existiendo ansiedades pregenitales relacionadas a la muerte, tanto propia como de otros, y que son percibidas tan peligrosas que necesita descargarlas en el cuerpo. Ideas apoyadas en la lectura del libro de J. Mcdougall “Teatros del cuerpo” en el que relaciona los síntomas psicosomáticos con la histeria arcaica en el que el conflicto gira alrededor de ansiedades psicóticas relacionadas con la separación de la madre (25).

ASPECTOS PSICODINÁMICOS EN LA EPILEPSIA INFANTIL

He de confesar que mi formación médica ha marcado durante un tiempo una impronta para pensar y ver como exclusivamente neurológico la epilepsia infantil. Sin embargo, de forma imperceptible, la realidad clínica de algunos pacientes me hizo empezar a observar elementos psicológicos, que me llevaron a prestarles cada vez más atención y estudiar en la bibliografía las diferentes descripciones y trabajos sobre este tema.

Muchos autores y especialmente B. Soulas y G. Broussaud (26), y aquí la monografía recopilada por Díez Cuervo (27) han descrito la interrelación entre la epilepsia y factores psicológicos tanto en los adultos como en niños. Se describe su viscosidad y forma de pensar lenta y pegajosa, que se atribuye tanto a razones genéticas, como a daños cerebrales por el efecto lesional de las propias crisis epilépticas; también se señala la respuesta psicológica del entorno y la posibilidad de convertirse en chivo expiatorio de la familia, así como a los efectos secundarios de la propia medicación.

Freud en su trabajo “Dostojewski y el parricidio” (28), describe la importancia de la muerte o de los impulsos de muerte en este autor que padecía de ataques epilépticos; aunque Freud lo planteó como una conflictiva histérica relacionada a deseos parricidas por rivalidad edípica, otros autores han ido mostrando cómo la presencia de la muerte en estos pacientes es expresión de una problemática pregenital, posición con la que estoy más de acuerdo. No es lo mismo desear o fantasear matar a alguien, a realmente creer que lo mata por pensarlo o que le maten a él.

Soulas y Broussaud indican la posibilidad de que “algunos epilépticos acaben siendo psicóticos, tanto por perturbaciones afectivas antiguas que han contribuido a la aparición de la comicialidad; como al revés que las crisis epilépticas provocan una ruptura o una profunda modificación del contacto con la realidad” (29). Algo que ya adelantó S. Ferenczi al describir las crisis epilépticas como “ruptura de todo contacto con el mundo exterior” (30). Otros autores como Bouchard et al. (1975) (31), Soulayrol et al (1980) (32), plantean que ante la incapacidad del yo del niño de organizar defensas ante estas ansiedades pregenitales o psicóticas, como las descritas por M. Klein tales como disociación e identificación proyectiva, se recurre a un mecanismo más arcaico a través del cuerpo o un determinado órgano, en este caso el cerebro. En esta línea de pensamiento S. Bourdaire et al. (1978) sugiere la hipótesis sobre las crisis epilépticas de ser “un mecanismo de defensa más arcaico aún que el clivaje en los sujetos psicóticos” (33). Siguiendo estas ideas Delwarde et al. en su artículo “Síndrome de West y/o manifestaciones autistas precoces” (34) intentan tratar el síndrome de West como el autismo en hospitales de día, con un relativo éxito destacando el retiro de la medicación anticomicial en general.
Misés en “El niño deficiente mental” describe en el síndrome de pequeño mal la relación entre su psicopatología “con la personalidad del enfermo, más que ser engendradas por la enfermedad en curso” (35). A. Anzieu en el libro de D. Anzieu “Las envolturas psíquicas” tiene un capítulo en el que siguiendo las ideas de Mcdougall de la histeria arcaica, describe cómo el exceso de excitación es descargado de forma convulsiva en crisis epilépticas o en una fobia aguda, por insuficiente desarrollo de la protección antiestímulo (36).

En la decena de casos estudiados por mí remitidos en su mayoría por el neuropediatra, con la característica común de resistencia a la acción farmacológica de la medicación anticomicial y por consiguiente dificultad en el control clínico de la sintomatología epiléptica. Su diagnóstico clínico oscilaba desde la psicosis al trastorno de personalidad. A lo largo de este trabajo intentaré mostrar la unidad del conflicto que se expresa utilizando la vía corporal, con manifestaciones o signos de tipo neurológico, y la vía psíquica cuyas manifestaciones son de tipo psicopatológico. Existiendo una interrelación, como he descrito en el apartado anterior sobre psicosomática, entre el fracaso de la vía mental para dominar las pulsiones y el recurso al cuerpo. Todo ello lo iré ilustrando con material clínico que muestre la conflictiva mental inconsciente del niño, sus ansiedades y las defensas que utiliza, expresión de una organización yoica precaria. Así como de las fallas mentales de los padres, principalmente de la madre.

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