Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Teoría del apego y psicoanálisis. Hacia una convergencia clínica

PDF: fernandez-teoria-apego-psicoanalisis.pdf | Revista: 33-34 | Año: 2002

Mientras que una mayoría (trece de veintitrés) de niños se comportó como se esperaba (los que después se han categorizado como seguros), ante la sorpresa de Ainsworth seis de ellos mostraron muy poco o ningún malestar al ser dejados solos en el entorno desconocido, y además ignoraron o evitaron a la madre al volver ésta. Se comportaban curiosamente como niños más mayores que ya habían alcanzado la etapa de desapego como respuesta a separaciones prolongadas. Ainsworth interpretó la respuesta de estos niños, llamados evitativos, como expresión de la represión de las manifestaciones de ansiedad y enfado.

La respuesta de los cuatro niños restantes difería de todas las demás. Su angustia era tan intensa que les impedía involucrarse en cualquier situación de exploración o juego incluso en presencia de la madre. Tipificados como ambivalentes/resistentes, parecían preocupados con sus madres durante toda la prueba, lo mismo en su presencia que en su ausencia, y no encontraban en su regreso ningún consuelo para su enfado o su angustia.

La frecuencia de los diferentes tipos de conducta de apego que Ainsworth encuentra en este primer trabajo (50% seguros, 30% evitativos, 20% ambivalentes/resistentes) ha sido confirmada en trabajos realizados en todo el mundo. La mayoría de los niños presenta una modalidad de apego seguro y esta característica no se modifica ni con el sexo ni con el orden de nacimiento.

A pesar del aspecto claramente cognitivo de las investigaciones de Ainsworth, hay que reseñar que para ella el apego no es un fenómeno meramente conductual (crítica que ha perseguido a la teoría desde su fundación). En uno de sus trabajos define así el concepto:

“El apego se manifiesta a través de patrones de conducta específicos, pero los patrones en sí mismos no constituyen el apego. El apego es interno… Este algo internalizado que llamamos apego tiene aspectos de sentimientos, de memorias, de deseos, de expectativas, y de intenciones, todos los cuales… sirven como una especie de filtro para la percepción e interpretación de la experiencia interpersonal, como un molde que configura la naturaleza de una respuesta externamente observable”. (Ainsworth, 1967, pág. 429) (9).

El descubrimiento de las modalidades de apego dio lugar al desarrollo del estudio del vínculo que une al bebé y a su madre añadiendo la perspectiva interaccional, es decir, considerando la especificidad de las respuestas del niño en una relación concomitante con las respuestas de la madre, y no necesariamente con experiencias de separación.

Muy rápidamente, Ainsworth comprobó que la modalidad de apego observada en el niño sometido a la Strange situation se relacionaba con una modalidad específica de interacción con el niño por parte de sus cuidadores en todas las situaciones, empezando por su madre en el hogar. Es decir, que las respuestas de apego del niño eran sistemas de conducta (10) (modelos operativos) que se activaban frente a sistemas de conducta de sus madres (11). En la década de los 80 hay infinidad de trabajos de observación y análisis de interacciones madre-bebé (12).

Teoría del apego en la actualidad: La era representacional

El tercer gran avance de la teoría del apego, lo que se ha venido llamando la era representacional, es aportado por toda una serie de investigadores entre los cuales es de destacar el trabajo de Mary Main quien, basándose en las concordancias halladas entre las diferentes modalidades de apego del niño y las actitudes de sus padres hacia ellos, diseña un instrumento clínico que permite el estudio de los modelos operativos parentales en relación con el apego. Este instrumento es la Entrevista de Apego Adulto (AAI, Adult Attachment Interview). Se trata de un cuestionario semiestructurado en el cual los padres reflejan en forma narrativa sus vivencias, recuerdos y sentimientos en relación con sus propios progenitores y su historia infantil. Lo que se busca y se evalúa no son los contenidos de la experiencia, sino la coherencia y consistencia del relato de tal manera que un padre puede ser considerado como seguro a pesar de que su experiencia de la relación con sus padres sea traumática y los sentimientos que muestre hacia ellos sean negativos, a condición de que asuma su posición en forma consistente.

En línea con los resultados de la Strange situation para clasificar las modalidades de apego, La Entrevista de Apego Adulto ha permitido encontrar tres tipos de “modelos representacionales del apego”: Autónomo-Seguro, Desentendido y Preocupado.

El uso de ambos instrumentos combinados (es decir, EAA para padres de niños tipificados con la Strange situation) ha permitido encontrar concordancias entre las modalidades de apego en los niños y en sus padres, y, en consecuencia, el uso de la EAA con fines de predictibilidad.

