Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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¿Qué elementos aporta el juego al diagnóstico?

PDF: garcia-elementos-juego.pdf | Revista: 27 | Año: 1999

III PSICOPATOLOGÍA DEL JUEGO INFANTIL

El Juego en el Niño Autista

Tustin observa que existe una característica notoria en los niños autistas y es que no pueden jugar; por lo tanto dicha dificultad promueve una barrera para su análisis (9).

Ella diferencia el objeto autista del objeto transicional de Winnicott, porque el objeto autista es sentido por el niño como parte de su propio cuerpo, parece ser una porción extra del cuerpo que garantiza su seguridad. Dicha seguridad es la llave principal de estos objetos autistas. Los objetos externos, son “objetos yo” y ayudan el niño a sentir que existe y que su seguir existiendo está asegurado. Estos “objetos yo” mantienen fuera de la conciencia los penosos destellos de lo que es sentido como peligroso “no yo” que parece amenazar tanto su existencia como su seguridad. Por lo tanto, no deben ser confundidos con el objeto transicional de Winnicott que es una combinación del yo y del “no yo” y que ayuda a ligar a ambos. Podemos decir entonces que el objeto transicional es un puente hacia el “no yo”, mientras que los objetos autistas son una barrera hacia el no yo. (9)

El punto crítico de las dificultades del niño autista es su inhabilidad para hacer el duelo por una pérdida. En lugar de esto, la pérdida (el agujero) es llenada con objetos autistas y formas autistas. Este fenómeno es lo que Winnicott considera “depresión psicótica”, la ilusoria pérdida ocurrida cuando la organización neuro-mental era tan elemental que el niño no era capaz de conceptualizarla. En un estado más organizado (Winnicott 1952) la misma pérdida sería una pérdida de objeto, sin el elemento agregado de una pérdida de una parte del sujeto. (9)

Ahora bien, ¿qué impide a los niños autistas desarrollar su actividad lúdica?

El niño autista ha compensado sus carencias psicológicas tempranas, a través de la sobrevaloración de los contactos físicos táctiles y las sensaciones que éstos producen. Dichos objetos sensación impiden el desarrollo normal de la imaginación que es esencial para el juego. Los niños al estar protegidos contra la experiencia de pérdida por medio del objeto autista, nunca son estimulados a recordar personas o cosas ausentes a través del dibujo, imágenes y recuerdos. Por lo tanto, los niños autistas son distintos de otros niños en su incapacidad para utilizar el juego imaginativo y en su falta de habilidad para identificarse con los sentimientos de otros (9).

Para poder identificarse con los demás ya sean muñecos o humanos, es necesario tener cierto grado de seguridad sobre su propia existencia e identidad. Pero los niños autistas carecen de ello, y esto constituye un gran obstáculo para su terapia.

Tustin considera que los objetos autistas al ser vivenciados como parte del cuerpo del niño impide que el niño acceda a obtener un mínimo grado de noción sobre la separación corporal de manera tal que pueda sentirse en el lugar de la otra persona.

En cuanto a la capacidad de simbolización, los niños autistas no discriminan entre sujeto y objeto, ni entre lo interno y lo externo. Viven en tal estado de indiferenciación con el mundo que les rodea que se hace muy difícil empatizar con su mundo. De esta manera los juguetes brindados por los analistas, no tendrán ningún significado (a nivel de comunicación o de fantasía) sólo lo tendrá a nivel de sensaciones.

Como los objetos autistas son experimentados como parte de su propio cuerpo, los siente “siempre disponibles”. En consecuencia, no ayudan a sostener la tensión ni a demorar la acción y este paso es esencial para que tenga lugar la simbolización. Tanto los objetos autistas como las formas autistas, producen también otro efecto desbastador porque “reemplazan permanentemente” a la madre, invalidando y anulando los cuidados que ella presta. una aniquilación de este tipo es más devastadora que la negación porque estos niños sienten que son atacados por la nada, el vacío, el cual tiene un efecto inhibidor sobre el juego. Al estar dañado el desarrollo psicológico como para poder jugar, el niño autista se encuentra en una situación desesperada. (9)

El juego en el niño psicótico

En el psicótico el significante y el significado son la misma cosa (ecuación simbólica). A pesar de ellos el niño puede tener aspectos de su personalidad más preservada y los cuales han logrado una organización no psicótica que les permite expresar su conflicto.

Esta dificultad va desde la inhibición total o parcial del juego hasta la desorganización de la conducta.

