Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Las grietas estructurales

PDF: baekeland-grietas-estructurales.pdf | Revista: 39-40 | Año: 2005

Charles Edward Baekeland, Psicólogo.

Comunicación libre presentada en el XVIII Congreso Nacional de Sepypna que, bajo el título “Psicosis infantil: una visión actual”, se desarrolló en A Coruña del 20 al 22 de octubre de 2005.

Summary: This is a condensed clinical case study concerning the structural lability of a latent-aged patient who shows unusually clear differentiation between neurotic, perverse and psychotic functioning. We attempt to understand how his non-structure and its relation to fractures in his symbolic capacity are shifted towards different functionings according to his uneven tolerance of anxiety, frustration and mental pain.

Key Words: Mental Structure, Mental Pain, Symbolism.

INTRODUCCIÓN

Con esta comunicación quisiera tratar sobre la labilidad estructural de un paciente que presenta un inusitado abanico de modos de funcionamiento mental, entre los cuales él pasa a medida que su capacidad simbólica se ve fracturada y derrumbada por montos de angustia y dolor excesivos. Mi hipótesis básica será que las formas neuróticas, perversas y psicóticas de tramitar los afectos y la vida mental son, por un lado, soluciones de compromiso para manejar el conflicto; y, a la vez, los niveles de estructuración posibles en función de la mayor o menor presencia de déficit de investidura en la primera infancia.

MATERIAL CLÍNICO

Jaime es un niño de ocho años, pequeño y delicado, que me es enviado por una compañera psiquiatra. Sufre de terrores nocturnos recurrentes, enuresis diurna y nocturna primaria, encopresis leve, muy bajo rendimiento escolar y un desánimo generalizado. Jaime ha dicho varias veces a sus padres que quiere morirse. Se relaciona mal con los compañeros de clase y es susceptible y suspicaz ante ellos. Es posible que también sufra de alucinaciones ya que ve a Gollum por todas partes; y, como resultado de esto último está desarrollando fobias cada vez más extensas. Desde que tiene cinco años ha declarado que quiere ser una niña.

Jaime es el primero de tres hermanos: la segunda es una hermana que nació sólo catorce meses después de él, y la tercera es otra hermana, tres años más joven que él. Cuando pregunto por la procedencia del nombre “Jaime” descubro lo siguiente: el abuelo paterno, que murió cuando el padre tenía 11 años, se llamaba Jaime. El abuelo materno, alcohólico y depresivo, con el que la madre ha tenido una relación conflictiva, también se llama Jaime. Y dos tíos, hermanos de la madre y del padre también se llaman Jaime.

La madre parece inteligente, intuitiva y fría y el padre hace todo lo posible por minimizar los problemas de su hijo; es un hombre bonachón, grande y carente de insight. La madre me pide una entrevista para que pueda hablar con libertad de cosas que son difíciles de comentar con él. Me dice que la familia de su marido tiene problemas con los niños varones dado que suelen ser desvalorizados frente a las niñas y que su marido repitió lo mismo con sus hijos. Cuando Jaime nació su padre se volcó en él y hacía todo cuanto pudiera por compartir el máximo de tiempo juntos hasta llegar a convertirse en la figura de cuidados principal. Sin embargo, en cuanto nació la primera hermana se desinteresó bruscamente por Jaime y trasladó su afecto a su hija. Esta retirada de afecto e interés se agravó cuando nació la segunda hermana.

No existen datos particularmente llamativos respecto a su desarrollo temprano aparte de que Jaime fue a la guardería a los cinco meses desde las 09:00 hasta las 17:00.

Finalmente observo en las entrevistas que Jaime posee un lenguaje y una inteligencia considerablemente superiores a lo que le correspondería por edad, lo cual establece un contrapunto evolucionado interesante para pensar en contraste con sus síntomas regresivos.

A efectos de claridad expositiva y espacio me ceñiré casi exclusivamente a cómo Jaime pasa entre registros sorprendentemente diferenciados de funcionamiento psicótico, perverso y neurótico. Ha habido un lento pero progresivo predominio del registro neurótico a medida que ha avanzando su tratamiento, pero no quiero dejar pasar por alto que Jaime ha funcionado de las tres formas intermitentemente, desde el principio –incluso en la misma sesión– y eso sigue activo hoy en día.

