Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Alianza y apertura del proceso terapéutico en una niña de tres años testigo de violencia interparental. El trabajo en un centro de atención a la infancia

PDF: delgado-campos-alianza-apertura-proceso-terapeutico.pdf | Revista: 53 | Año: 2012

INCIDENCIAS Y REFLEXIONES

Volviendo a pensar la evolución e incidencias de las primeras sesiones, algunas consideraciones aparecen como útiles a la hora de haber podido dar lugar a un comienzo donde había inhibición y bloqueo:

– Sostenimiento de la confianza en la consecución de una alianza terapéutica no obstante las aparentes condiciones de dificultad debidas a la corta edad de la niña o la afectación a nivel emocional debido al impacto traumático. Parecía que Manuela presentaba, en el momento de las sesiones iniciales, una capacidad de comprensión superior a su capacidad de expresión por las circunstancias descritas y que ello era suficiente para permitir una alianza terapéutica implícita en línea con lo teorizado por Didier Houzel. (Houzel, 2000) Dichos sostén y capacidad pudieron posibilitar el encuentro y la instalación de una gradual colaboración.

– Establecimiento de un encuadre en el sentido ofrecido por Winnicott, equivalente a sostén terapéutico (Winnicott, 1971). El posicionamiento no premeditado de las primeras sesiones de admitir la necesidad de Manuela de permanecer junto a su abuela y reconocer que era la única forma que ella tenía de enfrentar las cosas en aquel momento, quizá tenía que ver con la actitud analítica formulada por el autor británico de “adaptación suficientemente buena del analista” o un “portarse bien”. La constancia y estabilidad de las condiciones materiales de frecuencia, duración y espacio de las sesiones eran básicas como presupuesto del encuadre, si bien se aparece como un complemento indispensable del mismo la presencia de una actitud sostenida de tolerancia hacia sus negativas, en las cuales ofrecía su temor y confusión, y la permanencia del “psiquesoma” del terapeuta a pesar de la cualidad perturbadora de dichas emociones.

– Atención a las comunicaciones emocionales de Manuela y a la resonancia emocional que las mismas estaban originando en el terapeuta. El constituirse en depositario de la realidad psíquica que estaba perturbando a la niña, la observación contenedora de aquélla y la verbalización de sus vivencias de angustia y confusión sin sentirse desbordado, pudo dar lugar, quizá, a una sensación de comprensión en la menor y a la impresión de que podía hacerse frente a las emociones proyectadas. Todo ello en consonancia con intentar una relación en reverie con Manuela desde las propuestas de Wilfred R. Bion ensayando una capacidad empática materna que permitiera transformar los miedos y ansiedades impensables de la niña en elementos psíquicos pensables y más soportables. (Bion, 1962).

– El factor provisor del inicio de un espacio compartido pudo ser el señalamiento en los dibujos, y pudo llegarse a él por la combinación de dos elementos, tal y como argumenta Annie Anzieu: el reconocimiento del sufrimiento de Manuela y la utilización de la palabra en primera persona. (Anzieu, 2000). En el primer caso, mediante el señalamiento relativo a la angustia de Manuela (pasarlo mal, asustarse) que estaba dando lugar al sufrimiento manifestado en la sintomatología presentada. En el segundo caso, como una forma de transmitir que el terapeuta se hacía responsable personalmente de lo que la niña dejaba ver por primera vez, con su carga de violencia, que podía asumir dicha carga y contenerla a pesar del desbordamiento al que estaba dando lugar.

Dibujos

– Necesidad de encontrar un equilibrio entre el respeto a las posibilidades expresivas y representativas de Manuela derivadas de su edad y estado emocional, y la conveniencia de encontrar una conexión con la niña que permitiera el establecimiento de un espacio compartido y una dinámica transicional. Ante la falta de asociaciones verbales en su primer dibujo, ¿habría sido necesario esperar más hasta que las mismas llegaran en éste o, eventualmente, en otro dibujo? ¿No podría ser sentida esta espera ante el primer material ofrecido por Manuela como insensibilidad o inhibición? No obstante la necesidad de primar las asociaciones verbales respecto de los elementos del dibujo, en ocasiones las mismas no se producen. Una manera, entonces, de continuar puede ser, como recuerdan Blinder, Knobel y Siquier, la planteada por Guy Rosolato de “interrogar a la obra, intentar percibir su voz.” Y cómo aquéllos proponen para tales casos, pensar la interpretación del dibujo desde “…el impacto que su peculiar y específica encarnación nos produce, nos sobrecoge, a veces por los detalles, los rasgos…” y desde “…los significantes pictográficos que por su condición de no-simbolizables de otra manera (no procesados por el proceso secundario) están allí.” (Blinder, Knobel y Siquier, 2004)

La serie de dibujos sobre la cabeza del padre dio lugar a asociaciones de Manuela, en forma verbal y lúdica y permitieron entender, un poco más, cómo ella se estaba sintiendo. El respeto a las posibilidades representativas de la niña fue lo que determinó que se pusieran palabras al material que fue emergiendo: “pupa de papá” o juego de torres creciendo a lo alto, y que se fuera cauto respecto de otros detalles, sugerentes pero no desarrollados con asociaciones propias de Manuela como las piernas que aparecen en los dos últimos dibujos de la cabeza del padre.

