Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Aportes del psicoanálisis al conocimiento de la mente del niño: El juego

PDF: colas-aportes-psicoanalisis-juego.pdf | Revista: 25 | Año: 1998

El juego de tres a cinco años:

Corresponde a un periodo clave para la estructuración mental y la socialización, es el llamado período edípico. Continuando con el proceso de separación, de la relación dual, (fundamentalmente con la madre, pero también con el padre), debe enfrentarse con la nueva relación a tres. Aquí el niño tiene que tolerar, no sólo que está solo, que la madre le ha dejado, sino que ella está con otro, el tercero, como un rival, que puede ser el padre, un hermano, o una actividad que ella esté realizando, (leyendo, escribiendo, …).

La situación no es sencilla, porque tanto el niño como la niña también han establecido con el padre un tipo de relación dual, camino necesario como ya expuse antes, para irse despegando gradualmente de la relación básica con la madre.

Todo ello despierta nuevas emociones, fundamentalmente los celos, con sus componentes posesivos respecto al ser querido y deseado. También aparece la rivalidad y agresividad contra el tercero vivido como un competidor, indistintamente puede ser el padre o la madre el rival o el ser deseado, aunque la preferencia habitual es para el niño la madre, y para la niña el padre.

Por otro lado el progresivo reconocimiento del cuerpo, le permite ir observando las diferencias anatómicas entre los niños y las niñas, el pene y la vagina, que al principio se reduce a tener o no tener pene, o de creer que le crecerá a la niña, o que lo ha perdido por hacer algo malo (es raro escuchar amenazas tales como “si te tocas el pito se te caerá, o el médico te lo cortará”). De todas formas sin el refuerzo de una amenaza exterior, tanto el niño como la niña, están rodeados de un mundo de fantasías, relacionadas con el temor a ser abandonados, a perder algo suyo, muy valioso, todo ello entremezclado con la idea de castigo. Tengo que recordar que su crecimiento y maduración psíquica va unido a pérdidas (pérdida de su condición de hijo especial para la madre, de la relación exclusiva con ella, pérdida de placeres corporales, etc.).

La diferencia anatómica fundamental, el pene, se presta a centrar la amenaza de pérdida, amenaza de castración. Junto a ello existe una valoración cultural, que los niños perciben, dándose cuenta que los toqueteos de sus genitales, despierta reacciones de diverso tipo en los padres, desde la prohibición expresa, a una indisimulada angustia por la creencia que su hijo pueda convertirse en un vicioso o una viciosa. Existe un progresivo predominio de los impulsos sexuales fálicos y genitales, que les lleva a buscar y explorar en el otro. Por curiosidad observa su cuerpo, comparándose con el de otros niños así como con sus padres. Esta comparación es expresión de sus deseos identificatorios del niño hacia el padre y de la niña hacia la madre, para así poder tener al ser deseado y querido, la madre el niño, y el padre la niña. Esta curiosidad les lleva a interrogarse sobre el nacimiento y el origen de los niños. Las relaciones sexuales. Tienen sus teorías (las teorías sexuales infantiles descritas por Freud), que habitualmente las mantienen en secreto con los adultos.

Es evidente que la realidad física y la prohibición edípica se hace presente para los niños, y progresivamente estos deseos sexuales, de búsqueda, e identificatorios, lo desplazan a figuras adultas diferentes a los padres, o hacia otros niños.

Todo ello va condicionando el tipo de juego. Así el niño va mostrando más interés por autos, locomotoras, …, que hay que meter y sacar de garajes, locales, camiones, pistolas, espadas, … Mientras la niña tiene más interés por juegos de guardar cosas y ordenarlas, así como adornos y ropa de su madre. Están ahora más dispuestos a compartir el juguete con otros niños, ensayo de relación triangular. El otro niño, él y su juguete. Donde aprende a tolerar los celos, a manejar su agresividad, para proteger y defender lo suyo, etc.

Van apareciendo juegos nuevos “a los papas”, “a los médicos”, “los novios”, donde van satisfaciendo su curiosidad por explorar el cuerpo de otro y de ser tocados, de mostrarse o de ver a otros su cuerpo. Son juegos de contenido sexual, que van permitiendo canalizar sus preguntas, su necesidad de saber y poder calmar sus interrogantes, sus miedos y temores. Así como satisfacer un placer. Suelen hacerlo a escondidas de los mayores, siendo conscientes de lo prohibido de ello. Es de suponer la importancia de poder respetarlos, muchos adultos no saben diferenciar un juego de la realidad.

En esta época ya pueden hacer el dibujo de él, sus padres, hermanos, …, sin diferenciar a veces el sexo, todo ello expresión de la adquisición de su noción de cuerpo, diferenciado de la madre, (elaboración de la relación dual). Disfrutan del dibujo, como un triunfo de sus capacidades reparatorias sobre los impulsos agresivos y destructivos.

