Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Propuesta de intervención de reparación personal en un caso de agresión sexual

PDF: estalayo-propuesta-intervencion-agresion-sexual.pdf | Revista: 43-44 | Año: 2007

PRESENTACIÓN DEL CASO

Información previa al internamiento

Nos encontramos ante un menor de origen extranjero que ingresa en nuestro centro para el cumplimiento de una medida de internamiento cerrado de larga duración (12 meses). Respecto a su historia anterior nos consta que ha realizado una medida de Centro de Día, fruto de expedientes judiciales anteriores. La información que se nos aporta en el inicio del caso procede del Centro de Día y el Centro de Protección de Menores donde ha residido con anterioridad, así como los informes realizados por el Equipo Técnico del Juzgado de Menores. En general, se refiere que se trata de un adolescente trabajador, maduro y agradable en la relación, que asume la norma y la figura de autoridad habiéndose caracterizado por un correcto funcionamiento en las diversas actividades en las que ha participado y mostrado unos elevados niveles de autonomía. De esta manera, y en términos generales, se valora como positiva la evolución del menor.

Período de observación

Durante el período de observación que se realiza en el centro resulta destacable la falta de correspondencia entre, por un lado, los aspectos que el equipo educativo observa en el menor y, por otro lado, la información previamente aportada sobre el mismo desde otros recursos en los que había participado anteriormente.

El menor vive de manera negativa la modalidad y la duración de su medida de internamiento, apreciándose dificultades en su aceptación, en ocasiones tiende a asumirlo desde la resignación y, en otras ocasiones, se desmoraliza ante la lejanía con la que percibe la salida del centro. Por lo general, cumple las normas y reconoce las figuras de autoridad. En este sentido, ha asumido las consecuencias derivadas de un comportamiento inadecuado; sin embargo, a pesar de cumplir con las respuestas educativas impuestas, el menor no se responsabiliza de las actuaciones que las han provocado.

Respecto a la relación que establece con sus compañeros, observamos cierta tendencia a excluirse del grupo de iguales, mostrándose reservado y poco expresivo sobre sus vivencias y estados emocionales; no obstante, en ocasiones puntuales, ha adquirido un rol reivindicativo. Sobresale su tendencia a dividir de un modo radical a los profesionales que conforman el equipo, idealizando a unos y realizando demandas constantes hacia éstos y, en su contra, desvalorizando al resto y de alguna manera responsabilizándoles de determinadas problemáticas que ha presentado en el centro. Muestra una dificultad para establecer límites definidos tanto para sí mismo como para los demás. Se muestra selectivo en sus relaciones interpersonales tanto hacia sus coetáneos como hacia los profesionales. Se trata de un adolescente que demanda bastante atención de las figuras adultas de referencia, apreciándose cierta necesidad de contención emocional de estas figuras ante la fragilidad que en determinadas ocasiones ha asomado en el menor.

Se muestra como un joven fundamentalmente negador en lo que se refiere a su parte de responsabilidad en los conflictos surgidos en la vida cotidiana. En este sentido ha acatado las consecuencias derivadas de una conducta inadecuada como una forma de evitar el castigo, y no tanto desde la óptica de la responsabilización de su conducta. Puede llegar a utilizar la mentira y/o ocultar determinados hechos en su intento de evitar afrontar las consecuencias correspondientes.
Respecto al uso de tóxicos el menor ha consumido fundamentalmente sustancias que tienen un efecto desinhibidor, tales como cocaína, anfetaminas, alcohol y cannabis. El menor tiene dificultades para canalizar el malestar y la ansiedad, haciéndolo a través de vías autodestructivas como los consumos abusivos de drogas y las conductas autolesivas.

El proceso educativo se está caracterizando por los altibajos emocionales que presenta. En este sentido, se ha observado un avance positivo en el proceso del menor concerniente a su apertura y la expresión, en ocasiones explosiva, de sus estados emocionales y, en consecuencia, la flexibilización en cierta medida de su marcado mecanismo de represión, al permitirse expresar los intensos sentimientos de angustia y frustración, que en ocasiones le han desbordado.

Durante este periodo de tiempo cabe señalar dos episodios significativos acaecidos. El primero consistió en una crisis epiléptica que tuvo el menor a principios del mes de agosto en posible relación a una alteración del sueño y/o consumo de tóxicos (en la analítica realizada dio un resultado positivo a anfetaminas). Fue atendido en el Servicio de Urgencias del Hospital y derivado al médico de cabecera.

Recientemente ha acudido a una cita al neurólogo, habiéndole indicado, por un lado, la toma de una medicación antiepiléptica y, por otro lado, encontrándose en evaluación y teniendo, a su vez, concertadas dos citas para la realización de pruebas médicas. El segundo acontecimiento ha ocurrido en el mes de septiembre, al tener conocimiento de que tenía una visita familiar dentro de las instalaciones del centro en vez de en el patio, tal y como él esperaba. El menor reaccionó de manera violenta, negándose a realizar la visita y protagonizando conductas autolesivas que requirieron de la implementación de medidas de contención. Durante los momentos previos a la llegada de la visita, había mantenido un comportamiento excelente, incluyendo expresiones de afecto hacia determinados profesionales. En este sentido, nos sorprendió el repentino y drástico cambio comportamental del joven en este breve espacio de tiempo.

A pesar de la magnitud de tales conductas valoramos de manera positiva que el menor de alguna manera permita su aparición, ya que hasta la fecha se había caracterizado por realizar un gran esfuerzo en reprimir estos contenidos y proyectar hacia el exterior una imagen lo más correcta posible, que no corresponde con su realidad interna. Por ello, entendemos que la aparición de estos episodios supone de alguna manera un avance positivo en el proceso del menor al permitir acercarnos a su sufrimiento psíquico y representando, a su vez, una oportunidad para la expresión de estos estados emocionales y su comprensión y posibilitando de esta manera, en última instancia, su abordaje.

Respecto al tipo de delito que ha motivado la actual medida se trata de una agresión sexual. Tal y como explica Jean-Yves Hayez, corresponde a una “transgresión mayor destructiva al comportar”… “lesiones corporales importantes” y “traumas psíquicos graves y duraderos”.

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