– La puesta en palabras de lo que se pudo comunicar por Manuela a través de sus dibujos, y el ofrecimiento de una breve narrativa (haber visto algo; la hizo sentir mal; haber visto la pupa de papá, se asustó, le dio rabia, se siente liada, ganas de seguir creciendo) permitió tanto el reconocimiento de emociones y temores, como la localización de los mismos en un registro simbólico en la realidad intrapsíquica de la niña, más fácil de tolerar. En el sentido afirmado por Arminda Aberastury respecto de la imagen traumática el descubrir “cómo recrearla y retenerla mediante dibujos disminuye la angustia” (Aberastury, 1973). Y sin embargo, no era este espacio abierto el más importante en este momento, sino el relativo a descubrir que las cosas que le estaban pasando, cómo ella se estaba sintiendo era por algo, tenía un sentido y el darse cuenta de ello en una experiencia compartida le permitía sentirse aliviada de su sufrimiento y síntomas pudiendo continuar por este camino.

INTERVENCIÓN COMPLEMENTARIA

Desde otro profesional del equipo se abrió un espacio de intervención con la abuela de M, con objeto de que pudieran desplegarse determinadas cuestiones de necesaria incidencia en el acogimiento y para posibilitar un desarrollo del mismo lo más beneficioso para la menor:

Permitir el reconocimiento y expresión de sentimientos lógicos como la rabia y la animadversión hacia la madre de su nieta. Promover la reflexión sobre lo beneficioso que será para su nieta el que ella como acogedora distinga los sentimientos propios de los sentimientos que pueda ir desarrollando Manuela cuando vaya siendo consciente de las consecuencias de la agresión.

Sostén de la acogedora y ofrecimiento de un espacio para recoger los sentimientos de duelo derivados de la pérdida de su hijo en las condiciones de antes de la agresión.

Orientación en trámites administrativos y derivación a recursos competentes de cara al acceso al reconocimiento de la situación de incapacidad y dependencia de su hijo con el fin de que el padre de las menores pudiera beneficiarse de las pensiones y recursos de centros de día existentes.

Por otro lado, se realizaron coordinaciones con la Trabajadora Social del Centro Penitenciario donde se encontraba interna la madre con objeto de conocer la situación penitenciaria de la misma de cara a un posible escenario de comunicación maternofilial si el mismo resultaba beneficioso para Manuela y Paula.

BIBLIOGRAFIA

  • Aberastury, A. (1973). Aportaciones al psicoanálisis de niños. Buenos Aires: Paidos.
  • Anzieu, A. Cómo se habla a los niños. En Geismann, C. y Houzel, D. (Ed.) (2000) El niño, sus padres y el psicoanalista. Madrid: Editorial Síntesis. 129-146.
  • Bion, Wilfred, R. (2003). Aprendiendo de la experiencia. Barcelona: Paidos Ibérica. (Orig. 1962)
  • Blinder, C., Knobel, J. y Siquier, M.L. (2004) Clínica psicoanalítica con niños. Barcelona: Editorial Síntesis.
  • B.O.E. no 0183 de 2 de agosto de 1995. Ley 6/1995 de 28 de marzo de Garantías de los Derechos de la Infancia y la Adolescencia de la Comunidad de Madrid.
  • Bolwy, J. (2006). Vínculos afectivos: Formación, desarrollo y pérdida. Madrid: Ediciones Morata. (Orig.1979).
  • Freud, S. (1997). La dinámica de la transferencia. Obras Completas. Madrid: Biblioteca Nueva. (Orig. 1912).
  • Freud, S. (1997) La iniciación del tratamiento. Obras Completas. Madrid: Biblioteca Nueva. (Orig. 1914).
  • Houzel, D. La alianza terapéutica. En Geismann, C. y Houzel, D. (Ed.) (2000) El niño, sus padres y el psicoanalista. Madrid: Editorial Síntesis. 175-186.
  • Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. 2.000. Textos legales. Ley 1/1996 de 15 de enero de Protección Jurídica del Menor.
  • Winnicott, D.W. (1982). Realidad y juego. Barcelona: Editorial Gedisa. (Orig. 1971)
  • Winnicott, D.W. (1993). Clínica psicoanalítica Infantil. Buenos Aires: Editorial Lumen. (Orig. 1971)
  • Ulriksen de Viñar, M. (2002). Construcción del encuadre en psicoanálisis de niños. Revista Uruguaya de Psicoanálisis. No 96. 24-30.
  • Uribe Aramburu, N. (2009) El dibujo y la simbolización en algunos casos de maltrato infantil. Una mirada psicoanalítica. Revista Affectio Societatis. Vol. 6. No 10. 1-13.

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