Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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2010-04-19 Opinión de Juan Larban sobre la polémica en torno a los Cuentos de Hadas

Documento escrito por Juan Larbán en en que muestra su opinión sobre  la polémica surgida como consecuencia de la difusión de la noticia (09-04-10) de la campaña «Educando en la igualdad» que había puesto en marcha el Ministerio de Igualdad y el sindicato UGT; campaña en la que se recomendaba apartar a los niños de la lectura de ciertos cuentos de hadas calificados de «sexistas».
La opinión del Dr. Larbán queda clara en su artículo recogido por el diario de Ibiza.

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LOS CUENTOS DE HADAS Y EL DESARROLLO DEL PSIQUISMO INFANTIL.

Con fecha 09-04-2010, se ha difundido entre los medios de comunicación nacionales la siguiente noticia: El Ministerio de Igualdad, el Instituto de la Mujer y el sindicato FETE-UGT presentaron los materiales didácticos de la campaña “Educando en Igualdad” que tiene entre sus objetivos fomentar la igualdad entre niños y niñas y prevenir la violencia de género. Uno de los recursos que ha preparado el sindicato con la colaboración del Ministerio es un cuaderno de actividades para niños y niñas de educación infantil. En este cuaderno se propone a los padres y educadores el buscar cuentos no sexistas para leerles a los niños, ya que las historias infantiles en los cuentos de hadas clásicos «suelen estar llenas de estereotipos», pues «casi todas las historias colocan a las mujeres y a las niñas en una situación pasiva en la que el protagonista, generalmente masculino, tiene que realizar diversas actividades para salvarla», tal y como ocurre en los cuentos de «la Bella Durmiente, la Cenicienta o Blancanieves».
Hace ya algún tiempo, los medios de comunicación también se hicieron eco de las declaraciones de un abogado americano que había escrito un libro sobre los cuentos infantiles en el que abogaba por la supresión de la costumbre de leerles cuentos de hadas a los niños porque decía que eran una escuela de aprendizaje de la delincuencia dada la gran cantidad de delitos que se cometían en ellos.
Afortunadamente, la mayoría de los encuestados respecto a este tema que ha despertado entre el público una sana y necesaria polémica, muestran mucho más sentido común que algunos políticos/as que nos gobiernan ya que la crítica vertida hacia algunos de los cuentos de hadas clásicos, así como las recomendaciones contra ellos mencionadas en la campaña del Ministerio de Igualdad y de UGT, les parecía una “exageración”, “un despropósito”, “ganas de complicar las cosas”, “crear problemas donde no los hay en lugar de resolverlos”, etc.. Otros adultos, en las encuestas, recordaban con cariño, emoción y cierta nostalgia, esos momentos “especiales”, “sobre todo antes de dormirse”, que les proporcionaba en su infancia la lectura compartida de los cuentos clásicos de hadas.
Algunos adultos que hacen una lectura literal y no simbólica de los clásicos cuentos de hadas, -también llamados cuentos populares, cuentos clásicos o cuentos maravillosos, sobre todo en sus versiones originales, no alteradas ni edulcoradas por los adultos-, con la intención de proteger a los niños de la “maldad” que en ellos se muestra, les privan, o intentan privarles, como en este caso que comentamos y sin saberlo, de elementos importantes para la comprensión de su mundo interno y necesarios para afrontar la vida. Creo que han sido aspectos ideológicos más que psicológicos lo que ha motivado por parte de los promotores de esta campaña las críticas emitidas sobre algunos cuentos de hadas. Sin embargo, la reacción de los encuestados señalaba sobre todo la importancia que en lo psíquico y emocional, había tenido para ellos en su infancia, el acceso compartido al mundo maravilloso de los cuentos de hadas.
Considerado desde un punto de vista psicológico, el acceso del niño al mundo de los cuentos de hadas le permite construir, muy pronto en su proceso de desarrollo, los fundamentos de su psiquismo. Veamos cómo y porqué.
Cuentos clásicos como los de Perrault, Andersen, Hermanos Grimm, se les leen y cuentan de una forma especial a los niños, dramatizándolos al contárselos, y leyéndoselos de forma expresiva y teatral; cuentos que por su especial estructura narrativa, por su comienzo, por su desarrollo y por su final, además de captar inmediatamente la atención del niño/a, le ayudan en la consolidación de los procesos de simbolización y de inscripción de los acontecimientos narrados y vividos en una
historia que el niño/a va haciendo suya. Autobiografía siempre construida en la interacción con el otro, con lo otro que no soy yo, con lo social de los demás; historia autobiográfica que permite al niño/a establecer puentes de comunicación entre lo real y lo imaginario sin confundirlos. Le permite también, jugar creativamente tanto con los objetos externos como con los internos tales como las imágenes y representaciones de los objetos que ahora pueden ser elementos de una historia que como la de los cuentos, se puede contar el niño a si mismo cuando lo necesita, sobre todo antes de dormirse.
Este proceso que mostramos le permite al niño/a, entre otros importantes beneficios para el desarrollo de su psiquismo, estar creativamente a solas consigo-mismo en ausencia del otro, sin angustia de separación y de pérdida, con la importante autonomía que eso representa para él.
