Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Acercamiento psicoanalítico a la epilepsia infantil

PDF: colas-acercamiento-psicoanalitico-epilepsia.pdf | Revista: 31-32 | Año: 2001

Se pueden comentar varios aspectos de estas sesiones dada la riqueza del material, entre otros todo lo relacionado con sus fantasías agresivas vividas tan peligrosas, ya expuestas anteriormente; en este material mostrado destacaría el uso del cuerpo para expresar lo que no puede reconocer y sentir mentalmente, “no sentí enfado, pero noté el mareo, me caía, temblaba, sentía miedo”, sirviendo el cuerpo como un espacio contenedor, ante la fragilidad de su yo de servir como espacio de contención psíquica para poder percibir.

Por otro lado las características tan destructivas y peligrosas de sus sentimientos y pensamientos, cargados de tanta rabia como para matar a alguien o que la maten a ella, y de intentarlo con el objeto malo que la abandona; como cuando comenta asustada “soldados que disparan pistolas, y los niños gritan asustados”, o “el elefante muy hambriento que tiene tanto hambre que quiere devorar la tripa de la señora” así como el “terremoto que estropea una ciudad”. Su yo no puede recurrir a defensas mentales como de proyección, disociación o identificación proyectiva, que se manifiesten con una sintomatología psicótica, sino que quedan estos contenidos en su cuerpo. Último reducto para controlar el riesgo a la destrucción mental y del objeto, ideas en las que soy deudor de B. Rosenberg (1998) (49), así como muy próximas a las de E. Gaddini (1982) (50) al referirse al síndrome psicofísico como último medio defensivo del self para protegerse después de una separación patológica al faltar otros medios de defensa.

Antes decía que estos niños pasan por largas temporadas en las que te necesitan como un yo auxiliar. Sus posiblemente malas experiencias con sus figuras parentales les hacen asegurarse de esta función de contención del terapeuta. Esta niña tenía la necesidad constante y repetida de sentirse segura de mí como objeto mental fiable y contenedor, para utilizarme en el sentido de Winnicott (51) como un juguete mental para ella, al pedirme que yo haga de niño que está muy triste. Necesidad también presente en los dos casos anteriores cuando el primero me interrogaba “¿qué harás si me da la epilepsia?” y el otro que me veía a mí como “el servicio de rescate a darle suero y que recupere la cabeza”.

LA INTEGRACIÓN DEPRESIVA, PASO HACIA LA MENTALIZACIÓN

Poder hacerse cargo mentalmente de la realidad mental es dolorosa, como cuando la niña me dice, “no tienes ganas de hacer nada, ni de pensar, te duele la cabeza, te pasa como a mí… llorar es bueno, sino lo haces explotas por dentro… no de verdad pero lo sientes y tiemblas de miedo”. Esto posibilita un acercamiento a una posición depresiva, en el sentido descrito por M. Klein, que permite una integración del objeto así como en paralelo indica un yo más fuerte, capaz de tolerar el dolor depresivo que le permite una mayor independencia del objeto.

Esta niña fue capaz de reintegrar en su discurso y en definitiva hacerse cargo de algo lejano no sólo en el tiempo sino extraño en su historia personal. Cuando llevábamos casi dos años de tratamiento la niña habla por primera vez a través de una amiga de su madre, a la que informó y la madre posteriormente a mí, de un intento de suicidio cuando tenía casi 6 años, tirándose desde una ventana de 3 metros de altura con fractura del tobillo y de la muñeca. Contó que lo hizo para fastidiar a la tía, que la dejó sola en casa para ir de compras. En ese período durante las sesiones estábamos viendo la intensa rabia que sentía hacia mí por un muñeco que estaba extraviado, en una relación transferencial donde yo era la mala madre que extravío y pierdo algo suyo; sentía tanta rabia como para decir, a través de la escenificación del juego, “como no aparezca yo me mato” buscando que la mamá en el juego se sintiera culpable. Estaba en mi opinión mostrando a través de la representación del juego un ataque al objeto interno materno frustrante matándose a sí misma, como un funcionamiento melancólico descrito por Freud en “Duelo y melancolía”. En la clínica no es fácil detectar los intentos de suicidio en los niños, siendo los accidentes habituales, fracturas y atropellos indicadores en este sentido. En esta niña la caída por la ventana se atribuyó a algo fortuito a causa de una ausencia epiléptica. S. Ferenczi en la obra ya mencionada habla de la intencionalidad suicida presente en las crisis epilépticas (52).

La psicoterapia permitió, a mi juicio, la posibilidad de hablar de algo que sólo fue dicho a través de su cuerpo, no como en la histeria neurótica. La intencionalidad, el deseo y el dolor quedaban anulados, porque quedaban referidos al cuerpo al atribuirse a lo fortuito a causa de la ausencia epiléptica. La niña necesitaba integrar en ella y hacer ver a otros, a su madre a través de su amiga, los sentimientos y vivencias relacionadas con la separación y el abandono.

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