Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Catalina nunca duerme sola

PDF: hayez-catalina-nunca-duerme-sola.pdf | Revista: 37-38 | Año: 2004

Jean Yves Hayez
J.Y. HAYEZ, pedopsiquiatra, doctor en psicología, coordinador del equipo SOS Niños-Familia y responsable de la Unidad de Pedopsiquiatría, Cliniques universitaires Saint-Luc, 10, avenue Hippocrate, B-1200 Bruxelles.

Publicado en: Psicoterapias, VoL 22, 2002, N.º 4, pp. 229-243. Traducción del francés hecha por Dorys Ortiz G.

«La verdadera traición es seguir el mundo como va y ocupar el espíritu en justificarlo.”
Jean Guéhenno

Palabras clave: trastorno del adormecimiento – adicción – angustia de separación.
Key-words: Trouble falling asleep – Addiction – Separation anxiety Keywords.
Résumé: L’auteur décrit la prise en charge de Catherine (9 ans) et de sa famille, suite à un problème d’endormissement tenace présenté par la fillette : chaque soir, il lui est impossible de s’endormir si elle ne s’est pas installée dans la chambre de ses parents, tout contre sa maman.
Ce comportement est évalué comme l’équivalent d’une assuétude propre à l’enfant, nourrie ici partiellement par des idées anxieuses et dépressives, et entretenue par les plaisirs régressifs qu’elle procure.
Le thérapeute propose une prise en charge de Catherine d’une part, et de ses parents de l’autre. Sans les brusquer, il les aide à réfléchir au sens du symptôme, et au pour et au contre qu’il y a à le garder. Le symptôme disparaît après un an de travail.

Summary: The author relates the case of Catherine (9 years) and her family, whom he treated for her persistant difficulties in falling asleep. Every evening, she could not go to sleep unless she had settled down in her parents’room, close up to her mother.
This behaviour was assessed as an equivalent of childhood addiction partially brought on by anxious and depressive ideas ans sustaines through the regressive pleasures it procured her.
The therapist proposed treatment for Catherine on the one hand and for her parents on the other. Without jolting them, he helped reflect on the symptom’s meaning, and on the prosaud cons of keeping it. The symptom disappeared after a year’s work.

Para ilustrar el problema de las conductas que podríamos llamar adictivas en el niño, les proponemos un caso “muy a propósito”, nada espectacular, pero representativo de lo cotidiano en el trabajo de un pedopsiquiatra general.

Se trata de Catalina, que presentaba un comportamiento rebelde problemático, pero un funcionamiento de conjunto, considerado como satisfactorio, por ella y por la gente más cercana a ella. A medida que la terapia avanza, el comportamiento persiste, aunque era mejor aceptado e integrado en el proyecto de vida de la niña y en su red relacional. Luego, un buen día, después de un año de trabajo, al final de un pequeño “empujoncito” dado por los padres, el comportamiento desaparece, sin hacer mucho ruido…

No somos indiferentes ante la idea de que una niña se deshaga o no de un síntoma molestoso para ella o para su entorno. Pero el esfuerzo –de reflexión y de comportamiento– que le conducen a esto, supone en el niño una fuerte motivación tanto como las motivaciones de su entorno. Durante largo tiempo, este no fue el caso aquí y hubo que aceptarlo con una mezcla de insatisfacciones y de satisfacciones y de duelos que hay que hacer, de los cuales también se teje la vida. Y luego, poco a poco, el proyecto de vida de cada uno se moviliza y el cambio sucede, todo de una sola vez. Encima, esto se realiza en el transcurso de un proceso de reencuentro de sí – y de su yo – familiar – maravilloso!!

