Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Propuesta de intervención de reparación personal en un caso de agresión sexual

PDF: estalayo-propuesta-intervencion-agresion-sexual.pdf | Revista: 43-44 | Año: 2007

DESARROLLO DE LA INTERVENCIÓN

Aspectos a considerar en la Intervención

Dentro de este apartado recogemos aquellos aspectos que sin pertenecer a ninguna categoría concreta interfieren en cómo diseñar la intervención e implementarla desde lo cotidiano y la convivencia. En este sentido, queremos destacar lo siguiente:

  • “Evitar la pseudo adaptación del menor en el centro, fruto de la repartición inadecuada de los recursos mentalizantes entre sus mundos interno y externo, volviéndose hipervigilante hacia los otros pero sin aprehender sus propios estados”. Reproduciría su funcionamiento de falso-self en algunas modalidades de relación. Hay que desconfiar de las pseudo-adhesiones a un proyecto de reparación.
  • Cabe aludir a ciertas dificultades que estamos encontrando en la intervención: cuando el mecanismo de represión empieza a derrumbarse, a la vez, se incrementan sus niveles de ansiedad y surgen estas conductas autoagresivas, de una manera violenta y explosiva (al mostrar la angustia y sufrimiento psíquico del joven). Por una parte, representaría una oportunidad para su comprensión y abordaje y, desde esta óptica, un avance en la intervención y, por otra parte, estas conductas resultan dificultosas y costosas en el funcionamiento cotidiano del centro, llegando a ser valoradas por el equipo educativo como un fracaso de nuestros programas; esto es, el sentir de los profesionales es que el menor empeora. Se trataría entonces de evitar la iatrogenía ya que entendemos como un avance, en este caso, que el menor se atreva a enfadarse y comience así a abandonar el mutismo selectivo de antes. En la misma línea, otro aspecto es la vivencia de los profesionales de los conflictos y de las expresiones de sufrimiento como un factor que evidencia una mala intervención, cuando desde un devenir evolutivo del contacto con el menor, dicho aspecto muestra un avance en la misma.

Diseño de la intervención. ¿Por qué la reparación?

Habida cuenta de los condicionantes anteriores, el objetivo último de nuestra propuesta de intervención sería la reparación personal. La trasgresión cometida por el menor y que ha supuesto esta medida judicial atenta contra una regla principal (Hayez se refiere a aquellas reglas inspiradas parcialmente en la Ley: como es el caso de los derechos del niño), por lo que “la transgresión es inaceptable, mala, y el joven no sólo es declarado responsable sino asimismo culpable de la falta cometida”. Por ello, y atendiendo a la especificidad del delito así como al perfil del joven, proponemos en última instancia en la intervención la meta, tras la reponsabilización personal de la reparación del daño causado.

Por otra parte, planteamos una propuesta de intervención para este caso desde la contención validante (Estalayo y Romero REDES, Diciembre 2005: 99-113), es decir, una red firme que constituiría un ambiente capaz de devolver las proyecciones o conductas descontroladas con un significado traducido, o lo que es lo mismo, que sería capaz de responder adecuadamente a la experiencia privada no compartida (sabiendo detectarla tras la que sí es compartida, y expresarla positivamente) y de forma equilibrada, estable, es decir, no exagerada (permisiva o rechazante-castigadora-devaluante), a la experiencia privada sí compartida: en nuestro caso las conductas inapropiadas o problemáticas. Esta respuesta equilibrada supone articular una serie de consecuencias comunes a todos los ámbitos de intervención y que se llevan a cabo sobre la conducta realizada, siempre sin caer en ser permisiva en unas áreas y castigadora en otras, ya que ello convertiría a la red en invalidante. Las características de la intervención como contención validante son las explicitadas a continuación:

  • Da una respuesta o consecuencia negativa a la conducta problemática, de una manera coherente entre todos los profesionales que intervienen con el joven.
  • Valida la experiencia privada no compartida, rescatando el sentimiento y lo que de intención positiva pudiera tener dicha conducta inadecuada, valorando lo que ello representa.
  • Rescata la parte positiva también a través de los recursos de que ya dispone, de forma que el cambio en la expresión no suponga una renuncia a los contenidos de su identidad, y oferta vías que promuevan y se basen en la progresiva responsabilización del joven.
  • Parte de un profesional que actúa como referente, que contiene las conductas inapropiadas y las traduce (rescatando lo que de sentimiento positivo tienen, y dando una consecuencia proporcional a la conducta), que responsabiliza al joven desde su responsabilidad y que mantiene un equilibrio en la intervención aunque ésta sea violenta. O lo que es lo mismo, interviene sobre la inestabilidad emocional del joven desde su propia estabilidad.
  • La validación no parte sólo de la detección del contenido de la expresión emocional no compartida, sino que también esta última puede crearse como una nueva narrativa en el seno de la relación del joven con el profesional, hacia la que desarrolla un apego seguro, habida cuenta de las características contenedoras de la misma. Dicha narrativa supone una “traducción” de los contenidos incontrolados, proyectados en la relación; dicha validación, nuevamente, parte de una disposición psíquica del profesional que resulta contenedora, para crear una narración que recoja la emoción no compartida y para expresarla adecuadamente. Así, desde la zona de desarrollo próximo, el profesional demuestra y valida al educando no sólo lo que hace, sino lo que puede llegar a hacer. Es decir, el profesional imagina que el joven puede hacerlo; el joven, mediante la internalización de la dinámica interpersonal establecida, imagina que él puede hacerlo; el joven lo hace sucesivamente o, en otras palabras y sólo quizá otro sentido, como recoge Cyrulnik, realizar “el menor gesto significativo que venga a decir: tú existes en mi consideración y lo que tú haces es importante para mí”.

Por último, en el contexto estructurado en que trabajamos de centros de internamiento de justicia juvenil y atendiendo a las complejas y heterogéneas problemáticas que presentan los jóvenes en los diferentes ámbitos de su vida, estimamos como modalidad de tratamiento que se adecua mayormente a la realidad de estos menores la Psicoterapia de Apoyo. Destacando así el objetivo que persigue, tal y como explica Kernberg: “La mejoría de los síntomas por medio de un mejor equilibrio adaptativo de configuraciones impulso-defensa, con un reforzamiento de las defensas adaptativas así como de los derivados adaptativos de los impulsos”. La cuidadosa atención a los desarrollos de la transferencia ayuda al terapeuta a analizar, de manera discreta, la naturaleza inapropiada de los desarrollos transferenciales y a reproducir, en los encuentros con el joven, las interacciones patológicas, señalando la naturaleza distorsionada, improductiva, destructiva o confusa de la conducta, aclarando las razones conscientes para ella y confrontando su naturaleza inapropiada, para después transferir o exportar el conocimiento así logrado a otras relaciones que el joven tiene. “La Psicoterapia de Apoyo incluye la aclaración, reducción y exportación de la transferencia, junto con el apoyo cognitivo y emocional directo a las combinaciones adaptativas entre impulsos y defensas, además de intervenciones ambientales de apoyo directas (a través de los profesionales o familiares del joven)”.

Objetivos Generales de la Intervención

Integrar las dificultades específicas de aceptación de las condiciones del internamiento. Tratar de acercarnos a su vivencia del Internamiento Cerrado: cómo vive la privación de libertad y la obligatoriedad de la medida. Se encuentra obligado a permanecer en el centro, pero además algún aprendizaje y beneficio puede sacarle. De alguna manera surge la posibilidad de un encuentro significativo para el joven.

Reconocer la maduración psicológica del menor allí donde ésta se despliega de forma espontánea y, en su defecto, esforzarnos en catalizarla. Esto no es sinónimo de una presencia pasiva en su vida.

Poder focalizar, conseguir un cierto insight, conciencia de que esa conducta también sale de él; partir de un punto que el menor reconozca para poder hacer una intervención más psicoterapéutica. Considerar el reconocimiento como una antesala de la reparación.

Abordar el mecanismo de la represión, propiciando espacios relacionales de expresión, seguros y contendores.

Propiciar experiencias con figuras de autoridad contenedoras y no castigadoras. En el caso de jóvenes, muy maltratados en su historia vital, “sólo si se arriesgan a aceptar vínculos en los que son respetados podrán a la larga aceptar recibir verdaderamente, y después dar, con lo que, al mismo tiempo, pueden repararse personalmente”.

Generar experiencias de contacto con la figura femenina, en sus aspectos personales, más que con su rol o su género. Al ser un menor de procedencia árabe habrá que explorar el concepto de la mujer y de qué manera ha podido influir en la transgresión realizada.

Generar espacios interpersonales de “drenaje” emocional que disminuyan la agresividad que muestra cuando fallan sus mecanismos represivos.

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