Jaime empieza su tratamiento con una franca y masiva regresión. Después de tantear el terreno y familiarizarse conmigo y la consulta se niega a entrar y se tira, día tras día, en una pataleta feroz al suelo en la sala de espera. Le digo que nos podremos quedar allí mientras no lleguen otros pacientes, pero entonces tendremos que ir al despacho. Esto me presenta un evidente problema técnico ya que me veo obligado a llevarle en brazos. Entiendo que en ese momento no hay simbolismo que medie y Jaime necesita la gratificación directa e inmediata del contacto. Una vez en la consulta apaga todas las luces y se tumba boca abajo en el diván mientras se chupa el pulgar. Ha habido semanas enteras en las que se repetía esta secuencia sin variación alguna. En el curso de esas sesiones muy silenciosas le voy interpretando su necesidad de ver si yo –un hombre– puedo con él, si puedo sostenerlo, alimentarlo y aguantarlo a pesar de su rechazo y su odio.

A partir de ese primer tiempo empiezan las fluctuaciones claras en su funcionamiento. Veamos la erotización de la transferencia: Jaime se retuerce por el suelo de forma inequívocamente sexual y me obliga a ser voyeur de ello, o va al baño y exige que sujete la puerta mientras él haga pipi. Me propone juegos sado-masoquistas en los que yo soy un caballito que él tiene que domesticar mientras intenta sofocarme con una manta a la vez que se frota contra mí. Me dice que de hecho él es un travestí y que cuando se baña se envuelve en toallas hasta convertirse en una princesa egipcia. Afecta una actitud feminoide que le cambia la voz y los gestos hasta parecer una niña coqueta. Y aunque ahora busca activamente el contacto físico conmigo entiendo que ha adquirido otro significado y no se lo permito ya que sólo contribuye a excitarlo más.

Le interpreto que quizá él ha sentido que se tenía que convertir en una niña para que su padre le amara, y, por lo tanto, él ahora intenta excitarse conmigo y dominarme aquí para recibir aquello que siente que le fue robado por sus hermanas. Esta interpretación despierta el ultraje narcisista entroncado en la exclusión edípica y Jaime responde atacándome violentamente, tirándome objetos a los ojos, pegándome, mordiéndome y amenazando con matarme. Cubre las paredes de la consulta con un cuestionario para los otros niños que vienen a verme en el que tienen que votar si soy un hijo de puta, gilipollas, bárbaro, imbécil, idiota o no. Me dice con absoluta convicción megalomaníaca que, si votan que sí, él tendrá derecho a matarme.

En una misma semana en la que aparecían las declinaciones psicóticas o perversas también podía hacer repentino acto de presencia un tercer registro en el material de Jaime: el juego simbólico con los objetos de su caja. Él se identifica con un mono que tiene siete vidas, pero que se mató cayéndose seis veces de las lianas porque nadie le enseñó a escalar bien. El mono es el más fuerte de los juguetes y se dedica a luchar y a vencer a todos, especialmente al coche. Jaime cuelga la casa del mono –una maraña de lianas– justo encima de un río de lava, representado por el diván, y escenifica los accidentes del mono que siempre está cayéndose en la lava a pesar de estar protegido por una tabla de surf mágica. Creo que este juego, en particular, representa de forma muy plástica la vida interna de Jaime: su casa/cabeza es un lío enmarañado de lianas; está colgado justo encima del puro erotismo y agresividad desligados, y, a pesar del recurso defensivo de la tabla mágica omnipotente, las fallas en la capacidad para simbolizar ese río pulsional resultan en caídas y accidentes; es decir, síntomas.

DISCUSIÓN

A nivel diagnóstico el polimorfismo funcional de Jaime se presta a las ideas de Bergeret sobre las no-estructuras borderline, y creo que esta denominación nos es útil en la medida en la que puede avisar sobre el riesgo de un derrumbe psicótico en la adolescencia, como el que describen los Laufer, en el caso de no recibir tratamiento.

Jaime, a pesar de su evolucionado manejo del lenguaje y la cognición, representa el fracaso de la latencia: los procesos de represión y sublimación no se han podido instalar adecuadamente debido a la constitución de un yo débil y fracturado que debió sufrir una desinvestidura traumática por parte del padre, por no mencionar lo confuso que deben ser las identificaciones con los abuelos paterno y materno –ellos también referentes deficitarios: muerto uno, depresivo el otro.

No está de más también preguntarnos sobre los efectos de ir a la guardería de 09:00 a 17:00 a partir de los cinco meses de edad; creo que como mínimo lo podemos considerar un factor de riesgo favorecedor de patologías del déficit. Quisiera enseñarles un dibujo de Jaime que inspiró el título de esta comunicación: Jaime me explicó que era una grieta en lo que él llamó, para mi sorpresa, “El Mundo Primitivo”.

