Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente

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Guía para la prevención y detección precoz del funcionamiento autista en el niño/a, en su primer año de vida

PDF: larban-guia-prevencion-deteccion-precoz-autista.pdf | Revista: 45-46 | Año: 2008

ESCALAS DE EVALUACIÓN DE LOS FACTORES DE RIESGO DE UNA POSIBLE EVOLUCIÓN HACIA UN FUNCIONAMIENTO AUTISTA EN EL BEBÉ

Hasta los tres meses de vida.

  • SIGNOS DE ALARMA
    Cada asterisco, un punto.
    1. * * * Ausencia de sonrisa intencional o social.

    • (Posible ausencia de Intersubjetividad = Capacidad de compartir la experiencia vivida).
    • No es la sonrisa beatífica de satisfacción de una necesidad fisiológica. Es la primera señal interactiva, relacional y comunicacional, con carácter intencional, expresada por el bebé. Se presenta a partir de la 6.ª semana. Si a los 3 meses no aparece en el bebé en la interacción con su cuidador, nos encontramos ante una situación de riesgo de comienzo de funcionamiento autista. La sonrisa intencional es un signo de paso de la imitación a la identificación.

    2. * * Frecuentemente está con la mirada fija, ausente y como desconectado del exterior. Aislamiento más que ensimismamiento. Ve pero no mira. La mirada no es instrumento comunicativo y de intercambio emocional. No sigue con la mirada. Ausencia de mirada profunda y central. Mirada huidiza, de evitación y periférica. El niño no se refl eja como en un espejo en la mirada de quien lo cuida ya que evita y rechaza mirarlo.

    3. * * El niño se muestra muy bueno, muy fácil de tratar, duerme mucho y es muy tranquilo. No pide con su llanto cuando se supone que tendría que tener hambre.

    4. * * Oye, pero no atiende cuando se le solicita o se le llama. Sordera ficticia. El niño puede pasar del aislamiento sensorial auditivo a una hipersensibilidad dolorosa ante un ruido inesperado (aspirador, truenos, portazo, etc.).

    5. * * No reclama, no pide llorando o su llanto es apagado e inexpresivo. No comparte. No hace con el otro. (Posible ausencia de Intersubjetividad).

    6. * * Ausencia de movimientos anticipatorios como estirar los brazos al ir a cogerlo o pidiendo ser cogido. No hace gestos anticipatorios que comuniquen una demanda de relación.

    7. * Poca o nula curiosidad exploratoria de sí mismo, del otro y de su entorno. No utiliza las manos ni para explorar, ni para coger, ni para recibir, solamente para auto-estimular sus sensaciones.

    8. * Existe una falta de balbuceo o bien el balbuceo es muy limitado. En la interacción con el cuidador no imita los sonidos cuando éste le habla.

    9. * Hay hipersensibilidad y baja tolerancia a la frustración con ausencia de progreso en la capacidad de esperar la satisfacción de sus necesidades fisiológicas, como por ejemplo el hambre. Una vez saciado parece no necesitar más (relación, comunicación, caricias, juegos, etc.) y se duerme o se retrae aislándose.

    10. * * Ausencia o muy poca autorregulación del tono muscular corporal. Existencia de hipertonía y/o hipotonía manifiesta al manipularlo y sobre todo al intentar acogerlo en el regazo. Expresa un desajuste profundo y duradero en la interacción cuidador-bebé a través de la función real y simbólica del regazo materno. (Ver funciones del regazo materno). Se produce una evolución hacia el rechazo a ser cogido en brazos.

    11. * Trastornos del sueño con irritabilidad y con difi cultades para ser consolado en los brazos de quien lo cuida. Posible desajuste relacional, en la interacción bebé-entorno cuidador que en caso de prolongarse en el tiempo aumentaría el riesgo.

