Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Guía para la prevención y detección precoz del funcionamiento autista en el niño/a, en su primer año de vida

PDF: larban-guia-prevencion-deteccion-precoz-autista.pdf | Revista: 45-46 | Año: 2008

FORMAS CLÍNICAS DE EVOLUCIÓN DEL FUNCIONAMIENTO AUTISTA EN EL NIÑO/A

Las formas de evolución clínica de la psicosis autista en el niño/a tienen distintos grados de gravedad en función del nivel de retraimiento y de desconexión que presente el niño. Dicho de otro modo, la gravedad depende del grado de intensidad, de duración y del carácter masivo de sus defensas autistas.
La coraza defensiva con la que intenta protegerse el niño/a con funcionamiento autista es imperfecta y tiene siempre y en determinados momentos, brechas o rendijas por las que se “cuela la luz” de la interacción positiva y evolutiva con su entorno cuidador. Son los momentos de apertura a la interacción y en la interacción con el entorno de los que hablamos más adelante y que representan el acceso, aunque fugaz y transitorio en los casos más graves, a cierto grado de comunicación intersubjetiva con el otro.

La psicosis autista del niño/a puede evolucionar de más a menos gravedad, según el tipo de funcionamiento defensivo predominante en el niño.

La evolución del funcionamiento autista en el niño/a puede ser progresiva o regresiva y fluctuante entre ambos.

Las formas clínicas de evolución del funcionamiento autista en el niño/a, que describimos esquemáticamente a continuación, conviven en mayor o menor grado unas con otras. Es el carácter predominante de un determinado sistema defensivo el que las define de forma “artificial” para entendernos entre profesionales.

No obstante, el tener en cuenta esta convivencia de formas clínicas, unas más graves junto con otras menos graves, puede ayudarnos a realizar pronósticos más finos y ajustados, teniendo en cuenta no solamente los aspectos psicopatológicos, sino también los más sanos tanto en el niño como en los padres, así como en la interacción entre ellos y su bebé.

La evolución más grave y de peor pronóstico es la que se orienta hacia una psicosis autista con predominio de un déficit psíquico y social.

En el caso del niño que evoluciona hacia una psicosis autista deficitaria, cuando la armadura defensiva que se va desarrollando en el proceso autístico, aislándolo al mismo tiempo que protegiéndolo y encerrándolo, se “abre a la comunicación o cede ante el deseo incipiente de comunicarse con el entorno”, el niño/a, en su vinculación fugaz y transitoria con el objeto, destruye las representaciones de los objetos de su interés o deseo así como las vivencias afectivas asociadas, sin incorporarlas a su mundo interno. En los casos mas graves, destruye también las posibles conexiones y relación con el objeto. No aprende porque no inviste y además no incorpora, y en caso de hacerlo, no guarda o no retiene lo incorporado. No queda la huella del objeto en la memoria. Hay en estos casos una identifi cación adhesiva con los objetos.

Identificación adhesiva: De la misma forma que el niño en estos casos utiliza la mirada de forma periférica (percepción de contornos) y no central ni profunda, así se relaciona también con los objetos y personas; con una investidura superficial y adherente hacia ellos. Esta modalidad defensiva tiene por objeto, entre otros, evitar la separación y diferenciación con el “objeto”, con el otro. Cuando el niño/a autista pasa del funcionamiento defensivo con utilización de la identificación adhesiva a la utilización de la identifi cación proyectiva, está comunicandose con nosotros aunque de forma primitiva, como lo haría un bebé con quien le cuida. Nos hace sentir para hacernos saber lo que le pasa (Eulalia Torras). Por eso es tan importante en el trabajo psicoterapéutico con estos niños el prestar sumo cuidado y atención a lo que despiertan en nosotros para saber, a través de lo que sentimos, cómo se pueden sentir ellos sin saberlo. En estos casos de utilización de la identificación proyectiva con predominio sobre la identificación adhesiva, la evolución es más favorable.

Otra evolución posible es la que conduce hacia una psicosis autista disociativa con predominio de este mecanismo de defensa. Cuando el niño/a sale de sus defensas autistas, el objeto externo de su interés es investido de forma fugaz, parcial y transitoria de modo que la relación con el mismo es fragmentada y dispersa. El niño utiliza la identificación disociada y fragmentada que vive en su relación con los objetos como mecanismo de defensa contra la fusión y a la vez contra el proceso autístico.

Son defensas que puestas en marcha por el niño generan esta desorganización, fragmentación y dispersión de su psiquismo y conducta.