La aparición de nuevas temáticas lúdicas no excluye se mantengan juegos anteriores, dado que sus necesidades, ansiedades y conflictos siguen presentes, junto a los nuevos, enriqueciéndose con los actuales interrogantes y las consiguientes ansiedades que aparecen.

El juego a partir de los seis años:

Progresivamente va adquiriendo el niño una función, que hasta entonces ejercían, desde fuera de él, los padres, función de prohibido o permitido, lo bueno o lo malo. Es el Superyo. Su adquisición está íntimamente vinculada con la situación triangular edípica. El tercero, el padre, que es el rival le impide o prohibe satisfacer su deseo de tener a la persona querida. Al tiempo el padre o la madre que son rivales, también son queridos, identificándose con ellos por el cariño que les tienen, así pueden resolver el conflicto, de conseguir en su fantasía el objeto deseado, al tiempo que respetan la prohibición.

Todo ello da lugar a juegos donde prima la adquisición de una identidad, los niños tienen juegos fálicos, de conquista, juegan con pistolas, a pelearse, a comprobar quien es él más fuerte, el que orina y escupe más lejos, vestirse de vaquero u otro personaje que encarne atributos fálicos. Mientras la niña tiene tendencia a juegos más tranquilos, con muñecas, preparar la comida, ir de compras, preparar la ropa, vestirse con la ropa de la mamá, etc.

Es la época en la que inicia el aprendizaje escolar, donde su curiosidad natural deben desplazarla por el conocimiento de las letras y los números, en un contexto lúdico. El éxito de ello permitirá al niño disfrutar y sentir placer del estudio, apertura a una nueva realidad, la del saber, conocer, pudiendo jugar mentalmente con sus ideas, conocimientos, etc. En el colegio tiene que tolerar compartir a la profesora o profesor con otros niños, tolerar los celos inevitables de la situación triangular. Camino obligatorio en su socialización.

La adquisición del Superyo, permite la aceptación del juego de reglas, donde se reglamenta su conducta, bajo la amenaza de expulsión del juego. Enfrentándose al riesgo de perder, así como a la posibilidad de ganar y triunfar.

Van apareciendo juegos en los que tiene que mostrar sus capacidades intelectuales, su memoria, conocimientos, entremezclado con la suerte y el azar. “Juego de la oca”, “tres en raya”, “juegos de cartas”. Todos ellos sirven para canalizar su rivalidad, competitividad y capacidad de adaptarse al mundo.

Otros juegos como el “del escondite”, suponen aceptar la regla de contar, un determinado número, y no ver, tener que soportar la soledad, para luego manejar la ansiedad de encontrar a otro niño, con la alegría consiguiente. Cada juego tiene unas características diferentes, cómo la búsqueda de algún objeto o persona escondido, donde los otros te guían, “frío o caliente”, si te alejas o bien te acercas; unido a las frecuentes risas y burlas a las que se expone el niño. No todos se arriesgan, por el temor al fracaso, de no encontrar lo escondido, lo deseado, evitando enfrentarse a la amenaza de castración, como pérdida, así como a los sentimientos de humillación y burla del revés.

Otro juego es el de la “gallinita ciega”, donde no se puede ver, pero sí tocar, para poder reconocer al otro. Tiene una fuerte carga erótica, estando permitido explorar el cuerpo del otro. En el juego de “policías y ladrones”, el ladrón lo es, no tanto porque ha robado, sino porque es perseguido, es una relación placentera con la autoridad el policía. El ladrón disfruta escapando, evitando o retrasando ser apresado; a veces se deja coger para escaparse de nuevo. Todo ello está al servicio de ir elaborando la ambivalencia hacia la autoridad, el padre como Superyo; predomina el componente placentero, no estando presente el castigo. Otras veces se completa el juego con la punición (ser atado, encerrado, azotado, …). Hay niños que sólo juegan a ser ladrones o policías, otros alternan los roles.

Existen juegos como la “peonza”, donde se entremezcla la habilidad del niño y la competencia con otros, en las diferentes variantes a que se presta este juego. En el juego de la “comba”, preferentemente en niñas, que va unido a canciones cuya temática refleja los intereses, deseos, proyectos de futuro, etc. (son temas de novios que abandonan, desgracias y accidentes, etc.). Existen un sinfín de juegos, “el burro”, “el pañuelo”, “el veo veo”, …, juegos compartidos con otros niños, donde están presentes las nuevas inquietudes por el momento evolutivo actual, que con ingredientes diferentes están presentes en todos estos juegos.

Junto a estos nuevos juegos, insisto que el niño necesita continuar jugando, con muchos de los juegos que han aparecido en años anteriores.

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