Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

Paseo de la Castellana 114, 4º Pta. 3 - 28046 Madrid • Teléfono/Fax: 91 319 24 61

Hiperactividad y trastornos de la personalidad II: sobre la personalidad límite

PDF: lasa-hiperactividad-trastornos-personalidad2.pdf | Revista: 34-35 | Año: 2003

Otra característica es el predominio de mecanismos de defensa arcaicos (denominación mejor que la de “psicóticos”, porque evita cierta confusión diagnóstica). A diferencia de los mecanismos de sujetos neuróticos, organizados en torno a la represión, los pacientes límite recurren, para protegerse frente a la invasión pulsional, que activa una angustia de fragmentación tanto de su self (o sea de su coherencia mental) como del objeto externo, a mecanismos basados en la escisión. Gracias a ella separa, precaria y artificialmente, sus representaciones internas idealizándolas (distorsión de la realidad) en buena y malas y ligándolas a la pulsionalidad libidinal y agresiva. Así protege a su frágil Yo de verse invadido por la angustia, fundamentalmente evitando la confrontación con su propia ambivalencia y el sufrimiento depresivo, afectos que amenazarían de destrucción su propia integridad y la de cualquier objeto vinculado afectivamente (en una relación interpersonal). Este “desconocimiento” de sus afectos, a veces reconocidos intelectualemente, pero imposibles de vivir y ser expresados, implica mecanismos de negación que afectan tanto a elementos intrapsíquicos (negativa a percibir como propios sus deseos, sentimientos o pensamientos) como a la percepción e interiorización de las exigencias de la realidad externa (dificultando así la diferenciación interno-externo y con ello su integración en un super-Yo que quedará mal estructurado).

Conforme ya describió Melanie Klein, cabe subrayar el carácter normal de estos mecanismos “psicóticos” en los momentos precoces de constitución del psiquismo, en los que el bebé, incapaz de integrarlos, necesita separar lo “malo” para impedir que le invada y contamine, y así proteger; lo “bueno”. Esto conlleva una percepción maniquea e inestable del mundo, que oscila entre lo “idílico” y lo “catastrófico”, con intenso acompañamiento afectivo de amor y odio, en función de los vaivenes pulsionales y de las insatisfacciones que conllevan. En los momentos de intensa decepción relacional, la escisión opera una separación entre el sentimiento idealizado de sí mismo (imagen regresiva idealizada y grandiosa) y la desvalorización masiva del objeto (idealizado negativamente como culpable de todo malestar y “merecedor” de odio y castigo), y el resultado de esta operación es la facilitación de un paso al acto “justificado” por esta particular percepción de los sucesos reales, muy distorsionada afectivamente por la “ceguera pasional” con la que se viven estos fracasos de la satisfacción (desesperadamente) esperada.

Aunque el destino, inconsciente, de esta operación es evitar la angustia de fragmentación, la precariedad de la escisión es tal, (porque la amenaza, por ser interna, sigue persistiendo), que la inseguridad respecto a las garantías del mundo externo y la angustia difusa se siguen manifestando e, imposibles de ser controladas, mantiene al sujeto en la incertidumbre de su propia (in)coherencia, y de su imposibilidad de mantener, como si pudieran ser inamovibles, tanto su estabilidad y como la del mundo externo.

Por eso necesita recurrir a mecanismos de idealización primitiva, separando los objetos “buenos e ideales” de la amenaza de contaminación y destrucción por parte de los “malos”. Esta nueva escisión, tambien ineficaz, porque nadie ni nada satisface permanentemente, desencadena reacciones de rabia destructiva y de rechazo masivo de reconocer la negación previa que permitía la idealización (“nunca he pensado nada bueno de tal persona, siempre la he odiado, siempre he sabido que no debía confiar en ella porque siempre me ha engañado”). La inestabilidad y las rupturas catastróficas en el terreno relacional con la consecuencia.

Los aspectos negativos, peligrosos, de sí mismo son, además de separados (escindidos), expulsados al exterior y proyectados en otras personas, que se convierten así en amenaza externa. Con esta “identificacion proyectiva” se crea una nueva, y también frágil, ilusión, que hace creer que es más fácil controlar y evitar la amenaza externa (cuando en realidad está dentro del sujeto, y es imposible hacer desaparecer lo que es parte íntima de su psiquismo).

La necesidad, para sobrevivir, y la fantasía grandiosa de poder dominar y controlar totalmente al objeto externo, necesita articularse en un sentimiento de omnipotencia propia inseparable de la desvalorización, desprecio y rechazo del objeto en cuanto se niega a la gratificación, tanto si es explicitamente demandada como silenciosamente esperada. Melanie Klein asoció genialmente idealización y envidia (“la envidia destructiva ataca a lo más creativo”) al detectar que es el objeto idealizado posesor de todo lo que gratifica quien, precisamente por ello, es víctima del deseo de ser desposeído, de todo, robado y usurpado en su lugar por quien le desea con avidez. En la misma línea, O. Kernberg ha insistido en la importancia psicogenética, en la distorsión tanto en la percepción de la realidad como en la representación de los objetos internos (internalización), de la agresividad y destructividad oral, y de los sentimientos y actitudes de rabia hostil y arrogancia que condicionan (3).

Ambos autores han insistido también en que como resultante de ello se ve afectado el criterio (de percepción) de la realidad. Aunque se diferencia de la disociación psicótica, tanto la percepción de sí mismo como del otro, sobre todo en lo que concierne a como se viven las relaciones más cercanas y significativas, sufre severas distorsiones.

Lo que la perspectiva de Kernberg (y otros autores psicoanalíticos) aporta a la comprensión psicopatológica de la estructura de la personalidad límite (o si se prefiere de sus características psicopatológicas prevalentes) puede resumirse en los siguientes puntos:

  1. Labilidad del funcionamiento yoico (“yo débil”)
    • Desbordado por la intensidad, mal tolerada, de afectos y emociones.
    • Tendencias impulsivas descontroladas.
    • Carencia de recursos de canalización y sublimación.
    • Identidad inconsistente: “difusión de identidad”. Caracterizada por su indefinición e inconstancia: “falso self”, pseudoidentidad, imitaciones superficiales.
  2. Mecanismos de escisión – Oscilación estados afectivos
    • Alternancia idealización-omnipotencia-euforia y desvalorización-desprecio-depresión.
    • No diferenciación interno/externo y alteración del criterio de realidad.
    • Fallos integración y funcionamiento del superyo.
  3. Relaciones de tipo anaclítico
    • Extremada dependencia y sensibilidad a la separación.
    • Intensos deseos de relación fusional y correlativos temores de intrusión e influencia.

Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24

Subir