PRESENTACIÓN DEL PROBLEMA

Nuestros colegas neuropediatras nos piden una opinión con respecto a Catalina (9 años), que ellos han hospitalizado debido a un trastorno del sueño tenaz, para el cual “no encontramos nada”. Desde la edad de 5 años, la chiquilla va a acostarse cerca de su madre, ya sea en la cama de los padres o en un pequeño diván que está al lado. Cada noche, ella va a su cuarto a dormir sin hacer historias, en el cuarto que comparte con su hermano pequeño Julián (5 años), pero, a una hora variable, otra vez le sucede: ella debe ir junto a su madre. Los médicos consultados están más desconcertados ya que en la vida diaria de la niña, no existe ningún signo de angustia de separación, ni otras formas clínicas de angustia que podrían considerarse excesivas. Por otro lado, Catalina tampoco protestó por ir al hospital a observación y sus noches pasan muy bien, en la ausencia de sus padres: ella está como “condicionada” por un conjunto de estímulos, mal identificados y ligados a la casa.

La niña y sus padres me precisan que el problema comenzó hace cuatro años, seis semanas después que se produjeron, uno tras otro, dos eventos familiares relatados como impresionantes: primero la muerte de la abuela materna (AM) (1), luego, quince días después, el nacimiento de Julián.

AM se ocupaba mucho de Catalina, la cual estaba muy cercana de su abuela; ella vivía en la misma ciudad que los padres y las idas y venidas entre las dos casas eran numerosas, el abuelo materno, vive todavía, es descrito como más austero y distante, y los contactos con él no son muy numerosos. En cuanto a Julián, Catalina, al inicio lo aceptó mal.

Los padres tuvieron enseguida la intuición que el regreso de la chiquilla a su cuarto tenía que ver con su doble pena del momento, en un inicio se mostraron tolerantes sin hablar mucho sobre lo que pasaba. Con el correr del tiempo, su tolerancia se transformó, a veces en rabia, en culpabilización de la niña, con, como es el caso frente a disfunciones crónicas, muchas ideas y venidas en la manera de manejar el problema. Durante más de un año instalaron un diván, pero cuando lo retiraron por consejo de un médico, nada cambió: Catalina volvió al lecho conyugal, el padre salió para estar más confortable y la rabia creció, “luego de este mal ambiente”, como dicen los padres, hace dos o tres meses que Catalina muestra, durante la jornada, numerosos signos de malestar, de angustia y de irritación (se come las uñas, juega menos); “ella no es así” añaden los padres. En su conjunto, ellos la reconocen como una chiquilla muy agradable, es decir: estudiosa, discreta, sociable, que sabe ocuparse sola e insisten que no es para nada ansiosa, pero temeraria tampoco… la chiquilla de los sueños!!… sin embargo, con un grano de arena, justamente, esa arena que el mercader no aporta.

Antes de la aparición del problema, ellos no se acuerdan de ningún evento particular que podría haber marcado negativamente a Catalina. El crecimiento de la niña se hizo sin muchos problemas.

Más allá de su discurso, la familia en su conjunto, da una impresión de calma, de reserva, de discreción. Los dos padres han creado un buen vínculo con sus niños y la pareja da la impresión de comprenderse bien, personas sin historia, pero que hablan poco. La madre parece dulce, atenta, pero también pasiva y un poco depresiva.

Rápidamente, tuvimos la idea de que el comportamiento de Catalina está muy “fijo” y que para que se movilice, se necesitará de algún tiempo, el tiempo de comprender y de dejar a la niña tomar sus decisiones, a su ritmo. Con el paso del tiempo, ella adoptó este hábito, del cual es muy dependiente, probablemente porque gana algo, más allá de las apariencias y quizá no solo ella!

Explicamos este punto de vista a los colegas neuropediatras; ellos parecen descargados al ver que nos ofrecemos a tomar a cargo el caso, en el cual no podemos esperar resultados espectaculares ni rápidos. La referencia es bien aceptada por los padres: ellos están de acuerdo con las propuestas del equipo médico, que se presenta tan desamparado e impotente como ellos mismos: entonces, se tranquilizan con la idea de un acompañamiento con paciencia, al interior del cual, serán bien escuchados.

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