    12. * * Malformación y/o discapacidad sensorial y/o motora en el bebé, con dificultades para la relación y comunicación y con repercusión negativa y durable sobre su entorno. Duelo difícil o imposible del hijo ideal al encontrarse los padres con un hijo real que a causa de su malformación y/o discapacidad les provoca serias difi cultades para investirlo.

    13. * * Se da el caso de que la persona que ejerce la función materna, en la interacción con su bebé parece depresiva y presenta defensas de desconexión emocional y sensorial (“anestesia” para no sufrir más) alternando con períodos de agitación psicomotora o hiperactividad (defensas hipomaníacas). Estado psíquico persistente y/o con tendencia a la agravación.

    14. * * Se da el caso de que la persona que ejerce la función materna, en la interacción con su bebé tiene difi cultades importantes y durables para identifi carse empáticamente con el bebé y responder así adecuadamente a sus necesidades vitales y evolutivas.

    15. * * En la interacción padres-bebé la persona que ejerce la función paterna no puede apoyar, contener, limitar y sostener la relación diádica de maternaje madre-bebé con el consiguiente riesgo de ausencia de la triangulación relacional necesaria para el adecuado desarrollo del bebé.

  • REGAZO MATERNO
    La persona que ejerce la función materna ofrece al bebé su regazo que es su continente corporal y material en el que el niño puede sentirse acogido, contenido, sostenido y protegido. Le ofrece también, como continente psíquico, su propio funcionamiento mental “prestándoselo” mientras va desarrollando el suyo. Adaptándose dicho regazo a las necesidades de espacio y de movimiento del bebé, le permite tomar conciencia de sí mismo y de sus límites. En él y con él, desarrolla el sistema de percepción propioceptiva (percepción de su situación corporal en relación con el espacio y objetos que le rodean). Sistema de percepción básico y frecuentemente alterado en algunos trastornos psicóticos (cenestopatías) y fóbicos (claustrofobia y agorafobia).
    La autorregulación del tono muscular se logra también en función de esa capacidad adaptativa de acogida que en la interacción con el bebé en su regazo va consiguiendo la madre a través de un diálogo tónico-postural recíproco con su hijo. Trastornos de hipertonía, hiperactividad y excitación posteriores, así como la hipotonía e inhibición pueden tener su origen en esta interacción disfuncional precoz.
    Este continente corporal, psíquico y físico que ofrece la madre a su bebé es la matriz sobre la que el hijo va creando y desarrollando su propio continente corporal así como la percepción de sí mismo.
    En el plano simbólico, el regazo materno estaría representado por ese lugar externo y/o interno que el ser humano busca para encontrarse consigo-mismo.
    Con la aparición de signos de alarma vemos que se va orientando la evolución hacia una evitación y rechazo activo de la comunicación y relación del bebé con su entorno cuidador. Al mismo tiempo, la tendencia al aislamiento y desconexión sensorial se hace cada vez más evidente.
    La ausencia de capacidad de cambio del entorno cuidador en la interacción con el bebé potencia el riesgo y agrava el pronóstico de una posible evolución hacia un funcionamiento autista del niño.
    El regazo materno (continente físico) y el psiquismo de la madre, “prestado” a su bebé, con su capacidad de ensoñación y de elaboración, permiten al bebé construir su propio continente corporal y psíquico, con sus límites entre lo interno y lo externo, desarrollando la percepción de su envoltura corporal (piel) y su envoltura psíquica (yo-piel) a medida que su evolución le permite diferenciarse y separarse progresivamente del otro, tanto en la realidad externa (objeto real) como en la realidad interna (representación interna del objeto externo). Esto se produce gracias a la toma de conciencia de su relación y comunicación con un objeto significante (persona que ejerce la función materna) que interiorizado, pasa a ser simbolizante y así, por desplazamientos sucesivos y progresivos, desarrollar la función simbólica que es a su vez, simbolizante (de fuera-dentro) y simbolizadora (de dentro-fuera).
    Importante papel de los “Osciladores Adaptativos”.