El paso evolutivo menos grave y el mas favorable es el que lleva hacia una psicosis simbiótica. El niño/a, con la ayuda del entorno cuidador familiar y/o profesional, pasa de una relación disociada, fragmentada y parcial con el objeto a una relación más global y de fusión parcial con el mismo (simbiosis). El objeto externo está más o menos identificado y diferenciado (cosa que ocurre en el niño sano entre el 4º y 8º mes de vida).

No es así con la imagen interna del objeto externo que se halla fusionada y confundida con su self (sí-mismo). La identificación y relación con los objetos es fusional. Los momentos de separación en estas circunstancias son menos catastróficos pero no menos intensos en sufrimiento para el niño que es capaz de sentirlo más. (Sentir de sensación y en este caso, también de sentimiento).

Otra evolución posible del funcionamiento psicótico autista del niño/a es la que lleva hacia una disarmonía evolutiva. En una misma línea de desarrollo conviven aspectos más evolucionados con otros, poco o nada desarrollados. Esto suele suceder en el paso evolutivo siguiente, que es el que conduce hacia una diferenciación interna del objeto incorporado y del self pero siguiendo con una relación de dependencia anaclítica y simbiótica con el objeto externo. “Sin el objeto, sin el otro, sin lo otro en que me apoyo, no soy nada, me pierdo. Mi mundo se hunde, desaparece y yo con él”. Es la relación de dependencia adictiva de la organización o trastorno límite de la personalidad que evoluciona en la mayoría de los casos con importantes fallas y vulnerabilidades narcisistas.
(Personalidad en la frontera, en el límite, entre la psicosis y la neurosis).

Dependencia anaclítica: El otro es investido como necesario para la supervivencia física y psíquica de forma adictiva (pasional, exclusiva y excluyente).

Para lograr avanzar todavía más hacia una evolución normalizada del bebé y posteriormente del niño/a, hace falta que éste pueda desarrollarse, en el seno de la interacción con su entorno cuidador (familiar, profesional y social), dentro de un proceso dinámico y evolutivo que lo vaya aproximando hacia una organización de su psiquismo de tipo neurótico.

Entendemos por neurótico, según la teoría y clínica psicoanalíticas, el polo más evolucionado de la personalidad del ser humano. Su psicopatología sería la consecuencia de fallos en su constitución.

Hacia lo neurótico se evoluciona, dentro de la constitución y desarrollo del psiquismo temprano (hasta los 3 años) del ser humano cuando se va consiguiendo alcanzar de forma progresiva una serie de hitos o metas evolutivas básicas que resumidamente serían las siguientes:

  1. Acceso a la Intersubjetividad o capacidad de compartir la experiencia vivida con el otro tanto en lo cognitivo como en lo emocional, intencional y de sensación de movimiento.
  2. Que el proceso de Separación-Diferenciación-Individualización haya avanzado lo suficiente en el niño/a, a través de su interacción con el entorno cuidador como para constituirse como sujeto en su relación con el otro.
  3. Lograr también un grado suficiente de separación-diferenciación entre la representación mental interiorizada del otro y la de sí-mismo.
  4. Que el niño/a no solamente esté sufi cientemente separado y diferenciado tanto del “objeto” externo como del interno, sino que también sea capaz de darle cierto grado de autonomía al objeto-sujeto cuidador.
  5. Que pueda acceder a un espacio tridimensional en la relación con los otros. Es decir, que sea capaz de integrar suficientemente el lugar del tercero, el espacio a tres o dicho de otra forma, que el niño/a, pueda interesarse, interiorizar e integrar lo otro, no solamente como diferente, sino también como diferente al tú y yo, dentro del nosotros. Conseguir esto supone el paso hacia lo grupal y lo social.
  6. Que consecutivamente a todo esto, el niño/a pueda inscribirse como sujeto en un tiempo lineal, con un antes y un después; es decir, que pueda inscribirse en su propia historia o biografía, construida siempre en función y en relación con el otro y los otros.
  7. Acceso al lenguaje no-verbal y, sobre todo, verbal.

Alcanzar la constitución y desarrollo de estas bases en el funcionamiento psíquico del ser humano le permite vivir las pérdidas y lo que le falta, como algo que si bien puede ser doloroso, no es vivido como algo que pueda comprometer la existencia del sujeto o su integridad psíquica.

Que el niño/a consiga construir estos “cimientos” esenciales para su sano desarrollo depende también de la capacidad del entorno cuidador de incluirlo en una interacción que facilite su evolución en el sentido comentado.

En cuanto al pronóstico, basándonos en los perfi les evolutivos de salida del funcionamiento autista del niño/a, ver publicaciones de Manzano y Palacios, 1983. Lasa, 1989. Pedreira, 1995.

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