Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

Paseo de la Castellana 114, 4º Pta. 3 - 28046 Madrid • Teléfono/Fax: 91 319 24 61

Hiperactividad y trastornos de la personalidad II: sobre la personalidad límite

PDF: lasa-hiperactividad-trastornos-personalidad2.pdf | Revista: 34-35 | Año: 2003

Múltiples autores, sin atribuirle un carácter de factor exclusivo, insisten en el papel etiopatogénico que juegan las carencias afectivas maternales. MASTERSON (1971) centra su concepción del trastorno en la depresión de abandono y el repliegue maternal ante las necesidades libidinales del niño en el estadio precoz de “separación-individuación” (descrito por Margaret MAHLER). ERIKSON (1956), GREENSON (1954, 1958), y JACOBSON (1964), continuando a autores como H. DEUTSCH Y FAIRBAIRN, contribuyen a la comprensión de la configuración patológica y caótica de las relaciones interiorizadas de objeto y de la utilización de mecanismos de defensa específicos, y en particular de la escisión.

KOHUT (1971, 1977, 1980), partiendo de su particular interés y experiencia con la patología narcisista, describe la fundamental incapacidad de las personalidades límites para regular su autoestima y su necesidad de confirmar una imagen grandiosa de sí mismos, insistiendo también en el papel patógeno que en la psicogénesis de ambos tipos de personalidad juegan las decepciones narcisistas y las distorsiones en la estructuración de la personalidad derivadas de la ausencia de empatía y de la inadecuación a las necesidades del niño por parte de los padres.

O. KERNBERG (1975, 1977, 1978), que no comparte esta visión etiopatogénica de Kohut, insistirá en que las distorsiones relacionales precoces están condicionadas por las características estructurales del Yo, e insiste en que las considera patológicas ya en la infancia, tanto en el niño borderline como en el narcisista. Sus contribuciones psicoanalíticas han supuesto una aportación definitiva y universalmente aceptada para la comprensión de los aspectos estructurales de la personalidad borderline y para una teoría general y multidimensional de la organización de la personalidad. Como se detalla más adelante, propone una triple perspectiva (descriptiva, estructural y psicoanalítica), prestando particular atención a las características de las relaciones objetales, externas e internas, que establecen.

En Francia, desde los años 70, J. BERGERET viene desarrollando una teoría general, y original, de la “organización límite de la personalidad”, que entiende como una “tercera línea psicopatológica” (entre neurosis y psicosis), en la que a partir del “tronco común del estado límite” describe una serie de formas clínicas evolutivas, más o menos cercanas a las neurosis y las psicosis, junto con “reorganizaciones de tipo caracterial o perverso”. Apoyándose en aportaciones teóricas previas, Bergeret resalta el parentesco entre el funcionamiento border-line y la “relación de objeto pregenital” descrita en los años sesenta por M. BOUVET y caracterizada por: predominio de pulsiones orales y anales; estrecha dependencia del yo hacia sus objetos; violencia y desmesura de afectos y emociones; amor posesivo y destructor; interferencia continua en el criterio de realidad de deformaciones proyectivas; mantenimiento de un cierto criterio de realidad “pseudo-objetiva” gracias a la utilización de defensas que mutilan al funcionamiento psíquico.

También A. GREEN ha desarrollado su particular comprensión de los fenómenos “arcaicos” que caracterizan este tipo de funcionamiento psíquico.

D. WIDLOCHER (1973), ha delimitado con particular precisión psicopatológica la “organización límite”, prefiriendo este término al de “estructura”. Ésta y otras aportaciones de autores (DIATKINE, LANG, LEBOVICI, MISÈS) que han abordado la cuestión desde su experiencia clínica con niños, reciben particular atención y espacio más adelante.

DATOS EPIDEMIOLÓGICOS

Pese a la multitud de trabajos existentes, la gran variedad de las referencias teóricas en que se basan y la multiplicidad de las metodologías que utilizan, hace que resulte muy difícil comparar sus resultados y conclusiones.

Su prevalencia ha sido estimada entre el 0,2 y el 2 % de la población general y en torno al 15 % de entre los consultantes de servicios psiquiátricos (WIDIGER y FRANCES, 1989; CHAINE y GUELFI, 1999).

Muchos estudios han resaltado su asociación con trastornos afectivos depresivos y con una mayor incidencia de suicidios, así como de abuso de alcohol y sustancias tóxicas (en el hombre) y de trastornos de la alimentación de tipo bulímico (en la mujer). Es muy frecuente su asociación con otros rasgos patológicos de personalidad, en particular de tipo antisocial. Tanto la asociación con trastornos depresivos como con rasgos antisociales, han sido consideradas como factores pronósticos negativos en estudios a largo plazo, al igual que el antecedente, más frecuente que en otros trastornos, de haber sido víctimas en su infancia de violencia y maltrato parental o de abusos sexuales (GRINKER, 1977; McGLASHAN, 1987; STONE, 1989,1993).

Numerosos autores señalan la relación entre el trastorno límite de personalidad, la (su) vulnerabilidad depresiva y los traumatismos precoces y la mayor frecuencia de separaciones y pérdidas precoces, de fracasos conyugales en la pareja parental, y de maltrato físico y sexual (SOLOFF y MILLWARD, 1983, ZANARINI y Cols., 1993). Hay también datos evidentes acerca de la repercusión de la violencia física y el abuso sexual, sobre todo en el marco familiar, sobre el sentimiento difuso de identidad, la inseguridad básica y la incapacidad de anticipar las intenciones del otro (ZANARINI y cols., 1979; HERMAN y cols., 1989).

En esta línea merecen particular atención los recientes trabajos de FONAGY y TARGET (1997), en los que describen lo que denominan “función reflexiva” (reflective function). Se trata de un proceso inconsciente que se genera en las interacciones precoces entre niño y madre, cuando ésta desarrolla una función especular “reflejando”,“reflexionando” (y reaccionando) con sus actitudes y gestos (y con sus contenidos mentales y capacidad de contención) a las propuestas del bebé. La madre puede servir así de modelo para la regulación emocional y la interiorización de esta función es primordial para el desarrollo afectivo del niño. Un vínculo caracterizado por la inseguridad o la inadecuación en la madre, al impedir esta función, dificulta la interiorización de la capacidad de regulación emocional del niño y marca su modo de apego, su capacidad de reconocer tanto sus propios afectos como los de la persona con la que se relaciona, y puede condicionar el “sentimiento de alienación profunda de su self” que estos autores describen en los trastornos de la personalidad. Cuando los vínculos precoces son muy desorganizados, el niño es incapaz de predecir las reacciones de las personas que le cuidan, y tiene que hacer, para comprenderlas, un sobreesfuerzo con gran desgaste y sufrimiento psíquico, que repercute en la organización de su personalidad pudiendo distorsionar severamente su capacidad de percibir y de expresar sus necesidades afectivas.

En definitiva, a través del tratamiento de sujetos (adultos) con trastornos de la personalidad, estos autores tratan de entender y teorizar, las características de sus relaciones precoces y de los procesos de interiorización (y de identificación) que han basado la organización precoz de su personalidad, señalando en particular la confusión de los borderline a la hora de integrar y estructurar mentalmente sus experiencias afectivas tempranas, caracterizadas muy frecuentemente por ser muy traumáticas, y en consecuencia confusión también al recordarlas, expresarlas y modularlas a la hora de experimentar nuevas relaciones, simpre marcadas por una actitud de alerta temerosa.

Páginas: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24

Subir