    Son como unos “relojes biológicos” de los que está dotado precozmente el ser humano, que se desarrollan en la interacción con el medio cuidador y que permiten una sincronización armónica y un ajuste relacional óptimo que incluye los movimientos e intenciones de un sujeto con respecto al otro.
    Cuando hablábamos del diálogo tónico-postural que tiene lugar en el regazo materno entre la madre y su bebé, hacíamos referencia sin nombrarlos a estos osciladores adaptativos que recientes investigaciones en el ámbito de las neurociencias han puesto de manifi esto.
  • INTERPRETACIÓN-PUNTUACIÓN-EVALUACIÓN-DETECCIÓN. HASTA LOS TRES MESES DE VIDA
    Los signos marcados con más asteriscos son indicadores de posible evolución autista. Los tres asteriscos del signo de alarma n.º 1 (ausencia de sonrisa intencional) indican de forma específica la presencia de un posible y grave riesgo evolutivo ya que señalan en el bebé la ausencia de interrelación e inter-subjetividad en la interacción con su entorno cuidador. La acumulación de signos presentes en la exploración del bebé acentúa y agrava el riesgo. La potenciación de los signos de alarma con los del entorno agrava todavía más la situación de riesgo por su tendencia a la repetición, persistencia y posible cronifi cación patológica de y en la interacción padres-bebé.
    La presencia de varios signos de alarma en el bebé justifi ca una exploración más detallada y/o frecuente por parte del profesional evaluador que realiza la detección (Pediatra, Enfermeras pediátricas, Educadores infantiles, Equipos de Atención Temprana) y/o la derivación hacia un profesional o equipo especializado (Psiquiatra-Psicoterapeuta Infanto-Juvenil y Equipos de Salud Mental Infante-Juvenil), para confirmar el diagnóstico e iniciar el tratamiento lo antes posible.
    La presencia de varios signos de alarma en la exploración del bebé y en la interacción con su entorno hace necesaria inexcusablemente la exploración en el medio especializado tanto más cuantos más signos de alarma estén presentes, por sumación, potenciación y persistencia.
    Su persistencia, conforme más nos acercamos al fi nal del tercer mes de vida, agrava la situación de riesgo del bebé, pues indica una evolución defensiva hacia el aislamiento y la no vinculación, en lugar de hacerlo hacia la vinculación, relación y comunicación cada vez más importante con el entorno.
    En la evaluación de riesgo y en cuanto a los signos de alarma en la evolución del niño hasta tres meses, éste será tanto mayor cuanto más nos acerquemos al máximo de puntos de la escala. A más puntos existe más riesgo. A más riesgo, más necesidad de seguimiento, exploración y evaluación más completas y profundas por parte del pediatra o derivación a un servicio especializado.
    El retraso psicomotor en estos tres primeros meses de vida del bebé puede ser consecuencia de un proceso depresivo o de un proceso de evitación relacional. Podemos acercarnos a un diagnóstico diferencial analizando la agrupación de signos de alarma, así como su persistencia y potenciación en la interacción con el entorno.
    La participación activa del bebé en el proceso de evitación de la relación y comunicación, tanto más visible cuanto más nos acercamos a los tres meses, sería el indicador más fi able para realizar un diagnóstico diferencial hacia una evolución posible de tipo autista en el niño.
  • VALORACIÓN DEL RIESGO Y ACTITUD A TOMAR POR EL PROFESIONAL QUE HACE LA DETECCIÓN
    Posible puntuación de corte para proceder a la derivación según la puntuación obtenida en los signos de alarma presentes en la evolución del bebé hasta los tres meses de vida.
    A título informativo y orientativo:
    Puntuación de 5 a 10 puntos, exploración más detallada y frecuente a efectuar por el profesional evaluador que realiza la detección: (Pediatras, Enfermeras pediátricas, Psicólogos infanto-juveniles, Educadores infantiles) y Servicios de Atención Temprana.
    Puntuación superior a 10 puntos, derivación hacia profesional o servicio especializado (Psiquiatra-Psicoterapeuta Infanto-Juvenil) y Servicios Especializados (Salud Mental In
    fanto-Juvenil), tanto más necesaria conforme nos acercamos al máximo de 27 puntos de la escala de evaluación.