Como vemos por lo expuesto hasta ahora, el niño/a que sigue y desarrolla el proceso mencionado, claro está, con la ayuda necesaria de su entorno, está incorporando en su mundo interno lo necesario para adquirir sin esfuerzo el acceso al mundo de la palabra y del lenguaje, tanto hablado como escrito, interiorizando lo que podríamos llamar la pre-lectura, puesto que el niño/a en este contexto, ya está dentro de la estructura narrativa formada no solamente de objetos reales externos sino también, por imágenes y palabras, estructuradas narrativamente para ser comunicadas y leídas con un sentido narrativo e histórico. Con estas bases, se podría decir que el niño/a ya está en condiciones de hablar y de aprender a leer con facilidad, con deseo, con motivación, con interés, y con un mínimo de ayuda. Con estos cimientos bien consolidados, el paso a la escritura podrá hacerse en su momento sin problemas, sin prisas y sin trauma, a diferencia de lo que experimenta frecuentemente el niño/a que en la escuela se da cuenta rápidamente de que él no está entre los de “lo escrito”, referido tanto a la lectura como a la escritura. Los primeros pasos hacia un posible retraso y fracaso escolar que no hará más que incrementar el rechazo hacia la lectura y por tanto hacia la escritura y por ende a todo lo escolar, ya están hechos por y para estos niños.
La narración contada sin ser leída es variable en función de quien lo cuenta y de cómo lo cuenta y no adquiere el carácter de constancia y permanencia del “objeto” que necesita el niño/a a estas edades, cosa que si ocurre con lo escrito, que permanece. Además, contados sin leerlos, los cuentos se convierten en un reflejo personal de quien los cuenta, no en un reflejo de lo arquetípico del ser humano, constituido a través de cuentos pacientemente recopilados por sus autores y narrados desde tiempos inmemoriales bajo la forma de leyendas de transmisión oral hasta su edición en imprenta, como ha ocurrido con los cuentos de hadas clásicos.
Los cuentos de hadas, por su temática de fondo, por su contenido, por su simbolismo, pero también por la forma, por la estructura de la narración que hace de continente, despliegan ante los ojos maravillados del niño, ese mundo de fantasía que tan bien conecta con los miedos y fantasías inconscientes que habitan su interior. Es como si a través de los cuentos, -gracias al hecho de compartirlos con quien leyéndolos, comprendiéndolos y disfrutándolos-, se iluminase su interior y así, la angustia de lo informe, la oscuridad temida de la noche, pero también y sobre todo de su mundo interno inconsciente, el miedo a lo desconocido, a la soledad y al abandono, se diluyesen en el psiquismo del niño/a, que además, puede entonces disfrutar de lo que ya tiene para él formas y palabras, de lo que es una historia, una narración con la que puede a la vez identificarse y distanciarse.
Todo esto es posible porque los cuentos de los que hablamos, sin que los autores lo hubiesen pretendido, sirven para crear un espacio en el que el niño/a, puede “jugar” creativamente con sus temores, ilusiones, fantasías, y objetos internos que luego podrá recrear y disfrutar en el momento de la soledad vivida antes de quedarse dormido. Los cuentos de hadas son un excelente remedio para ayudar a los niños no solamente a calmar sus “nervios”, sus ansiedades, sino también, para elaborar entre otras, la angustia de separación y de pérdida que viven antes de dormirse.
Los cuentos de hadas son alimentos para el psiquismo del niño, estimulan su fantasía y cumplen una función terapéutica; primero, porque reflejan sus experiencias, pensamientos y sentimientos; y, segundo, porque le ayudan a superar sus ataduras emocionales por medio de un lenguaje simbólico, haciendo hincapié en todas las etapas -periodos o fases-por las que atraviesa a lo largo de su infancia. Cuando el niño lee o escucha un cuento popular, pone en juego el poder de su fantasía y, en el mejor de los casos, logra reconocerse a sí mismo en el personaje central, en sus peripecias y en la solución de sus dificultades, en virtud de que el tema de los cuentos le permite trabajar con los conflictos de su mundo interno.
Para que un cuento atraiga la atención de un niño, éste debe ser divertido y además, le debe provocar curiosidad. Para enriquecerlo, la narración debería estimular su imaginación, ayudarle a desarrollar su inteligencia, esclarecer sus emociones, y ayudarlo a reconocer sus dificultades, sugiriéndole las soluciones a los problemas que lo inquietan, fomentando la confianza en si mismo y en su futuro.
Los cuentos de hadas suelen plantear, de modo breve y conciso, un problema existencial. La maldad está siempre presente igual que la bondad, pero nunca en una sola persona sino en dos personajes diferentes. En los cuentos de hadas el malo siempre pierde, de modo que la convicción que se transmite es de que el crimen no es rentable, no resuelve nada, y además, el culpable siempre tiene su correspondiente castigo; de esta manera, los cuentos de hadas contribuyen de manera esencial en la temprana educación cívica del niño/a, así como en el aprendizaje y adquisición de normas éticas básicas, haciéndolo además de una forma más eficaz que la enseñanza de normas morales.
