Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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¿Qué elementos aporta el juego al diagnóstico?

PDF: garcia-elementos-juego.pdf | Revista: 27 | Año: 1999

V. ELEMENTOS QUE APORTA EL JUEGO AL DIAGNÓSTICO

A través de la hora de juego se pueden observar diferentes actitudes que los niños adoptan cuando se aproximan a los juguetes. Puede que los observe a distancia, sin tener una participación activa, que espere las indicaciones del entrevistador, dependiendo del mismo; que se aproxime en forma lenta y tomando distancia –evicción– o que actúe con dudas, por ej. cogiendo un juguete y dejándolo de inmediato. Otras actitudes observables son que el niño irrumpa bruscamente sobre los materiales, que esta irrupción llegue a ser caótica e impulsiva o por el contrario que se aproxime, luego de haber pensado qué estructurar y cómo desarrollar la actividad.

Otro factor a tener en cuenta es el tipo de juguete elegido por el niño en el momento de realizar el primer contacto, relacionándolo con la etapa evolutiva por la que atraviesa y el conflicto que intenta transmitir. Por ej. si se dirige a objetos de tipo escolar, a juguetes que representan otras modalidades de vínculos –oral, anal, fálico, genital– juguetes inestructurados o de fuerte contenido agresivo. (11)

Son también importantes las asociaciones verbales y las emociones que se desarrollan porque permiten comprender el contenido de las fantasías inconscientes del niño. Otro factor a tener en cuenta es la calidad del juego que realiza: si tiene principio, comienzo y fin, –la secuencia– si es una unidad coherente en sí misma y si los juegos que organiza corresponden al desarrollo intelectual y edad cronológica. (5)

Modalidad de Juego: Es el modo en el cual el Yo pone de manifiesto su función simbólica. Cada individuo organiza su juego en función de una modalidad que le es propia. Ana Efron y otros colaboradores, consideran que hay tres grandes caracteres o modalidades de juego:

  • Plasticidad: es cuando el niño aplica sus recursos yoicos y nos muestra en forma plástica su mundo interno.
  • Rigidez: es cuando el niño emplea determinados mediatizadores en forma exclusiva y predominante para expresar la misma fantasía. Esta modalidad empobrece al yo y da como resultado un juego monótono y poco creativo.
  • La perseveración o estereotipia del juego es una forma patológica de funcionamiento yoico. Su único fin es la descarga, que se repite una y otra vez sin fines comunicacionales.

El papel que desempeña la capacidad del niño para asumir y adjudicar roles en forma dramática, es decir, la personificación, es otro indicador que aporta el juego al diagnóstico.

Dicho elemento hay que considerarlo en relación con la edad cronológica del niño; por ej. en niños pequeños se observa con claridad cómo utilizan en forma inmediata el mecanismo de identificación introductiva. El niño asume el rol del otro y se apropia del personaje temido o deseado.

A medida que el niño crece, las personificaciones se enriquecen con figuras imaginarias (hadas, monstruos, cucos) en las cuales ellos identifican sus diferentes imagos.

Cuando el niño alcanza la latencia, tiende a dramatizar roles definidos socialmente, con menor expresión de la fantasía debido al incremento de la represión.

En el juego de prepúberes se puede observar una inhibición de la personificación. Para darle curso a ésta, elige objetos más alejados del medio familiar, por medio de un desplazamiento que se expresa en el área simbólica.

La personificación posibilita la elaboración de situaciones traumáticas, el aprendizaje de roles sociales, la comprensión del rol del otro y el ajuste de su conducta en función del ello, favorece el proceso de socialización e individuación.

La motricidad es un indicador que permite observar la adecuación psicomotora del niño en relación a la etapa evolutiva que atraviesa. Es importante ver si juega sólo un rincón del cuarto o sobre una esquina de la mesa, o bien si se mueve con libertad por todo el cuarto. En el transcurso de la hora de juego, el psicólogo puede observar si existe alguna disfuncionalidad motriz. Un adecuado manejo de las posibilidades motoras permite el dominio de los objetos del mundo externo y la posibilidad de satisfacer necesidades con relativa autonomía. Pero si se plantean dificultades a nivel psicomotor, esto no sucede y provocan frustraciones que incrementan tensiones tanto intra como interpersonal.

Es importante valorar la comunicación gestual y postural, enriquecedores del mensaje, los cuales pueden también mostrar aspectos disociados que se expresan como una discordancia entre lo que se dice y lo que se expresa corporalmente.

En resumen, deberíamos preguntarnos si las alteraciones motoras son consecuencia de un trastorno neurológico, o psicógeno, o bien si dicha disfunción motriz corresponde a una falta de estimulación ambiental.