Hasta los seis meses de vida.

  • SIGNOS DE ALARMA
    Cada asterisco, un punto.

    1. * * * * Ausencia de sonrisa intencional. No participa en la interacción emocional. (Ausencia de Intersubjetividad). La aparición de la sonrisa intencional evidencia en el bebé tanto el desarrollo de la integración sensorial como de su relación con el objeto además de ser el inicio del intercambio emocional y de una relación inter-subjetiva con el otro.

    Importancia de las neuronas espejo.* (VER AL FINAL DE ESTE APARTADO).

    2. * * * Poca o nula curiosidad exploratoria. No reclama la presencia de cuidadores ni de objetos. No juega con su cuerpo ni lo explora (manos pies, etc.).

    3. * * * Ve, pero no mira. No reconoce a quienes lo cuidan. Rechaza el contacto visual.

    4. * * * Oye, pero no atiende cuando se le solicita o llama. No responde a la demanda de contacto.

    5. * * * * El niño se muestra muy bueno, muy fácil de tratar, duerme mucho y es muy tranquilo. En estas condiciones es muy probable que el bebé se refugie en el sueño como mecanismo de retirada relacional y recurra a mecanismos de auto estimulación sensorial cuando está despierto, tales como regurgitaciones o balanceos en lugar de reclamar la atención de su cuidador.

    6. * * * * Ausencia de progresos en el desarrollo de la capacidad de espera. Hipersensibilidad y baja tolerancia a la frustración. Ausencia de la capacidad de anticipación y atención.

    7. * * * No reclama, no pide llorando. No hace con el otro. Ausencia de reciprocidad. No Inter-subjetividad.

    8. * * * Ausencia de movimientos anticipatorios. No hay deseo de relación.

    9. * * * Rechaza el contacto. No participa en la interacción cuando se le habla con sonidos tales como gorjeos y laleos. No le gusta, no ríe cuando le hacen cosquillas.

    10. * * * Ausencia o muy poca autorregulación del tono muscular corporal. Rechazo a ser cogido en brazos.

    11. * * * Malformación y/o discapacidad sensorial y/o motora en el bebé con dificultades importantes en la relación y comunicación y con repercusión negativa y duradera sobre su entorno.

    12. * * * * La persona que ejerce la función materna parece estar depresiva. Presenta defensas de desconexión emocional y sensorial (“anestesia” para no sufrir más) alternando con períodos de agitación psicomotora o hiperactividad (defensas hipomaníacas). Estado psíquico persistente y/o con tendencia a la agravación.

    13. * * * * La persona que ejerce la función materna presenta dificultades importantes y duraderas para identifi carse empáticamente con su bebé y responder así adecuadamente a sus necesidades vitales y evolutivas.

