Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Aportes del psicoanálisis al conocimiento de la mente del niño: El juego

PDF: colas-aportes-psicoanalisis-juego.pdf | Revista: 25 | Año: 1998

3B) El juego patológico, expresión de la conflictiva:

A través del juego el niño toma contacto con su realidad interna, impulsos, deseos, fantasías, temores, etc. Este acercamiento lo puede sentir tan peligroso, o vivirlo con tanto terror que le lleva a interrumpir, cortar el juego, o actuar.

A veces en las primeras entrevistas se crean las condiciones de contención y comprensión emocional, que le permiten al niño jugar, como espacio mental propio, donde puede escenificar y personificar sus objetos internos, fantasías, sentimientos, etc. En este espacio imaginario entre el niño y el juguete, o el niño y el terapeuta, o el niño, juguete y terapeuta. Algo que, como dice Winnicott, no es externo, ni interno, permite el apoderamiento, (adueñarse según Freud), por el control mágico de los deseos internos, sus emociones, o de objetos de deseo. Al tiempo su contacto con la realidad externa a través del juguete, le permite restar omnipotencia al poder de la fantasía (Gutton “El juego de los niños”).

En este espacio mágico, los psicoterapeutas, debemos zambullirnos, prestarnos a ser, a veces, juguete del niño. Estar junto a él, captando el momento que le lleva al niño a retirarse, dejar de jugar, prestándonos con nuestra interpretación a ayudarle a seguir jugando.

El juego normal, tal como ya lo he dicho antes, es una función del yo, que permite la elaboración interna. Inevitablemente la conflictiva mental con manifestaciones clínicas, supone el fracaso del yo en manejar la conflictiva interna entre: el mundo pulsional (Ello), las exigencias del Superyo, y las posibilidades externas, tal como Freud lo ha descrito.

Es justamente el fracaso en la actividad lúdica, lo que llamo juego patológico, estando íntimamente relacionado con su patología. Considerando que es el momento adecuado para interpretar, ayudando a restaurar o recuperar ese espacio elaborativo.

El juego patológico puede aparecer por diversas razones, sugiero, por mi experiencia las siguientes:

  • 3B-1) Por la realidad externa invasora
  • 3B-2) Por la propia realidad interna
  • 3B-3) Algo defensivo, al interrumpir el juego, para no ver la realidad interna. O jugar para no hablar.
  • 3B-4) Por fallos del terapeuta. Tanto por no recoger adecuadamente el momento y el clima emocional, importante tomar en cuenta la contratransferencia. Como una interpretación inoportuna.
  • 3B-5) El ataque al juego. Expresión de un ataque a la capacidad de pensar propia y del terapeuta.

3B-1) La realidad externa puede interferir de diversas formas. Tanto por impedirlo realmente, caso de niños con enfermedad física, con largos períodos de hospitalización, encamamiento prolongado, limitaciones físicas,… que puede bloquear su actividad lúdica y fantasmática. Desarrollando de forma compensada, un funcionamiento mental, con rasgos de control obsesivo del objeto, de manipulación y manejo mental del otro, parece jugar con las personas como juguetes. Con la conflictiva que ello puede conllevar.

Otras situaciones, pueden tener relación con los niños que sufren algún abuso, o maltrato físico o sexual. Pudiéndose bloquear juegos de temática edípica, (libidinal, agresiva, o identificatoria). Recuerdo el caso de una niña de 9 años, pidiéndome valoración los padres, tras sufrir caricias y manoseos en sus genitales por un tío. La niña pudo hablarlo con su madre pasados dos o tres días. No existe ningún signo clínico sospechoso, salvo la información que aporta la madre, después de preguntar sobre el juego de su hija. Me dice que ha dejado de jugar a las muñecas, juego al que se entregaba con placer y dedicación.

Este fue el motivo por el que indiqué una psicoterapia. Breve en su duración, finalizando cuando pudo restaurarse en la niña este juego, al comprobar que las fantasías omnipotentes proyectadas sobre mí, no me inducían a actuar en la realidad, permitiéndola desplegar otra vez su espacio imaginario.

3B-2) Otras veces es la propia realidad interna, la intensidad de las fantasías que aparecen en el juego, vivido de forma tan persecutoria y terrorífica, como una puesta en escena real. Que tienen que interrumpir y abandonar el juego.