Otros elementos significativos es el “seudo juego”, que consiste en una serie de conductas en las que el niño “parece” jugar pero en ellas hay una ausencia total o parcial de simbolización; desaparece el “como si” propio del juego de niños normales y neuróticos. (5)

En los procesos psicóticos o prepsicóticos y en algunas afecciones psicosomáticas, se puede observar una fragilidad en la línea intermedia entre expresión fantasmática simbolizada y la llegada de ansiedades arcaicas que ocasionan en el niño un profundo temor a jugar. (4)

El niño siente que se encuentra a merced de su propio querer o mejor dicho de su poder, dejándose llevar por una fantasía intensa a la que teme y en la cual están en juego la vida y la muerte. De esta forma, la angustia generada por dicha situación extrema puede bloquear el juego. Dicha inhibición tiene por finalidad oponerse a esa angustia que desencadena esa actividad lúdica., pues en ese momento el juego ya ha perdido su carácter de irrealidad, ya no es una ficción sino que se ha convertido en una realidad (ecuación simbólica). (4).

En el juego de niños psicóticos, también se observa la perseveración o estereotipia, en los cuales se manifiesta una desconexión con el mundo externo cuya única finalidad es la descarga. Se repite la misma conducta –tanto verbal como preverbal– y no hay fines comunicaciones.

Hay que aclarar que la perseveración o estereotipia constituye un aspecto significativo en el juego de los niños psicóticos pero también se pueden presentar tanto en cuadros orgánicos como en neurosis graves.

Dicha rigidez en la actividad lúdica es utilizada frente a ansiedades muy primitivas con el fin de evitar la confusión. A nivel de pronóstico es importante detectar aquellos elementos que constituyan una posibilidad de conexión con el psicólogo y con el objeto intermediario. (5)

El juego en el Niño Neurótico:

Hay una expresión lúdica con reconocimiento parcial de la realidad; la diferencia con el niño psicótico es que el niño neurótico tiene capacidad simbólica que le permite la expresión de sus conflictos mediante el “como sí” en el juego. Es capaz de discriminar y manifestar una mejor interrelación entre fantasía y realidad.

La dinámica de los conflictos neuróticos se presenta entre los impulsos y su relación con la realidad, en donde el yo utiliza en forma predominante pocos mecanismos de defensa que ocasionan un empobrecimiento yoico.

En este sentido, el yo intenta satisfacer el principio de placer pero como éste le genera culpa que el yo no puede tolerar, desplaza el impulso hacia objetos sustitutivos alejados del originario. El desplazamiento está al servicio de la represión, promoviendo un círculo vicioso en el cual no se obtiene satisfacción, de esta manera se recurre a consecuentes desplazamientos que evidencian otra vez el conflicto.

Los elementos significativos del juego del niño neurótico es que tienen poca tolerancia a la frustración, discrepancia y sobreadaptación de ciertas áreas que son la manifestación de su debilidad yoica o de la severidad del super yo; limitada capacidad de aprendizaje y mínima utilización de la creatividad que le impiden tomar parte en el juego imaginativo (5,8).

Philippe Gutton señala que los juegos obsesivos aparecen alrededor de los 2 años, y se encuentran en las actividades lúdicas normales, pero éstos llegan a considerarse patológicos cuando, por ejemplo, el niño no juega mucho; los juegos se repiten sin variación alguna (hay rigidez) y sin creación fantasmática. El niño manipula los objetos sin correlación con su forma o color, como si el juguete pareciera neutro; la meticulosidad respecto a los juguetes es extrema y cualquier modificación en su forma o cualquier juguete roto produce una intensa angustia en el niño. Estas estructuras obsesivas precoces corresponderían a anomalías de la constitución de la relación objetal en la primera edad que se aproxima a la psicosis. (4)

El juego en el niño Perverso

En cuanto al juego del niño perverso, Aulaguier concibe que a la inversa de los juegos sexuales, durante los cuales se expresa todo el simbolismo de la castración y la diferencia de sexos, el juego perverso se basa en la “retractación”, es decir en la prueba de la no-existencia de la castración, unida a que la castración es en su mismo horror, una forma de satisfacción.(4)

Si el juguete es un compromiso simbólico de una realidad aceptada y de las fantasías mediatizadas, el fetiche en cambio, se encuentra en la línea de la “verdad de un deseo” que considera la realidad absurda e inaceptable. Por lo tanto, no habría juegos perversos propiamente dichos pero si se pueden describir comportamientos perversos del niño, por ej. sus actitudes sádicas respecto a los animales, arrancar las alas de una mosca, las patas de las arañas, cortar las babosas y ahogar determinados animales. Los componentes sádicos pueden ser importantes en los juegos y áreas difíciles de distinguir de las anteriores. Por ej.: la prisión del ladrón, la flagelación de las muñecas, la matanza de los ejércitos son situaciones ricas en fantasmas sadomasoquistas, con un juego alternado de identificación (4)

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