    14. * * * * En la interacción padres-bebé, la persona que ejerce la función paterna no puede apoyar, contener, limitar y sostener la relación diádica de cuidados (maternaje) madre-bebé. La triangulación relacional (madre, padre, bebé) necesaria para el adecuado desarrollo del bebé parece estar ausente. La situación de riesgo se agrava si la persona que ejerce la función paterna tiene de forma inconsciente y repetitiva conductas intrusivas y descalificadoras hacia la relación madre-bebé con el consiguiente estado de conflicto e inseguridad que eso supone para la vinculación de apego seguro que el bebé necesita en esta etapa de su desarrollo.
    * * * Ausencia de interacción lúdica en la relación padresbebé. Inexistencia de un espacio juego espontáneo y sin reglas pre-establecidas. Inexistencia de juego creativo en el que las reglas se van poniendo y desarrollando a medida que se va jugando: Juego de los cinco lobitos, atrapa el bichito, Cu-Cu… Tac-Tac. Los juegos de presencia-ausencia, soporte material y lúdico para la simbolización, están ausentes en estos niños que no juegan aunque se les solicite para ello. No juegan ni chupetean el pezón de la madre o la tetina del biberón.
    * * Ausencia de vinculación lúdica progresiva con algún objeto del entorno que sustituyendo a quien le cuida, le proporciona seguridad, le tranquiliza y le sirve de compañía en su ausencia. Al representar y simbolizar la función materna ausente, el niño puede desplazar progresivamente esa cualidad a otros objetos y situaciones, creando un espacio transicional en el que va discriminando y diferenciando el yo del no-yo y luego el yo del otro, así como su mundo interno del externo, al mismo tiempo que va ganando en espacio personal y en autonomía. Los niños con riesgo de funcionamiento autista sólo utilizan objetos, si los buscan, como fuente de excitación auto-sensorial, relacionándose con ellos de forma repetitiva y estereotipada. No son objetos a descubrir, explorar y jugar con ellos. Este tipo de vinculación con objetos –no madre– se inicia al final del 1.er semestre y se desarrolla sobre todo en el 2.º semestre de vida del niño.
    * * Dificultades persistentes con la alimentación. Ausencia de placer, ilusión y sentido en el acto de comer. Frecuentemente utilizan los alimentos como estímulo auto-sensorial, guardándolos en la boca. Relación con la alimentación muy rara y perturbada. Unas veces comen con gran voracidad y otras no comen. Frecuentemente no chupan ni succionan.

    18. * * * Trastornos del sueño con irritabilidad, con difi cultades para ser consolado en los brazos de quien lo cuida. Esta dificultad para consolarlo puede indicar difi cultades de ajuste relacional entre el bebé y su entorno cuidador así como difi cultades de contención y mal funcionamiento de la barrera para-excitación.

    Le cuesta dormir y se despierta con facilidad debido a su baja tolerancia a la frustración y su intolerancia a los cambios ambientales. También pueden pasar de dormir mal y poco a dormir en exceso.

    19. * * * * Apariencia de felicidad y de no frustración debido a su estado de no diferenciación en la relación con el otro. Si el otro no existe como diferente, no hay frustración.

    20. * * * * Presencia de movimientos corporales estereotipados, repetitivos e invariables como balanceo, gimoteo, aleteo de manos, con los que intenta a través de la sensación que le producen estos movimientos, llegar a un estado de invariancia, (no cambio), en el que no existe ni el tiempo ni el espacio. Así se tranquiliza y al mismo tiempo evita la incertidumbre cargada de angustias catastróficas que vive en la relación con el otro, relación cargada de emociones imprevisibles y no tangible, sujeta siempre al riesgo de cambio, del desencuentro.

    21. * * Ausencia de placer en el baño. No juega, no chapotea.

    22. * * Insensibilidad o muy poca sensibilidad al dolor. Esto es debido a la falta de integración de las sensaciones corporales con las emociones.

    23. * * Conductas agresivas y auto-agresivas cuando se interrumpe su aislamiento y aparente estado de felicidad.

    Si agrupamos los signos de alarma presentes en la evolución del niño conforme nos acercamos a sus seis meses de vida, vemos como casi todos van convergiendo hacia un mismo punto: el funcionamiento defensivo autista.

