Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Un lugar para crecer: de lo ideal a la posible

PDF: lugar-crecer-ideal-posible.pdf | Revista: 49 | Año: 2010

LOS LUGARES POSIBLES

Analizando el mapa que teníamos optamos por trabajar los lugares, sobre la base de la idea de que la tarea fundamental se debería centrar entonces en colocar a cada uno en su lugar, entendíamos que era una buena forma de reforzar y reconstruir una red que pueda realmente sostener y proteger al menor y en la que cada nudo tiene que tener un lugar, un lugar fuerte que dé estabilidad al resto de la red. No cualquier lugar sino un lugar aceptable y posible para cada uno y no siempre en el mismo lugar en relación con los demás. Para José hace poco menos de un año que aparecimos en escena, antes para él estábamos entre bambalinas, las compañeras que llevaban el caso del hermano salieron de escena, otros compañeros ocupan ese espacio pero no representarán el mismo papel, con total seguridad tendrán otro lugar. Toda la reconstrucción de la red se realiza desde la pregunta ¿qué lugar damos cada uno al otro?

Una vez que construimos un lugar para cada uno, y que cada uno construimos, deconstruimos y reconstruimos nuestro lugar en la red en relación con los otros, nos queda una red más o menos como la que representamos gráficamente más abajo, pero que sigue necesitando de construcción de lugares y continuos ajustes y reajustes, una red que está viva.

CONSTRUIR UN LUGAR PARA LA MADRE

Partimos de la idea de que la intervención con la madre era un punto clave para poder proteger a José. En la búsqueda de un lugar para María teníamos que conocer con más exactitud, qué lugar tenía en la familia, y cuál era la que forma de funcionar de la misma, necesitábamos saber de dónde partíamos. Tomamos como referencia a la familia de transacción caótica tal como la define (Ausloos, G) aquellas en las que los acontecimientos se suceden sin posibilidad de parar, el funcionamiento de la familia de José tenía bastantes puntos en común. Nuestra tarea desde esta perspectiva se centra en las 12 horas de visitas supervisadas al año de José con su familia, esta es la vida cotidiana de esta familia. Teníamos la hipótesis de que a través de la intervención con la madre se podría construir algo diferente desde donde se ralentizaría y organizaría la sucesión de hechos, y al menos en lo que era la vida cotidiana de José con su familia, existiera más percepción de control sobre los acontecimientos que se sucedían, ofrecer mayor seguridad al niño en las visitas y de esta forma proporcionarle una mayor estabilidad.

Y desde aquí nos surgen nuevas preguntas: ¿Cual es el lugar que deben ocupar los profesionales que trabajan en un contexto de control para la familia de un niño que ha sido colocado fuera de esta y acogido en contexto residencial? ¿Cuál es nuestro lugar como profesionales para esta familia? ¿Cuál debería ser? ¿Cuál es como profesionales nuestro lugar posible para esta familia? ¿Cuál es nuestro lugar posible para con esta madre?

Mucho de la intervención con María se centró en construir primero y preservar posteriormente nuestra posición, para ello hubo que redefinir, pautar y muy especialmente hacer mucha contención emocional con esta madre. El contenido inicial del trabajo con María se centra en las visitas y en preparar estas, pautar, redefinir y ampliar con ella aquellos contenidos de visitas anteriores que habían ido bien, colocando el acento en lo que sí era capaz de hacer. Una vez que la madre nos colocó en un lugar donde nos percibía como profesionales que la acompañan, la contienen, le facilitan, y atienden algunas demandas (aquellas que consideramos de escasa influencia en la vida del menor), efectivamente nos centramos en preservar, cuidar e incluso defender ese lugar, puesto que desde la relación que establecemos con la madre, esta permite mínimamente que la contengamos y esto a su vez influye en el desarrollo de las visitas que aunque no transcurren con tranquilidad si que son menos angustiantes para el menor. María acepta algunas pautas, y algunas cuestiones que tienen que ver con la redefinición de estados o conductas del menor durante la visita(nerviosoemocionado). Para poder conseguir nuestro objetivo fue muy útil desproveernos de cara a la madre de una de las funciones que por formar parte del Sistema de Protección la madre nos atribuye que es la de tomar decisiones, definimos eso con ella y depositamos esta función en nuestros superiores.