La creatividad, es la capacidad para o la actividad de realizar algo nuevo original e inventado. Pero es la cualidad de la originalidad y no el producto lo que define el acto creativo o el juego imaginario (7). Como un artista el niño invierte una gran cantidad de elementos emocionales en el proceso creativo y en parte utilizan el juego para presentar una clara línea construida entre el mundo real y el fantaseado.

La dinámica interna de este proceso se expresa mediante un interjuego entre la proyección y la reintroyección de lo proyectado ahora modificado, transformado en un producto cualitativamente distinto, promotor del crecimiento y el cambio estructural que repercute en un aumento de su capacidad de aprendizaje. Ahora bien, para que dicho proceso creativo se lleve a cabo es necesario un yo plástico, capaz de abrirse a experiencias nuevas y que sea tolerante a la inestructuración del campo. (11)

Una adecuada tolerancia a la frustración permite que se forme una representación interna del objeto, en ausencia de éste. Incidiendo en un aumento de la función simbólica y anticipando su conexión con el mismo. Las alteraciones de dicha función se pueden observar en dos direcciones opuestas: la excesiva tolerancia o la absoluta intolerancia. La primera indica una pobreza interna y falta de logros adecuados en el mundo interno, en tanto que la segunda caracteriza a un yo inmaduro que no puede postergar deseos insatisfechos.

La detección del grado de tolerancia a la frustración se observa en la hora de juego a través de la posibilidad de aceptar la consigna con las limitaciones que ésta impone – la puesta de límites, la finalización de la tarea y durante el desarrollo del juego, en la manera de enfrentarse con las dificultades inherentes a la actividad que se ha propuesto realizar. (11)

Es importante distinguir en dónde ubica el niño la fuente de frustración, si proviene del mundo interno –la realización de una actividad que se halla muy por encima de sus posibilidades– o bien si la localiza en el mundo externo –desea algo que no está presente–. Es también importante las distintas reacciones que se pueden presentar frente a ella: por ej. si encuentra elementos sustitutivos –la cual implica una mayor adaptación– o bien si se desorganiza –por ej. poniéndose a llorar, la cual sería una actitud más negativista.

La capacidad de tolerar la frustración se relaciona íntimamente con el principio de placer y de realidad. El niño tiende instintivamente a la descarga y satisfacción de los deseos y el principio de realidad es el que regula esta satisfacción por medio de sus funciones yoicas. (11)

Este mecanismo regulador favorece al crecimiento del niño y ayuda a que el yo vaya logrando un equilibrio emocional adaptativo y madurativo.

Otro de los elementos a tener en cuenta es la capacidad simbólica. El juego es una forma de capacidad simbólica y una vía de acceso a las fantasías inconscientes.

Un monto adecuado de angustia constituye la base para la formación de símbolos. Si los conflictos se expresan en forma directa, puede inhibir en forma parcial o total la actividad lúdica porque provoca un exceso de ansiedad que es intolerable al yo. (11)

El niño, a través de objetos suficientemente alejados del conflicto primitivo, logra que en el juego emerjan las fantasías inconscientes. Dichos objetos cumplen un papel de mediatizador porque apelan a sus posibilidades de elaboración secundaria para expresar la fantasía. (11)

Mientras mayores sean los elementos que el niño emplea para expresar su mundo interno, mayores posibilidades yoicas manifiesta, ya que refleja toda una serie de significantes adquiridos mediante un proceso de simbolización. (11)

El símbolo adquiere sentido en el contexto en el cual se expresa.

A medida que el niño evoluciona, aumenta la distancia entre símbolo y lo simbolizado (obj. primario). Al comentar acerca de la elección de los juegos y juguetes (elemento mediatizador de la fantasía inconsciente), hemos considerado de importancia relacionarlo con la edad cronológica del entrevistado (11).

Por medio de dicho mediatizador se puede evaluar:

  • La riqueza expresiva, la coherencia de la transmisión y concatenación de los símbolos, en una secuencia lógica;
  • La capacidad intelectual, durante el proceso evolutivo infantil, aumenta la distancia entre significante y significado y éste va adquiriendo un matiz más compartido en el entorno social, cuya expresión más válida es el lenguaje;
  • La calidad del conflicto, el niño en sus juegos puede expresar fantasías de tipo oral, anal, uretral, fálico o genital y lo manifiesta en función de sus técnicas habituales de manejo. La intensidad del conflicto es variable y ésta puede determinarse de acuerdo a su forma de expresión elegida y a la reiteración de la fantasía. (11)

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