  • NEURONAS ESPEJO
    La investigación en neurociencias ha puesto en evidencia que la capacidad de relacionarse y comunicarse con empatía con el otro tiene su correlato anatómico-fisiológico en redes neuronales llamadas “neuronas espejo”, en alusión a la relación especular que se establece con el otro a través de la empatía, que sería la capacidad de ponerse en el lugar del otro sin confundirse con él.
    Es como si el sujeto observador, pudiese vivir de forma “virtual”, la experiencia del otro en la interacción que mantiene con él. Gracias a esta capacidad, a la vez neurológica, (neuronas espejo), y psicológica (empatía), el ser humano, en etapas muy precoces de su desarrollo psíquico, puede predecir y anticipar las intenciones y respuestas del otro y de esta forma, facilitar el ajuste y adaptación recíprocos en la interacción entre ambos. El acceso a la capacidad de compartir la experiencia vivida con el otro, se ve así enormemente facilitado por el desarrollo de la empatía que a su vez, de forma interactiva, permite un mayor y mejor desarrollo de las redes neuronales llamadas neuronas espejo y éstas a su vez, con su desarrollo, facilitan y potencian la empatía.
    Esta posibilidad y facultad está frecuentemente ausente y a veces, también, profundamente alterada en el niño/a, con funcionamiento autista.
  • INTERPRETACIÓN-PUNTUACIÓN-EVALUACIÓNDETECCIÓN HASTA LOS SEIS MESES DE VIDA.
    Como vemos en el cuadro descrito de los signos de alarma en la evolución del niño hasta los seis meses de vida, la importancia y gravedad del riesgo de funcionamiento autista se ve reflejada en las puntuaciones elevadas que provienen no solamente del aumento de la especifi cidad de los indicadores señalados (más asteriscos), sino también del aumento de su número y de su persistencia con el paso del tiempo.
    Para efectuar una labor de prevención primaria y evitar la estructuración y consolidación del funcionamiento autista del niño que, como vemos, se puede iniciar hacia el final de su primer semestre de vida, es necesario que la detección, derivación y comienzo de un tratamiento especializado se realice lo más precozmente posible dentro de este período de tiempo.
    De los 3 a los 6-12 meses, con la ayuda del entorno cuidador, el bebé va pasando de un funcionamiento narcisista primario (investidura hacia sí mismo) a un funcionamiento narcisista secundario (investidura del exterior, hacia los objetos externos). El ser humano va así oscilando de una relación con predominio narcisista a otra con predominio objetal, según su evolución y la evolución de sus necesidades.
    Los signos de alarma con más puntuación (más asteriscos) son indicadores bastante fiables y específicos de una posible evolución hacia el funcionamiento autista o proceso autístico.
    La ausencia de sonrisa intencional a los seis meses de edad indica la falta de relación Inter-subjetiva y en el bebé, la falta de espacio interno (continente) donde poder crear y desarrollar sus primeras representaciones mentales de ese primer objeto con el que se relaciona que es la persona que le cuida y ejerce hacia él y con él, la función materna.
    Sería un proceso abortado de interiorización, es decir: fracaso en la interacción en la que la capacidad materna de identificación con su hijo propicia a su vez el desarrollo en él de dicha capacidad de identificación respondiendo emocional e intencionalmente a su madre o entorno cuidador. Por eso los indicadores 11, 12 y 13, referentes al entorno cuidador con dificultades que no facilitan dicho proceso, tienen también las puntuaciones más elevadas.
    El signo de alarma n.º 5, referente a la incapacidad del niño de esperar, de transformar su necesidad en deseo, tiene que ver también con el proceso de simbolización. Lo que permite esperar al niño es el desarrollo de la capacidad de realizar “alucinatoriamente” la experiencia de satisfacción de su necesidad como ocurre por ejemplo con el hambre.