También fue necesario definir con las compañeras nuestro lugar con respecto a esta madre y definir nuestra línea de intervención y que esta no tenía por qué converger con la línea de trabajo que se estaba llevando con el hermano menor, de este modo nos podíamos centrar en afianzar la relación la madre.

La construcción de la relación con la madre está fundamentada sobre la idea de aceptación fundamental de su persona, y también en la elaboración de un relato con ella en el que tiene un lugar como buena madre: una madre que al no poder cuidar a sus hijos pide y permite que otras personas los cuiden. Desde este planteamiento se fue estableciendo un vínculo entre una de las profesionales del Servicio de Protección y la madre, este vínculo se construye respetando la legitimidad de sus emociones, respetando su condición de persona, ofreciéndole un espacio donde poder reconocerlas y hacerse responsable de ellas, desde la base del respeto incondicional. Esto no quiere decir que aceptáramos lo que hizo o quiera hacer con nosotros, o con sus hijos, podemos estar en desacuerdo, y ponerle límites si es necesario, pero todo ello sin desconfirmar su condición de persona. En este caso distinguir la persona de su práctica nos ha permitido la apertura hacia la posibilidad de influencias constructivas en el trabajo con esta madre. En resumen construir un sistema terapéutico en un marco que empezó siendo un contexto de control y que fuimos transformando con la madre en un contexto de ayuda.

En relación con todo esto cabe decir que vincularse emocionalmente en la práctica profesional con madres como la de José es como una marea: calma/agitación, si no disponemos de recursos para capear la tormenta emocional que nos despierta corremos el riesgo de la desvinculación se instale y nuestro organismo opte por el “sálvese quien pueda” en forma de ataque violento, de la desconfirmación del otro o de la indiferencia.

De forma sencilla el lugar que puede habernos dado la madre podría definirse como el de una “abuela buena” e incluso el de “una mamá para la mamá”: ¿Una tutora de resiliencia quizá? (Vanistendael, 2003, Barudy, J. 2008).

EN ESTE MOMENTO TENEMOS UNA RED A MEDIDA PARA JOSÉ EN OCTUBRE DE 2009

La red a medida para J. en octubre de 2009
Red J. Octubre 2009

¿La vida cotidiana familiar de este chico está sostenida sobre un trabajo en red? Fantasear es gratis.
Llevarlo a la práctica e ir comprobando que va siendo posible: no tiene precio.

José sigue necesitando del espacio terapéutico del que dispone y con el mismo psicoterapeuta de referencia y a su vez los profesionales implicados en este caso seguimos necesitando por la complejidad del mismo y de la dinámica familiar, de la coordinación técnica con el fin de proteger y acompañar adecuadamente al menor en su proceso de crecimiento y proporcionarle estabilidad y seguridad física, psicológica y emocional.

LA ARTICULACIÓN DEL TRABAJO ENTRE LO CLÍNICO Y LO SOCIAL: EL NIÑO COMO EJE DE LA INTERVENCIÓN. PENSAR LOS CASOS EN COMÚN Y OTRAS CONSIDERACIONES

Normalmente algo tan aparentemente obvio y sencillo, como ofrecer un espacio psicoterapéutico a un niño que ha sido víctima de maltrato, si el profesional competente así lo determina, en el caso de nuestro sistema de protección va precedido en la mayoría de las ocasiones de una ardua tarea: justificar que un Servicio Público como es el Servicio de Protección de Menores, pague a un profesional privado para que haga algo que a priori atiende otro Servicio Público el Servicio de Salud Mental Infanto-Juvenil. Al hilo de esto surgen algunas cuestiones: ¿No debería ser un derecho a garantizar de oficio por parte de los poderes públicos para cualquier víctima de maltrato la asistencia psicológica, psiquiátrica o psicoterapéutica? ¿No es este a caso un punto clave para garantizar la protección y el adecuado desarrollo de los menores que han sufrido maltrato infantil y que necesitan de este tipo de apoyos?