Los personajes de los cuentos de hadas no son ambivalentes, es decir que no son buenos y malos al mismo tiempo, como somos todos en realidad. Cenicienta es buena y las hermanastras son malas, ella es hermosa y las otras son feas, ella es trabajadora y las demás perezosas. Esta particularidad ayuda al niño a comprender más fácilmente la diferencia entre ambos caracteres. Las ambigüedades no deberían plantearse hasta que el niño no haya construido una personalidad relativamente firme y capaz de soportarlas. La disociación –desconexión de aspectos normalmente conectados entre sí-inconsciente que hace el niño pequeño entre lo bueno y lo malo, reflejo de la necesaria escisión defensiva del yo primitivo del niño y del objeto externo, es necesaria para asegurarle un espacio psíquico libre de conflicto. Más adelante, con su evolución y tras las experiencias repetidas en las que la gratificación vence a la frustración, el placer supera al malestar, y el amor se impone al odio, (entendido como frustración del amor), el niño podrá reunir en un solo objeto, interno y externo, todos los aspectos disociados, e integrarlos en su psiquismo, accediendo así, al sentimiento de culpabilidad, a la ambivalencia afectiva y también, a la capacidad de reparación.
En los cuentos de hadas, los protagonistas, siempre niños o adolescentes, se enfrentan a los peligros de la vida sin contar, o sin poder contar con la ayuda de los padres, venciendo y superando los obstáculos que se les presentan en el camino de la vida con astucia, inteligencia, coraje, bondad, fantasía, magia, etc.
No obstante, también conviene precisar que la lectura de un cuento de hadas puede ser también fuente de angustia para el niño a falta de un contenedor psíquico adecuado por parte de quien se lo lee o se lo cuenta.
Bruno Bettelheim, psicólogo y psicoanalista infantil que dedicó gran parte de su vida profesional a la comprensión y ayuda psicoanalítica de los niños y adolescentes con autismo, -profesional tan injustamente tratado por la historia que sobre él han escrito y difundido algunos padres de niños autistas, malinterpretando sus trabajos y palabras-, escribió un hermoso e interesante libro tratando este tema de los cuentos de hadas y su importancia para el desarrollo psíquico de los niños, manifestando que en el campo de la literatura infantil no existe otra cosa más enriquecedora que los viejos cuentos populares, no sólo por su forma literaria y su belleza estética, sino también porque son comprensibles para el niño, cosa que ninguna otra forma de arte es capaz de conseguir.
Bettelheim, en su libro, “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”, Ed. Grijalbo, (1986) afirma lo siguiente:
“Desde un punto de vista adulto, y en términos de la ciencia moderna, las respuestas que ofrecen los cuentos de hadas están más cerca de lo fantástico que de lo real. De hecho, estas soluciones son tan incorrectas para muchos adultos -ajenos al modo en que el niño experimenta el mundo-que se niegan a revelar a sus hijos esa “falsa” información. Sin embargo, las explicaciones realistas son a menudo, incomprensibles para los niños, ya que éstos carecen del pensamiento abstracto necesario para captar su sentido”. Los adultos están convencidos de que, al dar respuestas científicamente correctas, clarifican las cosas para el niño. Sin embargo, ocurre lo contrario: explicaciones semejantes confunden al pequeño, lo hacen sentirse abrumado e intelectualmente derrotado. Un niño sólo puede obtener seguridad si tiene la convicción de que comprende ahora lo que antes le contrariaba; pero nunca a partir de hechos que le supongan nuevas incertidumbres”
Conforme a lo señalado por Bettelheim, casi todos los cuentos que provienen de la tradición oral abordan el mismo tema de fondo: la sublimación de los conflictos emocionales y los problemas existenciales que aquejan a los niños.
Para terminar, comentaré que los cuentos de hadas son un elemento de interés científico desde hace algunos años. En el campo de la psicopatología, entre los conceptos de mediación psíquica y de narración, el cuento es objeto de investigación y de teorías clínicas, representando un punto de partida de prácticas psicoterapéuticas individuales y grupales innovadoras.
Stefano Monzani, en un interesante artículo publicado en 2005, pasa revista a algunas de estas teorías y abordajes cuya heterogeneidad es característica de la esencia maleable de los cuentos. A pesar de esta diversidad, el autor observa las relaciones que existen entre el cuento, lo sensorial y lo arcaico, en la encrucijada de lo íntra e ínter-individual y su importante papel en la constitución de los procesos transicionales y del preconsciente, en el desarrollo del psiquismo temprano del ser humano.
IBIZA, 18-04-10.
Juan Larbán Vera. Psiquiatra y Psicoterapeuta. Presidente de ADISAMEF, Asociación para la Docencia e Investigación en Salud Mental d’Eivissa y Formentera. Asesor de APFEM, Asociación Pitiusa de Familiares y de personas con Enfermedad Mental y de niños y adolescentes con autismo y otros trastornos del desarrollo.

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