    Gracias a la presencia y constancia de un ritmo de cuidados vitales y básicos pautados, como en el caso del sueño, alimentación, higiene, etc., el niño puede ir interiorizando ese ritmo (continente) y el objeto pecho o biberón que hace desaparecer el dolor por hambre. Esto ocurre en la medida en que el encuentro entre la necesidad del niño y su satisfacción, se realizan en el momento adecuado gracias a la capacidad de identifi cación empática de la persona que ejerce la función materna. Así, el niño puede por un lado anticipar la respuesta de satisfacción y por otro, apoyarse en las huellas de la memoria que experiencias anteriores de satisfacción han dejado en su interior para calmarse y anticipar la experiencia de satisfacción. Es el caso del bebé que cuando oye a la madre movilizarse para alimentarlo, la sigue con la mirada, se calma y babea como si estuviese ya al pecho o tomando el biberón. La respuesta, no simultánea, pero sí a tiempo dentro de un marco rítmico, regular y estable, permite al niño anticipar creativamente desde su interior la respuesta esperada y la experiencia de satisfacción.
    Tras el pecho u otros cuidados, los juegos que espontáneamente hace una madre con su bebé (cinco lobitos, cucú-tac-tac, atrapa el bichito) de forma lúdica y placentera, sorprendiendo a su bebé, “engañándole” y presentándole un objeto y una sensación, por ejemplo, cosquillas, justo al lado y un poco antes o después de cuando y como él lo esperaba, permiten el desarrollo de la capacidad de atención y expectación ante lo diferente e incluso ante lo inesperado en el bebé sano. Todo el proceso descrito está profundamente perturbado en el niño que desarrolla un funcionamiento autista con ausencia de la capacidad de anticipación y atención.
    Esta experiencia de satisfacción, con una fase de anticipación (antes de) y otra de atención (después de) con la expectación ante lo que pueda ocurrir, hace que el niño sano participe de los juegos, desarrollando capacidades esenciales para la evolución de la función simbólica, y también para conciliar en su mundo interno la necesidad de estabilidad con el deseo de cambio. Además, le permite al niño la interiorización de una experiencia repetida en la que hay un antes y un después. El tiempo circular de la repetición se abre para él y da paso a la percepción e interiorización de un tiempo lineal con un antes y un después.
    El signo de alarma n.º 18, (con cuatro asteriscos y 4 puntos) es característico de la estructuración defensiva autista con el aislamiento que lleva a la negación de la existencia del otro, a un estado de no diferenciación y de aparente no frustración.
    El signo de alarma n.º 19 (con cuatro asteriscos y 4 puntos) es característico del funcionamiento defensivo autista. A través de la auto-sensorialidad, de la sensación que le producen los movimientos estereotipados repetitivos e invariables, el niño sólo es lo que siente (de sensación, no de sentir ni de sentirse, vivencias a las que no tiene acceso). Se podría decir que en ese momento el bebé “es sólo sensaciones”.
    Se repite siempre lo mismo durante un tiempo donde para él no existe el tiempo lineal con un antes y con un después, sólo el tiempo circular donde no hay cambio, sólo repetición. Tampoco hay para él un espacio tridimensional, sólo superficie plana, sin límites ni profundidad, tal y como él se percibe y percibe los objetos de su entorno debido a esa falta de continente corporal y psíquico todavía por desarrollar y donde solamente lo tangible existe.
    La creación de un espacio-tiempo internos que haga de continente psíquico en el niño, tiene que ver con estas experiencias y su interiorización. Falta de ese continente, las representaciones mentales no tienen cabida y el niño no tiene acceso al simbolismo ni desarrolla la capacidad simbólica.
    La necesidad de invariancia, de inmutabilidad que tiene el niño con funcionamiento autista tiene que ver con la negación de la temporalidad, del cambio, y con la necesidad de un control omnipotente y obsesivo sobre los objetos para intentar conseguirlo.
  • VALORACIÓN DEL RIESGO Y ACTITUD A TOMAR POR EL PROFESIONAL QUE HACE LA DETECCIÓN
    Posible puntuación de corte para proceder a la derivación según la puntuación obtenida en los signos de alarma presentes en la evolución del bebé hasta los seis meses de vida.
    A título informativo y orientativo: Puntuación superior a 10 puntos, la situación de alarma se convierte en situación de riesgo. Conforme más nos acercamos a la puntuación máxima de 72 puntos nos vamos encontrando en situación de grave y máximo riesgo que requiere la derivación urgente a un profesional o servicio especializado (Psiquiatra-Psicoterapeuta Infanto-Juvenil) y Servicios Especializados, (Salud Mental Infanto-Juvenil).

De seis a doce meses de vida.