Antonio Galán (2008) reflexionaba acerca de si lo clínico y lo social son dos lecturas ¿complementarias? Desde nuestro punto de vista, compartido con él, es, más que necesario, urgente, que estas lecturas sean complementarias. Existe una gran necesidad de un cambio en la mirada de los profesionales de la Salud Mental Infanto-Juvenil hacia las señales y dinámicas familiares de maltrato, pues teniendo en cuenta las nuevas formas y síntomas de maltrato, la consulta de salud mental infantojuvenil se convierte, desde nuestra óptica, en un escenario y espacio privilegiado para la detección e intervención en prevención, tratamiento, y notificación, en su caso, de dinámicas de relación en la familia generadoras de maltrato infantil, (convergencia de las dinámicas que generan psicopatología con las dinámicas relacionales generadoras de maltrato), por otra parte podemos señalar que el reto para los profesionales de la Protección a la Infancia es la necesaria especialización clínica y psicoterapéutica que nos faculte para llevar a cabo con mayores garantías la tarea encomendada de la protección a la infancia, estamos además convencidas de ello, sin embargo, y mientras tanto: ¿No sería posible un trabajo en red en el que el profesional de Salud Mental Infanto-Juvenil formara parte del equipo de profesionales encargados de la Protección a la Infancia y la Adolescencia?

En otro sentido y siguiendo con la anterior referencia, la pregunta de si lo clínico y lo social deben ser dos lecturas complementarias y, teniendo en cuenta el trabajo que realizamos con la madre de José, no nos gustaría dejar de mencionar una realidad con la que los profesionales de la Protección a la Infancia nos encontramos en nuestra práctica diaria. En nuestro Sistema de Protección a la Infancia los Equipos de Seguimiento de Menores en Acogimiento Residencial trabajamos habitualmente con madres que sufren algún tipo de patología mental, son consumidoras de sustancias tóxicas, muy carenciadas y deprivadas, especialmente en los casos en que los menores están en acogimiento residencial y con mayor prevalencia en aquellos casos en que los menores mantienen una fuerte vinculación con su madre biológica (apego desorganizado/ansioso ambivalente), es por ello que nos preguntamos si esta situación aún no da más argumentos para contestar afirmativamente a la pregunta de: ¿Los profesionales encargados de la protección a la infancia(educadores, trabajadores sociales, pedagogos, psicopedagogos, psicólogos) no deberíamos disponer de una especialización en psicopatología, en clínica y/o en psicoterapia?. En bastantes ocasiones la única posibilidad aceptada y ofrecida de intervención terapéutica que las madres de menores víctima de maltrato, madres que han maltratado a sus hijos, pueden recibir es la que se les ofrece en los dispositivos, especializados o no, de atención a la infancia y a la adolescencia, con el añadido de las peculiaridades del contexto de control en el que trabajamos, y sin perder de vista que el encargo que tenemos los profesionales de la infancia es la protección del menor. Nuevamente preguntamos: ¿Es el profesional de la protección infantil en la actualidad el indicado para realizar esta intervención?, ¿Debería el Sistema de Protección Infantil, como forma efectivamente de proteger a los menores ofrecer dispositivos de “tratamiento familiar” para las madres y padres que ejercen maltrato sobre sus hijos? (Barudy, J.; Cancrini, L.; Minuchin, S.).

No queremos dejar de lado otra cuestión que consideramos de cierta relevancia en todo este planteamiento de leer lo clínico y lo social de forma complementaria: ¿Quien debe funcionar como consultor?