Ahora bien, la pregunta evidente que hacerse es: ¿por qué tales funcionamientos diferenciados? Volviendo a mi hipótesis del principio y basándome en el material clínico de Jaime y cómo y cuándo ocurren las transiciones entre un modo de funcionamiento a otro, me parece que, a un nivel la regresión masiva a la psicosis, donde casi no media simbolismo alguno y la pulsión se descarga por la satisfacción directa, está en función del más radical desentendimiento posible de la realidad psíquica; y, a otro nivel, de la perentoria necesidad de reparar, a través del acto concreto, fallas tan graves que son sentidas como insufribles, y por lo tanto impensables.

En el caso de la perversión subimos un escalón en el desarrollo mental hacia el Edipo; ahora bien, es un terreno muy resbaladizo para Jaime. Entrar de lleno en el Edipo positivo con toda la carga hostil hacia el padre sería demasiado peligroso para Jaime porque su padre no se interesa por los chicos, sino por las chicas, y sigue necesitando compensar una grave falta de investidura, de modo que el Edipo no se tramita como tal, sino como otro escenario más donde intentar reparar fallas antiguas; de allí el predominio tal del Edipo negativo y la necesidad de erotizar la relación con el padre. El orden de la castración que está en juego para Jaime cuando funciona de modo perverso no es solamente la renuncia al incesto, el parricidio y la bisexualidad psíquica que constituyen el Edipo y la castración normales, sino la pérdida de sí, de la continuidad psíquica de la que habla Winnicott, ya que el sentimiento más primitivo de existencia se funda sobre la calidad y cualidad de los cuidados paternos.
Finalmente, para que pueda funcionar a nivel neurótico y manifestar la agresión del Edipo positivo hacia el padre y atacar una y otra vez el cochecito de su caja de juguetes, es necesario que Jaime se sienta suficientemente sostenido a nivel de las investiduras parentales en su mundo interno, y pueda tolerar el dolor de la falta –sin que él sienta que eso pone en riesgo su vida– a través de una malla de simbolizaciones que permitan tramitar la pulsión a nivel mental y crear vida interna donde antes hubo acto externo.

Recordando la feliz analogía de S. Freud sobre las líneas de fractura en los cristales para describir cómo se quiebran las estructuras mentales cuando están sometidas a presión excesiva, y, uniéndola a las ideas de W. Bion, casos como el de Jaime me hacen pensar que la solidez o fragilidad de los enlaces entre las moléculas mentales está en estrecha relación con la tolerancia a la angustia, la frustración y el dolor psíquico. Esto tiene implicaciones en nuestra técnica ya que lo insoportable para el paciente será evacuado en el terapeuta, que frecuentemente cumplirá la función del pecho toilette de D. Meltzer, y debe procurar pensar los elementos muy crudos que serán depositados en él y devolvérselos en forma simbólica –las palabras.

Esto es más fácil de escribir que realizar ya que pacientes como Jaime a menudo sumergen al terapeuta en una marea de erotismo y agresividad desligados que ponen a prueba la capacidad de contención del mismo. Contratransferencialmente el terapeuta debe contar con que estos pacientes despertarán la sexualidad y la agresividad infantil propios y tendrá que soportar la considerable desesperación que proyectan en él. Me parece esencial que el terapeuta disponga de la suficiente libertad interna para estar en contacto con los afectos que le evocan estos pacientes a la vez que tenga la contención necesaria para poder reflexionar sobre ellos sin verse obligado a actuar. Las fracturas graves en la personalidad se sueldan tendiendo puentes de símbolos que permiten elaborar mentalmente algo cuyo origen es corporal –es decir, la pulsión.

Después de haber dudado, varias veces, si yo podía tolerar la angustia que me producía Jaime –como cuando intentó cortarse el cuello con la navaja del padre– quisiera terminar con una nota esperanzadora. Tras un año de trabajo a tres sesiones semanales, lo que suelen desear los analistas ha ocurrido: Jaime ha volcado casi toda su conflictiva en una tormentosa transferencia conmigo y los padres me informan que la mayoría de los síntomas se han atenuado mucho, se está relacionando bastante bien con los compañeros y parece contento.

Nota de agradecimiento: Quisiera agradecer la paciente y calmada ayuda de mi supervisor, René Soulier.

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