Tengo presente a un niño de casi 10 años, con un hermano mellizo afectado de grave parálisis desde bebé. La madre muy angustiada ha buscado que el niño se responsabilice del hermano, hasta el extremo de comportarse, el niño, más como un adulto, busca estar entre mayores y sus conversaciones, evitando a los niños. No juega. Me dicen, “No sabe diferenciar un juego o broma de la realidad”. Continúa el padre, que no asimila las cosas, en el colegio se porta bien pero va muy mal en los estudios. Tiene una gran intolerancia a la frustración, evitando intentar hacer algo que imagine le salga mal. Le notan triste, echándose las culpas de lo que le pase al hermano. El padre me comenta, de sí mismo, que “para no hundirse”, se refugió en el trabajo. Cuando está con los dos hermanos, “juega verbalmente con el hermano paralítico, y no con él, para evitar que el hermano se sintiera mal”. Evitando también por estas razones, llevárselo de paseo con él.

Describiré dos fragmentos de sesiones sucesivas. Llega el niño sudoroso, con la madre y el hermano paralítico, me comenta que subió las escaleras para ayudar a su madre a sacar del ascensor la silla de su hermano. Me dice que tenía miedo por ellos (notándole muy responsable).

Va apareciendo un juego en el que, un muñeco busca robar a un niño pequeño, (le cuesta hablar, preguntándole con frecuencia), me voy enterando que el pequeño se burla. Este muñeco no sólo quiere robar, sino pegar también al pequeño. Aparece otro muñeco, que es policía, castigándole y pegándole. Se repiten las escenas, de la pelea entre el muñeco y el policía. Acaba encarcelado sufriendo el castigo y la agresión en la cárcel, por parte del policía y el pequeño. El muñeco cada vez más furioso se pega él solo. Se escapa y se inicia otra vez la pelea, cada vez mayor, con comentarios del policía, “te voy a matar”, … “Dejó al niño como muerto, … está acobardado”, comenta el niño.

Deja de jugar, retirándose físicamente de la mesa de juegos.

Le hago ver que este niño no se atreve a hacer nada, ni hablar, ni sentir nada, ni jugar. Porque teme sufrir el castigo de ese policía tan severo, que le castiga tan duramente, acobardándole.

Hace movimientos de asentimiento. Finaliza la sesión.

En la siguiente, el niño se queda mirándome, sin jugar, durante bastante tiempo.

Le relaciono su actitud de no jugar, con la sesión anterior, y lo acobardado que se sentía con ese policía.
Me contesta.“Sí, le castigaría mucho y podían morir”.

Poco a poco va cogiendo los juguetes, empezando la pelea entre “el bueno” (el policía cruel), y “el malo” (el niño), al final muere el niño.

Deja de jugar, retirándose físicamente, con aspecto abatido y de derrota. Me mira fijamente.

Le comento. Me haces ver con este juego, que hay una pelea muy grande dentro de ti, sintiendo que luego quedas dañado y como muerto, no pudiendo pensar ni seguir jugando. (Silencio).

Habla de la madre, si habrá traído la tarjeta de las citas. (Silencio). Dice que se aburre.

Silencio. Me pregunta por el interior de un armario, busca que yo le conteste realmente.

Al intentar buscar que me diga lo que él imagina. Contesta “no sé”. (Se repite varias veces).

Le digo. Igual no te atreves a pensar o imaginar lo que tengo en el armario.

Me contesta, “sólo quiero verlo, no cogeré nada”.

Le digo. Quizás temes, que tu curiosidad y tus pensamientos, los tome por pensamientos malos de robar, y yo me convierta en ese policía tan peligroso. Eso te da tanto miedo, y por eso no te atreves aquí a mostrar tus pensamientos, o a jugar. (Hace gestos afirmativos).

Las interrupciones del juego, surgen en varios momentos, y por dos motivos, tal como lo pude entender. Uno de ellos al aparecer un contenido, muy depresivo, con ideas de muerte, daño y accidente. Escenificándolo él mismo, con la interrupción del juego (queda el juego accidentado), como consecuencia de los ataques internos de ese policía, Superyo cruel y sádico, que aparece en las dos sesiones. Otro tiene relación, con la transferencia sobre mí de ese policía interno, algo que bloquea el juego, así como su capacidad de expresar algo, curiosidad en este caso, por el miedo tan intenso que siente, está acobardado, como él dice.

Otras veces los niños al cortar el juego, se levantan, se mueven por el despacho, intentan abrirte cajones, coger algún objeto, miran por la ventana, hablan de algo real, o te agreden directamente o indirectamente a través de los objetos del despacho. Expresando realmente la fantasía, el deseo o el afecto subyacente, sin poder recurrir a la mediación del juego.

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