Mary Main interpreta las modalidades de apego encontradas en los niños como “estrategias adaptativas” a las condiciones de cuidados en las que se crían y, en este sentido, piensa que “los patrones inseguros de apego organizados (13) –el evitativo y el ambivalente-resistente– pueden ser considerados como estrategias… para mantener la proximidad con un padre cuya… respuesta es inconsistente o limitada” (Main, 2001).

Es decir, que en tanto la madre proporcione una base segura, lo que sucede en la mayoría de los casos (como la madre “suficientemente buena” de Winnicott), el niño puede dirigir y mantener su atención hacia la exploración del mundo externo (otra vez Winnicott: “La capacidad de estar solo en presencia de la madre”...). Pero el niño con apego evitativo ha de desviar la atención tanto de la madre como del stress de la separación, lo que consigue manteniendo su atención en los juguetes o en alguna otra cosa. (14)

En contraste, el niño ambivalente-resistente, para mantenerse organizado, necesita concentrar toda su atención en la madre, lo que le impide fluctuar entre ésta y la exploración de los juguetes y del entorno.

“… los infantes inseguros –continúa Main– parecen permanecer organizados bajo el stress, concentrándose insistentemente en un solo aspecto de lo que les rodea…” Esta inflexibilidad de la atención que se observa en niños rechazados o tratados de manera inconsistente (lo que es la causa del stress) volverá a aparecer en el discurso de sus padres cuando a éstos se les pide comentar sus experiencias relacionadas con el apego. (Main, 2001).

Main y Solomon describieron un tercer patrón de apego inseguro, el desorganizado/desorientado. Los niños que presentan esta modalidad de apego no tienen la capacidad de manejar la angustia ante la separación y no buscan consuelo cuando la madre regresa. Lo más característico de este patrón es que la conducta de los niños es impredecible en relación al acercamiento o evitación de la madre; tienen conductas contradictorias, se acercan a la madre y se quedan a mitad de camino paralizados, a veces con los brazos elevados. Muestran una falta de estrategias para satisfacer sus necesidades de seguridad y consuelo.

Investigaciones posteriores han demostrado que este patrón de apego desorganizado/desorientado era más prevalente en madres deprimidas y en madres que maltratan.

Lyons-Ruth, en un estudio realizado en el Hospital de Cambridge (USA) observó que la conducta desorganizada de estos niños se manifestaba con intensa angustia ante la separación de la madre, lloraban, golpeaban y se tiraban al suelo, tratando de restablecer el contacto con ella. Cuando la madre regresaba, el niño se acercaba a ella pero cuando entraba en contacto la empujaba tratando de desasirse y se alejaba de ella. También observó que las madres mostraban un claro rechazo hacia el niño. (Lyons-Ruth et al., 1990).

La conducta de estos niños coincide con las observaciones de Margaret Mahler sobre la fase de ambivalencia. Sin embargo, los investigadores del apego difieren en cuanto a la interpretación de esa observación; donde Mahler veía las dificultades del niño para abandonar las fantasías de omnipotencia en cuanto a la posesión y control del Objeto materno, ellos ven la dificultad de la madre para proveer al niño de seguridad y bienestar.

Para resumir lo que la teoría del apego propone como aportación al psicoanálisis teórico-clínico actual (cuatro términos deliberadamente ambiguos) tomaré prestados los comentarios a un trabajo reciente de Karlen Lyons-Ruth sobre las posiciones de Mahler (Pilar Díaz Jiménez, 2001):

“La teoría de las relaciones objetales considera el fantasma (fantasía inconsciente) como motor del psiquismo; desde este punto de vista, las figuras de apego pueden modular pero no determinan, todo depende del movimiento pulsional. La ansiedad de separación se justifica por la pérdida de omnipotencia del niño, lo que le lleva a buscar a la madre con el fin de recuperar el poder perdido; pero al reaproximarse surge el miedo a la respuesta de la madre a la que el niño ha atacado previamente en su fantasía. El fantasma es, en esta concepción, la fuente de la agresividad.
Los teóricos del apego, en cambio, centran su observación en el vínculo. El punto de partida es observar qué ocurre en la interacción con la figura de apego. El modelo relacional del desarrollo considera al adulto no sólo como objeto de la pulsión sino como regulador emocional que determina la estructuración del psiquismo. La figura de apego tiene la función de regular la relación estableciendo reacciones y respuestas diferentes según las necesidades emocionales del niño. Desde el modelo relacional, el fantasma surge de la interacción.»

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