Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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La simbolización y el proceso psicodiagnóstico: apuntes para un seminario

PDF: puertas-simbolizacion-proceso-psicodiagnostico.pdf | Revista: 25 | Año: 1998

2. LA SIMBOLIZACIÓN

Definición

La palabra viene del griego symbolon, que significa reunir, integrar, juntar. Para nosotros sería reunir lo interno con lo externo, el sujeto con el objeto; lo antiguo con lo nuevo.

¿Qué es pues la simbolización?

La entenderíamos como la capacidad del ser humano de ir utilizando lo que el mundo externo le ofrece (cosas, personas, palabras) para sentirlo como una representación de algo suyo. Hay una definición clásica que sería la representación de la representación, es decir, estamos hablando de la capacidad de representar en lo externo una representación interna.

Ejemplo:
Un niño en una sesión de juego: su énfasis es que un objeto sea transportado por otro, un coche por otro coche, un animal por otro animal. En este caso, y en el contexto diagnóstico, que nos ocupaba, lo entendíamos como la recreación de una fantasía simbiótica. El se representaba en lo transportado: coche, animal y el objeto materno en el transporte. Los juguetes estaban siendo utilizados para representar aspectos de su mundo interno.

Si los procesos de separación-individuación-diferenciación se van dando adecuadamente, el símbolo evolucionará con un doble registro, a nivel inconsciente mantendrá una relación analógica con lo simbolizado, a nivel consciente mantendrá su entidad propia sin la equivalencia anterior. Por lo tanto el niño que juega al transporte no sabe que está recreando un deseo de ser llevado, él piensa que juega a coches simplemente.

¿Por qué?

¿Por qué se da este proceso? El motor son los sentimientos del niño en torno al objeto primario, inicialmente los deseos, ansiedades, etc. que giran en torno al cuerpo de la madre y hacia su propio cuerpo.

Según Jones, “los primeros intereses y movimientos pulsionales del niño son dirigidos hacia el cuerpo de sus padres y hacia su propio cuerpo. Son estos objetos y pulsiones, que aún existen en el inconsciente, los que están en el origen de todos los intereses que se encauzan a través de la simbolización”.

Para Klein, el deseo de fusionarse con el objeto ideal y la huida de los sentimientos persecutorios hacia el objeto cuando está teñido de pulsionalidad agresiva son los que originan el desplazamiento al exterior de esta complejidad afectiva. El niño busca fuera un alivio de estos conflictos.

¿Cómo?:

El medio: la proyección. El sujeto atribuye a algunos aspectos de la realidad un sentido propio, deposita en lo real aspectos internos y esa realidad ya no le es ajena, está subjetivizada y cargada de un sentido individual. Vemos que aquí es dónde se junta lo interno con lo externo. Decíamos que ese soporte externo que el sujeto utiliza como mediador de sus conflictos internos, ese soporte que es el símbolo, será tolerado con caracteres propios a nivel consciente, pero vivido como algo perteneciente al sujeto, algo que se puede manejar a nivel inconsciente.

En la patología del desarrollo simbólico, veremos que esta doble acepción no se da, prevalece la forma arcaica, es decir, la analogía entre el símbolo y lo simbolizado por una prevalencia de los mecanismos proyectivos y una intolerancia a la separación-diferenciación. En definitiva, una intolerancia a aquello que es ajeno a la omnipotencia del sujeto.

Sami-Ali describe así este proceso: la proyección viene, pues, a ocupar el vacío dejado en el ser por la desaparición de una parte del mundo externo. Es el vínculo que mediatiza su recuperación en el plano imaginario, el proceso proyectivo traza una trayectoria que va de la pérdida de lo real hasta su restauración. La proyección se subordina a la satisfacción del deseo inconsciente. La actividad perceptiva se dedica a hacer coincidir las percepciones internas con las externas, intenta negar las diferencias, es la búsqueda de lo mismo (identidad de percepción). En el ser humano la proyección sería recrear el momento crucial dónde comienzan a existir dos órdenes perceptivos, lo externo y lo interno, para trocar la comunicación en comunión y la percepción en posesión (Sami-Ali, 1974).

¿Cuándo?

En el apartado anterior hemos dejado entrever dos momentos esenciales en el desarrollo del psiquismo. En un primer momento, para Klein, la simbolización se utiliza para tomar conciencia de la diferencia de la separación con el objeto. Estamos en el tránsito de las posiciones esquizo-paranoide a la depresiva. A través de la simbolización se va asumiendo el no-Yo, es obvio que para que se dé el mecanismo proyectivo tiene que haber un rudimento de conciencia Yo / no-Yo.

Un segundo momento, siguiendo a Klein, sería, más instalado en la posición depresiva, la renuncia a la omnipotencia y a la fusión, los símbolos se utilizan para sobrellevar la pérdida.

Dice Segal que un símbolo es como un precipitado de duelo por el objeto, a su vez se utiliza para proteger al objeto de la propia agresión.

Ejemplo:
Un paciente, en una sesión de análisis trae la lectura reiterada de una novela en dónde aparece como elemento central la Renuncia a una relación amorosa. El paciente repite la palabra “renuncia” y dice: “Es como si no hubiera descubierto que hay renuncia, que a veces la realidad es algo que por mucho que tú desees no se puede cambiar… mi madre murió y por mucho que me empeñe no va a vivir”.

Este paciente elige la novela que está representando el momento clave de su proceso interno, la renuncia a su propia omnipotencia, al control omnipotente sobre el objeto, el dolor de la pérdida del estado de fusión ideal, y a la vez le ayuda a sobrellevar la asunción de su propia individualidad.

Para Bion también, sólo cuando se puede reconocer la ausencia se puede simbolizar y pensar. Bion dice: no-pecho = pensamiento.

Para ser capaz de sentir esto, tiene que haber una parte del espíritu CAPAZ DE CONTENER LA ANGUSTIA DE UN OBJETO AUSENTE, UN NO-PECHO.

La relación continente-contenido previa tiene que haber dado lugar a esa parte del aparato psíquico. Según Bion la relación continente-contenido determina el aparato psíquico. Este espacio mental bioniano se ha producido por un pecho capaz de contener las proyecciones y darles un sentido.

Para Winnicott, en un primer momento no hay necesidad de símbolos. La madre sólo existe como ENTORNO SUSTENTADOR, satisfaciendo las necesidades del bebé, de tal forma que éste nos las vive como necesidades propias. Estamos en la fase Madre-Bebé.

Sólo aparecen los símbolos cuando hay Deseo. La necesidad satisfecha no crea Deseo. El Deseo se inaugura con la frustración, la desilusión.

La frustración bien dosificada facilita la toma de conciencia de la separación. La madre tiene como misión dar a conocer su presencia sin que sea de un modo aterrador para que ésta no sea rechazada. Estamos en la fase Madre y Bebé (de 4 – 6 meses hasta los 8 -12 meses).

Es en los inicios de esta fase cuando aparece un embrión simbólico…, estamos hablando del objeto transicional que delata la capacidad del bebé de ubicarse a una cierta distancia del objeto. Esta distancia y objetivación es intermitente, por ello:

El objeto transicional refleja la capacidad incipiente de crear significados personales representados en símbolos con la mediación de la subjetividad.

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