En el caso de José el papel de consultor y de establecer la estrategia de intervención lo tiene el psicoterapeuta, pero en la definición de los diferentes lugares que debemos ocupar en la red, y tomando como referencia la calidad de las relaciones que en este momento existen entre los dispositivos de Protección a la Infancia y los de Salud Mental Infantojuvenil, nos preguntamos: en cada intervención en red para la atención psicoterapéutica de un menor que ha sido colocado fuera de la familia, vive en un contexto residencial, no debería volver con ella y esta está muy presente: ¿Es el profesional de salud mental o es el profesional de atención a la infancia quien debe ejercer la tarea de consultor? Si tomamos como referencia el caso de José, teniendo en cuenta encuadres en el que el criterio básico es: quién hace y quién recibe la demanda, está claro, nosotros como profesionales del Sistema de Protección Infantil realizamos una demanda referida a un niño concreto y aceptamos un encuadre que tiene que ver con un trabajo en red, sin embargo, nos preguntamos si esto sucedería si la demanda fuera en la dirección contraria, o si el profesional a quien se le realiza tiene un enfoque que no contempla el trabajo en red.

Los dispositivos de Salud Mental InfantoJuvenil generalmente se dirigen a los de protección a la Infancia pocas veces y de estas una gran parte de los casos tienen que ver más con una situación que se ha desbordado, que con una demanda de trabajo conjunto, y aún siendo una demanda de trabajo conjunto nos preguntamos: ¿No habría, infinitamente, más dudas acerca de quién debería establecer la estrategia de la intervención?

Nos reiteramos, en cualquier caso, en la idea de que es muy necesario ampliar el ángulo de visión, que lo clínico amplíe la mirada a lo social y lo social a lo clínico, de tal forma que se pueda crear una red que proteja adecuadamente a los menores objeto de intervención. Desde nuestro punto de vista los dispositivos de Salud Mental Infanto-Juvenil deberían dar un paso cualitativo de un modelo médico a un modelo en el que se contemple con más peso lo psicoterapéutico, del mismo modo los dispositivos de Protección a la Infancia deberían también dar un paso firme y sustancial hacia lo clínico y lo psicoterapéutico.

CONCLUSIÓN

La forma de abordaje de este caso, desde la metodología de trabajo en red, pone encima de la mesa que efectivamente hay posibilidades de concretar una forma de intervenir, de establecer formas de trabajo, como el trabajo en red, que con un bajo coste posibilitan y hacen más eficaz la intervención para garantizar la protección de los menores. Es posible tejer una red protectora conjuntamente, pero no hay que olvidar que la red es “un traje a medida” y que cada una niño necesitará con toda seguridad de una de diseño exclusivo para él. Para ello es necesario crear y disponer de espacios que nos permitan y favorezcan pensar los casos en común así como disponer de lugares para la comunicación y el trabajo conjunto de los profesionales que intervienen con menores, independientemente del punto de la red en que se encuentren.

BIBLIOGRAFÍA

Ausloos, G., 1998. Las capacidades de la familia. Herder.
Barudy, J., Dantagnan, M., 2005. Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad apego y resiliencia. Gedisa.
Barudy, J. 2008 “Ponencia. Jornadas de detección y notificación del maltrato infantil, Región de Murcia”. Cancrini, L., 1991. Psicoterapia, la gramática y sintaxis. Paidós Iberica.
Cancrini, L., 1996. La caja de Pandora: manual de Psiquiatría y psicopatología.
Cirulnik, B. El murmullo de los fantasmas. Gedisa. Cancrini, L., de Gregorio, F. y Nocerino, S. “Las familias multiproblemáticas” en Coletti y Linares, J. L., 1997. La intervención sistémica en los servicios sociales ante la familia multiproblemática. Paidós.
Girón, S. “Implicaciones de la integración de la teoría del apego y de la de sistemas en el tratamiento de drogodependientes”. http://www.dipucadiz.es/opencms/export/sites/ default/dipucadiz/galeriaFicheros/drogodependencia/ ponencias9/.
Minuchin, S. y Fishman. Técnicas de terapia familiar. Paidós.
Vanistendael, S., Lecomte, J., 2000. La felicidad es posible. Despertar en niños maltratados, la confianza en sí mismos: Construir la resiliencia. Gedisa.

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